La mujer con cabeza

Publicado en Ñ el 13/8/08

por Quintín

El cineasta Nicolás Prividera compara a Lucrecia Martel con la garrochista rusa lena Isinbaeva, reciente vencedora en los juegos olímpicos: “Cuando vi la desazón de sus competidoras volví a entender por qué cuando aparece alguien así en el horizonte, el resto de los que practican su actividad no pueden sino sentirse penosos Salieris”, escribe. El crítico Leonardo D’Espósito afirma que el lugar de Martel en el cine internacional es comparable al que alguna vez tuvieron Ingmar Bergman o Alain Resnais. Aunque la Argentina es un país propenso a los desbordes chauvinistas (como todos los países), la admiración por Martel no es solo un fenómeno local. Muchos colegas extranjeros de Prividera y D’Espósito opinan lo mismo. Pero si hiciera falta un dato objetivo para demostrar el respeto que impone Martel en el mundo del cine, baste decir que ha sido jurado en Cannes, Venecia y Berlín —los tres grandes festivales del calendario—, una distinción que pocos directores han recibido y menos con solo tres largometrajes.

Lucrecia Martel nació en Salta en 1966, estudió en la escuela del Instituto de Cine y en 1995 su talento llamó la atención con Rey muerto, un cortometraje que integró Historias breves, la película colectiva que marcó el nacimiento del llamado Nuevo Cine Argentino. Pero mientras sus compañeros rodaron sus operas primas en medio de grandes dificultades, Martel entró en el largometraje por la puerta grande. La ciénaga fue una producción de la experimentada Lita Stantic y tuvo su estreno en la competencia oficial de Berlín, donde ganó el premio a la innovación artística y sedujo ampliamente a la crítica internacional. Sus largos siguientes compitieron oficialmente en Cannes, lo que habla de una trayectoria distinguida sin antecedentes nacionales.

En Rey muerto aparecen dos elementos esenciales en el universo Martel. Uno es el feminismo, que con el tiempo se haría menos ostensible. El otro es un extraordinario oído para los diálogos. No hay un director argentino contemporáneo (no sé si hay un escritor) capaz de recrear el habla cotidiana con esa maestría. Si la garra, la inteligencia y la vocación costumbrista estaban presentes en Rey muerto, la realización del corto era más bien precaria, con una fotografía estridente y un sonido mal compaginado. La solvencia técnica de Martel iría mejorando profundamente con el tiempo.

La ciénaga marca un desarrollo importante, una expansión del horizonte. Por un lado, Martel pinta por primera vez una familia de clase alta salteña que practica el racismo y vive en un ámbito claustrofóbico en el que el incesto comulga con la hipocresía y la violencia es la otra cara de la tradición. También aparece el contraste entre la opresión del mundo adulto y el conflictivo deseo de libertad de los chicos y los adolescentes. Las películas de Martel van incorporando capas y articulando niveles progresivos de complejidad a medida que la directora domina sus instrumentos.

La niña santa implica una exploración del lado perverso de la respetabilidad y es el escenario de un intrincado juego de deseos. El doctor Jano (la alusión a las dos caras es una broma demasiado obvia) con su inocultable impulso por apoyarse en la espalda de las chicas, la confusa relación entre los hermanos adultos, la atracción entre las amigas adolescentes, el despertar sexual mezclado con la vocación religiosa, los juegos eróticos y la vocación colectiva por la manipulación y la mentira. Mucho más abstracta y menos visceral que La ciénaga, la película es un caleidoscopio en el que la historia, las pulsiones de cada personaje y la estructura social se entrelazan bajo un humor particular y una red de palabras que sirve para ocultarlo todo.

En La mujer sin cabeza, Martel da otro paso hacia la complejidad y la perfección. Con elementos típicos del policial (una mujer sufre un accidente y el trauma le provoca un estado de amnesia) y una deliberada dosis de ambigüedad, la película se interna en los rincones más oscuros de la sociedad provinciana y al menú de intrigas, opresión de clase, cinismo, promiscuidad, mujeres sometidas y hombres poco confiables se agrega una dimensión política. Es la película más trabajada en la puesta de cámara y el sonido, la más fina en el humor, la más ambiciosa en el retrato de una sociedad en la que el poder político, la posición social y el apellido funcionan como el hilo conductor de la larga sucesión de injusticias que se remonta al feudalismo de Patrón Costas y pasa por la dictadura de Videla. Es un objeto cinematográfico de gran porte, pulido en todas sus aristas y apto para múltiples abordajes.

Como si La mujer sin cabeza cerrara una etapa y su autora quisiera poner a prueba su ambición en un nuevo territorio, Martel anuncia que su próxima película será una adaptación de El eternauta. Su trilogía salteña es la obra de una directora que ha madurado hasta lograr una amplia consideración internacional. A mi juicio, sin embargo, su estatura como cineasta es menor de lo que sus incondicionales proclaman. En parte porque las películas están compuestas como rompecabezas, como si el cine fuera cuestión de ensamblar las piezas dispersas que resultan del ingenio y la virtud artesanal. Así, por ejemplo, en La mujer sin cabeza hay un plano (para quienes vieron la película, el del perro muerto) en el que Martel engaña al espectador. Es como si después de acomodar todas las partes de su cuidada creación, la última pieza no se ajustara al espacio disponible. Pero ese plano forzado es menos un error puntual que la marca de una ausencia: el cine de Martel carece de incertidumbres. Ante la falta de una búsqueda más personal, más expuesta, las películas se terminan midiendo por su eficacia, por su exactitud como mecanismo. De ese modo aparecen preguntas sobre la verosimilitud de una escena, la explicación de una conducta o la interpretación de una metáfora que deberían ser irrelevantes si la consistencia de esas películas dependiera de las dudas de la autora y no de su demoledora seguridad. En otras palabras, Martel todavía necesita saberlo todo y no quiere correr el riesgo de quedar a la intemperie. Esa es la mayor limitación que muestra la primera parte de una carrera promisoria.

Foto: Flavia de la Fuente

202 Responses to “La mujer con cabeza”

  1. Nicolás Prividera dice:

    Te agradezco la lectura, Quintin, pero lamento que que me hagas sospechoso de “desbordes chauvinistas”… Cuando hice esa comparación la pensaba en el contexto del cine argentino. Jamás compararía a Martel con Resnais o Bergman, sencillamente porque pertenecen a otra generación: con quien hay que compararla es con sus contemporáneos. (Y aun así es una de las directoras mas talentosas del mundo, a quien le cabe duda?)

    A la frase que citás le seguía una acotación importante: “Ese odio (que genera en ciertos círculos quien inevitablemente los opaca) explica también la propagación del supuesto abucheo en Cannes a La mujer sin cabeza. Pues Lucrecia Martel siempre parece a punto de subir el listón y dejar al resto de su generación atrás. Y sin embargo… Hay algo abrumador en ese exceso de talento, como si hubiera llegado a un límite. Pero tal vez sólo sea el signo de un inminente salto en otra dirección.”

    El resto pueden encontrarlo en:
    http://ojosabiertos.wordpress.com/2008/09/02/la-mujer-sin-cabeza/

  2. Laura dice:

    Que exagerado

  3. elsita dice:

    per saltum?

  4. AM dice:

    Qué inspirador, comparar a una directora de cine con una garrochista olímpica. A vuelta de correo, si me sale, intentaré ensayar relación de semajanza entre Tucídides y una bailarina de caño de tugurio del microcentro. Próximamente, en las mejores salas.

  5. Isabel dice:

    El muerto se asusta del degollado… He leido comparaciones mas atrevidas en LLP, sin que nadie haga gala de ese cinismo estúpido de comentador de blog…
    Por otra parte, la insistencia en el supuesto problema del “plano del perro” solo habla de la mirada del espectador: luego queda claro que TAMBIEN hay un chico muerto. Pero hay gente que solo puede ver un perro… Bueno, de eso se trata la pelicula, precisamente!

  6. Kyon dice:

    El cinismo no es estupido, Isa. Es la sal de la ensalada. El perro de la historia, precisamente. Tu lo has dicho.

  7. Isabel dice:

    Dice Diego Lerer en su blog (www.micropsia.blogspot.com), hablando de esta nota:

    Del texto de Quintín -que no discuto y que es la clase de texto crítico sobre Martel que me interesa leer, con objeciones que yo también podría hacerle- sólo me intriga saber porqué esa misma duda e incertidumbre que Q. le reclama a la directora salteña no la tiene él sobre sus propios materiales, tan contundentes y terminantes que suelen ser.

  8. Der Meister dice:

    Ah, si lo dice Lerer … Hagamos entonces honor a su apellido, guardemos respetuoso silencio y aprendamos del maestro. Ni una palabra más.

  9. Isabel dice:

    Ahí esta, replicado en los commnets, el patético gesto del ironista sin talento, que nunca se interroga “sobre sus propios materiales” y que para sobresalir solo sabe injuriar.

  10. elsita dice:

    no sé cuantos espectadores tuvo, pero todos los que fuimos a ver la película, gracias a las notas en las que se contaba toda la historia ya sabíamos de que se trataba y como terminaba y que había un perro pero también un niño
    otro tema ,el del sonido. No sé si en la sala adonde la vi, no funcionaban los parlantes,y como habán hablado tanto de que era magistral, nos resultó pobrísimo.
    igual es una linda película argentina.

  11. Isabel dice:

    Dice Oscar Cuervo en su blog (http://www.tallerlaotra.blogspot.com/):

    «De bien ganado prestigio internacional, con su tercer largometraje Martel “da otro paso hacia la complejidad y la perfección”, afirma Quintín.»
    Así se anuncia en la tapa de Ñ de ayer el comentario que firma Quintín sobre la directora de La mujer sin cabeza. Otro paso hacia la complejidad y la perfección: parece tratarse de un comentario súmamente elogioso. ¿Habrá cambiado de opinión the critic? Recuerdo que en ocasión de su estreno the critic mandó un mensaje sarcástico a otroscines.com en el que se jactaba de ser el único “crítico nacional” que rompía el consenso de los admiradores incondicionales de Martel. Jocoso o apesadumbrado -o meramente vanidoso, vaya uno a saber- el marido de Flavia decía que después de haber leído que Página 12 comparaba a Lucrecia con Resnais y Bergman, él estaba pensando en pedir asilo político en otro país. Entonces, unas semanas después, ¿Lucrecia ha ido “avanzando unos pasos en el camino de la complejidad y la perfección”?
    En el copete que lleva la nota Q en el interior del suplemento, empieza a explayarse la idea: “Animarse a la intemperie y renunciar a la exactitud del cine como mecanismo es el desafío que enfrenta hoy su carrera”. Bien, aquí estamos ante un nuevo ejemplo de autodenominado estratega del Nuevo Cine Argentino (comparable al caso de Noriega cuando le aconseja a realizadores como Lisandro Alonso que no sean tan tristes e intenten suerte con el género de la comedia). Se sabe, Quintín y Noriega se han ganado esa autoridad estratégica para señalar los grandes lineamientos del movimiento: después de todo, Lucrecia y Lisandro han dado sus primeros pasos en el cine siguiendo las instrucciones que estos gigantes del pensamiento les dictaron.
    De modo que, junto con esta cariñosa palmada en la espalda que Q le da a la autora de La ciénaga, hay una paternal indicación: querida muchacha, has dado otro paso en el camino hacia la perfección, ahora lo que te conviene es enfrentar un nuevo desafío.
    Pero, sorpresa, leyendo la nota de Q en Ñ se advierte que no se trata en absoluto de una cariñosa palmada de padre sino más bien de una mordedura de víbora. La idea de que Q ha pronunciado un elogio a Martel es otra travesura de los editores de Clarín. Lo que en realidad the critic reitera es una auto-exaltación: él es el único que ve que la reina está desnuda y otra vez, desde la lucidez implacable que lo caracteriza, tiene que romper el consenso de tanto incauto que cree que la salteña es inapelable: “A mi juicio, sin embargo, su estatura como cineasta es menor de lo que sus incondicionales proclaman”.
    Quintín ha emitido un juicio y no se priva del gusto de usar la palabra “menor” en su dictamen.
    En realidad, no dice nada que no se haya leido muchas veces en comentarios de critics incluso menos implacablemente lúcidos que él: que Lucrecia tiene muy buen oido para los diálogos, que la puesta en escena y la banda de sonido están muy trabajadas, que retrata a una clase que vive en un ámbito claustrofóbico y practica el racismo, que en sus películas las mujeres son sometidas y los hombres poco confiables, que denuncia una “larga sucesión de injusticias que se remonta al feudalismo de Patrón Costas y pasa por la dictadura de Videla”. Para los que se dedican a leer las revistas de cine que se publican en la Argentina el texto de Quintín es un refrito de ideas harto transitadas, un rejunte poco riguroso de frases de ocasión acuñadas hace unos años y repetidas rutinariamente. La vuelta de tuerca reside en la mala leche con que remata la frase del feudalismo de Patrón Costas y la dictadura de Videla. De modo que Q parece decir, bueno, yo digo lo mismo que todos desde hace rato, pero ojo, que yo a esta salteña me la tomo a la chacota.
    Es sabido que the critic pertenece al think tank comandado por la asimismo implacablemente lúcida Beatriz Sarlo, que guarda una distancia irónica respecto de quienes insisten en su obsesión malsana por las injusticias del pasado y recomienda una actitud más creativa y abierta hacia el futuro. Recordar el pasado es feo, triste, mediocre, y quizá delate algún tipo de prebendas recibidas por parte del nefasto kirchnerismo.
    De esto ya hablamos mucho. Pero lo que yo quisiera ahora es hacerme otra pregunta: ¿qué es un crítico? Digo: ¿en virtud de qué alguien puede señalarle a un artista, para el caso una cineasta, cuál es el próximo paso que debe dar y el desafío que debe enfrentar en su carrera? Lo pregunto con todo interés, porque yo desde hace unos años me dedico a escribir sobre cine, de todo lo que hago es aquello a lo que le dedico más tiempo y energía. Y me pregunto qué es lo que hago, de dónde proceden las indicaciones para escribir las palabras que escribo, en qué suelo me afirmo para decir esto y aquello.
    Confieso que la palabra “crítico” no me identifica para nada. Cuando escucho que dicen “ustedes, los críticos”, me doy vuelta a ver si hay alguien más en la habitación a quien se le está hablando.
    ¿Qué es lo que yo sé de cine para decírselo a Martel, Alonso, Tsai, Prividera? Es evidente que yo no sé hacer las películas que ellos hacen y mucho menos puedo aconsejarles cómo mejorarlas; si así fuera, en lugar de escribir, estaría filmando. Esto no quiere decir que lo mío sea la nula nada. Yo escribo sobre Bresson, Fassbinder, Welles, Godard, y siento que dialogo con sus películas, pero no se me ocurre cómo podría aconsejarles. Si tengo alguna destreza es la de formularme preguntas: veo mucho cine y siempre me estoy preguntando qué es lo que veo, qué es lo que oigo. Casi en cada película y con una insistencia ya monótona vuelvo a preguntarme qué es esa cosa llamada cine, así como otras veces me pregunto qué es una canción, sin haber demostrado ninguna habilidad especial para hacer canciones o películas.
    Mi trabajo consiste más bien en pensar, cuando veo y oigo, qué es lo que oigo y veo. Y después me pongo a practicar una escritura que ensanche la experiencia de ver y oir, de modo que las palabras que pienso me ayuden a abrir los ojos y los oídos, así como antes lo visto y oído me dictaron esas palabras. Sigo con especial atención a cineastas que me enseñan a ver y oir, que me muestren una perspectiva a la que de otro modo yo no habría llegado: viendo a Bresson, Fassbinder, Sokurov, Favio, aprendo a mirar el mundo. Y el mundo me da ocasión de confrontar estas miradas con las imágenes que proliferan por todas partes. Mirando la mirada de Tarkovsky veo las imágenes televisivas, las primeras planas de los diarios, el riachuelo que queda a tres cuadras de mi casa. De vez en cuando voy a ver una de Spielberg o algún Batman, y las veo y las oigo con una mirada Bresson, con una mirada Rosellini, y, mientras las veo, las monto con la ayuda de Godard.
    Y también leo lo que se escribe sobre cine: leo a Noriega escribiendo sobre Alonso, a Porta Fouz escribiendo sobre Mel Gibson, a Quintín escribiendo sobre Martel. Y me pongo a pensar en lo que ellos ven cuando escriben, por ejemplo:
    “en La mujer sin cabeza hay un plano (para quienes vieron la película, el del perro muerto) en el que Martel engaña al espectador. Es como si después de acomodar todas las partes de su cuidada creación, la última pieza no se ajustara al espacio disponible”.
    Esto es lo que ayer escribía Quintín en Ñ, y luego agregaba:“Pero ese plano forzado es menos un error puntual que la marca de una ausencia: el cine de Martel carece de incertidumbres”.
    Veamos: Martel engaña al espectador, dice Quintín. El plano del perro, dice the critic, es forzado, dice más, es un error y, lo que aún es peor, es la marca de que Martel carece de incertidumbres. Y entonces me pregunto: ¿desde dónde ve Quintín para escribir que este plano es un engaño? ¿en qué suelo se apoya su distinción entre planos engañosos y otros auténticos o verdaderos? ¿Qué virtud practica para reprochar a otro la falta de incertidumbre? Lo pregunto porque me interesa el ser de la imagen, me interpela la cuestión de la verdad, pero el problema es que no encuentro dónde está parado Quintín para vislumbrar el engaño, el forzamiento, el error. Por tratarse de un crítico implacable, convengamos que su texto es perezoso, que no despliega en su escritura la evidencia de la autoridad, o al menos del trabajo con la mirada y la escritura que lo autorice a señalar el presunto error, el forzamiento.
    ¿Qué es un error, Quintín? A ver, explicámelo, te lo pido. Si ahorrás un poco del espacio que destinás en tu nota a decir por enésima vez que Lucrecia tiene buen oído para los diálogos y hace una crítica a la hipocresía de la clase alta salteña, quizá te queden aún algunos caracteres para explicarnos cómo hacés para reconocer los errores de los cineastas. Tal vez si fueras un poco más específico en tu escritura, la misma Lucrecia no volvería a cometer los errores que señalás.
    Quizá puedas predicar con el ejemplo, tal vez le enseñes a Martel a abandonar las certidumbres. Pero no veo cómo podrías recomendarle aquello de lo que vos carecés por completo cuando le señalás sus errores. Aunque ella sea apenas la directora de La ciénaga, La niña santa y La mujer sin cabeza, y vos seas, todo el tiempo y cada vez más, un crítico implacable.

  12. klet dice:

    Ya perdí la cuenta de la cantidad de veces que leí una nota sobre Martel con este mismo título. ¡Y después se quejan de Radar!

  13. Der Meister dice:

    La ironía es talento, Isa. Su morada, el epigrama.
    A cada cual la cantidad de palabras que merece, ¿no te parece?

  14. popopo dice:

    Manga de ñoños!!!!!

  15. Isabel dice:

    La ironia no es para cualquiera. Menos para alguien que escribe “su morada, el epigrama”. Y tu blog es horrible. Dedicate a otra cosa, hasta la módica actividad de comentador te queda grande… Aquí lo unico que hiciste fue manchar una interesante polémica, a la que no le aportas nada. Dejale el espacio a los que tiene algun argumento, o saben hacer uso del arte de injuriar.

