Uno a uno (4)

Sueño con medusas de Félix Bruzzone

por Quintín

El primer cuento que leí de Bruzzone fue Barrefondo, que forma parte de En celo (2007) y me llamó la atención: es un relato seco, denso, bien escrito y los personajes tienen entidad, no son espantapájaros como suele ocurrir en estas antologías. Es la historia de dos limpiadores de piletas de natación y una rubia que los llama para trabajar en el country y los calienta. Los tipos, Yuyo y Tavo, son dos lúmpenes que hablan en un lenguaje cifrado y el currículum del autor consigna que en su vida real se dedica a limpiar piletas de natación y que vive en Don Torcuato con su mujer e hijo. Así, los personajes, especialmente el narrador del cuento, resultan versiones alternativas de Bruzzone: tipos que hacen lo mismo que él o, refinando la idea, es él en la piel de otros. Una perspectiva interesante.

La conclusión parece apresurada, pero no lo es tanto a partir de los tres cuentos de Bruzzone que leí a continuación. El segundo, Fumar bajo el agua, está en Buenos Aires/ Escala 1:1 (2007) y allí el currículum de Bruzzone no habla de piletas pero, en cambio, dice que estudió Letras, es maestro primario y uno de los responsables de Editorial Tamarisco. También que nació en 1976 como el narrador del cuento, del que se dan otro datos, como que es hijo de desaparecidos y se crió con una abuela que murió de un ataque cardíaco. La biografía del personaje incluye también una novia que lo lleva a militar en HIJOS y lo deja porque repudia que él acepte la compensación económica que el Estado le dio a los familiares de las víctimas de la dictadura. Es otro buen cuento, escrito en un lenguaje sin aristas, como contado en sordina. Termina de una manera abrupta y fantástica (e irónica), con el invento de unos cigarrillos para fumar bajo el agua que hacen rico al protagonista y también lo llevan a casarse con una prima, tener dos hijos y

recordar, mientras fumo, todo lo que pasó, pensar mucho en todo eso, sí, y en todo lo que los jóvenes de mi generación, durante todos este tiempo, fumamos.

Luego fue el turno de Sueño con medusas, que tiene un enorme parentesco con el anterior. Otra vez narrado en primera persona, el protagonista tiene padres desaparecidos, se crió con la abuela que muere de un ataque cardíaco pero, esta vez, le deja su pastelería como medio de vida. También hay una novia, Romina, que lo lleva a militar a desgano en HIJOS, y una pelea con miembros de la organización cuando acepta el dinero oficial. Pero la historia se bifurca, no es la misma, hay otra militante que es también rockera, un triángulo, una separación, un supuesto embarazo. Pero también un viaje por Latinoamérica y un final fantástico y sorpresivo con un viaje onírico a Europa en un submarino, una reconciliación con Romina y una familia con muchos hijos. Es otra vida del mismo personaje que el de Escala 1:1, el mismo tono melancólico, la misma gravedad que se disimula. Y, también, la misma serenidad y la prosa despojada, perfectamente triste y apta para tratar una tragedia personal que no cabe en los moldes de la piedad individual ni de la reivindicación colectiva, un daño que será siempre irreparable pero siempre tan íntimo y personal como los sueños de toda índole que acechan a los personajes de Bruzzone, a ese haz de vidas que podrían ser otras sin dejar de ser la misma.

De pronto recuerdo que hay un cuarto cuento de Bruzzone en otra antología, pero más modesta, de solo cuatro relatos. El libro se llama Hojas de tamarisco y es, por supuesto, de Editorial Tamarisco. El librito es de 2006 y el cuento de Bruzzone se llama Otras fotos de mamá. El narrador es también hijo de una desaparecida, pero no hay muchos datos biográficos, salvo que vivió con su abuela. El relato comienza cuando conoce a Roberto, un ex novio de su madre que lo invita a la casa para contarle hechos irrelevantes. Sigue una relación muy ambigua con Cecilia, la pareja de Roberto, que se agota en una tarde de lluvia. Pero el cuento (puesto a elegir, el que prefiero de los cuatro) se encamina hacia un final notable, en el que el protagonista va a comprar vino al supermercado chino y termina emborrachándose con el dueño que no habla una palabra de castellano, en una angustiada comunión de desconocidos que me hizo acordar a Tornando a casa, la gran película de Vincenzo Marra en la que el héroe, un pescador napolitano que acaba de perder a su mujer, intercambia su lugar en el mundo con el tripulante de un barco tunecino. Por puro placer transcribo el final del cuento de Bruzzone.

Supongo que en algún momento me quedé dormido, que vomité y que me sentí mal, muy mal, que lloré; y creo que cuando me fui —empezaba a amanecer y del temporal quedaba solo una lluvia suave— el chino, sentado en el suelo, apoyado contra una de las góndolas, aún sonreía.

Epílogo: Acabo de descubrir que Tamarisco acaba de publicar un libro de Bruzzone llamado 76. Más información en el blog de la editorial.

Foto: Flavia de la Fuente

5 Responses to “Uno a uno (4)”

  1. Janfiloso dice:

    ¡ Bueno, parió la burra ! Espero que no sea el último.

  2. Guiasterion dice:

    Estimado Quintín:
    En mi modesta opinión, el cuento de Bruzzone es el mejor del volumen. O al menos, el que más me ha conmovido. Tomo nota de la publicación del libro.
    Aprovecho para felicitarlo por la página web y las columnas del domingo. Erudición y agudeza son una feliz combinación.
    Mis respetos
    G.B.

  3. Mmmh.

    Como racconto está bien. Pero esperaba una crítica del cuento. :)

  4. [...] 17, 2008 · No hay comentarios Quintín habla de los cuentos de Felo (Félix Bruzzone). A ver qué [...]

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