Miguel Gomes entra en escena
por Quintín
Amigos Alvaro, Christoph, Francisco, Mark, Roger:
Pasé estos días ansioso por recibir noticias de Cannes a través de ustedes. Es muy estimulante lo que escriben, siempre dan ganas de leer más y solo lamento que no hayan sido más prolíficos. Contra lo que suponen algunos lectores, lejos de toda frivolidad, esta es una gran cobertura del festival. Pero no solo porque tiene humor y es menos acartonada que la de los diarios de todo el mundo, que tratan Cannes como si fuera una reunión cumbre para la paz en Medio Oriente, sino porque es más libre y más verdadera. El problema con Cannes es su enorme poder de seducción y este se manifiesta, en particular, en el tratamiento de la prensa, cuyos integrantes están en su mayoría convencidos de que cubren “la gran fiesta del cine”. Así, tienen pocos anticuerpos para resistir el desfile de supuestos grandes maestros o jóvenes talentos, muchas veces lejos de su mejor forma si es que alguna vez la tuvieron, y cuya pereza, academicismo y deshonestidad contribuye a disimular el marco solemne y lujoso de Cannes. En ese clima, no es nada fácil distinguir lo que realmente honra y hace progresar al cine de lo que es mera repetición, efectismo y cálculo. Nadie tiene la receta infalible para no equivocarse viendo cincuenta películas en diez días, pero es bueno partir de cierto escepticismo.

No es una cobertura frívola, aunque se hable de lo que ocurre en las fiestas y en los cafés. Algunos creen que la seriedad se demuestra disimulando la vida cotidiana y sus alternativas, pero para Flavia y para mí fue un gran placer escribir de Cannes durante varios años sin ocultar nada, tomándolo como una aventura que excedía largamente el análisis de las películas pero que, en definitiva, trataba de conectar lo que veíamos en la pantalla con lo que traíamos en el corazón. Por eso nos gusta leer a quienes hacen algo parecido y que, además, son críticos tan competentes que pueden arriesgarse donde los demás vacilan y prefieren recurrir a la prudencia y la impersonalidad. Nos gusta mucho también esta cobertura internacional con gente de cinco países y un estilo personal en cada caso. Nos siguen sorprendiendo el entusiasmo descomunal, insensato de Arroba por el cine (que comparte con el infatigable Tío Koza), la audacia y el poder de síntesis de Christoph, con su gusto teutónico por el cine “vigoroso y robusto” (que no podía terminar sino en su idolatría por el documental sobre Tyson), la severa inquisición de Ferreira en el alma de los cineastas, el dandismo de Peranson, potenciado hasta el infinito por su nuevo lugar de estrella del séptimo arte.
Quería sumar un pequeño aporte a la fiebre canina, hablando de un director que Francisco incluyó como uno de los vértices del triángulo de las Bermudas que inclinaba la densidad cinematográfica de Cannes hacia la Quincena de los Realizadores. Me refiero al portugués Miguel Gomes, del que ayer tuvimos la posibilidad de ver Aquele querido mês de agosto, la película que se proyectó hoy en el festival. Es que descubrimos a un cineasta notable.
Podríamos haberlo hecho antes. Gomes estuvo en el Bafici allá por el 2000 o 2001 con un cortometraje que nunca vimos. En ese viaje se hizo fanático de la obra de Martín Mainoli, legendario director argentino que nunca filmó un largo pero que, en buena medida gracias a Gomes, tiene un estatuto de culto en Portugal. Pudimos comprobarlo en 2005 en el Indie Lisboa, donde nos reencontramos con el muy simpático Gomes, que nos regaló un DVD de su primer largo, A cara que mereces, que tampoco vimos. Pero ayer nos pusimos con las dos horas y veintisiete minutos de su segundo film (que nos llegó por conductos misteriosos). Es una de las películas más sorprendentes de los últimos tiempos.
La estructura de Aquele querido mês de agosto es extraña. Al principio, y durante una buena parte de su duración, parece una especie de documental deshilvanado sobre algunos pueblos del interior de Portugal, con sus personajes pintorescos, sus ceremonias religiosas y, especialmente, sus músicos amateurs. En 1987 viajamos con Flavia por lugares semejantes y pudimos ver cómo las noches tibias de verano traían ferias, celebraciones y bailes al aire libre animadas por músicos semiprofesionales, en los que la música popular más o menos radiofónica alternaba con el fado y hasta con una competencia de contrapunto en verso similar a nuestra payada. Ese es el ambiente de la película, un mundo a caballo entre el campo y la ciudad, entre la modernidad y el arcaísmo. Las escenas musicales alternan con el deambular del equipo de filmación, cuyo objetivo desconocemos en un principio. Hay una escena muy curiosa al cabo de unos minutos, en la que Gomes discute con alguien que se supone el productor de la película. Este le muestra un libraco enorme y le dice que no se está filmando el guión que figura ahí. Gomes le contesta que le traiga la plata que va a filmar todo. Y efectivamente, la película se transforma en una especie de negativo de El estado de las cosas de Wenders, donde desaparecía el dinero y la película no se hacía pero, en cambio, se veía al equipo de filmación. Aquí es al revés, como si la llegada paulatina del dinero fuera encaminando lenta pero firmemente la película hacia su costado ficcional y se concentrara cada vez más en narrar una profunda historia de amor entre dos adolescentes que tocan en una de esas bandas de pueblo. El y ella son primos, pero también hay una amenazante historia familiar que conspira contra la pareja.