  16. Why can’t weeee be friends, why can’t weeee be friends

  17. Yo también creo que el plano del perro muerto molesta más que ayuda a la película. En primer lugar, proque es un plano que la protagonista no ve y que los espectadores; en segundo lugar, porque cierra las posibilidades, cierra la duda de qué es lo que efectivamente atropelló (si el niño o el perro); creo que es mucho más rica la película estructurada sobre la permanencia e inerradicabilidad de esa duda. La protagonista, en definitiva, actua siempre sobre esa duda, tratando de limpiar constantemente las huellas de lo que no sabe bien si sucedió o no.
    En la medida en que esa duda está descartada, el espectador pareciera mirar más la historia de un error de apreciación de la protagonista que meterse dentro de su problema moral (que no es haber matado, sino ir a la cárcel).
    De todas formas, la película creo que es muy buena

  18. Der Meister dice:

    Isabel, Isabel, conocí a una Isabel, pero no eras vos. Ella era inteligente.

  19. Galois dice:

    El atisbo de discusión es efectivamente muy interesante. Lo digo por los textos de Q, Prividera y Lerer. Sería interesante también (al menos para mí, aunque suene pedante) que se discutiera esos escritos precisamente, y no que los comentaristas intentaran (unos) descalificar las ideas de Prividera o Lerer, apelando a que como son de ellos no pueden ser atendibles o que las que expone Quintín, por el mismo motivo (para otros) sean soberbias y terminantes.

  20. elsita dice:

    isabel es un señor muy enojado

  21. lalectoraprovisoria dice:

    Prividera. No seas paranoico. No dije que lo tuyo sea un desborde chauvinista. El argumento es que esa admiración local está avalada desde el exterior también. Eso no pasaba, por ejemplo, con Subiela, que era tan admirado en su momento como Martel ahora. Pero sólo acá.
    Saludos
    Q

  22. Nicolás Prividera dice:

    Ya se que no dijiste que lo mio era un “desborde chauvinista”, Q.,pero como los desbordes venían luego de la cita… quería aclararlo (al menos aquí). Yo odio tanto el chauvinismo crítico como la canonización acrítica, sobre todo cuando viene impuesta del exterior (y no es el caso de Martel, aunque vos te encarnices con ella…)
    La verdad es que no recuerdo otro caso como el de Lucrecia, en cuanto a su valoración a la vez externa e interna: la tuvo en su momento Nilsson, pero no Favio (que superó al maestro).
    Subiela era muy admirado cuando nadie pensaba en el afuera, si (recuerdo la tapa de El Amante!), pero eso tenía que ver con la coyuntura del endogámico “viejo” cine argentino, entonces todavia dominante (y frente al que las peliculas de Subiela eran subversivas, aunque no revolucionarias…). No se quien será el Subiela del Nuevo Cine Argentino, pero seguramente no es Martel…
    Saludos.

  23. The Master dice:

    Galois ! You’re quite a philosopher, my dear ! That’s my boy !

  24. lalectoraprovisoria dice:

    Prividera. Es completamente injusto decir que me encarnizo con Martel. Le reconozco una serie de virtudes y pongo de manifiesto su lugar en el cine internacional. Se encarnizan quienes hablan de la (pequeña e irrelevante) silbatina en Cannes y de su (relativo) fracaso en la taquilla argentina. A mí, en cambio, no me parece una cinesta genial, pero parece que esa opinión —bastante moderada, por cierto— habilita insultos de todo calibre. Pero el plano del perro muerto está mal y está mal. Y no es un plano aislado. La película entera se apoya sobre ese plano falso.

    Martel es un excelente ejemplo, a mi juicio —y con esto te contesto un poco el ejemplo de la garrochista— de cineasta de talento pero, por ahora al menos, sin grandeza. De hecho, me parece que talento y grandeza no suelen ir de la mano. Por supuesto que hay excepciones. Se me ocurren dos: Keaton y Welles. Pero uno no diría que Ford, Godard, Bresson los Straub o Drreyer son gente “talentosa” como Billy WIlder o Spielberg, cineastas talentosos y más bien pequeños. Ni tampoco Pedro Costa es “talentoso”, ni Bela Tarr, ni Hong Sang-soo. En cambio, Apitchapong es talentoso, igual que Tarantino, igual que Martel.

    Es un tema raro, de todos modos. No tengo ninguna certeza al respecto pero es una hipótesis que se puede discutir.

    Q

  25. lalectoraprovisoria dice:

    Además, las películas de Subiela no eran subversivas. Eran la condensación pretenciosa y seudoartística del machismo, el conformismo y la autocomplacencia de ese cine argentino.

    Q

  26. Mishíguene kop dice:

    Q., una pregunta modesta, de puro metido: ¿por qué Billy Wilder carece de grandeza? ¿porque no es homogéneo? ¿porque es juguetón? No entiendo. Para mí cualquiera de los nombres citados (incluso Spielberg, que es el más desparejo seguramente a nivel grandeza, pero que a veces la tiene) darían cualquier cosa (es un decir, ya que cada uno tiene su estilo y sus obsesiones y no son intercambiables) por ser los autores de Sunset Boulevard o de Piso de Soltero.
    En los casos de Martel y Tarantino coincido. De Apitchapong no vi nada, aunque tengo una peli bajada que debería ver. Y de Pedro Costa tampoco vi.

  27. Mishíguene kop dice:

    Sería bueno definir el concepto de grandeza. Me ayudaría a entender. Mozart es grande. Charlie García talentoso. Chejov grande. Ricki Maravilla un milagro del mercadeo. Piazzolla talentoso y grande. Steve Reich grande. Bruno Schulz grande. Kafka grande. Bioy Casares talentoso. etc.

  28. Mishíguene kop dice:

    ¿La grandeza tiene algo que ver con la sinceridad?

  29. lalectoraprovisoria dice:

    Sí, la diferencia entre Kafka y Bioy Casares es un buen ejemplo. Con todo lo que tiene de discutible cada caso individual. Por otra parte, ni siquiera sé si Bioy Casares califica para talentoso.

    Q

  30. elsita dice:

    el talento y la grandeza juntos son un escándalo, no la podés definir ,te deslumbra .te conmueve . te enamora.es el libro,la música, la película que jamás vas al olvidar.

  31. Nicolás Prividera dice:

    Para mi Subiela era “subversivo” precisamente porque explicitaba todo eso que mencionas (que antes quedaba relegado al cine “popular”), demostrando lo caduco del paradigma del “viejo” cine argentino (que quedaba así listo para derrocar…). Es el último cineasta “malo”, digamos (en el sentido macedoniano de la palabra). Todas las épocas tienen el suyo, y el “nuevo” cine también lo tendrá (si no lo tiene ya…).

    Y con Martel da la impresión de que sos excesivamente crítico, tal vez porque te molesta el consenso. Pero lo del plano del perro muerto (que para vos es su talon de Aquiles) también es relativo: La pelicula no descansa en él, podría no estar… Pero Martel decidió ponerlo (sin que pierda su ambiguedad, vista la totalidad del film). No entiendo porque está “mal” ni que tiene de “falso” (y me parece que son categorias que no sirven o no ayudan para pensar la cuestión, ética y estética, que la película plantea).

    Lo mismo pasa con “talento” y “grandeza”: entiendo adonde vas, pero son categorías un poco elusivas (no se dejan definir objetivamente: es un terreno muy subjetivo, y cada uno puede hacer su propia lista). Y tampoco me parecen justas o productivas. El problema del cine es que sobran los cineastas sin talento, no la falta de “grandeza” (que, como el espiritu bressoniano, “sopla donde quiere”).

  32. Mishíguene kop dice:

    El problema del cine es que sobran las peliculas sin alma, aun cuando tienen mucho o poco para decir. Y para que tengan alma hace falta grandeza, no talento. El talento se compra en un taller o en una escuela, en cambio la grandeza se hace a los empujones, empujando o resistiendo los empujes de la vida.

  33. Samurai Jack dice:

    Escribamos algo como la invención de Morel o cómo Los que aman odian y después hablemos del talento de Bioy. Debe haber distintas clases de talento que permitaque no todo deba compararse con Kafka o con Tsai min liang

  34. lilia dice:

    Isabel, decile a Cuervo que la próxima vez que escuche ‘ustedes los críticos’ sí se dé vuelta, porque es un crítico de los críticos, empeñadísimo en señalarles ‘errores’ y además darles consejos.

    Si tengo alguna destreza es la de formularme preguntas.

    Demasiadas preguntas para un solo post, por cierto, queda muy recargado, sobre todo si son retóricas, dichas con un puntero y tan enojado; bueno, no es un estilo muy agradable de escritura. Pero si el hombre pregunta con todo interés, porque le interesa el ser de la imagen y lo interpela la verdad… en fin.

  35. LEON dice:

    Ya lo escribi en mi espacio y por ahi alguien lo insinua: no tengo manera de comprobarlo, pero los críticos me cagaron un poco la película. Pifiaron feo en hablar así, tan explicitamente del argumento, todos.
    No hubo uno solo que ocultara responsablemente cierta información, muy importante para la pelicula. Precisamente en los primeros minutos y hasta el plano retrovisor del “perro” se construye el clima general de la película y la incertidumbre resulta importantísima. Hubiera preferido no saber nada de antemano en este caso.
    Que cada uno vea cosas diferentes, eso está bien.
    Yo no vi ni un perro ni un niño en ese plano. Si yo hubiese sido el montajista, hubiera sugerido que se lo saque.

    Lo que escribe Q está claro, no se por qué se la complican tanto. El resto de la discusión no me interesa. Q puede pensar lo que quiera de lo que quiera, como todos nosotros. Parece que a algunos les molesta que sus escritos no sean tan publicados como los de Q.
    ¿Qué es un crítico?, pregunta Cuervo y de su intento de una ontología de la crítica de cine no se rescata nada, es pura paja al pedo.
    ¿Para quien escribe un crítico? Yo detesto a los que escriben exclusivamente para sus colegas. Me parece que hay que darle más bola al que todavía no vio la película y Q tampoco lo hace muy seguido. Habría que animar a ‘la gente’ a ir a verla y después si, discutir ampliamente.
    Me siento marginado de estas discusiones. No poder viajar a Cannes o a Venecia o a Berlín no me hace un idiota. Hagamos una vaquita para Cuervo.

  36. Eric G dice:

    El problema del cine argentino es que le sobra talento.

  37. lalectoraprovisoria dice:

    Prividera.

    1. Muy buena la descripción de Subiela. Y también lo de que es el último cineasta malo, aunque lo de macedoniano parece demasiado.

    2. El plano. El plano muestra algo que no es (si mató a un chico, no puede ser que en la ruta quede un perro muerto), o algo que muy difícilmente puede ser. Señalé en una reseña en LLP la cabriola retorcida de un crítico para imaginar que había un perro y un chico muertos pero solo quedaba el cadáver del perro (luego Lerer intentó algo parecido) mientas que el niño volaba y caía al río. Pero aun así, si atropelló a los dos, ¿por qué mostrar a uno solo?. El tema es que el asunto no tiene demasiada solución. Porque si muestra el chico muerto no hay película (o la película es otra) y si no muestra nada todo parece fantasía: sería todo parte de la imaginación de la protagonista y podría no haber matado a nadie o ser todo una pavada (otra vez sería otra película). Por eso hice la comparación con un rompecabezas en la que está todo listo pero sobra una pieza que nadie sabe donde colocar. Martel la pone ahí a la fuerza, porque la necesita para el desarrollo dramático que quiere: que al principio parezca que mató a un perro pero después sea un chico. Pero cinematográficamente no funciona, porque un plano es un plano. Y ahí llegamos a un problema del cine de Martel al que no hice referencia pero vengo pensando: que es un cine muy fuertemente apoyado en una idea literaria y en su trasposición en imágenes. Un libro no tendría problemas para contar esa escena. En este caso, la mejor solución era, seguramente, no mostrar nada y que ella cuente una cosa primero y después vaya cambiando. Pero otra vez aparece el problema de Martel con lo literario: ella cree que debe contarlo todo en imágenes y que las palabras son siempre falsas, son solo parte de la textura. Pero las imágenes, en este caso, le complican la vida. Y así termina recurriendo a una imagen falsa. No es la primera en la historia del cine, pero tampoco es la primera que presenta problemas. Por otro lado, cuanto más uno piensa en ese plano, más se da cuenta de la importancia que tiene en la película. Creo que con ese dilema se encontró Martel. Y es una aporía de rompecabezas.

    Q

  38. apolonio dice:

    Una vez martel dijo que ella no hacia arte, “sino ciencia”. esta en un documental que se llama Dirigido por, cuyo director no recuerdo, y que vi hace dos años en el Pasaje Dardo Rocha de la Ciudad de La Plata.

    Las peliculas de Martel carecen de emocion, y, en mi forma de ver el cine, si no hay emocion no hay nada, es un ejercicio de mala semiologia. Prefiero una escena de Ford o incluso de Caetano a toda su carrera. Ford puede ser fascista o violento, pero es apasionado y pone en juego su vida. Martel es una directora SRL: si se funde solo sus bienes estan en juego. Eso me parece repudiable.

    Puedo equivocarme, pero Martel ya ha filmado su mejor pelicula, La Cienaga, justo antes de que en Francia le dijeran que es genial. Todo lo que sigue es una continuacion de una hipotesis cientifica que no varia. Hasta que no ponga en juego su corazon, perdon por lo cursi, su cine de laboratorio va a seguir estancado. Ella aplasta con su mirada todo lo que sucede y lso personajes nadan bajo el imperio de una persona que apenas los considera humanos. Pienso que La Niña Santa es una pelicula espantosa, sin dudas. Pero en fin… A Martel hoy la elogian muchos tipos como este Cuervo que creen que lo que ella hace es una critica a la clase media argentina o no se que. Como esta clase de bobos odian a la clase media (no me puedo explicar por que) y son mas peronostas que peron, parece que la reivindican. No entiendo.

  39. Lester Young dice:

    En Argentina no hay críticos de cine. Sólo hay comentaristas.

  40. janfiloso dice:

    Lester, definí los términos, o lo que decís queda retórico.

  41. elsita dice:

    puede ser que la escena del perro esté de más, porque en la conversación telefónica del cuñado con la policía les dicen que lo que hay en la ruta es un perro muerto y eso tranquiliza a todos.inclusive al espectador,aunque en el devenir de la peli sospechemos que algo más pasó.

  42. Lester Young dice:

    Señor Janfiloso,
    Si hubiese escrito: “Buenos días muchachada, somos afortunados, la cabellera de Apolo acaricia nuestros cuerpos”, ¿también en ese caso hubiese recibido una solicitud de definición de términos?

  43. Yupi dice:

    “Martel es una directora SRL: si se funde solo sus bienes estan en juego”.

    ¿No es demasiado implacable el juicio? Cuando alguien filma una película o escribe un libro se expone aunque no quiera. Nuestros comentarios son una prueba. Que Martel no alcance la altura de los más grandes artistas que hubo en el mundo no significa que ella sea un envase vacío o una máquina de filmar.

  44. janfiloso dice:

    Lester : no, en ese caso no.

  45. janfiloso dice:

    …porque hubieras sido metafórico, no retórico y las metáforas suelen entenderse…

  46. Martel es una gran, gran directora: con un plano de un perro muerto se armó este quilombo.

  47. Anónimo dice:

    A mí sinceramente Martel me parece una cineasta menor, inflada por el nacionalismo periodístico. Carece de humor, carece de ideas, carece de gracia. En los reportajes dice siempre banalidades y sus películas son más solemnes que mi abuela.

  48. janfiloso dice:

    (eso pasa por matar perros -Laura dixit-)

  49. Peter Bay dice:

    Mr. Lester: ¿where do you think we can have critics? Che, chabón, Lester, en dónde hay críticos y no comentaristas? En Francia, España, Uruguay; te puede gustar o no, pero lo de Q, Privideera y otros, son discusioines que efectivamente demuestran lo mejor de la critica cinematográfica, más allá que nos guste o no lo que dicen.

  50. Lester Young dice:

    Janfiloso: Sabía que nos entendemos.

    Peter: El tiempo hace a los críticos. Ergo, usted imagine dónde viven. Por favor, le solicito que no me involucre en polémicas generadas por otros y de las cuales no participo. Otro por favor: Apague el excluidor automático. No opongo comentario a crítica. Ambos sirven si son buenos. Pasa lo mismo con los zapatos y las licuadoras.

    Jotafresco: Semitroll, semitroll. No confundir serie con entero ni entero con medio. Cartel en “Casa Aldo” avisaba.

    Anónimo: “Nacionalismo periodístico” es una redundancia. Pero las redundancias a veces son necesarias. Lo felicito.

    Martel no hace gracias pero es cruel. No saben cuánto. No es cuento.

  51. janfiloso dice:

    Lester, obvio que nos entendemos … Que ?

  52. Peter Bay dice:

    No lo involucro en polémicas, Mr. LY: lo de Q y P son criticas, no comentarios. Comentarios son aquellos que cuentan una película; críticas son aquellas que de lo visto extrae enunciados que no están a la vista pero sí entre planos. Para mí viven en Buenos Aires, Salta, New York, Teherán, Tokio, Bogotá, Seúl, etc, etc, etc.

  53. Peter Bay de Coast dice:

    Anónimo: La niña santa tiene varios pasajes humorísticos.

  54. boudu dice:

    Martel es una directora con oficio…no se si es una gran directora, en las fotos parece medio petisa.

    Dicho esto, La mujer sin Cabeza es la que menos me gustó de sus pelis, para mi no se animo a hacer la gran peli de terror que podría haber sido.

  55. Addison dice:

    Copio comentario anterior, me parece que están dejando de lado la lluvia que es un elemento importante…

    Addison:
    Agosto 29th, 2008 at 6:08 am

    Según mi interpretación, la muerte del perro le sirve a la protagonista para limpiar su culpa en la primera parte de la película. Luego, cuándo se encuentran las pruebas y el cadáver del chico (que cayó al canal luego de ser atropellado en el mismo momento que el perro), Verónica ya ha aliviado su conciencia por la negación y el ocultamiento de pruebas que terminan haciendo sus familiares. El canal y el agua de lluvia sirven también como metáfora del lavado de la culpa religiosa.

  56. Addison dice:

    El comentario está acá.
    http://www.lalectoraprovisoria.com.ar/?p=2403

    No creo que haya planos tramposos y también me parece que está todo claro tanto en el mundo real como en el simbólico.

  57. Nicolás Prividera dice:

    Quintín: insisto con que el plano del perro no es la base de la pelicula, que se sostendría perfectamente sin él. En cambio, al convertirlo vos en la base de tu crítica, revelas su debilidad. Veamos:

    Las primeras imagenes de la pelicula muestran unos chicos corriendo al costado de la ruta, y juno a ellos hay un perro. Por lo tanto, y como queda claro a lo largo de la pelicula: la mujer mató a un chico y también al perro. (Puede no gustarte ese juego de dobles, o parecerte inverosimil que el accidente haya sido justo al lado de un puente sobre un riachuelo y que el chico haya caido ahí, pero no es falso.)

