Con las mejores, de Ariel Magnus
por Quintín
El primer cuento de la antología se llama Con las mejores y es de Ariel Magnus. El año pasado, Magnus publicó en la editorial Norma Un chino en bicicleta, una novela que ganó el premio La otra orilla con un jurado integrado por César Aira, Nuria Amat y Santiago Gamboa. Curiosamente (porque nunca me ocurre y en esta serie parecen concentrarse todas las ocasiones) un día me llamaron de la editorial para proponerme que presentara el libro. No había oído habar del autor ni de la obra y no entendí la lógica del ofrecimiento. ¿Cómo se eligen los presentadores? ¿Por sorteo, por licitación? Respondí que necesitaba leerlo primero y amablemente me lo hicieron llegar por correo a San Clemente, pero entonces estaba de viaje y no lo recibí en mano. Pocos días más tarde, me pidieron que confirmara mi presencia, ya que debían imprimir las invitaciones, por lo que decliné la oferta, ya que no me parecía muy razonable presentar un libro que no me interesara o que eventualmente detestara, aunque la editorial, para mi sorpresa, no veía ningún inconveniente en que lo hiciera. Es un mundo raro, evidentemente, con sus propias reglas. Movido un poco por la culpa, me puse a leer el libro, pero no pasé de la página 90. Lo que leí, una historia de un chino pirómano que secuestra al protagonista y lo lleva a vivir con su familia, era una fábula ágil, de un cierto costumbrismo humorístico, pero demasiado repetitiva y ligera. Aunque al principio, la velocidad del relato tenía algo encantador, me daba la impresión de que Magnus podía escribir mil páginas sin lograr (y sin proponerse) que una sola tuviera cierta densidad, un poco de sustancia, algún anclaje en una zona interesante de la realidad, la fantasía o la literatura.

El cuento presenta un problema parecido. Es más un sketch de televisión o el guión de una comedia étnica con algunos chistes inspirados, pero de una concepción infantil. O peor, adolescente, inmadura. Es uno de esos cuentos (con la novela ocurre lo mismo) en los que uno se imagina al autor frotándose las manos, complacido por su astucia y su destreza literaria, pero a uno le dan ganas de matarlo.
Con las mejores tiene una dedicatoria que dice “Para mi padre” y luego empieza así:
A mediados de los noventa padre se quedó sin trabajo.
Es lo único que tiene de los noventa el relato, década de gran desocupación, porque podría ocurrir en los sesenta o en el dos mil también. Aunque pedirle pertinencia histórica a las piezas de la antología no tiene ningún sentido. Lo raro de la frase es eso de “padre”. Ni “mi padre”, ni “papá”, ni “el viejo” sino “padre”, un giro que se podía usar hace cuarenta años entre gente rebuscada, pero que me parece poco plausible en una familia progresista judía de los noventa, aplicado a un personaje de cincuenta años. Lo más raro es que Magnus escribe siempre “padre”, pero en cambio dice “mi madre”. Bueno, tampoco descarto que en la familia de Magnus dijeran “padre”. O, a lo mejor, hay otro sentido que se me escapa.
El cuento se trata de lo siguiente. El padre viudo se queda sin trabajo y se va a vivir con el hijo, que se dedica (vaya uno a saber por qué) a estafar por medio de la computadora. El hijo decide, entonces, someter al padre a una educación tan autoritaria y desencaminada como la recibida en esos años por él mismo, pero de sentido contrario. Así, mientras que a él lo hacían aprender geografía rusa y gramática alemana, “todas esas cosas apasionantes y tan productivas con las que me maltrataste hasta los dieciocho”, él obliga al padre a emplearse como aprendiz en una panadería.
Y aquí conviene detenerse para comentar que Magnus habla como un tonto. Leyendo su currículum, se advierte que estudió literatura y filosofía y que, en los noventa, estuvo en Alemania donde trabajó de periodista. Es evidente que una formación humanista le resultó o hubiera resultado mucho más útil en ese momento que aprender panadería. Pero Magnus decide ignorar cualquier contacto con la realidad y se pone al servicio del puro efecto cómico, hasta con algún matiz un poco siniestro, como la idea de que saber idiomas y poder trabajar fuera del país durante el menemismo era peor que tener un oficio manual.
El chiste, como dijimos, parece el único objetivo de Magnus y hay alguno más o menos gracioso aunque siempre de la variante grosera:
La verdad es que sus miñoncitos y sus flautitas y sus figazas ya me tenían las bolas por el suelo, de sólo escucharlo hablar de pan me daban ganas de hacerme celíaco.