La gracia de esa evolución es que Gomes demuestra que no hay demasiada diferencia entre una y otra cosa, no en el sentido confuso y tan a la moda (como se vio en el Bafici y ahora en Cannes) del documental disfrazado de ficción y viceversa, sino más bien en la convicción de que cuando se filma con no actores (es decir, fuera del tremendo aparato artificial y negador del cine y sus rémoras teatrales) da más o menos lo mismo que los actores se interpreten a sí mismos, a sus vecinos o a los Reyes Magos. Hay, efectivamente, un parentesco entre Gomes, Serra y Alonso en ese sentido, pero Gomes es el que lleva la apuesta más lejos y logra abolir la barrera que separa uno y otro lado de la cámara, la distancia entre actores y personajes, la diferencia entre mitología y realidad y —hazaña más notable aun— entre la música y el diálogo. Gomes filma la naturaleza en ese tranquilo mundo provinciano y logra contemplar en él las pasiones humanas más poderosas y las exigencias más altas del arte, como si se hubieran mezclado John Ford, Eric Rohmer y los Straub, pero también la serenidad de Oliveira con la anarquía de Monteiro.
Parece haber algo en común, finalmente, entre los grandes cineastas portugueses, Oliveira, Monteiro, Costa y ahora Gomes. Cierta sensación de autoridad, como si tuvieran perfectamente en claro de qué se trata el cine antes de rodar un solo fotograma, lo que les confiere una impresionante solidez a sus películas y le asegura un particular placer al espectador. Aun, como en este caso, cuando transitan un terreno totalmente novedoso. A los 35 años, Gomes parece nada menos que Renoir en el rodaje, “el patrón”, según la feliz expresión de Rivette (otro cineasta que viene al caso, aunque debo pedir disculpas por la cantidad de nombres propios), el tipo que le lleva tranquilidad a todo el mundo (parece haber, también, una misma atmósfera en los rodajes de Alonso, Serra y Gomes, con sus deambulares lentos). Pero hay otra cosa en común, que queda expresada por la última y sublime escena de la película, en la que Gomes interroga al sonidista sobre una misteriosa música que aparece en las tomas reveladas cuando no debería y el sonidista le contesta que depende de cada uno registrarla. Es como si el objeto del cine fuera crear un pretexto para capturar lo invisible. La civilización de Oliveira, el ello de Monteiro, los fantasmas primitivos de Costa son ejemplos de ese tráfico de los portugueses con el más allá de lo que la gente va a mostrar y a ver en Cannes. El descubrimiento de Gomes, la posibilidad del contacto con una música secreta es, de todas esas variantes, la más luminosa.
Un gran abrazo,
Quintín
Atención: Siga también la cobertura de Cannes en el blog del Tío Koza.
Entradas anteriores:
! Qué bueno es verlo a Q entusiasmado ¡
Llegué con un cansancio soberano a la primera función. Anoche, tras escribir para el blog envié una nota al diario para el que escribo y me acosté a las 5 para levantarme a las 8.10. A las 9.00am empezaba la función de Aquel querido mes de agosto, del portugués Miguel Gomes. No me sentía muy bien, pero la película me gustaba tanto que podía abrir los ojos y sostener la atención sobre esta película de naturaleza documental, cuyo tema es impreciso pero que sin dudas se trata de un retrato de un pueblo y un estilo de vida. Hay mucha música y diversa, diálogos delirantes entre los pobladores, una meditación sobre el cine y su relación con los negocios, cacerías, etc, y predomina misteriosamente una concepción colectiva de la subjetividad. Por momentos, se parece a El cielo gira sin la tendencia solemne de aquella, y también más cerca al espíritu juguetón e indisciplinado de las películas del portugués Joao César Monteiro. No pude ver los últimos 27 minutos, porque la función largó con mucho atraso. Pero además, Quintín, en su blog, escribió sobre la película, y como siempre su particular lucidez hace de la película otra película: http://www.lalectoraprovisoria.com.ar/?p=2373
Críticas de la película de Martel:
(inglés)
http://www.hollywoodreporter.com/hr/awards_festivals/cannes/reviews/article_display.jsp?&rid=11161
http://www.variety.com/index.asp?layout=festivals&jump=review&id=2531&reviewid=VE1117937236
(nacional)
http://www.lanacion.com.ar/entretenimientos/nota.asp?nota_id=1014472&origen=acumulado&acumulado_id=120-5
http://www.clarin.com/diario/2008/05/22/espectaculos/c-00511.htm
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-10136-2008-05-22.html
Críticas de la película de Martel:
(en inglés)
http://www.hollywoodreporter.com/hr/awards_festivals/cannes/reviews/article_display.jsp?&rid=11161
http://www.variety.com/index.asp?layout=festivals&jump=review&id=2531&reviewid=VE1117937236
(medios locales)
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/5-10136-2008-05-22.html
http://www.lanacion.com.ar/entretenimientos/nota.asp?nota_id=1014472&origen=acumulado&acumulado_id=120-5
http://www.clarin.com/diario/2008/05/22/espectaculos/c-00511.htm
Críticas de la película de Martel:
(en inglés)
http://www.hollywoodreporter.com/hr/awards_festivals/cannes/reviews/article_display.jsp?&rid=11161
http://www.variety.com/index.asp?layout=festivals&jump=review&id=2531&reviewid=VE1117937236