Poco sol en La Croisette
por Francisco Ferreira
Ferreira recuerda que todavía se puede hablar de cine como Serge Daney e impugna la ética desde la que filman algunos de los nuevos maestros que compiten en Cannes. (LLP)
Hola Q. y F.
Aprovecho para planear un poco sobre las pelis de los últimos días. Y creo que quizá no se puede hacer otra cosa por ahora: “planear” es el verbo. En Cannes se conduce a alta velocidad, como en la película de Tarantino del año pasado, pero hasta ahora hay algo seguro: no hay obras maestras en la competencia. El entusiasmo general de otros textos aquí publicados no me convence ni medio. En la última tanda se salvan pocas películas. Pero hay algunas muy “mañosas” y de ellas quiero hablar aquí, aun sin la contundencia de un texto definitivo. Venden gato por liebre, como se dice en portugués y creo que también en español.

Antes de retomar el tema, unas palabras para Two Lovers, de James Gray, que acabo de ver hace dos horas. Tiene todos los clichés del melodrama, lo que no es necesariamente malo. Y es la mas clásica de las películas en competencia, lo que no es necesariamente bueno. Es la historia de un tipo (Joaquin Phoenix) que se enamora de la mujer errada, la rubia Gywneth Paltrow, eterno pan sin sal. Hay varias escenas para recordar (Gray es un cineasta), como esa bella entrada en campo de Gywneth de espaldas, a contra ritmo, en las escaleras del predio donde vive el amargado personaje de Phoenix, enfrentado con lo que su familia quiere que sea. Lo que más se ve en Cannes son historias de familias que se destruyen y el tema empieza a enojarme. Las películas dramatizan mal ese conflicto, con excepción de la muy buena Tokyo Sonata (Un Certain Regard), de Kiyoshi Kurosawa, que parece condenado a pasar en secciones paralelas. Volviendo a Gray, creo que es mejor cuando habla de mafias, policías y ladrones, pero esta es una impresión vaga: dejemos a la película reposar un poco. “La nuit porte conseil”, como dicen los franceses. Quizá la respuesta al clasicismo de Gray venga de la peli del casi octogenario Eastwood, que pasa mañana a la mañana.
Volvamos a las pelis “mañosas”. Como, por ejemplo, la última de los hermanos Dardenne, Le Silence de Lorna, triste “best of” de todo lo que han hecho los belgas hasta ahora. En su nueva carrera por los premios, los Dardenne encontraron una actriz kosovar que vive en Sarajevo y la colocaron en una historia de inmigrantes ilegales en Lieja y de casamientos amañados para entrar en la Comunidad Europea, todo amenazado por la mafia rusa. La chica se parece a Rosetta. El actor de La Promesse, Jérémie Renier, hace de drogadicto. El argumento es muy confuso y los cineastas consagrados que subrayan sus propias películas son los que peor me caen. Deberían cambiar de profesión y respirar un poco. Peor: los Dardenne están aquí para intentar llevarse su tercera Palma de Oro a casa y serán muy pocos los que se indignen si eso llega a suceder. Prefiero mil veces Serbis, la del filipino Mendoza, que es un tío totalmente histérico, pero coherente con su histeria. No hablo tanto de su cámara, que parece estar siempre escapando de la policía (al menos, a Mendoza no le gustan los policías), sino del sonido, que es un berrido insoportable.
Cuando llegué, nuestro amigo el austríaco Huber estaba con ganas de torturar al turco Nuri Bilge Ceylan encerrándolo en un sótano, por lo menos por 24 años. Me quedé dudando. Tengo todavía buenos recuerdos de Uzak, me acuerdo de haber defendido la simplicidad que Ceylan perdió ahora definitivamente. Su película anterior, Climas, fue una decepción. No por la misoginia tan evidente para algunos —me parece que Ceylan simula ser un perro con las mujeres para revelar la debilidad de los hombres— sino por el virtuosismo del director, siempre tan seguro de sí mismo. Ceylan es un niño que juega con una bolsa de plástico que dice “I love Tarkovski and Antonioni” y no se da cuenta de que la bolsa ya está cerrada alrededor de su cabeza. Su nuevo film, Three Monkeys, es un monumento a la pretensión. Los “tres monos” de la fábula son una familia (una más) que empieza a disgregarse por la mentira en un tono dostoievskiano. Y es una pena, porque Ceylan aún parece creer en una cosa llamada mise-en-scène: no es tonto y está convencido de que hace obras maestras. Por eso su cine es tan peligroso y frívolo, como ese plano de un chico en una estación de trenes que vomita sangre en ralenti.