    Un plano es un plano, pero una pelicula es un sistema de planos. Y el sistema que la pelicula construye es tan preciso que solo podemos echarle en cara un perro muerto… Me pregunto si toda esta discusión sobre un plano (o un perro muerto) no encubre otra cosa: y entonces lo veo mas bien como un hallazgo, porque nos coloca en el centro mismo del problema que la pelicula propone…)

    Por otra parte, si ella cree que debe contarlo todo en imágenes y que las palabras son siempre falsas, no veo como colegis de ahi su apego a “ideas literarias”. Si hay un cine alejado de las ideas literarias (o del cine como transposición) es el de Martel… Sobran ejemplos en el cine argentino (y en NCA…) pero no es justamene este!

    En definitiva, no veo como una cineasta tan “fria”, “racional”, etc. (segun los adjetivos supuestamente “negativos” que alegremente se le endilgan) podría cometer esos supuestos errores (ser “literaria”, usar planos “falsos”, etc). En ese caso no sería tan “racional”… o no sería un “error” (visto que segun esa teoria el cine debe ser -o parecer, mas bien- sucio, visceral e incierto…)

    Yo mas bien tiendo a creer que la animadversion que genera Martel se debe precisamente a las certezas que remueve sobre lo que “debe ser” el cine argentino (sea el “popular” -ahora que estan de moda las comedias romanticas- o el “independiente” -siempre pendiente de los dictados de la crítica-). Pero eso daría para otra larga discusión.

  58. Leo dice:

    Le tengo toda la fe para la primera mitad del relato, con los protagonistas recorriendo la ciudad desierta en medio de la nieve asesina.

    Para las escenas de accion mas movidas no se, pero ya veremos.

  59. Anastasi dice:

    Spielberg y Tarantino con Apichatpong y Martel: qué ensalada, Quintín.

  60. apolonio dice:

    nicolas, me doy por aludido y te aclaro que no tengo ni idea de lo que debe ser el cine argentino, solo pienso que martel es una cineasta que no me interesa en lo mas minimo. si la posta la tenes vos, o alonso, o aristarain, ni idea, como no tengo interes en vivir del cine o decirle a la gente que pelicula tiene que ver, simplemente digo “alegremente” lo que se me ocurre, teniendo como base una pasion cinefila de mas de no se cuantos años y algun que otro libro sobre el tema.

    no tengo animadversion contra la muchacha, ni mucho menos, por mi que le siga yendo bien! al menos genera algo de atencion por este lugar perdido en el mapa. en francia no es popular, solo la respeta el mismo circulo que la respeta aca, el pequeño mundillo de criticos y cineastas que se maneja en los festivales del calendario.

    me molesta de sobremanera que cada vez que se critica a un tipo argentino y exitoso salta otro a acusarte de envidioso o mediocre. es estupido. entonces santaolalla es un genio! viva argentina!

  61. cuneo dice:

    Cuántas vueltas dan para no decir que Lucrecia Martel les molesta: que es menor, que no tiene grandeza, que un plano es falso, que no se puede matar a un perro y a un chico al mismo tiempo, que denuncia las injusticas de Patrón Costa, que solo le gusta a un pequño grupo de críticos.
    Lo que queda en claro es que lucrecia Martel les molesta, que su cine les molesta. Que los que dicen estas pequeñeces no tienen grandeza, ni talento, ni reciben la atención de un grupo ni pequeño ni grande, ni acá ni en otra parte.

    Lo que queda claro de todas estas inconsistencias sobre planos “falsos” y “grandezas” es que ni si quiera tienen los huevos para decir que el cine de Martel les molesta.

    Sería más sencillo de decir, pero no tienen huevos para hacerlo.

  62. BobbyFischer dice:

    Me molesta mucho cuando se alude a la supuesta PERFECCIÓN de Martel (como si el cine fuera hacer acrobacia dentro de figuras previamente codificadas, como un 10 en gimnasia artistica). Ni como boutade lo acepto. El cine no es perfecto, y si lo es deja de ser cine. Porqué?? porque la precisión narrativa (si bien es importante), dentro de la cual puede caber la pertinencia de un plano determinado, etc) a la que se alude muchas veces para justificar la mentada perfección, es un valor completamente superfluo ya que no hay 2 maneras iguales de narrar. Esa pericia es un factor mas como puede ser el azar, una actuación, el matiz expresivo de la mirada o el propio punto de vista del director (que siempre hay que considerar) y que enriquece cualquier posterior valoración. El termino “perfección” no deja de ser una exageración y está mal utilizado. Tampoco el cine es igual en el caso de la recepción, ya que toda pelicula dialoga activamente con nosotros y toda nuestra competencia como espectadores (a la que tampoco es posible calificar en grados o jerarquias). Imposible entonces pretender establecer una mirada como VERDAD ABSOLUTA. Asimismo creo que cuando Quintín hace mención a la palabra “talento”, quizás corresponda utilizar el termino virtuosismo (a la manera de Von Sternberg, no quizás de Bresson), como una suerte de ampulosidad para la puesta en escena. En todo caso, los defensores de Martel intentan canonizar a la cineasta salteña y transformar su mirada en absoluta. No les alcanza el reconocimiento en el exterior, ni los premios ni los reconocimientos. Creo que Prividera intenta hacer lo que hizo con su pelicula M y la mirada sobre los años 70. No entiende que M, su pelicula, es valorable mas allá de sus valores narrativos, de sus “verdades” en voz alta, de sus defectos y manipulaciones. La concepción “stalinista” de Prividera sobre el cine no tiene nada que ver con él.

  63. lalectoraprovisoria dice:

    Cuneo.

    MARTEL ME MOLESTA. LO PROCLAMO EN VOZ ALTA. AHORA SÏ, QUE HUEVOS QUE TENGO.

    Je. Me pregunto por qué Martel desencadena esa clase de militancia que practica el amigo mencionado al principio de este comment.

    Q

  64. lalectoraprovisoria dice:

    Prividera.

    1. Coincido con Fischer en que si tu visión del cine fuera menos estalinista, te ahorrarías el tránnsito por algunos callejones sin salida de la discusión cinematográfica.

    2. Algunas explicaciones con pretensión de refutaciones.

    a. “Las primeras imagenes de la pelicula muestran unos chicos corriendo al costado de la ruta y junto a ellos hay un perro. Por lo tanto, y como queda claro a lo largo de la pelicula, la mujer mató a un chico y también al perro. (Puede no gustarte ese juego de dobles, o parecerte inverosimil que el accidente haya sido justo al lado de un puente sobre un riachuelo y que el chico haya caido ahí, pero no es falso.)”

    Se ve a los chicos y al perro. Después aparece muerto el perro pero resulta que también murió el chico. ¿Por qué no mureron tambien los otros chicos si es que son varios? (De paso, ¿los otros no vieron nada? Ah, es cierto que estamos en medio de una metáfora de la dictadura.) No es que esa muerte con carambola, caída al río y ausencia de los otros chicos sea inverosímil, sino que no está mostrada. Lo que hace Martel es una especie de secuencia Petrocelli a la que solo le falta, al final, la versión “verdadera” del plano. Todo el mundo acepta que en Petrocelli se filman planos falsos. Por qué no aquí. Pero allí, al menos, un plano se refuta con otro plano. Martel, en cambio, juega a dos puntas. Filma algo que no es y le saca partido dramático a esa mentira que, por obra del chamuyo a posteriori, resulta que no lo es tanto. Y otra cosa. Que haya mostrado a los chicos antes no es más que una coartada: “yo les mostré al chico, no me pueden decir nada”. Esa idea de que se filma solo para el espectador atento es la lógica del whodunit (Petrocelli, de nuevo).

    b. “Un plano es un plano, pero una pelicula es un sistema de planos.”

    Eso suena a vacuidad semiológica.

    c. “Y el sistema que la pelicula construye es tan preciso que solo podemos echarle en cara un perro muerto… Me pregunto si toda esta discusión sobre un plano (o un perro muerto) no encubre otra cosa: y entonces lo veo mas bien como un hallazgo, porque nos coloca en el centro mismo del problema que la pelicula propone…)”

    Eso es lo que digo: la idea del rompecabezas en el que un plano malo hace muchísimo ruido. Vos lo llamás preciso. Pero como preciso termina siendo impreciso.”

    d. “Por otra parte, si ella cree que debe contarlo todo en imágenes y que las palabras son siempre falsas, no veo como colegis de ahi su apego a “ideas literarias”. Si hay un cine alejado de las ideas literarias (o del cine como transposición) es el de Martel… Sobran ejemplos en el cine argentino (y en NCA…) pero no es justamene este!”

    Reconozco que dije algo un poco confuso. Intentaré aclararlo. La idea de lo literario, o por lo menos de lo que quiero llamar “literario” es la de que a cada película le corresponde una instancia previa que es “la historia”, que puede tener su forma escrita en una novela o en el guión mismo, pero que luego de establecida, se procede a contarla “en imágenes”. Creo que Martel peretence a esa escuela cinematográfica en la que siempre se siempre se deja ver una narración detrás de la película pero por fuera de la película misma. Es interesante al respecto la idea de que el centro de La mujer sin cabeza es la idea de reestablecer una narración perdida, hacer aparecer al final “la verdad”.

    e. “En definitiva, no veo como una cineasta tan “fria”, “racional”, etc. (segun los adjetivos supuestamente “negativos” que alegremente se le endilgan) podría cometer esos supuestos errores (ser “literaria”, usar planos “falsos”, etc). En ese caso no sería tan “racional”… o no sería un “error” (visto que segun esa teoria el cine debe ser -o parecer, mas bien- sucio, visceral e incierto…”

    Acá se condensan ciertas críticas en las cuales solo me reconozco parcialmente. En cuanto al final, las películas de Martel suelen tener una imgen más bien sucia. Sigo creyendo que Martel nunca se compromete personalmente en sus películas. Pero cada uno es cada uno (de uno y otro lado de la pantalla). Lo incierto sí me parece un valor en el cine, en el sentido de la ambigüedad de lo real de la que hablaba Bazin (que nada tiene que ver con la ambigüedad de la narración). Para mí tiene que ver con un cierto respeto por el misterio de esa realidad. Por eso me gusta Alonso y no Martel.

    f. “Yo mas bien tiendo a creer que la animadversion que genera Martel se debe precisamente a las certezas que remueve sobre lo que “debe ser” el cine argentino (sea el “popular” -ahora que estan de moda las comedias romanticas- o el “independiente” -siempre pendiente de los dictados de la crítica-). Pero eso daría para otra larga discusión.”

    A vos no te interesa el cine de Alonso. Pero sería exagerado decir que te genera “animadversión”. Es decir, no sé si te la genera o no. Lo exagerado sería hacerte reconocer que te la genera. Esto es lo mismo. No sé en quién genera animadversión Martel ni por qué. Lo que es totalmente falso es que Martel remueva las certezas de la crítica. La crítica la ha elogiado y hasta ha repetido casi sin discusión sus interpretaciones de la película. Yo creo que sería hora de que empezáramos a discutir sin victimizarnos. En este caso, cuando Martel ha sido ampliamente elogiada y ocupa un lugar de privilegio en el mundo del cine, es completamente absurdo hablar de “la animadversión que genera Martel” como si fuera una perseguida por el sistema.

    Saludos

    Q

  65. Addison dice:

    También estaríamos deajndo de lado que el punto de vista que predomina en la película es el de la protagonista…

  66. Lucas dice:

    Esta claro que cada uno le perdona a quien quiere lo que quiere en términos narrativos (yo le perdone lo imperdonable a Bielinsky en Nueve Reinas), y no pretendo que todos pensemos igual ni que todas las películas manejen el mismo sentido del tiempo, espacio y punto de vista.
    Están los que piensan que hay una responsabilidad del realizador anterior a la obra y una posterior (yo estoy entre estos), y otros (a los cuales respeto pero juegan a otro deporte) que prefieren respetar la decisiones estéticas y narrativas del carismático realizador no importa hasta que lugar los lleve.
    El caso de Martel como el de tantos (generalmente muy usado en el cine americano de segundo nivel) presenta una prepotente utilización del punto de vista preso a las necesidades narrativas del gran imaginador (en este caso la realizadora – guionista según se firma) favoreciendo sus necesidad a las del personaje (por que el enrosque del “AUTOR” los lleva a ser siempre mas que sus personajes).
    Claramente la película presenta un punto de vista en términos generales, el de la protagonista. Pero hay otros dos momentos (por lo menos) donde convenientemente el punto de vista se corre a otro lugar, a uno más reconfortante, mas cómodo y menos comprometido.
    La primera escena y a mí entender en el plano del perro es donde básicamente se fundan las tramas de la película, para unos la del encumbramiento y para otros como yo el deambular de una (porteña) burguesa autista por 1 hora y media de mi tiempo libre.
    Los directores (y los guionistas) no son ingenuos a estos manejos arbitrarios de recursos formales para producir lo que quieran producir, ellos saben lo que hacen y hasta muchas veces lo hacen adrede.
    Martel es creyente, ella concibe evidentemente un mundo de buenos y malos, ella cree en el perdón o que todo merece un perdón lo cual la exime de las responsabilidades ante quienes no (le) creen.
    Bueno yo no creo en nada, solo creo que muy convenientemente no quiso hacer asesina a su protagonista y para ello (la realizadora) mato con su punto de vista a un perro, una horrible y pobre manera de decir intensionalmente o no “yo soy Madame Bovary”, prefiero las jetas de los Ragazzi di vita.

  67. cuneo dice:

    Quintín: Tu admisión de que el cine de Martel te molesta es una no admisión, por más mayúsculas que les pongas. Porque no podés desprenderte de la idea de que hay UN plano que es la clave excluyente de la película y, lo que es peor, que hay un plano “incorrecto”, “falso”, “malo” (tus denominaciones fueron variando a lo largo del debate (y está claro que cada una de estas palabras no es equivalente, pero las usás de un modo errático).
    La inconsistencia de tu laburo “crítico” es que no tenés fundamentos para sostener que hay planos incorrectos, falsos, malos ( lo que implicaría que también debería haber planos correctos, verdaderos, buenos). El asunto es que vos llenás el contenido de esas palabras con lo que te parece, porque desde antes tomaste la decisión de que el cine de Martel es “falso”, “descomprometido”, “cerebral”, “menor”, “sin grandeza” (y a su vez cada una de estas categorías dice algo diferente y las usás a tu arbitrio).

    Así un plano puede ser “falso” o “malo” a veces porque tu criterio es que mató a un chico o bien mató a un perro pero no podés admitir que puede haber matado a ambos; otras veces te refugiás en verosimilismo pre-hitchcockiano según el cual si había otros chicos estos tendrían que haber visto el accidente y salir de testigos, etc. Cuando traés a colación lo de que es una metáfora de la dictadura aparece un recurso de sarcasmo barato que es totalmente externo a la película, porque no hay nada en ella que te obligue a agarrar por ese lado.

    En suma, que vos decidiste hace rato que Martel hace un cine falso y descomprometido, que te molesta que ese cine tenga una lectura política posible que no responde a tus necesidades coyunturales (olvidar el pasado, sigiuiendo la consigna de Sarlo) y tenés que apelar a un manual de corrección que te dice qué planos son correctos y cuáles no (como si en el arte existiera tal cosa como planos correctos, verdaderos, como si vos los pudieras reconocer con total certidumbre y como si no te pasara por la cabeza que el cine puede ser algo màs que dos o tres ideas sencillas que los critico pueden manejar sin la menor crítica epistemológica).

    Pero tus críticas no resisten la prueba de conforntarlas con tus propios criterios, porque para vos el cine tiene que ser “misterioso”, pero por otro lado vos lo evaluás según criterios de “corrección ” e “incorreción”, como si fueras la maestra ciruela que tiene que calificar la tarea de los niños.

    Lo de la militancia que supuestamente generaría el cine de Martel es parte de tu paranoia, ya que yo no me dediqué a demostrar que ella sea inapelable ni perfecta, sino a impugnar tus modos de argumentar. Tan banal como eso es plantear una disyuntiva según la cual uno tiene que ser partidario de Martel o de Alonso, como si se tratara de partidos polìticos o religiones. El cine es afortunadamente más amplio que lo que tu manual de correción te permite concebir.

  68. lalectoraprovisoria dice:

    Cuneo. En tu larga lista de insultos y descalificaciones no diste un solo argumento. En cambio, te limitaste a señalar una y otra vez que carezco de pertinencia crítica con el único expediente de poner entre comillas mis expresiones, recurrir a pedanterías conceptuales y escolares como la “crítica epistemológica” de la que el cine no registra un solo ejemplo, y sostener que como crítico de cine sigo los dictados de Beatriz Sarlo cuando ni vos ni yo tenemos la menor idea de lo que opina Sarlo de la película de Martel.

    Es fácil hablar de “verosimilismo pre-hitchcockiano”, suena como una descalificación contundente a partir de las cosas que sabe todo el mundo. Un poco más difícil, porque no está en ningún librito, es entender que Hitchock, que jugaba constantemente con las expectativas de los espectadores, no fillmó nunca un plano como el del perro muerto (llamalo falso o como más te guste). En sus películas el espectador tenía siempre más información que los personajes. Entonces, la lógica del whodunit de Martel (¿qué fue lo que pasó?) es totalmente contraria (¿previa?) a la de Hitchock, que rechazaba de plano ese género. Esto último sí está en los libritos, hasta podés llegar a entenderlo.

    Pirmero hablás de falta de huevos, después leés intenciones políticas aviesas y que planteo una guerra de religiones, mañana vas a decir que tengo mal aliento. La verdad es que argumentar contra la mala fe es sumamente cansador.

    Q

  69. lalectoraprovisoria dice:

    Otra muestra de mala fe. En un lugar decís “te molesta que ese cine tenga una lectura política posible que no responde a tus necesidades coyunturales (olvidar el pasado, sigiuiendo la consigna de Sarlo).” Y tras cartón salís con que “vos decidiste hace rato que Martel hace un cine falso y descomprometido”. Si lo decidí hace rato, ¿qué tienen que ver las lecturas políticas que se hacen de esta película y no se hacían de las anteriores? O es que ya Martel hace desde su primer corto un cine contra el “Think Tank de Sarlo”, como dice otro campeón del insulto, la mala fe y la persecución todoterreno.

    Q

  70. cuneo dice:

    Q, vos podés permitirte sarcasmos en torno a las metáforas de la dictadura y las injusticias de Patrón Costas para hacerte el piola ante la película de Martel, pero si alguien cuestiona tus dogmatismos y arbitrariedades, te está persiguiendo.

    Podés a la vez hablar de planos correctos e incorrectos y reivindicar el misterio, como si la exigencia de incertidumbre valiera para los cineastas pero no para tus propios textos.

    La atribución de la lógica del whodunit a Martel evidencia que estás muy lejos de haber comprendido la película. Decir que se trata de un film donde se trata de determinar quién lo hizo es una ridiculez que no se sostiene ante la filmografía de Martel. Demuestra una torpeza preocupante en tu capacidad de ver cine. ¿Martel hace films de enigma? ¿No se te ocurre que deberías revisar esta hipótesis?

    Que en los films de Hitchcock el espectador tenía siempre más información que los personajes lo podés encontrar en los libritos que vos leíste, pero no se sostiene fácilmente ante las películas de Hitchcock. Vertigo es un film paradigmático y allì el espectador sabe a veces más, a veces menos y finalmente no sabe nada. Hitchcock también filmó planos de los que después se arrepintió, incluso filmó falsos flashbacks, porque afortunadamente como artista no se atenía al tipo de manuales de corrección que vos leés.