Después las cosas se ponen peor. Porque Magnus construye la reeducación del padre como una perfecta simetría de lo que fue la del hijo: lo obliga, por ejemplo, a convertirse a la religión musulmana y a hacerse hincha de Boca. Para reprocharle su maltrato durante la infancia, el hijo dice cosas como esta:
—Si de pibe te mandaba a la mierda es porque algo entendía. Los pibes son como las mujeres: cuando dicen que no, es no. Pero ustedes los hombres los violan igual.
El mal gusto de Magnus (estoy tentado de escribir “Magnum” por su tendencia a apuntarle a cada mosquito con un pistola literaria de tamaño desproporcionado) corre parejo con su irresponsabilidad: el cuento es un vale todo. Finalmente, para redondear la simetría, el padre se independiza y se va de la casa como lo hizo sabiamente el hijo, aunque el hijo ha resultado un delincuente, un obeso y un pajero, como le reprocha el padre. Y luego, el narrador habla con el discurso más estereotipado de la madre judía:
Así se fue el muy desagradecido. Pero no le guardo rencor. Atribuyo su descaro a las ideas raras que seguramente le metieron en la cabeza fuera de casa…
Lo dicho, vale todo para conseguir un golpe de efecto, para arrimar en cada momento la narración al lugar común que esté más a mano, que más rápida y forzadamente se amolde a un esquema previo que se pretende como crítica y es, en cambio, un vago, generalizado e inofensivo comentario sobre las relaciones familiares. Hay algo de ingenio en Magnus, pero no hay un gramo de rigor y así su escritura se hace insoportable. Un mal comienzo.
Foto: Flavia de la Fuente
Tags: Uno a uno
… Movido un poco por la culpa, me puse a leer el libro, pero no pasé de la página 90…
Para estar a tono con la epoca deberias haber escrito de la terrible pagina 90. Yo por mi parte voy a demonizar todo lo relacionado con 90. De hecho, estoy pensando en el Superagente 86 y su amiga la agente Bicentenario
El turco al lado de esta mina era una pata de conejo. Dios mío, que piedra que es!!! Hace dos actos y se mueren dos tipos. No se vos Q. Yo cada vez que la nombren, a partir de ahora, me toco el huevo izquierdo
Acá ya no se trata de estar a favor o en contra del gobierno.
Siempre pensé que la gente como Martín H, que le achaca a otro, sea quien sea, el garfio de ser yeta, es una muy mala persona, alguien muy berreta y repugnante.
Q. deberían incluír a Martin Gambarotta, un grosso de verdad, el mejor poeta de los últimos años
Pablo: seguro que cuando lo decían de Menem te cagabas de risa. Tomatelá!!!!
¿Otra vez con Cristina, Menem, los 90, etc? Si ya hay otros foros en este mismo blog sobre el tema, ¿por qué no aprovechar este para hablar de literatura? Digo, no vaya a ser cosa que aparezcan de nuevo los Ernestos o las Lauras…
Tenés razón. Lo que pasa es que como leí que en el libro la gente se trata de “padre” y que a un personaje lo quieren hacer musulmán e hincha de Boca, pensé que se podía hablar de cualquier cosa menos de literatura
Ojo, que si sólo se habla de literatura, cabe la posibilidad de que caiga algún Garcés.
Pablo, yo soy berreta y repugnante. pero antes de gastarlo a Garcés, escribite algo parecido, a ver si te sale
Santi Valentino, te pido perdón. Por un momento pensé que el peronismo y la literatura podían estar en un mismo conjunto.
Por supuesto, es imposible
No es el mismo pablo/Pablo. ¡Cambiá los anteojos, Nahuel!
Tenés razón, lo que pasa es que tengo una mirada burguesa.
Tanta militancia abnegada en el PC trae efectos colaterales.
A mi me da la sensación que dice “padre” sin el “mi” adelante para desnaturalizar ese vínculo, volverlo impersonal, transformando al papá en un objeto al que puede humillar sin culpa.
El cuento me resultó espantoso, y la dedicatoria (”A mi padre”) es de mal gusto. No encontré en todo el relato un sólo diálogo fluído, interesante. Y algunas cosas (como el reclamo tardío de haberlo hecho hincha de River) son no sólo arbitrarias, sino ridículas aún dentro de ese universo chiquitito que Magnus inventa.
Para terminar, es involuntariamente graciosa y paradigmática su reseña biográfica: “En los noventa trabajó vendiendo oxímetros de pulso, aunque lo que más recuerda son los viajes”. Y sí.
Martìn H, das làstima. Asì que si uno se cagó de risa de Menem cuando le decían yeta (no es mi caso, pero vos creè lo que quieras) està habilitado para cagarse de risa de todo el mundo? Es como cuando un Juez te la pone por “tus antecedentes”, aunque a partir de la primera falta te hayas portado “como se debe”. A mí me parece que a vos o te pegaban mucho de chico, o te pegan mucho ahora de grande. Y si probàs con pensar un poco, ya que con la sensibilidad por lo visto no te alcanza?