Adhiero al compañero Arroba en su opinión sobre 24 City. Y lo hago con pena, porque conozco la trayectoria de Jia Zhang-ke desde ese año de 1998 en que Xiao Wu/Pickpocket, su primera película, pasó en Berlín. La cuestión ahora no es el qué sino el cómo. El qué es el mismo: en 24 City, son los testimonios de los obreros de una fábrica aeronáutica que va a cerrar por culpa de la especulación inmobiliaria, es decir, de las transformaciones brutales en la nueva sociedad capitalista china. Pero el cómo cambió. Me parece muy frágil, muy fácil esa mezcla de Jia entre documental y ficción. No tengo ningún prejuicio puritano contra las entrevistas: Toback lo hace en Tyson (que cada día que pasa me gusta más), y en su película pasan cosas entre el que filma y lo filmado, relaciones afectivas, pruebas de que el cine que me más me interesa puede (¿y por qué no?) vivir de la materia banal de una entrevista, sin necesitar de la devoción por el gesto estético que demuestre la superioridad del maestro. Lo que vi en 24 City fue una película hecha muy de prisa. Y una mirada, lo juro, que no es más la misma, no está más donde supo estar. Jia Zhang-ke es un chico sensible, un gran cineasta. Tengo miedo de que termine haciendo instalaciones para los museos de arte contemporáneo más cotizados del mundo (ahora es una moda), que se olvide de que un día fue pobre, que pierda el orgullo del carterista de Xiao Wu.
En breve vuelvo con Straub y Eastwood. También con Liverpool. Con Lisandro Alonso empezaron los días en que la Quincena (Albert Serra, Miguel Gomes…) puede traer lo mejor a Cannes.
Abrazos,
F.
PD: Del tonto Woody Allen, ¿qué decir? Sueño húmedo para excitar burgueses, tal vez…
Foto: Flavia de la Fuente
Atención: Siga también la cobertura de Cannes en el blog del Tío Koza.
Entradas anteriores:
“Los cineastas consagrados que subrayan sus propias películas son los que peor me caen”. Si, pero no menos que los nuevos monstruos que después de tener el carnet de Cannes muetran sin empaques la hilacha, como este autoctono que ya entro en el grupo folk “Los alonsitos”:
“otro argentino en aparecer en las noticias fue Pablo Fendrik, que prepara una nueva película llamada “El ardor” que está centrada en el caso de un hombre de nacionalidad china que le prendió fuego a dos negocios con “cócteles molotov” en Buenos Aires, en 2005. La idea de Fendrik y de su productor Juan Pablo Gugliotta es armar una coproducción con un país asiático y tener a una estrella de ese origen como protagonista.” (Clarin de hoy)
Todo bien con la cobertura y demás, pero despotricar contra los burgueses mientras se pasea por Cannes no es quizás demasiada falta de auto consciencia, por favor no dejen la bola picando en el área de esa forma
La idea de que los periodistas “pasean por Cannes” no es nueva, pero no corresponde a la realidad. Más bien sufren, corren, se cansan y padecen trabajando 20 horas por día. Para un crítico, el atractivo de ir a Cannes está dado por las películas que se estrenan y, en todo caso, por el ambiente de expectativa y suspenso creado por gente que esá con la adrenalina a mil. La vida del periodista en Cannes tiene muy poco que ver con unas vacaciones en la Costa Azul y, por otra parte, si uno establece las clases sociales de la concurrencia (dónde se aloja cada uno, dónde come, cómo se viste, cuánto gana por mes), los periodistas no son precisamente la burguesía del lugar.
Q
No somos burgueses por estar en Cannes. Si quieres te cuento que hay días en que no comemos, nada, nada, nada (o un simple sandwich con una botella de agua de las que regalan en el Palais). Empleamos nuestros salarios ahorrados (e incluso nuestras vacaciones) para llegar aquí y dormir en un estudio compartido.
Si somos burgueses (cosa que no dudo) será por otros motivos, pero aquí en Cannes somos parias infectados de cine con un kilo menos al día.
Ok, yo se que no son Harrison Ford o Woody Allen, no me interesa condenar moralmente ni mucho menos, pero igual están sufriendo y ayunando por ver y comentar muchas películas, lo cual es una situación privilegiada ante otras formas de sufrir y ayunar. Pero todo bien, lo único que es un poco molesto es como se anda tirando la palabra burgués por todo lado, casi como una muletilla
Saludos
No entiendo por qué se quejan de la misoginia de Ceylan cuando en otro post se deslizan comentarios como el siguiente:
como si para ser envidioso, hubiera una justificación natural que emana del género. Dirán que me falta sentido del humor, yo contestaré que falta un poco más de conciencia al escribir.