    El cine no debe registrar ejemplos de crítica epistemológica. La crítica cinematográfica sí. Cuando hablás de planos incorrectos, falsos o malos, podrías hesitar en usar categorías tan toscas si practicaras las incertidumbre que le recetás a los que no son vos mismo.

    Vos decidiste que Martel no tiene grandeza ni compromiso personal, que no tiene incertidumbres y que es menor, que tiene apenas talento y no llega a las alturas de John Ford, que hace whodunits, que es cerebral pero comete graves errores, que denuncia las injusticias de Videla y patrón Costas, etc. Todas esas afirmaciones juntas no configuran un discurso consistente, pero sirven a tus fines: que trabajás para tu monumento al rompedor de consensos y a la vez para promover el tipo de amnesia selectiva a la que la pelìcula de Martel alude.

    Un poco de narcisismo y otro poco de cinismo.

  71. Addison dice:

    Lucas, Martel no exime de culpa a su protagonista, tiene una visión crítica del asunto. La protagonista termina su recorrido en la película sintiendo momentáneamente que no hizo nada (vuelve a ejercer su profesión, cambia su color de pelo, vuelve a tomar decisiones que hasta el momento dejaba en los otros). O en otras palabras, se lava las manos. Pero es sólo ella la que siente esto justamente por el punto de vista empleado. Martel no la exime de culpa, muestra todo el tiempo lo que pasa a su alrededor (el cadáver es encontrado, ella se entera quien era y con una simple donación pretende dejarlo de lado).

    Lo que sí hace Martel es no meterse a moralista consumada y mostrar el momento en que la policía llegaría a averiguar algo más si es que su encubrimiento falla. Como en “La niña santa” la película termina justo en el momento en el que estallaría el escándalo público. Probablemente lograra salirse con la suya, justamente por su condición burguesa, pero no lo sabemos. La realizadora maneja muy bien los conceptos de lo privado o personal y lo público. En este último espacio es dónde sí intervendrían las leyes de la moral. Y la directora es consciente de eso y así lo muestra. La protagonista es una asesina -culposa, según la ley-. Para el que lo quiera ver, claro.

  72. BobbyFischer dice:

    Exceptuemos el plano en cuestión y tomemos en conjunto las tres peliculas que conforman el corpus de su filmografia. Me parece que Lucrecia Martel es una cineasta a la que le encanta el cine como vehiculo para poder desarrollar sus prejuicios de clase. Posiblemente ella tb forme parte de esta alta burguesia provincial, lo que por un lado le da valor a su mirada, pero por otro es ella misma la que decide colocarse afuera, en una posición de outsider donde la propia Martel goza jugando/ju(z)gando en su propia y arbitraria montaña rusa emocional a cada uno sus personajes, que correrán la suerte (culpables o absueltos, nunca inocentes) que les deparará el Dios Martel. Por algo los nombres de sus personajes tienen connotaciones mitologicas. Los finales siempre elegantes, evitan el subrayado pero no la carga moral. A diferencia de otros como Buñuel donde sus obsesiones, estereotipos y demases, están llevadas adelante con una indisimulable gracia y desparpajo, Martel se parece mas a una Haneke, que reemplaza el horror, por la sobriedad del policial alla Chabrol, con quienes comparte esa obsesión monocorde de cargar culpas sobre una clase social determinada.

  73. Peter Bay de Coast dice:

    Mr. Bobby: creo que tienes razón: Haneke y Chabrol son las huellas de Martel. Lo que no sé si se trata de prejuicios de clase o de una extraña purga de esos prejuicios a través de sus personajes.

  74. Lucas dice:

    Addison te juro que te creo en lo que me decis, vos viste una asesina y yo vi a una EMO.
    Ta todo bien.
    Martel es una guionista complicada y me parece que en esta ocasion cometio un error para mi muy importante.
    Yo de igual manera pienso (por que La niña santa me parece una pelicula muy interesante, no asi en la que me tuve que comer que el cheto y su madre garca eran de Salta) que ese plano (no asi el principio que si me parece un error infantil de punto de vista) fueron puesto adrede de una forma miserable.
    Ojala la mina saliera y hablara sobre el tema (a mi me huele a hermanos gallegos atras de eso, NOOOOOO ES UNA AUTORA), en vez de seguir delirando en cada nota.
    Quiero hacer notar que es una cuestion de punto de vista tambien que intente poner a porteños de barrio norte a hacer de gente del norte, tambien es miserable y prepotente eso, en esta pelicula ya es demaciado feo y harto berreta huevón.
    Saludos amistosos a todos los que se matan en este blog.

    seria terrible que El Eternauta se transformara en una pelicula hermetica para solo 30000 personas, esta todo bien con que lo hagan con sus mambos pero no con uno de nuestros poco personajes populares, ojala que mi hijo pueda ver un eternauta cercano al que yo vi cuando era chico.
    Creo que amerita una eleccion ma generosa de realizador (¿y de guionista?).

  75. elsita dice:

    martel dijo que se inspiró en una noticia: la muerte en un accidente de tránsito del hermano de Sol Acuña y todo lo que pasó con la chica que lo atropelló. lo de la dictadura, derechos humanos salió despues .Eso, creo ,fue marketing de ” los hermanos gallegos”.

  76. Anastasi dice:

    Quintín, ¿se puede saber qué es lo que te molesta de Lucrecia Martel? ¿Que no sea una gran cineasta? ¿O que lo sea? La otra vez decías que te molestaba ese aire de infalibilidad, esa cosa de artista intocable que se creó alrededor de ella. ¿Es eso? ¿El problema es el consenso? ¿Que la crítica haya “repetido sin discusión sus interpretaciones de la película? ¿Hubieras preferido que repitieran las tuyas? O tal vez se trate de la “demoledora seguridad” de Lucrecia. Pero en ese caso harías bien en responder a los que te dijeron que eso tiene toda la pinta de una proyección. Si hay una persona que no suele tener muchas dudas sobre sus juicios, Quintín, ése venís a ser vos.

    No vi esta última película, pero veo que con el plano del perro te metiste en una de la que no se sale fácil. Basar la descalificación de una directora (no califica para grande, califica para talentosa) en la presunta incorrección de un plano, se lo mire por donde se lo mire, no es serio. Si dijeras “muchachos, con lo del plano me pasé de rosca, voy a pensarlo otra vez y vuelvo”, darías muestra, no sé si de grandeza, pero sí de un poco de nobleza o un mínimo de humildad.

  77. Nicolás Prividera dice:

    Quintín: mis ganas de seguir dialogando se desvanecen si avalás el comentario fuera de lugar de un comentarista de blog que me tilda alegremente de “stalinista” (práctica stalinista si las hay, la de acusar a otro de stalinista…). No tengo problema en discutir mi película y mi visión del cine (y lo he hecho cada vez que se dio la oportunidad, porque pienso que si algo falta en el cine argentino son debates de ideas), pero cuando me acusan de intolerante (con intolencia…), prefiero dar un paso al costado y discutir en otro ámbito, en otras condiciones.

    Precisamente, dije antes que en realidad esta era una discusión mas profunda sobre los que algunos creen sobre el “deber ser” del cine argentino. Y vos das en el centyro cusando mencionas a Alonso para contraponerlo a Martel, pero lo hacés segun una lógica de River-Boca, o Kirchner-AntiK (una lógica guerrera de amigo-enemigo). Sería mas productivo (y democrático) pensar esa dialéctica como coexistencia de opuestos: Digo, me parece productiva la dialéctica Alonso-Martel, pero pensada mas bien como una “tensión filosófica” (como diría Abraham). Seguramente sería una discusión muy rica pensar la tensión entre “La libertad” y “La ciénaga” (por nombrar las dos obras mas respetadas del NCA). A mi me interesa mas el mundo material e historico de Martel que el naturalismo metafísico de Alonso, si, pero no por eso avalaría la animadversión acritica hacia Alonso (que tambien existe). En fin: ojalá se pudiera pensar todo esto en un ambiente mas frío, racional y dialógico (que el de los blogs en general).

  78. lalectoraprovisoria dice:

    Anastasi.

    No me tiene que molestar nada de Lucrecia Martel para decir que no me parece una cineasta genial. Le he reconocido, por otra parte, amplios y diversos méritos. Y en ningún momento dije que un plano la descalificara. No me metí con su personalidad ni con sus declaraciones y no hice ningún tipo de juicio sobre sus intenciones artísticas o humanas. Lo cual no me inhibe —con razón o sin ella— para sostener que hace un cine de poco riesgo y que su mirada como directora no difiere demasiado de lo convencional y consensuado, incluso en sus implicaciones políticas.

    Pero por alguna razón, aquellas cosas de las que no le pido cuenta a Martel, parece que es justo y lógico pedírmelas a mí como crítico. Así, cuando estaba sosteniendo una discusión de tono civilizado con Nicolás Prividera a partir de su evaluación del talento de Martel.

    Esa conversación era en mi opinión interesante y productiva y en ella se empezó a discutir el famoso plano del perro muerto, un tema que da para mucho. Pero vos, sin ver la película y sin leer con atención lo que escribí suponés que descalifico a Martel a partir de un plano y que eso no es serio. Y luego empiezan las interpretaciones psicológicas o morales: que es una proyección, que me faltan nobleza y humildad, etc. De la discusión de cine se pasa a un ataque personal por parte de personas que suponen que yo tengo un “problema” con Martel cuando lo que parecen tener es un problema con mi persona.

    En ese sentido, cometí el error de discutir con la persona que firma (en esta ocasión) como Cuneo, sin advertir que de la charla con Prividera estaba pasando a otra de tono muy difierente, en la que el interlocutor no estaba dispuesto a reconocer en mí más que a un enemigo al que se debe perseguir con argumentos estéticos, políticos, morales y, sobre todo, personales que terminan encontrando en mí todo tipo de defectos humanos e intelectuales y ningún mérito.

    Es muy difícil discutir con quien trata de negarte como crítico y como persona y que, para colmo, trae permanentemente a colación mis posiciones políticas (ya es la egunda vez que leo, a propósito de cualquier cosa, la referencia a Beatriz Sarlo, a la cual, en principio, no debería hacerse responsable de mis opiniones sobre el cine argentino. La animadversión del personaje es tan intensa que si digo que en la sociedad que describe Martel se advierten las huellas de lo ocurrido tanto en tiempo de Videla como de Patrón Costas, esa idea es calificada de “sarcasmo”.

    Para terminar con lo del plano, discusión lateral que no descalifica a Martel pero sirve para analizar la construcción de su última película, es cierto como dice el inefable Cuneo que Hitchock filmó algún plano de esos y también que se arrepintió y que esos planos no dejaron de despertar controversia. En el caso de Martel, lo que complica las cosas es la interpretación de que efectivamente hubo un chico muerto. Porque desde ahí la película se transforma en un caso de esclarecimiento de la verdad, pero a partir de una información falsa proporcionada por la directora. En cambio, si el plano fuera verdadero, es decir si la mujer matara simplemente un perro como se ve en esa imagen (que tampoco tenía por qué filmar, pero una vez que está allí hay que hacerse cargo de ella) pero la culpa de clase la hiciera alucinar con que pasó otra cosa y todo el universo masculino, represivo y de clase alta encubriera un falso crimen por las dudas o hiciera pensar a la protagonista que lo encubren (La mujer del cuadro, de Firtz Lang es mucho más interesante cuando la culpa del protagonista proviene de su fantasía y no de un adulterio) la película alcanzaría, simpre a mi juicio, una verdad y una sutileza cinematográficas mayores a las que tiene así, donde en varios momentos Martel se sientiera obligada a proporcionar datos que revelan “los hechos”, como si hubiera que dejar claro que murió un chico (algo parecido ocurría en La ciénaga, donde hay un muerte infantil que el film no necesita) y a subrayar que el poder ligado a la clase alta sateña remite a la dictadura y a los desaparecidos. Allí sí, cuando tiene que quedar claro que murió un chico y todas sus consecuencias interpretativas, el plano se hace falso.

    Con esto doy por terminada —por mi parte— la discusión con Cuneo al que no volveré a responder, con este alias o con los que elija en el futuro.

    Justo acaba de llegar un comment de Prividera al que sí, chicanée injustamente. Era una broma que, en el contexto, se hizo demasiado agresiva. Y lo lamento, porque es una persona y un cineasta al que aprecio.

    Q

  79. lalectoraprovisoria dice:

    Prividera.

    Te pido disculpas nuevamente. Lo del estalinismo era una broma, lo cual no me impide pensar que tus ideas —muchas veces inspiradas— sobre el cine se empañan cuando recurrís a ciertos dogmas político-estéticos.

    La discusión Martel-Alonso es sumamente interesante. Por supuesto, nadie está obligado a elegir a alguno de los dos contra el otro (también, por supuesto, puede rechazar a ambos). Pero a mí el cine material me parece el de Alonso, mientras que el de Martel me resulta agobiado por una carga religiosa y moralista.

    Coincido en que se debería poder discutir con más tranquilidad estos temas, incluso en los blogs. Creo que es parte de un aprendizaje colectivo.

    Q

  80. Nicolás Prividera dice:

    Disculpado. Todos tenemos nuestros “dogmas” políticos y estéticos (aunque no todos lo reconozcan). La cuestión es, precisamente, no dejar de ponerlos en cuestión, y animarse a discutirlos. Pero los blogs (o los comments, mas bien) no son un buen ambito de discusión.

  81. Nicolás Prividera dice:

    Para acordar en algo (y seguir discutiendo en la eternidad, como los teólogos de Borges): la tensión Alonso-Martel es clave para entender el NCA (y su posible proyección futura). Habrá que ver como evolcionan sus obras (y la critica sobre su obra).

  82. Peter Bay de Coast dice:

    De todos modos, y a pesar de todo, la discusión entre P y Q es muy buena y edificante.

  83. Peter Bay de Coast dice:

    ¿Coca o Pepsi? Deme té.

  84. lalectoraprovisoria dice:

    Prividera. Firmemos aquí una tregua, que tengo que salir para San Clemente. Si no me voy a quedar todo el día en este café de San Miguel del Monte. La conexón a internet es muy buena aquí, sin embargo. Se llama La Banca y queda en la plaza principal.

    Saludos
    Q

  85. BobbyFischer dice:

    Sinceramente no entiendo como alguien tan afecto a los excesos verbales y a las exageraciones 123 puede asustarse de un termino inofensivo. Para Prividera el dialogo no es dialogo, si no una tentativa de evangelización. Si uno repasa su historial, tratando de imponer su M, y desacreditando incluso antes de su estreno todos los otros discursos anteriores que abordaban la misma tematica (Los Rubios por ej.), celoso para la respuesta rapida ante cada interpretación de su pelicula que se alejase de la suya. El debate que propone Prividera es necrofilico, si bien de pasado reciente habla de peliculas QUE YA SE HICIERON (La Libertad inclusive) y que son propiedad exclusiva de sus autores. No sé con que intención, si hablar de cine como el dice, transportar formulas para todo el cine argentino (cuando propone el modelo Martel de paradigma total), o para llevar todo al terreno de la discusión superficial. “El poeta de la Revolución Mar(te)lista” escribe/exagera:

    1″Cuando vi la desazón de sus competidoras volví a entender por qué cuando aparece alguien así en el horizonte, el resto de los que practican su actividad no pueden sino sentirse penosos Salieris. Ese odio (que genera en ciertos círculos quien inevitablemente los opaca) explica también la propagación del supuesto abucheo en Cannes a La mujer sin cabeza. Pues Lucrecia Martel siempre parece a punto de subir el listón y dejar al resto de su generación atrás”.

    El cine de Martel sin el contexto de las peliculas de su generación no es nada. De esa manera (considerandolo dentro de un corpus mas amplio) quizás uno lo pueda valorarlo mejor, extraer su complejidad. Ni siquiera estoy seguro que sea cine si se ignora todo el contexto. También da que pensar el porqué trascendió el cine de Martel y no el de otros (pienso en Poliak quizás para no hablar siempre de Alonso). Es decir, porqué el discurso moralista tratado con ese grado, genera en los programadores de festivales de cine, productores como Almodovar, tanto interés como para que la directora pueda decir lo mismo que dice siempre pero con mas recursos (mejores camaras, formato scope y demás). Como si ciertas manipulaciones generaran una adicción culposa.

    2″En cierto modo, pareciera que La mujer sin cabeza no sólo clausura una etapa de su cine, sino que amenaza con llevarse por delante (como en su momento lo hizo La ciénaga) todo el “Nuevo Cine Argentino”

    3″…una gran virtuosismo técnico, un tour de force tras el cual uno empieza a preguntarse qué sentido tiene esa ejecución perfecta, si finalmente oculta una moraleja banal o no hace mas que decirnos lo que ya sabíamos. Y es que el mayor problema de La mujer sin cabeza es llegar a convertirse en película de tesis, en un doble sentido: como consecución de una parábola milimétricamente prevista y como brillante ejercicio de estilo para el aplauso”.

    ¿Me explicás lo que quisiste decir en 3?. Reemplazo la Mujer sin cabeza por La ventana indiscreta y podría decir lo mismo. El problema es llegar a pensar que están a la misma altura.

  86. BobbyFischer dice:

    Por otro lado si las descalificaciones no ayudan al debate me disculpo y pido perdón.

  87. Peter Bay de Coast dice:

    Tus ideas son buenas o atendibles Bobby, pero el modo no ayuda y las entorpece. Si en el cine la forma define el contenido en cualquier debate pasa lo mismo.

  88. Coming attractions dice:

    Ya circula por Internet una versión del guión que está escribiendo Martel, basado en El eternauta.

    En la primera escena, Favali le toca el culo a Martita (la hija de Juan Salvo).

  89. Addison dice:

    Termino con lo mío. El plano del perro no es falso porque también está hecho desde el punto de vista de ella desde dentro del auto, aunque no se la vea darse vuelta. No ve al chico porque no quiere. No ve al chico porque cayó al canal. Por otro lado pasó el suficiente tiempo hasta que ella llegó al lugar del accidente como para pensar que los demás chicos simplemente no estaban allí.

    El plano de los chicos jugando junto al perro dentro y fuera del canal al costado de la ruta abre la película. Luego se entra en el mundo de ella cuando termina la reunión con sus amigas, se despide, sale a la ruta, recorre un trecho y recién llega a la curva toma el celular y se produce el accidente. Para el auto. No mira para atrás. Sigue su marcha. Se detiene a fumar un cigarrillo, comienza a llover y aparece el título de la película.

  90. apolonio dice:

    Prividera estas escribiendo unos articulos excelentes en Con Los Ojos Abiertos. Por ahi alguno entra aca y no los ha leido, los recomiendo muchisimo.

    Por otro lado, que pasa con Caetano? Porque la critica no lo reconoce como el gran director que es? Un Oso Rojo y Pizza Birra Faso son tremendas. Alguien me puede explicar esa especie de olvido que se practica sobre su obra?

  91. Addison dice:

    Martel, Caetano y Rejtman son los tres directores más destacados de la última generación.

