Uno a uno (3)

La sonrisa de la Gioconda, de Maximiliano Tomas

por Quintín

Maxi Tomas es el editor del suplemento cultural de Perfil, donde colaboro cada semana desde hace varios años. Aunque es joven para el puesto (nació en 1975, poca idea tiene de los noventa), es un editor competente. Con pocos recursos económicos ha logrado un suplemento más que legible (aunque no sea la persona adecuada para decirlo, últimamente lo leo con más interés que Ñ o adn; dejé de comprar Radar, y no sólo porque viene con Página/12). Una virtud de Maxi como editor es que no excluye a nadie. Un defecto es que no excluye a nadie, pero el balance le da positivo. Aunque no oculta sus gustos (le da por las cosas intensas, la última novela de Bizzio, por ejemplo), es difícil saber qué piensa exactamente. Es un tipo curioso, cliente del gimnasio, habitué de los boliches de onda, devoto del skateboard. Ultimamente salió dos veces de vacaciones. Una para ver a Portishead en Barcelona (todavía no sé qué es eso de Portishead, pero el tipo es fanático), la otra para conocer Disneyworld: compró un paquete de una semana que incluía entradas para dedicarle un día a cada parque del complejo. Nunca me termino de dar cuenta si Tomas es un nerd disfrazado de yuppie o viceversa. Pero, básicamente, me cae bien. Incluso le cayó bien a Flavia la única que vez que lo vio.

No sé si a Maxi le interesa mucho hacer carrera como escritor. Hasta ahora, publicó un par de cuentos en sendas antologías. En el currículum de Uno a uno dice que está escribiendo un libro de cuentos y que algún día lo va a terminar. No se adivina una gran ambición literaria detrás de esa frase. Uno ve más el futuro de Maxi como alto ejecutivo o mejor dueño de una editorial o casado con una linda millonaria que como un devoto de la escritura. Pero eso no quiere decir que vaya a descuidar lo que publica: Maxi es bastante perfeccionista y tampoco le gusta quedar expuesto. Este cuento es un buen ejemplo de su escritura: prolija, trabajada y un poco insulsa.

Si Puenzo aludía a Moneta, Tomas lo hace con Yabrán. Hay un personaje mafioso llamado Uno, que está ligado al poder presidencial y que como resultado de un asesinato cuya investigación lo afecta, se suicida para cumplir con sus jefes. Pero esa historia es un telón de fondo para una segunda: la de Dos, un tipo similar a Uno que lo reemplaza después de su muerte. Aunque el personaje principal es una mujer sin nombre, la amante de Dos, que en lo que dura el cuento le escribe una carta a su mujer. Pero hay otro elemento más: la amante pinta y, en algún momento, recuerda lo que un profesor le dijo sobre la Gioconda. Esta parte es un poco forzada, pero le agrega complejidad a la estructura y habla un poco de arte. Esa es la idea.

El cuento se divide en pequeñas partes separadas por asteriscos. Se habla de Uno, de Dos, de la Amante, de la Mujer, de la Gioconda. Los recuerdos de la amante están en bastardillas (una costumbre que no entiendo, pero se usa mucho). Hay al menos dos técnicas que Tomas utiliza sistemáticamente en la narración. Una consiste en tomar una escena, dirigirse a un detalle y describirlo en forma más o menos minuciosa. Cuando la chica pinta, de pronto ocurre que:

La tela recibía, resistiendo las cerdas desde su rugosidad blanca, transmitiendo vibraciones al atril que durante alguna de esas intermitencias levantaba una de sus patas por apenas un instante para, inmediatamente, volver a acomodarse casi en el mismo lugar, los últimos embates, desparejos, del pincel.

La otra técnica es la narración objetiva, en tercera persona, desde un puesto de observación privilegiado.

Sin perder la calma, Uno meditó unos instantes. Se sirvió una copa. Fue hasta el desván. Abrió el mueble. Tomó asiento. Desde el piso, la culata trazó una vertical que dividió su cuerpo en dos y se prolongó hasta su boca. Inclinó la cabeza y acomodó el caño de la escopeta. Cuando el filo del metal rozó sus dientes tragó saliva, por última vez, y jaló el gatillo.

La otra vez que comenté un cuento de Tomas dije que escribía como si filmara una película de Hollywood, como si hubiera un guión previo del que la prosa fuera una materialización. Aquí se ve clara la estrategia. Tomas, admirador de Hemingway, escribe como si siempre hubiera una cámara que mira la escena y que hace cada tanto un zoom o intercala un plano detalle. Cuando la cámara se acerca, llega la hora de la “literatura”: una descripción minuciosa y más alambicada que el resto del texto (“la culata trazó una vertical que dividió el cuerpo en dos”). Los recuerdos corresponden, en ese esquema, a una voz en off. Esa alternancia de planos y estilos es propia del cine americano más canónico, el que se trasladó sin cambios a la televisión. Las descripciones de la conducta de los personajes no son enteramente exteriores

Mientras revuelve el bolso, recuerda de pronto que ya no fuma.