No dudo de la erudición y la capacidad analítica de los cronistas, a quienes he leído ocasionalmente en otros medios, pero la marcada tendencia (supongo que inducida por el vértigo acumulativo del Festival y la escasez de tiempo) por disparar oneliners definitivos y sagaces para cada película, formando consensos efímeros y espurios alrededor de ellas, fastidia un poco a esta altura (exceptuando al enorme Koza, de prosa serena, sin un ápice de frivolidad y más enfocado en análisis más aplios que la mera sentencia inmediata).
Todo esto no me priva de seguir leyendo estas crónicas, aún enojado: la urgencia de los relatos y algunos aciertos humorísticos entretienen bastante; la curiosidad por saber qué se está proyectando (para luego especular con imposibles fechas de estreno local o resignadas descargas virtuales) se impone.
No veo nada misógino en esa frase. Dice que la mina es mala, y como es mujer, no va a dejar que otra mujer le cope la parada. O sea, si fuera hombre y malo, el triunfo de una mujer no le importaría tanto. Por lo menos, esa es una manera de entenderla. La otra es la de la policía.
Q
Justamente, lo que estás diciendo refuerza aún más mi idea: que la situación de “copar la parada” no surge exclusivamente por el espacio en disputa: se refuerza por la condición femenina de ambas. ¿Vos creés que si estuviéramos hablando de dos hombres se pondría en discusión el tema del género además de la envidia?
No considero que mi cuestionamiento haya sido policíaco, en todo caso me parece, con todo respecto, que ese calificativo también aplica a quien ve policías en todos lados.
…”con todo respeto” y no “respecto”, perdón por el furcio.
Hay muy pocas cineastas mujeres. Son, efectivamente, una minoría. Es a partir de ese carcácter minoritario que tiene sentido la referencia. Pero, obviamente, se lo pude tomar como una ofensa. Es el carácter policial de lo políticamente correcto como concepto e ideología. Nada personal, nadie anda viendo policías.
Q
Sí, es un hecho que son una minoría, pero con esos mismos argumentos podríamos poner en duda las posibilidades de la película de Lucrecia Martel basándonos en la proporción de género existente en el jurado.
Te aseguro que la manía persecutoria por la corrección política me agota, (de hecho ya había especificado en mi comment anterior que me entretenían las crónicas, algunas de ellas rozando despreocupadamente la incorrección o el liso y llano autobombo), pero ese párrafo es indudablemente poco feliz. Si realmente deseamos que las mujeres dejen de ser minoría en este y otros ámbitos, habría que superar esas chicanas de mal gusto.
Es que hay otra minoria en juego, los animadores. Si alguien hubiera escrito: “Como Fulano es malo y no querría que otro animador gane un premio”, nadie hubiera dicho que se trataba de un acto de discriminación. Acá se sobreentendía que hablaba de mujeres animadoras, categoría en la que Martel no entra. La frase políticamente correcta (aunque se sobreentiende si uno no piensa mal) hubiera sido: “Fulana no querría premiar a otra animadora”. Pero, ¿vale la pena discutir por esto?
Q
Q
No te esmeres Ricky, a Quintín no hay manera de ganarle, ni empatarle…
No hay mucho para decir frente al razonamiento paranoide del 99% de la gente que tanto escribe y comenta en este blog o compra el Perfil cada domingo completamente convencido de que es un gesto anti Kirchnerista
Solo quda algo, que es mas bien olvidar
La presion o la compulsion por el exhibicionismo que nuclea lo que esta gente mira y comenta, lo que celebra y enaltece y hasta sus propias vidas y miserias, “trabajo 20 hs en cannes” bueno….ponete un kiosko, tiene un solo rasgo y es algo parecido a la desesperacion o mas bien a una nocion total de que absolutamente nada de lo que haran sera recordado
Al fin y al cabo ¿Alguien recuerda como parte de su histeria algo de lo acontencido en los ultimos años que contenga nombre de intelectuales o criticos que surfean en la superficie de su ego?
Polvo fortuito
¿Y si hubiera sido negro o judío (aunque estos últimos no son minoría en la industria) Y animador? ¿No sería horroroso escuchar “X es negro (o judío, o gay en un país homofóbico, o marroquí) y malo, por lo tanto no va a premiar a otro de su condición”? No hay caso, esa “y” no tiene solución…
Igual, tenés razón, no vale la pena seguir discutiendo esa cuestión, hasta aquí llego. Por cierto, “Persépolis” me pareció una película bellísima, y tengo una curiosidad desbordante por ver la de McQueen.
Por otra parte, “Tirador” de Brillante Mendoza (proyectada en el BAFICI, una elección completamente desafortunada), es una de las películas más aberrantes que vi en mi vida: pura pornografía de la violencia, una sucesión interminable de golpes bajos. Aparentemente, para el director no hay un mísero rastro de humanidad o gracia en ningún habitante de los tugurios de Manila. Es de una peligrosidad ideológica similar a “Tropa de Elite”. No puedo ni imaginarme cómo será su nueva película.