  92. Nicolás Prividera dice:

    Q., la tregua estaba firmada. Ese era mi ultimo mensaje, al menos por aquí. No se puede dialogar, o intentar argumentar, entre agravios absurdos y comentarios de mala leche de ignotos nicknames.
    Saludos.

  93. Anastasi dice:

    Quintín, que algo te molesta de Martel o de lo que hay a su alrededor no es una interpretación mía. En otro post dijiste “A mí me da miedo de Martel esa especie de devoción que genera, esa respetabilidad, ese tratamiento de Artista con A mayúscula”. Está claro que ese miedo es en rigor una molestia. Ahora comentaste con cierta irritación el hecho de que algunos críticos repitan la interpretación que hace ella de sus propias películas. Con esos antecedentes, tu aseveración en mayúsculas de que Martel te molesta yo me la tomé más bien en serio, a pesar del “je”.

    A mí me llama la atención que digas que su mirada no difiere mucho de lo convencional y consensuado. Porque sencillamente no es así. Y a vos no se te puede escapar que no es así. Entonces yo sospecho que cuando ves una película como ésta, la estás mirando con un solo ojo; el otro lo tenés puesto en lo que pasa alrededor, en lo que dijeron los demás. Y en ciertos casos pareciera ser que te importa más esto último que la película misma.

    Si tuviera algún problema personal con vos no te lo diría desde un pseudónimo. Mi problema, lo que a mí me molesta si querés que lo ponga en esos términos, es esa necesidad de cierta crítica de derribar un muñeco para encumbrar otro. No me gusta la visión deportiva del cine, que es avalada por los festivales porque no les queda más remedio, pero que una crítica seria no tiene ninguna necesidad de aceptar. Y no me gusta porque creo que lleva consigo un deber ser: apuntalar a Alonso y rebajar a Martel lleva implícita la idea de un camino a seguir. Esto es algo que ya te dijeron de muchas maneras. No pretendo cambiar tu punto de vista o la forma que tenés de encarar la crítica. Lo digo porque lo veo así.

    Me podés decir que no pretendés rebajarla, que simplemente la considerás una cineasta menor con talento. Pero es inadmisible que la compares con los campeones del cine espectáculo, masivo e hipercodificado, Spielberg y Tarantino. No podés decirlo en serio.

    Del plano del perro no puedo decir nada. Insisto en que el núcleo central de tu crítica a la película era la impugnación de ese plano. Es posible que haya tenido que ver con el camino que tomó la discusión.

  94. Clara dice:

    Para salir de la pelicula en si y focalizarnos en algo mas grave: a mi me parece sintomàtico el hecho de que se agreda -ad hominem, sin argumentos solidos- a gente como Martel o Prividera, cuyas peliculas u opiniones pueden gustarnos o no, pero que tienen mas meritos y altura que los desconocidos comentaristas que usan este espacio para lapidarlos con insultos y defenestraciones varias, dignas de una bajeza repulsiva. Mas alla de que parece ser algo usual en el ciberespacio, gracias a la impunidad del anonimato, es un signo preocupante del estado del campo cultural, o de la cultura argentina en general.

  95. Clara dice:

    Aclaro que no conozco a Martel mas que por sus peliculas. A Prividera lo vi en una presentaciòn de su pelicula, rodeado de ex militantes que se lo querìan comer crudo. Y les contestò todo, sin agraviar a nadie y sin amilanarse. Con argumentos y con huevos. Los que se desacreditaban solos eran los que le contestaban sin argumentos, lindando con lo insultante -igual que acà-. Cuando deberiamos agradecer que un director se preste a dialogar y discutir publicamente, cuando la mayoria se refugia en la torre de marfil que le facilitan los criticos amigos y no se baja del pedestal mas que para recibir elogios. Si algo le falta al cine argentino son debates y discusiones cojonudas.

  96. BobbyFischer dice:

    Prividera te pedí disculpas de buena fe. Si te molesta retiro TODO lo dicho. Ahora por qué para vos cualquier otro director argentino al lado de Martel es un “penoso Salieri”?? No entiendo/comparto esa afirmación quizás ese fue el motivo de mi foribunda y desmedida replica.

    No entiendo bajo que cánon Martel es la perfección y el resto de los directores una turba de mediocres (no estoy diciendo que no los haya, los hay y en cantidad). Pero me parece que esa afirmación no ayuda a construir un mejor cine…que pienso que ese es tu mas honesto deseo.

    Dentro de los directores latinoamericanos (Reygadas, Iñarritu, Martel, Meirelles…) buena parte obtuvo renombre en los festivales o en la industria, con la manipulación, una fuerte carga moral y cierto grado de efectismo como rasgos distintivos. Todos han hecho pocas peliculas, y pelicula a pelicula se nota un mejoramiento exponencial de las condiciones técnicas de sus films, lo que quiere decir: hay cada vez mas gente interesada en poner plata en sus peliculas (mas compañias productoras, mas presupuesto, etc). Creo que Martel (la mas sobria dentro de ese grupo, aunque todavía descreo que el cine sea su primera motivación a la hora de llevar adelante una película) es superior a todos ellos, pero no dejo de pensar en que si su cine no tuviera ese elemento manipulatorio, no seria tan bien visto. Lo que plantea un panorama desolador para cualquier realizador argentino (futuro) con ganas de hacer cine fuera de ese cánon impuesto. No hay lugar para propuestas que no sean demagogicas en la cartelera comercial, tampoco en los festivales afectos a la impostación y el tono grave (¿donde entra Historias Extraordinarias? por ejemplo).

  97. lalectoraprovisoria dice:

    Addison.

    No se puede recordar todo eso que pasa antes del plano, que además es objetivo, no es el punto de vista de ella. Al ver la película, uno la está siguiendo a ella. La cámara la muestra en el coche, que no va muy rápido y que de golpe se sacude, al parecer porque choca con algo. Luego aparece un perro muerto mientras el coche se aleja. No sé por qué ese plano es “subjetivo” y los otros no. Por qué, por ejemplo, desde esa subjetividad no se ve al perro o al chico en la ruta, antes de que los atropelle. Hay algo muy raro en ese plano, que lleva a interpretaciones rarísimas, como que atropelló a los dos a la vez, un disparate. Eso no tiene nada que ver con la verosimilitud. Es simplemente equivalente a que otro auto haya atropellado al perro, o que dos autos hayan atropellado al chico y al perro a la vez. Qué se yo. O que haya intervenido un ovni. La pregunta es ¿por qué tiene que ser cierto que atropelló al chico si lo que se ve es un perro (caso objetivo)? O, si ella vio un perro muerto, por qué supone que fue un chico (caso subjetivo)?

    Yo escribí sobre la película casi antes que nadie (apenas hubo un par de crónicas muy breves desde Cannes). Lo volvimos a subir en

    http://www.lalectoraprovisoria.com.ar/?p=2403

    Ahí todavía la interpretación de la carambola no se había hecho “oficial” por así decirlo. La película fluía mucho más entre las distintas posibilidades. Y era más interesante. Y tenía otro montón de cosas. Algunas me gustaban y otras no. Ahora, la discusión parece haberse cerrado sobre ese plano y sobre el estatuto de Martel como directora, del que dije lo que tenía que decir y con lo que se puede coincidir o no. Pero no da para tanto.

    Anatasi

    Lo que a mí me puede molestar de Martel es lo que le molesta a todo crítico cuando sus colegas endiosan a un cineasta que a él no le paece tan notable. No veo nada raro en ese sentimiento. No se trata de algo deportivo, ni de entronizar a un muñeco para subir a otro. A mí Alonso me parece un gran director y Martel no. Puedo estar equivocado, admitir opiniones en contrario, pero no veo que sea motivo de escándalo. Además, cada vez que escribí me dediqué a reconocerle méritos a Martel, a minimizar los supuestos abucheos y a destacar el valor que se le reconoce internacionalmente. Eso no obliga a que su cine me tenga que parecer lo mismo que a Prividera o a D’Espósito. Luego, puesto a discutir las películas individualmente, a esta le veo una incoherencia que el plano en cuestión pone de manifiesto, pero que va más allá de él: la película fuerza su visión convencional, se obliga a parecerse a lo que se lee en el diario más que a descubrir algo nuevo.

    Lo del talento y el genio surgió al pasar, como na especulación un poco en el aire. Pero ahí vos tenés una confusión por falta de asiduidad con la crítica de cine. Hitchcock era un director masivo y del cine espectáculo pero era un genio. Chabrol es un director del cine “de arte”, pero no diría que es un genio. Aunque muchos quisieran estar a la altura de Chabrol y puede saltar unos cantos centímetros con la garrocha, no es Godard. Por eso puse ejemplos de todos los tipos. Apitchaong es considerado un genio, pero últimamente sospecho que es un tipo con talento al que las cosas le salen fácil. Por otro lado, es difícil negar que Spielberg tenga talento, lo mismo Tarantino. Johnny To está más cerca de ser un genio, pero seguro que es más cineasta que Haneke, para nombrar gente de la que se hablo aqui.

    Vuelvo a leer mi crítica y no es verdad que el plano fuera el tema central, pero no tendría nada malo.

    Q

  98. elsita dice:

    opinión de humilde espectadora:
    ella atiende el teléfono móvil y la cámara la sigue, por eso no vemos ni al chico ni al perro.yo sigo pensando que la intención de la directora era otra y que sus declaraciones frente al estreno cambiaron el sentido de la película .igual me gustó más que La niña santa.

  99. Carlos Cossi dice:

    Vengo balconeando la discusión acerca de Martel, no vi su película, ninguna de sus películas, solo quisiera comentar la forma en que se discute. Insisto en este tema porque veo que es muy común en los blogs y foros que discusiones sumamente interesantes como la de Prividera con Q se interrumpen por la aparición de opiniones que no tienen nada que ver con el tema y se meten con la personalidad del los que discuten. Y es una verdadera lástima.

    Tomo este párrafo de Anastasi como ejemplo:
    “A mí me llama la atención que digas que su mirada no difiere mucho de lo convencional y consensuado. Porque sencillamente no es así. Y a vos no se te puede escapar que no es así. Entonces yo sospecho que cuando ves una película como ésta, la estás mirando con un solo ojo; el otro lo tenés puesto en lo que pasa alrededor, en lo que dijeron los demás. Y en ciertos casos pareciera ser que te importa más esto último que la película misma. ”

    Lo pertinente -no obligatorio, claro, ni infalible a la hora de discutir- hubiera sido dar algún argumento que fundamentara porqué Martel no difiere mucho de lo convencional y consensuado. El argumento no puede ser “porque sencillamente no es así”. Menos se puede deducir de aquella afirmación supuestamente errónea de Q. que ve con un solo ojo o que le importan más las críticas y opiniones acerca de Martel que sus películas ( esto último en si no tiene nada de malo y El Amante hizo historia haciendo crítica de la crítica). El párrafo de Anastasi está impregnado de sospecha, del “algo raro hay” como si le fuera inconcebible que Martel pudiera caer en despistes muy comunes frente a los cuáles nadie está vacunado.
    Ojalá se retome una discusión que era interesante más allá de haber visto la película o no.

  100. Anastasi dice:

    Quintín, ¿por qué suponés que me falta asiduidad con la crítica de cine? Te equivocás. Tampoco sé dónde está la confusión que me atribuís. En primer lugar te recuerdo que hasta hace un rato se hablaba de talento y grandeza, no de genio. Genio es un calificativo que se le concede sólo a los clásicos. Es rarísimo que se hable de la genialidad de un cineasta cuya carrera está en pleno proceso. Pero está bien, convengamos que se trata más o menos de lo mismo. Hoy sería muy difícil que surja un Hitchcock, y no porque el talento o el genio esté escaseando, sino porque cambiaron drásticamente las condiciones del cine comercial.

    El tema es dónde está la línea divisoria. Volviendo a Lucrecia Martel, decís que “su mirada como directora no difiere demasiado de lo convencional y consensuado”. Esto no equivale a decir que es una directora “de arte” pero no genial: equivale a decir que hace un cine standard, con cierta destreza. Yo considero que no es así, creo que está del otro lado de la línea. En concreto, que es una gran cineasta (no muy comercial, a juzgar por su repercusión en la taquilla).
    ¿Cuáles son los parámetros para establecer esa valoración? Todo esto por supuesto hay que racionalizarlo, porque lo primero es una reacción física. Tomá si querés una de las habilidades que más se le reconocen, su oído. No es mero oído para el diálogo (aunque, en el cine argentino, que tiene serias dificultades en este sentido, ya sería mucho mérito). La concepción sonora de La niña santa es extraordinaria. En el cine reciente, experiencias de un registro sonoro más sutil, personal, sugestivo y novedoso, yo las encuentro en muy pocas películas: Tropical Malady, En construcción, Café Lumière, Elogio del amor. Pero Godard es siempre un tema aparte. La niña santa es una película que suena, suena de verdad. (Tarantino suena a FM cool; Spielberg, a las últimas novedades de software.) No me refiero a la destreza técnica, sino a una apuesta a la ampliación del campo de percepción sonora, a poner el oído ahí donde el cine convencional y consensuado nunca se detiene a prestar la más mínima atención, preocupado como está en aturdirte a base de efectos de todo tipo o en apelar cómodamente a lo ya cristalizado.
    Otro aspecto en el que creo que te equivocás es en la supuesta base literaria del cine de Martel. Lo decís así: “La idea de lo literario, o por lo menos de lo que quiero llamar “literario” es la de que a cada película le corresponde una instancia previa que es “la historia”, que puede tener su forma escrita en una novela o en el guión mismo, pero que luego de establecida, se procede a contarla “en imágenes”. Creo que Martel peretence a esa escuela cinematográfica en la que siempre se siempre se deja ver una narración detrás de la película pero por fuera de la película misma.” Pero desde mi punto de vista esto no se sostiene. Sigo con La niña santa. Los momentos para mí más notables, la hermosísima escena en que se ponen a bailar un tema (creo que de Sandro) en la habitación; las dos chicas nadando en la piscina en el final; las dos hablando en susurros tiradas en el suelo en un plano oblicuo; la mirada que va pispeando, ladeada, recortada por puertas y ventanas, la espalda de Mercedes Morán, todo eso no está, no puede estar, en el guión, y es lo más interesante de la película. Quizás el hecho de que sea un cine fuertemente narrativo te lleve a verlo como un “cine de guión” (esto es, dicho rápido, lo que estás sugiriendo). Es cierto que la mayor parte del cine más valioso que se está haciendo niega, cuestiona, desdeña o aplaca la narración. Pero no todo. Y yo creo que el de Lucrecia Martel es un buen ejemplo de que no hay un único camino en este sentido.

  101. lalectoraprovisoria dice:

    Anastasi. Bueno, este comentario es mucho más interesante que el otro. Pero vayamos por partes. Genio, grandeza, más o menos lo mismo en el sentido de lo que estamos discutiendo. De todos modos, creo que una primera película puede ser genial, como decía Borges (aunque con sorna) de El ciudadano, mientras que la grandeza es algo que se alcanza con una trayectoria. Igual, es irrelevante. Hitchcock es un grande, un genio, lo que sea y es, al mismo tiempo, un cineasta comercial. la diferencia no pasa por comercial vs. de arte. Eso es algo que la crítica entendió desde Truffaut y Cía. Por eso me pareció que no conocías el tema. Lo retiro.

    Yo creo que acá hay demasiadas categorías: “cine de guión” es una de ellas, demasiado esquemática para lo que quiero decir. Otra categoría es “la concepción sonora” o que “las películas suenan”. Yo no sé bien qué quiere decir eso. No soy capaz de distinguir una película que suena de una que no suena (salvo que hablemos de cine mudo). Reconozco que es una limitación, pero es algo que me resulta ajeno.

    Hubo alguien que firma Homero, que mandó un par de comments a Otroscines, en los que analiza una parte de la crítica de Batlle que dice así:

    “La construcción de sentido en cada una de sus imágenes, la creación de climas visuales llenos de matices y elaborados con múltiples texturas, la minuciosa marcación actoral, el impresionante trabajo con infinitas capas de sonido (incluso de ruidos) que se complementan, se potencian o se distorsionan entre sí resultan una clase maestra gentilleza de una artista con una sensibilidad, una capacidad de observación, un grado de perfeccionismo y una dimensión artística únicas en el cine de hoy.”

    Pero según Homero, eso es “una variación de lo que siempre dice mi tía cada vez que va al cine: “Ay, querido. Cada fotografía es un cuadro de arte”. En cualquier momento mi tía me va a empezar a hablar de matices y texturas excelentes. Ya lo hace cuando va a la peluquería.”

    No sé quién podrá ser este Homero, pero me reconozco en su ironía. Son maneras de ver y analizar el cine. A mí me pasa algo parecido cuando se habla de texturas sonoras o de que las películas suenan o no. Es un modo distinto de entender el cine al que yo practico. Y lo mismo me ocurre cuando leo esta descripción que hacés de una escena:

    “la hermosísima escena en que se ponen a bailar un tema (creo que de Sandro) en la habitación; las dos chicas nadando en la piscina en el final; las dos hablando en susurros tiradas en el suelo en un plano oblicuo; la mirada que va pispeando, ladeada, recortada por puertas y ventanas, la espalda de Mercedes Morán, todo eso no está, no puede estar, en el guión, y es lo más interesante de la película.”

    A mí esa escena ni fu ni fa. El plano oblicuo, la mirada recortada por puertas y ventanas, etc. es justamente la idea que tengo de un cine literario, en el que se trata de componer cada escena como un cuadro en movimiento, de fabricarle un sonido y unas imágenes que la hagan “bella”. Esa es, para mí, una parte del rompecabezas Martel. Puede que lo haga muy bien, que sea una virtuosa de la textura y el plano oblicuo (diría que se está poniendo un poco amanerada, incluso, pero eso no es esencial, Fassbinder también lo era hacia el final) pero eso no la convierte en una autora. Al menos, hasta que esos rasgos de estilo no formen parte de una coherencia que trascienda la exhibición de virtudes técnicas y la producción de escenas “bellas”.

    Pero, claro, puede ser que haya un sistema en Martel, una visión autoral. Pero para mi, insisto, esa dimensión aun no ha aparecido. En parte porque arriesga poco, aunque agregue cada vez más capas a su cine.

    Q

  102. Escriba dice:

    Che. Amén. La vi hoy. Si Quintín acepta invitaciones de oficialistas yo pago la entrada de El Eternauta.
    Saludos

  103. lalectoraprovisoria dice:

    La única esperanza que me queda es que para entonces ya no sean oficialistas.
    Saludos
    Q

  104. elsita dice:

    esperanza van .ellos siempre son oficialistas.