En su estilo cinematográfico, Tomas emplea un sistema Actors Studio, donde la literatura complementa el recurso de la memoria emotiva y, como en un guión, se puede saber qué piensan los actores.

Con estos recursos se cuenta una historia que tiene un poco de todo: sexo, violencia, corrupción, cinismo, melancolía (agreguemos aquí a Cheever) y hasta un final. En fin, una versión del relato de Puenzo más pulida pero también más íntima, más discreta, con personajes menos caricaturales y como si la historia del mundo no fuera un escándalo sino una canción que vuelve a repetirse calladamente mientras la literatura, consciente de ese secreto, deja constancia de su impasible devenir. El problema es que uno lee para que le digan exactamente lo contrario, para saber que el mundo puede ser mejor o peor, pero nunca como ya ha sido imaginado.

Foto: Flavia de la Fuente

18 Responses to “Uno a uno (3)”

  1. Apostisha dice:

    “Incluso le cayó bien a Flavia la única que vez que lo vio.” Creo que con esa oración el comentario está finalizado. En ese punto interrumpí la lectura. Por dos razones: 1. Las mujeres siempre tienen razón. Si te dice “me cashó bien” todo lo que se agregue a la sentencia es redundante; 2. No había opcíon. ¿A quién se le puede ocurrir escribir algo contrario a la opinión de la mujer?

  2. boudu dice:

    Portishead, Beth Gibbons…que recuerdos.

  3. [...] Quintín lee La sonrisa de la Gioconda. [...]

  4. dasbald dice:

    Quintín, un ejemplo sobre dos tópicos que te asombran ahí arriba…toda una literatura, desde Dennis Cooper para acá, en especiald desde los ‘90, tiene la presencia del skate como tema, por no decir como estilo de vida y deporte elegido, hasta llegar hoy día a la poesía de Mariano Blatt, por acá cerca en Buenos Aires. Decís más de una vez que qué pueden, podemos, saber los que tenemos la edad de Tomas de los ‘90, pero me parece que a vos te pasan por encima más cosas que las que hay en tu propio cielo. Cielo? Oh, qué lugar ‘90!!!

  5. lalectoraprovisoria dice:

    Dasbald. Ibas a hablar de dos tópicos, pero yo veo uno solo, el del skate. ¿Cuál sería el otro?, ¿el cielo?

    Q

  6. dasbald dice:

    Deber ser el cielo o las vegas…

  7. Gonzalo Garcés dice:

    Quintín, esto no tiene nada que ver con Tomas, pero no sé más qué hacer para mandarte un mail: todos me rebotan. ¿No me podés mandar vos uno desde una dirección que no sea la oficial de LLP?

  8. lalectoraprovisoria dice:

    Garcés. Hace unos días recibí tres mails tuyos iguales (eso sí, llegaron un día tarde). Te contesté que estaba de acuerdo. Pero ahora te mando otro.

    Q

  9. daniel dice:

    Radar me gusta bastante, más que el suplemento de Perfil, creo. Les interesa algo más que las novedades editoriales nacionales y además comentan música, algo que Perfil no hace o lo hace cortito. Y escribe María Moreno. Me encanta Portishead.

  10. alejobostero dice:

    El disco nuevo de Portishead es la noticia que más me alegró este año.

  11. Evalatex dice:

    La verdad, lo mataste. Parece light, pero le das con un hachita…
    El pibe parece un frívolo, algo snob, y muy materialista, que escribe por deporte.

  12. lalectoraprovisoria dice:

    No, parece más bien alguien que tiene un secreto y ningún tonto.

    Q

  13. Evalatex dice:

    ¿Por qué un secreto? Me interesa…

  14. Janfiloso dice:

    … la curiosidad mató al gato …

  15. fernando dice:

    Yo entendí que más bien le aconsejás que se dedique a otra cosa. Humildemente, pienso igual que vos. Ya con leer los párrafos que citas y el cuento de En celo, te das cuenta que el pibe no tiene un gramo de talento, es un redactor al que no se le cae una idea y se maquillla como la Puenzo. Las frases que citas son afectadísimas y parecen de doblaje. “Jalar” el gatillo, por favor!!!

  16. Mark twain dice:

    Avisenle a Tomas que estamos en Argentina, que acá nadie “jala” gatillos, que en todo caso los aprieta. Y que el metal de la escopeta tenga “filo”, pero bueno, esa es más pasable…

  17. [...] ya se metió con el prólogo, Ariel Magnus, Lucía Puenzo, Maximiliano Tomas, Félix Bruzzone y Sonia [...]

  18. Garbo dice:

    ¿Es Maxi Thomas o Mario Roberto Alvarez? Le sobran vértices.

Leave a Reply