Creo que le pegan de grande. Es tan fácil.
Pablito con minuscula. Un poquito mas que vos se del tema. No seas animal, un juez no te pone nada. es el Codigo Penal el que obliga a los jueces a tener en cuenta los antecedentes en cada caso. Es decir, como los delitos tienen escalas, la reincidencia es una de las variables a tener en cuenta para, dentro de esa escala, fijar una pena mayor. Los jueces por otro lado no juzgan faltas, juzgan delitos Anda a leer un poquito y despues hablamos
A mi el cuento me gustó, de hecho me pareció el más potable de una antología muy floja.
no es una obra de otro planeta. pero lamento chocar con Q sobre la mirada de los 90. Sin caer en los lguares comunes sobre hablar de viajes o convertibilidad o lo que sea, me parece que pinta bien la década en 2 cosas: la decadencia de su padre y una cuestión de empleo de las nuevas generaciones. Y el momento en que, por la edad que le supongo a Magnus, estos chicos que ahora escriben se empezaron a sacar de ecima el pensamiento que los padres psicobolchosos le metieron a fuerza durante los 80.
Ajá. Acá dice que los jueces de faltas, juzgan faltas:
O por lo menos así parece.
Bueno, hay delitos y hay faltas y hay jueces distintos para cada caso.
Delitos son sólo las acciones descriptas como tales en el Código Penal de Jurisdicción Nacional (el Código).
Faltas son las acciones descriptas en los digestos municipales (eventualmente provinciales) y remiten a acciones de gravedad menor que las del Código Penal; por eso puede haber jueces municipales contravencionales de faltas.
Igual estamos hablando de literatura no de derecho y hay licencias literarias.
Una vez le mandé una carta de lectores a la gorda que hace corrección en La Nación, diciéndole que secuestro no es sinónimo de rapto, como hurto no lo es de robo o violación de estupro; son acciones distintas en el código penal. Me respondió en su columna diciendo que esas eran tecnicalidades de abogado, que en el saber común eran sinónimos : chupátela.
Qué nabo que sos Martin H, hasta debés ser yeta.
Janfiloso “Free Time” Gómez.
no leí el post entero, mi paciencia tiene un límite, pero he visto por ahí la palabra yeta, no sé si alguien habrá dicho algo sobre el tema, pero queria aclarar q el título de yetatore se lo ganó Cristina K , ya se le murieron dos tipos en dos actos. por las dudas recomendaría abstenerse de concurrir al próximo y mejor ni nombrarla como antiguamente se hacia con el turco… o tocarse lo q corresponda según el caso.
Galois: querés que te invite a salir? estás obsesionado conmigo
janfiloso: por supuesto que hay jueces de faltas. Pero de verdaderos jueces no tienen nada. Lo único que hacen es cobrarte multas de tránsito. Son unos funcionarios de pacotilla. También el chabón que te casa es un “juez”. Pero a nadie se le ocurriría llamar “magistrado” a ese empleado del Registro Civil
guacamole psicotoxico: como voy a reponderle a alguien que tiene un nick de tan mal gusto?
Galois y Martín H. Me tienen harto con su pelea infantil que continúa de post en post. Cálmense. Están advertidos.
Q
Q. tenés razón. Perdón. Me llamo a silencio por unos días. Chau, me voy a jugar al golf
Q: hacé lo que te parezca mejor. Sos el dueño de casa.
Saludos.
Lo peor no es que magnus escriba gansadas de adolescente, sino que se la crea tanto. Un pedante que hace honor a la caripela de Caparros.
Fernando, tal cual. Ambos tienen cara de orgullo y bigote prominente. ¿La pedantería causa trastornos capilares?
Teniendo en cuenta el caso de Garcés, no podriamos generalizar.
¿Por qué lalectoraprovisoria decayó tanto, tanto, a nivel posts, desde qué apareció Martin H? Jesus Christ, las cosas que hay que leer…
¿De qué hablan, fernando y Evalatex, qué es esto, el retorno a la fisiognomía, cómo se puede decir algo tan imbécil, y afirmar que alguien a quien no conocen es o deja de ser pedante?
Qué tremendas estupideces que se leen en los comentarios de este blog…
No veo la hora de que los comments vuelen bien a la mierda.
Nicolás, querrás decir a nivel comments, los posts son las notas de la página principal -me siento Galois haciendo esta corrección
.
exactamente, lilia, gracias por corregirme.
Yo creo que Magnus es un gran escritor de nuestra epoca. No entiendo el encono.
scott: padre. ( pero no ficcion).
naturalismos clasistas medios. sin oxigeno para literatos profundos pero altamente recomendables a lecturas generales.
leer es siempre bueno. que el disernimiento en definitiva siga sindo propio.