  105. cuneo dice:

    Después de que demolieran cada uno de sus sofismas con precisión, en la jornada de hoy Quintín salió a reciclar su imagen presentándose como un respetuoso del disenso. Pidió disculpas y seleccionó sus interlocutores válidos entre quienes no practican el arte del agravio que él tan bien maneja.
    De todos modos cuesta trabajo.
    Qué es un plano falso o incorrecto aún no lo pudo explicar.
    En la jornada de ayer, produjo una gema para la antología de la crítica cinematográfica argentina: Lucrecia Martel hace películas de enigma (whodunits), en los que todo su interés se centra en averiguar quién cometió el crimen.
    Hace pocos días ya había aportado otra. Martel se dedica en su cine a denunciar “la larga sucesión de injusticias que se remonta al feudalismo de Patrón Costas y pasa por la dictadura de Videla”.
    Que en las películas de Martel jamás se haya planteado un esquema de enigma/resolución, que nunca haya aparecido la más mínima referencia a Patrón Costas, Videla, ni a ningún régimen político de la historia argentina son datos empíricos constatables con sólo ver las películas. Los únicos que podrían caer en la trampa son aquellos que no hayan visto las películas de Martel: para ellos, y por leerlo a Quintín, Martel practica una rara mezcla de policial de enigma y denuncia de gobiernos dictatoriales.
    Yo en principio al leer la frase de Patrón Costa pensé que se trataba de un sarcasmo, pero después de leer su amarga queja, estoy considerando la posibilidad de que Quintín crea seriamente que Martel hace whodunits de denuncia contra la dictadura. Eso ya me parece preocupante. Se trata entonces de una sensibilidad perturbada.

    Quizá la crítica de cine sólo se trate entonces de decir cualquier cosa, pero con énfasis. Quizá no haya que prestar atención al sonido de una película, porque Quintín le dice a Anastasi que no sabe qué quiere decir que las películas suenan, no sabe distinguir algo especial en la banda sonora de una película, quizá en su concepción del cine el sonido forma parte de los elementos decorativos que están ahí por alguna razón, pero a los que no vale la pena prestarle demasiada atención.
    Tampoco tienen mucha importancia los planos: en realidad los planos oblicuos, las miradas recortadas, los encuadres forman parte del cine literario, son menudencias cuya importancia a Quintín se le escapa a la hora de pensar una película.

    Muchachos, no lo jodan más, Quintín no está para esas boludeces, él está para decir quiénes son los genios y quienes no (a medida que fue pasando la semana Martel ha ido bajando en su ranking: empezó por no ser un genio, no estaba a la altura de John Ford, de ahí bajó a talentosa, y cuando la discusión avanzó, ahora ni siquiera es una autora, es una cultora amanerada de las artes decorativas que filma películas convencionales y consensuadas.

    Y pensar que yo creía que Quintín era un crítico interesante.

  106. Addison dice:

    Cuestión de memoria, Q (sin dobles lecturas políticas). Es cierto que ese plano del principio es objetivo. Pero a partir de la reunión con las amigas la cámara la sigue siempre a ella, o sea es su punto de vista. Hasta aquí estamos de acuerdo. No habría un plano subjetivo antes -siempre en el plano de mi interpretación personal y tratando de seguir lo que quiere decir la directora- debido simplemente a la negligencia del personaje que toma la curva sin mirar y toma el teléfono móvil. Podría decirse que es la misma negligencia por la que las clases altas y/o los dirigentes no se hacen cargo de la situación real de esta gente.

    Ante las preguntas:
    a) ¿Por qué tiene que ser cierto que atropelló al chico si lo que se ve es un perro (caso objetivo)?

    b) O, si ella vio un perro muerto, ¿por qué supone que fue un chico (caso subjetivo)?

    Respuestas:
    a) No hay un motivo por el que “deba” ser cierto, simplemente porque a la directora se le ocurrió y desde mi punto de vista no está mal. En el momento del accidente se sienten dos golpes y no veo por qué razón el chico no puede haber estado agachado o en cuclillas jugando con el perro a un lado de la ruta y así haberlos atropellado a ambos. El chico cae al canal, el perro queda en la ruta.

    b) “Vio” al perro muerto porque de eso se quiere convencer a ella misma y sabe, luego de observar a su alrededor durante la primera parte de la película, que se puede salir con la suya. Como ya dije, todos actúan según sus deseos y además hay una escena en la que se observa a una mujer de clase social humilde a la que se encarcela por algún crimen, en la que ella podría pensar: “Esa puedo ser yo. Pero no lo voy a ser.” Todo es una mezcla de culpa y deseo de impunidad que se ve de alguna forma concretado cuando los que la rodean le dicen que está todo arreglado; cuando ve junto con el marido en un paseo nocturno sólo al perro sobre la ruta, con el canal ya lleno de agua; y cuando al final va al hotel a preguntar si alguien se hospedó allí la noche del accidente y le dicen que no.

    Es cierto que la ambigüedad hace las películas más interesantes y esto da un mayor juego, pero puesto el plano del perro -que hasta está en el trailer- el lugar por el que hay que encarar la película para mí es otro. Y Martel siempre genera este tipo de líos que terminan generando una discusión interesante. Hay mucho en sus películas para hablar.

  107. Anastasi dice:

    Quintín, antes de seguir quiero aclarar un par de puntos anteriores. Primero, cuando dije que el centro de tu crítica era el plano del perro no me refería a la nota de Ñ sino a lo que criticás de la película a lo largo de la discusión, por eso agregué que posiblemente el camino que tomó el debate te llevó por ahí. Segundo, ahora sí yendo a la reseña: es cierto que le reconocés méritos a Martel como cineasta; pero en un artículo, no sé quién lo dijo ni dónde está escrito, hay una máxima que dice que la última frase es la frase de la verdad: lo que decís al final es que la mayor limitación de Martel es que necesita saberlo todo y no quiere correr riesgos. A esta altura de la discusión, me parece que ni siquiera hace falta aclarar que a pesar de los elogios vertidos tu dictamen sobre el cine de Martel es más negativo que positivo. Tercero, los muchachos de Cahiers pudieron detectar que la contradicción no pasaba entre el cine de arte y el cine comercial hace casi medio siglo. En las últimas décadas el panorama cambió, el cine comercial se cerró y se homogeneizó hasta el punto de que una voz autoral mínimamente libre ya casi no tiene cabida. No hace falta ir a Hitchcock; hoy es casi impensable que aparezca un Tourneur, o cualquiera de los que se las arreglaban para encontrar el resquicio. También cambiaron las cosas para los que se lo habían encontrado, como Scorsese. Pero son demasiados temas. Vuelvo.

    “Cine de guión” te parece una categoría esquemática. A mí me había parecido que grosso modo hablabas de eso. Ahora la verdad es que no sé de qué hablás. ¿Cine literario es el que trata de componer cada escena como un cuadro en movimiento? ¿Qué significa “fabricarle” a una escena un sonido y unas imágenes que la hagan “bella”? Si a vos que una película suene no te dice nada, si a la belleza necesitás encerrarla entre comillas, qué querés que te diga… Si el cine no es forma y sentido, si no es imagen y sonido, decíme qué es. Cuando describo algunos momentos de La niña santa no te hablo de virtuosismo, sino de una mirada y un oído que expresan algo, algo distinto de lo que ofrecen las películas del montón. Y no se trata necesariamente de la exquisitez o la complejidad de las capas de sonido. Es algo más básico y más interesante. Es la atención puesta en una nena que se pone a cantar adelante del ventilador y a regocijarse escuchando su voz rota. Es un mundo de susurros: el susurro de la confesión adolescente, el murmullo pícaro que aparece por debajo de la voz de una profesora, la modulación de una charla íntima de trasnoche entre dos adultos. En fin: ahí hay una cineasta con una mirada y un oído. Yo, cuando veo una película, presto atención a eso. Y si no no sé a qué cosa se le puede prestar atención.

    Tal vez a las tendencias. Me parece que a veces los críticos, o algunos críticos, obnubilados por las tendencias, dejan de ver lo que una película ofrece. Yo no sé si es tu caso, pero como todavía no termino de enterarme por qué ahora hasta le negás la condición de autora a Lucrecia Martel, trato de encontrarle una explicación. Es innegable que hay una tendencia importante, diría dominante fuera de los parámetros comerciales, de un cine que se desprende de la narración (o más específicamente, de la tiranía de la narración). Ahí entran autores muy distintos, de Bela Tarr a Pedro Costa, de Lisandro Alonso a Albert Serra. Muchas de las películas más interesantes que se están produciendo van por ese camino. Lucrecia Martel no, ella persevera en la narración (también los Dardenne, Hou, y muchos otros). ¿Eso es finalmente lo que llamás cine literario? Aclarame si te parece que la cosa va para acá, y si da, la seguimos.

  108. BobbyFischer dice:

    No es un problema si es el perro o el chico, como en Caché uno podría pensar en que es lo que le dijo el hijo de Majid al de Georges, si lo del gallo (otro simbolo) es una justificación expurgatoria de la conciencia de un chico ante la amenaza o fue un hecho factual (que a su vez opera como metafora politica). Lo mismo que las cartas y amenazas, el suicidio de Majid, si estas existieron o fue todo producto de la fantasía. El punto de vista de la pelicula, quien es el que narra, etc. Todas estas cuestiones estan abiertas a la duda. Las dos películas tienen casi la misma estructura de verdad.

    El error tanto en Haneke como en Martel creo yo es mirar desde afuera y subido a un pedestal poniendo en ejercicio una manipulación impiadosa (sobre sus personajes y el espectador) prejuzgando sobre comportamientos teoricos (lo del telefono celular es simbolico), estigmatizando lo burgués, y tomando una práctica de la burguesia, la busqueda de respuestas, como un “yo sabia que ibas a preguntar” tratando de igualar macabramente el punto de vista del espectador con el del personaje juguete del realizador.

  109. BobbyFischer dice:

    De hecho el encubrimiento ya era tratado por Haneke en Benny´s video.
    Todo esto me hace acordar tambien al plano de Elephant y un grupo de chicas cuando va a vomitar al baño, Van Sant no tiene ningún reparo en mostrarlas de esa forma, sabiendo que están a punto de morir y que a su vez son personajes que hacen alusión a personas reales. Me parece deleznable congraciarse con la manipulación como arte (no, no me la agarro con Hitchcock, ni con Godard si no con Martel, Haneke y todo ese grupo de realizadores con los que la sociedad parece acumular deudas), y celebrar la acrobacia de la trampa, de hecho Van Sant trata mal en esa pelicula a todo el mundo, y solo parece tener empatía con el adolescente rubio inmaculado, la pareja estereotipada de amantes que mueren unidos. La ausencia de principios hace que miremos complacientes como un director decide tratar a modo de exploitation la vida de un grupo de chicos(menores), como un mecanismo de relojeria, para generar una metafora social o politica.

    Creo que el ruido de Quintín parte, en que el encubrimiento es doble, encubrir es también por parte de la realizadora no mostrar todas las piezas, para lograr un estado de confusión en el espectador.

  110. BobbyFischer dice:

    Martel acusa el encubrimiento y encubre.

  111. cuneo dice:

    La objeción de mostrar a chicas vomitando “porque están a punto de morir”, la impugnación de toda posibilidad de mostrar gestos de clasismo, el intento de excluir el problema de las jerarquías de clase de las posibles temáticas del cine, la repulsa a toda posibilidad de que una película plantee una mirada crítica sobre hábitos racistas, el imperativo de que toda mirada sea neutral, una mistificación del “misterio” y de la “bondad” de los personajes, la salvaguarda de la imagen de toda una clase social (ahora parece que no es posible mostar a personajes burgueses que no sean buenos sin ser acusado de tramposos, manipuladores), el intento de desterrar la posibilidad de crítica, la desideologízación, el cultivo de ua pseudo inocencia, la exigencia de que hay que construir sólo personajes nobles o al menos anodinos, inocentes y olvidadizos, apolíticos y herméticos no configuran una tendencia del cine argentino ni extranjero, sino la consagración de un moralismo reaccionario, de un planteo abstracto por parte de sectores de la crítica que han tomado anacrónicamente las banderas más derechistas de cierto Cahierismo acerca de la “ética” la “nobleza” de los personajes , las situaciones “edificacantes” y una cierta bonomía abstracta como si fuera una ética rigurosa.

    Es nada más que un hábito reflejo de una clase retrógrada, pequeño burguese fóbicos con ínfulas de erigirse en ´árbitros culturales”, totalmente funcional a la línea que estos mismos sectores enarbolan en el plano político

    Definitvamente la aversión por Martel se funda en que no se adecua al programa de “no alinearse con el pasado” que tan bien expresó Betty Sarlo a la Nación. Nada es casual: las objeciones bizantinas al plano del perro no tienen otro fundamento que la promoción del olvido y el refugio en el mundo abstarcto de las bellas almas.
    Pero como todo esto es una operación de mala fe, estos quintines fischers no van a reconocer que defienden el ideario de la vieja nueva derecha. Por eso recubre su aversión de estrafalarias objeciones a planos errados y comparaciones con John Ford.
    Yo creo que no hay que perder más tiempo con estos porque ese conformismo agresivo que practican es el que habla en todos sus desilachados balbuceos. Son verdaderos sacerdotes que no toleran nada que no sea su versión fóbica del mundo.

  112. apolonio dice:

    cuneo, como hombre de izquierdas te puedo decir que el cine de martel no me gusta. deja de generalizar que eso es lo que hacen los fascistas. deja de tirar la carta de sarlo, porque tampoco cabe en esta discusion. no creo ni siquiera que el pensamiento de sarlo sea tan esquematico como el que vos planteas, pero en fin, tu gusta tenerla de enemiga, te felicito.

    por otro lado, si dejas tu ceguera momentanea no podes pensar seriamente que el comentario es de “mala fe”, al contrario, se ennumeran muchas virtudes pero no se concuerda en algo, tan mal esta eso? o hay que decir que todo es bueno?

    yo propongo otra idea. el cine de martel va a envejecer mal porque esta realizado en base a preceptos “academicos” muy actuales que seguramente, en el futuro, pasaran de moda, como todo precepto academico. quiero decir con esto que la mirada del cine de LM es el producto de ese abordaje semiologico que tienen los realizadores muy pero muy modernos. la semiologia esta bien para analizar el filme, pero no para hacerlo. me van a matar con esto, je, espero que se entienda. cualquier cosa sin emocion envejece mal.

  113. Lester Young dice:

    A todo esto, ¿están seguros de que es un perro?

  114. afa dice:

    He leído gran parte de los comments y me he divertido bastante, y me alegro de la tregua (aunque ya pasaron varios comments entremedio), porque siempre en los blogs se termina todo a los golpes y los insultos.

    Sólo una salvedad respecto de Haneke, que me parece algo injusto meterlo al mismo saco de la comodidad de la crítica burguesa a la burguesía, o la crítica colonial al colonialismo o la esclavista al esclavismo, etc. etc.

    Haneke, en Cache y más claramente en Benny’s Videos o Funny Games, me parece que de lo que habla en realidad es del uso del video, del cine, de la televisión, del video casero, del audiovisual en general, como herramienta que al pretender “revelar” la verdad, la oculta y la vuelve un instrumento de una clase o una sociedad. Es por eso que el video es central en todas su pelis (el primer plano de Cache es eso, un video, el protagonista trabaja en un canal de televisión, el que lo chantajea le manda videos, etc etc.).

    Claro, Cache puede ser leída como una peli que dice que los ricos son malos, los pobres son buenos, Europa está fundada sobre la sangre de los inocentes, bla bla bla, pero para mí es mucho más que eso y ahí radica su valor.

    Con Martel me pasa algo así en La Ciénaga (veo otros temas que no se limitan al de las diferencas de clases), pero en La mujer sin Cabeza creo que cae un poco en la trampa de volver a los pobres una masa victimizada, como si todos los pobres fueran buenos (buenos porque son víctimas de un sistema injusto), y todos los ricos malos (porque se benefician del mismo sistema). No es que no haya mucha injusticia en el mundo, pero políticamente hablando me parece que una visión como esa deja todo en manos de una sola clase, que es la que debería “dejar de hacer lo que le hace a los otros”, perpetuando la idea de que es el juicio y las acciones de esa clase lo que determina lo que es justo o injusto, bueno o malo. Es decir, una forma más de tener la sartén por el mango.

    Vuelvo a Haneke, porque a mí al menos me parece que el cuestionamiento que hace del ciine, la televisión o el video (¿qué otro medio de expresión artistica es más burgués que el video o el cine, con sus altísimos costos, incluso en sus grados más artesanales?) tiene que ver con un mecanismo más mediante el cual una clase sigue teniendo el sartén por el mango. Así que aunque su “mensaje” más evidente sea el de “oh, que malos que somos los burgueses colonialistas”, en realidad está cuestionando y poniendo en duda tal “mensaje”, puesto que le resta toda validez moral y política al medio que utiliza.

  115. Galois dice:

    Así que aunque su “mensaje” más evidente sea el de “oh, que malos que somos los burgueses colonialistas”, en realidad está cuestionando y poniendo en duda tal “mensaje”, puesto que le resta toda validez moral y política al medio que utiliza

    El problema que yo le veo a este planteo es que, si esa es la intención de Haneke, al utilizar él mismo ese medio (del cual «resta toda validez moral y política»), se podría decir que su propio mensaje (el de Haneke, que pone en cuestión el mensaje simple) es erróneo, si su método tiene validez.

    Una pequeña paradoja, del tipo de las que le gustaban a Russell.

  116. boudu dice:

    La gran diferencia entre ‘La mujer sin cabeza’ y las dos anteriores es que ‘La Mujer sin Cabeza’ es un unipersonal: la protagonista esta presente en casi todas las escenas, una elección que pocas veces me gusta en una película.

    Hay un vacío , el centro es la falta de atención, revisión, preocupación por la muerte del chico.

    Las escenas que mas persisten no tienen que ver con la protagonista, salvo la virtuosa escena final, sino con María Vaner, y con la servidumbre. Y la escena de la pileta. Que pase esto debe ser un problema.

  117. Me sorprede cómo se dan en este caso, amigos. Disculpen si llego tarde. Dos cosas.

    1-Plano del perro. Yo pensé que ese plano sí, era de un perro. Y que Vero atropelló a un perro. Y que el niño pudo haber muerto en cualquier otra circunstancia, pero el sistema de poder y encubrimiento que rodea a la protagonista (ese mundo paralelo que hay, recordaba -se lo dije a Martel- una película que no vio, Conspiración de Silencio, y un par de terror no dignas de mención como clásicos pero sí por su trama como Stepford’s Wives -primera versión- o T

  118. lalectoraprovisoria dice:

    Leo: ¿Y? Te quedaste en la mitad del punto 1.

    Q

  119. Me sorprede cómo se dan en este caso, amigos. Disculpen si llego tarde. Dos cosas.

    1-Plano del perro. Yo pensé que ese plano sí, era de un perro. Y que Vero atropelló a un perro. Y que el niño pudo haber muerto en cualquier otra circunstancia, pero el sistema de poder y encubrimiento que rodea a la protagonista (ese mundo paralelo que hay, recordaba -se lo dije a Martel- una película que no vio, Conspiración de Silencio, y las hijas de Body Snatchers, esas de pueblo poseído que aparenta ser normal) tiende al horror de identificar el accidente con el niño muerto. El estado de la protagonista, además, permite eso. No creo que el plano mienta, simplemente que el plano abre el camino a que Vero vea su mundo tal cual es y decida si aceptarlo o no en el último plano.

    2-Creo que en el circuito de hoy, sí, Martel tiene la importancia que Bergman o Resnais en los sesenta. Y no fui ingenuo al elegir esos nombres: estoy de acuerdo con la cerebralidad y la seguridad que Q destaca en Martel y esas son las dos cosas que, justamente, detesto de Bergman y me molesta en Resnais. Donde escribí eso fue en Crítica, una especie de respuesta ante eso de “las películas de M son una porquería”. Fue una actitud política y veraz. Martel es, hoy, tan importante como aquellos cineastas. Que sea buena o mala, que falle o no (a mí me parece extraordinaria La mujer… y me gusta poco La niña…), es menos importante que el hecho de permitir su discusión, incluso a pesar de su seguridad.

    PD: Igual, no creo que Martel esté tan segura de todo. Más bien creo que tiene -en el sentido no necesarimente elogioso- genio. Primero encuentra, después analiza. Su perfección es más un reflejo que algo pensado. Esto es, en principio, irrelevante para analizar una película, pero me parece un dato. Con El Eternauta la cosa se va poner mucho más interesante.

  120. Nicolás Prividera dice:

    Veo que la discusión se puso interesante (y sin concordar con todo lo que dice Cuneo, creo que se lo desestima con demasiada facilidad, cuando plantea algunas cuestiones de fondo). Por mi parte solo dejo este comentario a modo de posdata (y esperando tocar el tema en alguna nota futura en el blog de Roger Koza):

    Mi hipótesis de fondo es que el valor de Martel (mas allá de su innegable talento, que por si solo la pone a la cabeza de su generación), es precisamente iluminar las falencias de eso que hemos dado en llamar “Nuevo Cine Argentino”, en su dificultad para dar cuenta de su contexto histórico y abordar la dimesión política (implicita o explicita en toda estética). No porque ella las resuelva, sino porque las expresa con una densidad y complejidad mayor que la de cualquiera de sus contemporáneos. Esa sería una posible clave de lectura para algún futuro historiador del NCA (cuya clave simbólica, insisto, es la “tensión filosófica” entre Martel y Alonso, que alguna vez habrá que profundizar).

  121. Se me disparó el enter, Q. Estoy domando mi nueva notebook.

  122. Nicolás Prividera dice:

    Aclaración: cuando hablo del NCA me refiero exclusivamente a la ficción (siempre dominante). El “nuevo” documental (que no casualmente ha tomado protagonismo en los últimos tiempos) es un espacio aun en desarrollo. Hay que ver como evoluciona.

  123. hilario ascasubi dice:

    capaz que porque yo no leí críticas ni entrevistas antes de ver la película -trato de no hacerlo- vi en el famoso plano algo muy distinto a todo lo que leo acá. incluso me sorprende toda esta discusión, para mí siempre estuvo muy claro.

    ella atropella algo que en el momento ni ella ni nosotros vemos qué es. para el auto. no se anima a bajar. sigue. cuando arranca vemos que atropelló a un perro.

    en las escenas siguientes vemos que está mucho más descontrolada de lo que ameritaría la situación. entendemos por qué cuando la oímos decir que cree que atropelló a un chico.

    pero nosotros sabemos que no es un chico sino un perro, lo vimos al principio. ella no lo vio porque no se animó a bajar del auto.

    cuando encuentran un chico muerto en el canal, ella confirma su hipótesis. pero es una casualidad. el chico murió de alguna otra cosa, no importa. lo que importa es el equívoco que sostiene la película. equívoco de ella, no del espectador que sí vio que era un perro y no un chico.

    el plano del perro no sólo no es equivocado, es el sostén de todo lo demás.

  124. elsita dice:

    si siguen hablando así, voy a creer que ,como dice un amigo, la película se hizo para la campaña de educación vial.

  125. fede dice:

    dejense de joder, armen un equipo de futbol y saquense la bronca pateando la pelota.
    Parecen oligofrenicos
    ¿NCA, M, politica, oficialismo, “tensión filosófica”, Stepford’s Wives, “resta toda validez moral y política”, Sol Acuña, que es todo esto?
    Parece que estuvieran jugando al Rol.
    Basta… son todos los Intrusos de la industrial cultural, son la Carta Abierta de el subsidio al cine nacional, se dicen fascistas, Stalinistas manda fruta todo el tiempo cortenla y paguen los 25 pesos del codificado o comprense un playstation.

  126. david dice:

    Hilario, el espectador ve el perro pero también, si presta atención, las marcas de las manos en la ventanilla (bastante evidentes, por otro lado. El plano se sostiene lo suficiente para que se vean) por lo que el plano del perro solo parece existir para confundir al espectador.

  127. Pedro dice:

    Puede ser que “cuneo” plantee cuestiones de fondo. El problema es que su discurso deliberadamente docto, armado desde su púlpito de comisario ideológico, de resentimiento, paradójicamente (o no tanto), tanto hacia su espacio simbólico de pertenencia como hacia lo que él dice representa Quintín, termina siendo tan reaccionario como el que él mismo intenta poner en descubierto y, por lo tanto, oblitera cualquier posibilidad de discusión sobre cine, política o lo que fuere.

  128. boudu dice:

    Yo no ví las manos.

    El auto salta 2 veces, pero eso no significa nada.

  129. david dice:

    Boudu: sí, me sorprendió que prácticamente nadie aludiera a esa imagen. Creo que también Eduardo Rojas lo menciona en El Amante.

  130. Peter Bay de Coast dice:

    Que salte dos veces es que lo pisa dos veces; al perro o al pibe, o a nosotros.

  131. Addison dice:

    A mí “la manipulación” o la forma de contar la historia no me molesta ni en Haneke, ni en Martel, ni en Von Trier. Aunque este último sí me puede llegar a incomodar un poco más porque no se limita sólo al aspecto social del tema que trata, va más allá. Es su cine, es su código. Entrás o no, te molesta o no. ¿Querés estar tranquilo en la butaca? Prefiero que me pasen cosas. De este tipo incluídas. Tampoco creo que las películas de Martel “pasen de moda”, a Visconti hoy se lo sigue entendiendo.

  132. hilario ascasubi dice:

    david: las marcas de las manos bien pueden ser de los pibes que aparecen en la primera escena con ella (sobrinos creo), cuando suben al auto. la escena anterior está puesta para provocar esa ambigüedad.

    lo de los dos saltos es perfectamente lógico: primero lo pisa con las ruedas de adelante y luego con las de atrás.

  133. david dice:

    No, no creo, Hilario, porque las marcas no aparecen en el plano antes de choque. El plano posterior al choque, en el que ella se queda sin reacción varios segundos, no sé si apoyada sobre el volante, deja ver las marcas.

  134. Queen Team dice:

    Toda esta discusiòn sobre el plano del perro ser una estupidez, o hablar de la complejidad de un plano en una gran pelicula (como la pregunta por quien escucha la palabra “rosebud” en Citizen Kane) o solo quedarse en el ARBOL y no ver el BOSQUE: que las peliculas de Martel demuestran que se puede hacer cine politico sin ser panfletario.
    En ese sentido tiene razon Cuneo: “las objeciones bizantinas al plano del perro no tienen otro fundamento que la promoción del olvido y el refugio en el mundo abstarcto de las bellas almas.” Lo que no le perdonan a Martel es el retrato impiadoso de esa burguesìa, que los chicos de la FUCk nunca muestran porque son sus hijos, literal y simbolicamente hablando.

  135. Queen Team dice:

    Solo alguien que no quiere ver no ve las huellas de las manos en el vidrio, o discute que matò a un chico. Y de eso habla la pelicula… que casualidad!

    Despuès estan los “oligofrenicos” como Fede (como el gusta llamar a quienes intentan pensar mas alla de la playstation). Nunca entenderè para que pierden el tiempo aca en vez de estar viendo a Rial.

  136. Addison dice:

    Martel también se reconoce en esa burguesía que muestra, pero de una forma crítica.

  137. Queen Team dice:

    Si. Alguno dirà es que es por su cristiano sentimiento de culpa, y blabla. Lo cierto es que al menos se pregunta por su lugar en el mundo, lo retrata y lo escucha. Los de la FUCk (o sea, el 90% de los que filman, ni por talento ni por grandeza) padecen de infantilismo, autismo, anomia, etc. “La tristeza de los ninos ricos”, segun rezaba una nota de Noriega que remedaba involuntariamente un spot de la campaña de Menem…

  138. hilario ascasubi dice:

    david: que no aparezcan no quiere decir que no estén. antes del choque la cámara hace foco en ella y no en el vidrio.

    queen team: efectivamente el plano no tiene la importancia que acá le están dando. lo que importa es el ocultamiento, ese es el tema de la película. y para eso da lo mismo que haya matado a un chico o no, lo importante es que CREA que lo mató.

    dicho esto, yo creo que no lo mató porque el plano no lo muestra. lo demás son coincidencias a las que ella les da un sentido en su cabeza.

  139. Hernan dice:

    De lo que puede y no puede ser percibido habla La mujer sin cabeza. Es en este sentido que Lucrecia Martel lleva adelante, de manera extraordinaria, una idea acabadamente genial: hacer que el disparador de toda su película no sea un conflicto dramático sino formal (una imagen) y que cada una de sus imágenes contenga el germen de este conflico. Como en los mejores ejemplos del film noir, la tensión entre la necesidad de un realismo implacable y el desfase de un lirismo (des)estructurado por una lógica onírica se traduce en una puesta en escena barroca y exacerbada de sentido. Pero, ¿cuál es específicamente este conflicto formal que dispara toda la película? El plano del perro muerto. Sin esta imagen (que para muchos debiera haberse evitado para alimentar la desorientación o el suspenso en el espectador) nada tendría sentido: todos los cuestionamientos, las vacilaciones y las inseguridades de Verónica, la protagonista, se remitirían únicamente a una ignorancia de lo ocurrido, dentro del plano dramático, y la trama de la película tiraría sus anclas definitivamente en un registro policial donde el principal interés sería averiguar los detalles del posible accidente. El plano del perro muerto (ambiguamente objetivo y subjetivo a la vez, ya que si bien no tiene referencias del personaje ni corresponde explícitamente con su mirada, la cámara está ubicada sobre el vehículo y se aleja con él) cambia radicalmente las cosas. Dispara tanto la perturbación de Verónica como la del espectador, a la vez que pregunta: ¿qué vemos y por qué?
    La discontinuidad es la madre reina de nuestros días, y el cine no es ajeno a este asunto. En la recepción de sus imágenes, cada objeto, cada gesto, cada mirada, aparece durante la intermitencia del parpadeo, para luego disolverse. El llamado cine espectacular (popular y hegemónico) vuelve habitual el carácter esencial de la modernidad atribuyéndose un poder hipnótico de fascinación sobre lo disperso, fragmentario y fugaz de la experiencia. Hay, por el contrario, un cine marginal cuyo interés radica en focalizar de forma más o menos conciente la interrumpción de esta fugacidad, aislando rasgos particulares (planos, imágenes, sonidos, acciones) con el fin de hacer posible una capacidad para orientarse, intelectual y emocionalmente, en el territorio ambiguo de las apariencias, reconociendo sus contenidos y, lo más importante, sus efectos de verdad. El detalle de una imagen minúscula rescatada por el montaje, el aislamiento artificial de un sonido potente en medio de una escena cotidiana, o hasta el efecto estilo Matrix sobre cualquier disparo de un arma de fuego (véase la reciente Wanted, por ejemplo) podrían ser elementos atribuidos, ingenuamente, a este tipo de cine, pero están muy lejos de serlo. La clave para entender esta negativa se encuentra en los mecanismos del género y en cómo estos mecanismos operan para volver los citados procedimientos (y tantos otros) en lugares comunes dentro un verosímil donde la posibilidad de existencia de tal o cual recurso no significa otra cosa que la estandarización de lo que alguna vez fueron incipientes diferencias. De ahí la inteligencia de La mujer sin cabeza, que no sólo se inscribe en el segundo modelo de relato o manera de pensar el cine (algo que de por sí no dice nada, ya que pueden encontrarse películas geniales y detestables en ambos costados) sino que además articula sus recursos y múltiples rasgos formales para poner en evidencia y cuestionar cómo el funcionamiento cotidiano de estas decisiones formales (en nuestro caso, el plano del perro muerto, entre muchas otras) no son la causa sino el resultado de la forma en que percibimos el mundo. A diferencia de lo que hacía Caché (Michael Haneke, 2005), otra película genial, donde una constante interpelación del lugar del espectador ponía en juego las insospechadas implicancias de una imagen digital omnipresente, en un sentido tanto estético como ético, Lucrecia Martel interroga el efecto mismo de verdad que las imágenes de su propia cámara produce, sin hacer evidente en la puesta en escena (como lo hacía Haneke) el dispositivo de filmación, ya que, precisamente, no hay evidencia posible de ningún dispositivo cuando no podemos ver ni oír aquello que, desde el vamos, ni siquiera percibimos.
    En países como la Argentina, donde cruentos pasados intentan ser desapercibidos una y otra vez mediante estrategias discursivas mucho más peligrosas que la violencia física y verbal, La mujer sin cabeza resulta una película de visión imprescindible. No por su denuncia social, que no la tiene, sino porque es el más acabado ejemplo de cómo la percepción de aquello que nos rodea es el resultado de una construcción legitimada por un poder irreductible a ser capturado por sentidos nítidos y tranquilizadores, y que, simultáneamente, va diseminando verdades que ignoran la refutación. Verdades de pesadilla, negación e indiferencia que muy de vez en cuando conocen la perturbación y la angustia, pero que velozmente son reconstruidas con algún cinismo al alcance de la mano, como tararear Mamy Blue mientras el mundo a nuestro alrededor, imperceptiblemente, se desmorona.
    Cínico es aquel ser miserable, explicaba Ambrose Bierce, cuya defectuosa vista le hace ver las cosas como son y no como debieran ser. Ante semejante incapacidad, algunos pueblos antiguos acostumbraban arrancar los ojos a estos individuos para mejorarles la visión. La pregunta es: ¿hasta cuándo seguiremos viendo perros muertos?

  140. lalectoraprovisoria dice:

    La verdad es que yo sigo viendo un perro muerto. Voy a pedir turno para hacerme arrancar los ojos con el doctor Hamurabi.

    Q

  141. elsita dice:

    hasta que vuelva la perrera

  142. popopo dice:

    tanto debatir por una película de mierda??? qué será el día que haya, por primera vez en 30 años, un director argentino medianamente decente!!!!!

  143. popopo dice:

    por otro lado, Quintín, en un post anterior la defenestraste, y en Ñ le das glorias a Martel, como te mueve la guita!!! Cuando saque un libro, te pago, asi hablás bien y los boludos que te siguen lo compran.

  144. Anastasi dice:

    Quintín, veo que decidiste no contestarme. O estás ocupado en asuntos más importantes, o no te gustó mi suposición de que podés estar más pendiente de lo que pasa afuera que de lo que muestra una película. Hago conjeturas porque tu silencio no me permite mucho más.

    Cuneo dice que no se trata de las tendencias, y en algo tiene razón: como sucede cada vez que se plantean discusiones de este tenor, la política tiene que estar dando vueltas alrededor. Pero hay que hacer dos puntualizaciones. Por un lado, Cuneo le atribuye a Quintín lo que dice Bobby Fisher, y la posición de ambos no es idéntica. Por otro, la negativa de Quintín a elegir a Martel como la cineasta que cuenta en Argentina (se sabe que cada crítico en carrera debe elegir el suyo) es anterior a La mujer sin cabeza y a la repolitización de los últimos años.

    En cualquier caso, me parece claro que la sentencia de que Lucrecia Martel no califica siquiera para autora viene con algo atrás. Quintín, no te pido que me demuestres que no es una autora, porque eso no es objetivamente demostrable, no estamos ante una ecuación ni ante un caso judicial. Lo que sí te pediría es que me digas dónde se funda ese juicio. Porque está reconocida como autora en todo el mundo; si vos decidiste que no, tendrías que decir algo un poco más esmerado para justificar tu dictamen.

    Sobre que hace un cine literario dijiste cosas más confusas que el propio nombre que le diste a la categoría, que ya es bastante confuso. Ya me comentaste que el sonido no lo sabés apreciar. Después de reconocer que puede ser una limitación tuya (o antes, no me acuerdo) citaste a la tía del tal Homero que se burlaba de “las texturas”. ¡Qué diría esa señora de Straub y Huillet! La tía de Homero es tu Doña Rosa, Quintín. No me jodas. Pero mejor lo dejo acá, que no sé si me vas a contestar y no me gusta hablarle a la pared.

  145. afa dice:

    Galois

    Sí, es una paradoja, es como esos casos en que una teoría física, por ejemplo, el modelo standard, termina probando que el mismo modelo standard estaba equivocado (bueno, aún no se sabe, en una de esas el colisionador de hadrones descubre el origen del universo). O sólo sé que nada sé, por ejemplo.

    Lo interesante del caso es que a mi juicio Haneke habla de cine, y entonces su verdadero “mensaje” sería algo así como que el cine puede hablar del cine, pero que es muy peligroso cuando se utiliza como herramienta de revelación de alguna “verdad” (moral, polítca, etc.).

    La escena más clara, para mí, está en Benny’s Videos cuando el chico mata a su novia en una escena que obviamente es “falsa”, es decir, el actor/niño jamás mató a su actriz/novia. Luego vemos que el niño se va a Egipto y filma con la misma cámara a unos niños pidiendo limosna, imagen que asumimos es “real”, es decir, que sí existían niños pidiendo limosna y que fueron filmados por alguien del equipo. Lo interesante de poner ambas tomas en el mismo contexto, es que entendemos que no podemos pensar que una es más real que la otra, es decir, que el cine es un muy buen mecanismo para hacer cine, pero que como herramienta política es más bien peligroso, especialmente cuando lo que entrega son supuestas certezas sobre el estado del mundo.
    ¿No era Bobby Fisher (el que se murió hace poco, no el espíritu que habita este blog) el que decía que el ajedrez era muy bueno para desarrollar las habilidades para jugar ajedrez?

    Sobre lo que dice Hernan: “Lucrecia Martel interroga el efecto mismo de verdad que las imágenes de su propia cámara produce, sin hacer evidente en la puesta en escena (como lo hacía Haneke) el dispositivo de filmación…”

    Mi problema es que no siento que interrogue, pues si interroga a alguien es únicamente a su personaje, y no al espectador. O bien al espectador en un ámbito netamente dramatúrgico, es decir, la discusión sobre el plano del perro y sobre las marcas de las manos en el vidrio son discusiones sobre la trama de la cinta, sobre lo que podemos pensar que le ocurre a los personajes (murió un perro, un niño, un niño y un perro, un perro/niño; murieron al mismo tiempo, en carambola, con días de distancia; la mujer se volvió loca, la ciega la culpa de clase, tiene un tumor cerebral; etc etc). Pero siento que no pone en el tapete el tema de mi propia percepción como espectador ni mucho menos el rol de la imagen en la articulación de mi idea del mundo o en el discurso de una clase dominante que esconde crímenes atroces. Todos vimos un perro muerto, clarito como el agua, y pretender que una hora más tarde dudemos que en verdad era un perro no tiene sentido. La que puede pensar que era un chico es la protagonista, todo puede estar en su cabeza, pero la verdad es que en la mía como espectador sólo puede haber un perro muerto y listo.

    Y ojo, que no quiere decir eso que el de Haneke sea el único mecanismo para filmar ni nada, que haya que poner en duda el cine o algo así, sólo que a mi juicio es lo que vuelve sus cintas valiosas, pues me dice que hablan de otra cosa y no de lo que pareciera a simple vista. Y como dice Galois, de una paradoja, lo que siempre me ha perecido muy estimulante.

    Tampoco quiero decir que no pueda haber un cine político. Buñuel, por ejemplo, es para mí el paradigma del cine político, y no porque ponga en duda el cine o la imagen, sino algo mucho más interesante, que es el ser humano en sí y la idea que tenemos de nosotros mismos.

  146. lalectoraprovisoria dice:

    Anastasi. Trato de entender qué es lo que debo contestar. A esta altura, la discusión de ha ramificado y se ha puesto confusa. Hasta apareció un tipo que proponía arrancarme los ojos ante mi falta de sensibiliad frente a “la tensión entre la necesidad de un realismo implacable y el desfase de un lirismo (des)estructurado por una lógica onírica que se traduce en una puesta en escena barroca y exacerbada de sentido.”

    De modo que trataré de ser claro. Lo de que Martel no es una autora es una afirmación discutible si se quiere, pero no dice otra cosa de lo que ya dije: que a mí juicio no es una gran directora, aunque no le falten virtudes. Nada más que eso en principio.

    Aunque, en realidad, sí hay algo más. Uno puede decir que hay un “mundo Martel”, que su cine produce a cada momento rasgos temáticos y de estilo. Pero resultan demasiado exteriores, como etiquetas de una marca. Porque, la verdad, por más que a su cine se le encuentren resonancias políticas y complejidades formales, para mí no pasan de ser adornos de una estructura compleja pero sin un centro definido. Entiendo que los personajes de Martel son salteños, que sus mujeres y niños están oprimidos, que sus hombres son autoritarios y cobardes, que el poder se ejerce en las sombras y que hay un gran desdén por los pobres en ese ambiente. Pero no sé qué es lo que le preocupa a la directora. Qué le preocupa a ella que no esté a la vista en ese mundo en definitiva demasiado obvio, por más que se le atribuyan cualidades revolucionarias.

    Podría decirse que le preocupa el estatuto de las imágenes, pero no lo creo. Allí aparece ese famoso plano, sobre el que después de todo lo que se ha discutido me convenzo cada vez más de que está ahí como un cálculo para reforzar la dramaturgia de la película y su peso —digamos— como denuncia. Por alguna razón a Martel le importa que haya efectivamente un chico muerto (y van dos, otra falsa marca autoral) o, al menos, que esa hipótesis sea lo más fuerte posible. Como dice Afa acá arriba, un perro muerto es un perro muerto aunque se pongan coartadas (que si chocó dos veces, que si habia una huella de manos) que son invisibles e irrelevantes: no se le puede pedir al espectador que sea consciente de esos detalles en los que quien no sabe de qué se trata la película no puede reparar.

    Y entonces queda lo de las texturas. En La mujer sin cabeza hay una manera de filmar bastante sofisticada ques e apoya en la fragmentación visual y sonora. Es bonito, si se quiere, pero no me resulta bello. La diferencia con los Straub, en ese sentido, es enorme: los tipos eran fundamentalistas de lo no fragmentado, del sonido directo, del plano largo, de la demoledora unicidad y transparencia del todo. El estilo de Martel es cambiante, sus composiciones son más bien opacas y no parecen obedecer a premisas formales.

    Es cierto que Martel habla, en sus declaraciones, de ciertos principios para su cine: en distintas entrevistas menciona que el cine es como la medicina, que se trata de convivir con lo siniestro, o que el presente remite a la dictadura militar. Pero no logro que esos conceptos me resulten aclaratorios de lo que veo. Lo de la medicina no lo entendí, lo de lo siniestro es demasiado derivativo para mi gusto de Lynch y no veo demasiado bien por qué la dictadura está presente en su última película más de lo que estuvo en las dos primeras que transcurrían en un medio similar y en las que no había una sola referencia a la impronta de esos años.

    Para decirlo de otro modo, veo en el cine de Martel demasiadas cosas pero no logro ver una: donde está ella.

    Q

  147. Anónimo dice:

    “no pasan de ser adornos de una estructura compleja pero sin un centro definido.”: Lo mismo puede decirse del 90 % del cine contemporaneo…

    “no se le puede pedir al espectador que sea consciente de esos detalles en los que quien no sabe de qué se trata la película no puede reparar.”: Y que se le puede pedir al espectador, entonces? Mejor dejarlo que siga viendo “Un novio para mi mujer”. Un millon de moscas no pueden equivocarse…

    “El estilo de Martel es cambiante, sus composiciones son más bien opacas y no parecen obedecer a premisas formales.” Aqui si hay que hablar de ceguera critica, literalmente, porque negas tres elemntos basicos de su cine, que hasta el “espectador no conciente de esos detalles” puede ver…

    Edipo se arrancó los ojos solo: es lo que corresponde. Pero que se le puede pedir a la protagonista de “La mujer sin cabeza” y a los que la replican.

    Si algo queda claro en Martel es donde esta ella: te lo muestra todo el tiempo. Esa critica se la podrías hacer a buena parte del cine argentino, incluido el que alabas.

    La discusión se va a poner realmente interesante cuando escribas sobre “Liverpool” y te deshagas en elogios sobre Alonso, seguramente invirtiendo todo lo que decis de Martel: que es un autor, que tiene grandeza, que tiene estilo, etc., etc.etc. Va a ser divertido.

  148. lalectoraprovisoria dice:

    Me permito repetir una vez más al amigo Afa. Un perro muerto es un perro muerto. El cine no consiste en sembar/descubrir marcas ocultas sobre la pantalla. Eso es para los juegos de enigma. La diferencia es radical.

    Por otra parte, no hay nada más necio que creer que el cine es —a priori— La mujer sin cabeza o Un novio para mi mujer.

    Q

  149. Anónimo dice:

    Un perro muerto es un perro muerto, pero un critico emperrado es mas que un critico emperrado.

  150. aguaquenohasdebeber dice:

    tengo una inquietud: dado que, como fue dicho acá, Q padece de ceguera crítica, no “veo” cuál sería el sentido de arrancarle los ojos.

  151. Anónimo dice:

    Edipo se arrancó los ojos por no haber sabido ver: es una “metáfora” que habla, entre otras cosas, de asumir una condición. De eso habla también la pelicula de Martel: es un “ensayo sobre la ceguera”.

  152. boudu dice:

    mas que sobre la “falta de vista” (ceguera) es sobre la “falta de cabeza”. De ahí el título.

  153. Anónimo dice:

    Casualmente hoy se cumplen dos años de la desaparición de Julio Lopez, y el unico implicado en la causa es el perro Kintin! Creo que podríamos sacar alguna conclusión de esa ironía del destino, que juega con los nombres y las cosas. Pero no creo que nadie sea capaz de verla…

  154. Anastasi dice:

    Quintín, tu último comentario evidencia que reconocés los rasgos temáticos y estilísticos, o por lo menos algunos de ellos, sólo que insistís en que son “falsos”. “Demasiado exteriores, como etiquetas de una marca”. Acá estamos entrando en el terreno de la pura subjetividad. ¿Qué es lo que te hace determinar que tal marca autoral es falsa o auténtica? ¿Cómo hacés para distinguirlas? Yo creo que son auténticas. Creo que Lucrecia Martel es una artista sincera, reconozco esa sinceridad cuando habla y la percibo en su cine. Creo que no adorna al pedo, que no finge para conquistar a nadie ni se coloca en una posición de superioridad.

    Decís que no sabés que es lo que le preocupa que no esté a la vista. ¿No contemplaste la posibilidad de que le preocupe eso que está a la vista? Esto no es un juego de palabras, te lo estoy diciendo en serio. ¿Vos no ves que se preocupe por el destino de sus personajes? ¿No ves que le preocupe su mundo, las reglas del juego, el lugar que ocupa cada uno en el orden que le tocó en suerte, el margen de libertad que te permite, las consecuencias de los propios actos? Disculpáme que diga obviedades, pero me parece que hay un punto en tu crítica del cual no se puede salir de otro modo.

    “Su estilo es cambiante, sus composiciones son opacas y no parecen obedecer a premisas formales.” Está claro que no es una fundamentalista al estilo Bresson. Dicho esto, sólo cabe decir que tu frase se le puede aplicar a cualquiera. A cualquiera que uno vea con desconfianza. El tono, el temperamento y la mirada de Lucrecia son reconocibles, vos y yo los podemos reconocer: tal vez obedecen a premisas formales, tal vez a otra cosa menos, digamos, conciente. De cualquier modo, todo aquello que decías del cálculo o la frialdad de su cine no encaja mucho con este último cuestionamiento. Ahora pareciera ser todo lo contrario, una cineasta antojadiza, una especie de chapucera. Con toda justicia puede decirse que es más cambiante tu crítica que su estilo.

    Termino con una aclaración sobre los Straub. Admito que la mención fue confusa. No creo que se parezcan a Martel, los mencioné porque fueron los primeros nombres que me vinieron a la cabeza. De pronto me imaginé a la tía de Homero viendo Sicilia! ¿Qué diría? Se me ocurrió un programa de cine de autor en el que participen de la tertulia un crítico especializado y la tía de Homero. Terminada la película, la señora se despacha con su análisis. Después viene el comentario del crítico, y como broche, la tía de Homero que comenta el comentario con su tono simple y dicharachero. Si no da para programa, un sketch. No me digas que no sería un éxito.

  155. Pablo S dice:

    Al contrario de lo que he leido por ahi, tanto en LLP como en otros blogs que parecen comentaristas o subsidiarios de este, la postura de Q me parece valiente. Si bien en ningun momento dejo de reconocer el talento de Martel, su leve comentario desperto miles de respuestas enfurecidas y posteos enteros en su contra, acusandolo de envidioso o mala leche. Es casi ridiculo que un texto que ni siquiera llega a ser destructuvo despierte tantas reacciones.

    Mas alla del cine de la salteña, me preocupa la capacidad que tenemos los argentinos para la inmediata canonizacion. ¿Que problema hay en criticar a Martel? Apenas tiene tres peliculas, de las cuales supongo que solo La Cienaga es fenomenal y el resto intentos por aproximarse a alguna clase de verdad personal que ella esta buscando. ¿Cual es la necesidad de la obra maestra? Lo que Q esta diciendo es que, si, la chica tiene talento, pero todavia tiene un largo camino por recorrer. Pienso en Antonioni, que antes de llegar a L´avventura filmo 5 o 6 peliculas.

    Cualquier autor necesita al menos 10 peliculas para consolidarse como tal o al menos confirmar que lo es. Martel esta buscando, ensayando formas, al igual que Alonso. No creo que Alonso quiera hacer 5 peliculas mas como La LIbertad. Supongo que va a querer cambiar. veremos que pasa entonces. Y no olvidemos que Alonso es conocido porque un dia fue un programador de Cannes a Capital y el de casualidad le dejo una copia. Es decir, las mismas instituciones (prensa, incaa) que hoy lo reconocen como un genio o algo asi antes lo ingnoraron olimpicamente.

    Me dan miedo estas frases: “un millon de moscas no pueden equivocarse”. hay que tener cuidado muchachos, desde el progresismo se puede ser tambien muy facho.

  156. cuneo dice:

    Quintín no es valiente. ¿Qué valentía está puesta en juego en un caprichoso análisis del que el autor finalmente no puede dar razones consistentes? Su defensa sólo ha consistido en repetir monótanamente en que un perro es un perro (una tautología) y que él no sabe qué es lo que a Martel le interesa (un asunto incontrastable e irrelevante para el análisis de una película).

    ¿Cuál sería el riesgo de decir algo contra Martel? ¿Qué podría perder Quintín al decirlo? Hay cientos de personas que detestan a Martel y dicen cosas parecidas a él en todas partes. Quintín es sólo uno de los más soberbios y tercos entre ellos, con la diferencia de que ellos no afirman que son los únicos que se dan cuenta. Lo que él pone en juego es un desmesurado narcisismo para auto-postularse como el único que ve lo que los demás no se animan a ver. Eso lo repite no sólo en su comentario de La mujer sin cabeza, sino en 2 de cada 3 de los artículos que escribe.

    Además en toda la discusión no está puesta en juego que Martel sea genial, que sea indiscutible, o que su película sea perfecta, sino que la crítica de Q no ha resistido no sólo los cuestionamientos de los 2campeones de la mala leche”, sino la de bien intencionados que trataros de extraer algún concepto cinematográfico de lo que él dice (como trataron infructuosamente Anastasi y Prividera). La clave de la discusión no fue que Martel sea infalible o genial (creo que nadie afirmó esto), sino la arbitrariedad de un reputado crítico que detrás de algunas frases altisonantes no tiene nada más para decir.

  157. capo! dice:

    A Q sí le gusta LMSC, también le gusta LM
    pero lo que más le gusta son los reply de tantos opas solemnes

  158. crio dice:

    que capo sos, tenias que venir vos, un opa gracioso para dar lastima!!!!

  159. zelaya dice:

    se me ocurre una comparación:
    pienso q de algún modo martel está transitando el camino inverso a reygadas.
    para empezar, similitudes de contexto: se trata de dos directores jovenes e indudablemente talentosos. ambos cuentan con tres películas en su haber, ambos son internacionalmente respetados.
    ahora sus rumbos:
    reygadas mostró en japón y batalla en el cielo innegables habilidades, una personalidad interesante, ganas de apostar por un cine propio. pero también una tendencia incontrolable a ponerse por encima de su material, a buscar el impacto fácil, llo que nos dejaba con un gsto entre amargo (por lo que “podría haber sido”) y desagradable (por lo peor que sus exabruptos mostraban). finalmente, con “luz silenciosa”, reygadas alcanza la maestría: se pone al servicio de su material y hace lo mejor (por lejos) de su breve carrera. no renuncia a su ambición (para nada), pero encauza mejor sus energías, les da real vida a sus personajes, los hace respirar genuinamente, los transforma en protagonistas de su película.
    martel en cambio, había logrado eso con su brillante primer película, “la ciénaga”, una confirmación de lo que asomaba en “rey muerto”. pero ya en “la niña santa” empezó a invertir los procedimientos y, sin perder sus habilidades, ni su personalidad, fue transformando a estas habilidades y estilo en los protagonistas de sus películas. en “la mujer sin cabeza”, es finalmente “el estilo martel” el que se devora la película y la vacía de verdad y misterio.

  160. boudu dice:

    bueno zelaya, al fin alguien como yo que opina que ‘La Mujer sin Cabeza’ es la peor de las 3. Ya estaba sintiendome mas loco que lo habitual

  161. Pablo S dice:

    Bueno boudu, yo estoy completamente de acuerdo con vos y con zelaya. Aunque ahora que lo pienso senti algo parecido cuado termine de ver La Niña Santa, esa sensacion de estilo devorandolo todo.

  162. Los Salieris de Lucrecia dice:

    El ultimo comment de Cuneo era un buen cierre para èste post, que habla mas de la mirada de un crìtico que de la pelìcula misma. A Martel le queda aun toda una carrera por delante para que juzguemos su grandeza o genio. Discutir su talento es tapar el sol con la mano.

  163. zelaya dice:

    uh la vieja obsesión argentina x el “talento”

  164. lalectoraprovisoria dice:

    Salieris. Me rindo. Soy un cobarde, un cínico, un narcisista, un ciego, un nulo, un burro. Lo ha decretado esta gente que escribe desde un mismo IP con nombres diferentes y ahora da por terminada la discusión. Tal vez sea gente distinta que comparte una misma computadora, pero desde esa dirección electrónica aparcen comments firmados por Los Salieris de Lucrecia, Hernán, Queen Team, Pete, Pete Beast y Cuervo. Muchachos, ¿Están en campaña?

    Q

  165. Roger Alan Koza dice:

    Q, más allá de los nicknames, los insultos contenidos, y otras explosiones neuróticas características de los blogs, los comentarios e intercambios sobre el film de Martel fueron notables. Abrazo. RK

  166. Addison dice:

    Zelaya, lo de Reygadas es demasiado trabajoso como para considerarlo alguien con una personalidad cinematográfica definida. “Luz silenciosa” es una versión sin vuelo y con fantasía masculina elemental incluída de “Ordet” de Dreyer, si esa es su obra maestra…

    Sin embargo Martel continúa un camino de exploración y elaboración de su lenguaje en el que a mí no me parece que vacíe nada de nada. Hay mucho para decir sobre “La mujer sin cabeza” ¿Realmente se pusieron a pensar la película mientras la veían o después o se quedaron cómodos con lo que dijeron dos críticos o en la posición Martel no me gusta?

  167. Walter dice:

    Sonaste Cuervo, si querias entrar en la SIDE no das el perfil.
    Consejito: Locutorio y te vas cambiando de PC.

  168. Xtian dice:

    Che, fascinantes los comentarios y la discusión. Quintín, entiendo tu enojo, pero para los que leemos todo esto es nutritivo.

    Yo comparto bastante la crítica de Quintín en lo que tiene que ver con el virtuosismo o ciertas “virtudes” de Martel mutando a leit-motiv. Cuando un recurso llama la atención sobre sí mismo está opacando lo que quiere contar.

    Pero al mismo tiempo hay algo que me pasa con Martel y es que sus películas me siguen “despertando” los sentidos. Es como ir a un spa que te venden con verbos como “tonificar” o “energizar” o esas pavadas. De todas sus películas salí a la calle vivificado, con ganas de observar de mirar, con ganas de aventura sensorial. Para mí, eso, más allá de mis objeciones, no es un valor menor.

  169. janfiloso dice:

    Bueno, se fue el humo y quedó cierta claridad.

  170. Ricky dice:

    Jugosísima polémica (más allá de cierta temperatura, encuentro argumentos valiosos en todas las posiciones: Cuneo, Anastasi, Q, Prividera) . Por cierto, muy interesante la idea de Prividera de utilizar el eje (sin pretender por ello una antinomia) Martel – Alonso para un futuro abordaje del NCA. Concuerdo con su planteo referido a la densidad histórica (y por extensión, política) de la obra en el caso de la salteña y su tratamiento esquivo (o su omisión lisa y llana, según la opinión de turno) en el caso del pampeano, aunque en mi caso comulgo con el cine de ambos.

    Dicho esto, anoche concurrí gustosamente a la Lugones y Alonso no me defraudó. Asentado en coordenadas temáticas similares a las de sus films anteriores, sigue haciendo magia (y no pirotecnia futil y falsamente estilizada) con la cámara. No le hacen falta más de 20 o 30 diálogos a una película con tomas tan potentes como la del puerto de Ushuaia de noche o la del protagonista alejándose en la nieve. Medio en chiste, medio en serio, Alonso prometió, en la presentación, visitar nuevos caminos en su obra por venir, supongo que se alejará un poco de algún tono lúgubre (muy marcado en esta película) y de tanto personaje introspectivo poblando su cinematografía. Así que parece que habrá mucha tela para cortar, por el “El Eternauta” y por la próxima película de este venerado cineasta.

  171. cuervo dice:

    Che, Quintín, a vos, a tus canas y alcahuetes les falla el sistema de vigilancia: yo no sé quiénes son Los Salieris de Lucrecia, Hernán, Queen Team, Pete, Pete Beast. Tampoco veo qué ganás mintiendo al respecto.

    Más allá de quién haya escritos esos mensajes, supongo que lo interesante habría sido el debate. Pero ya te podés quedar tranquilo, no sabés argumenta sobre cine, pero ya podés armar conspiraciones.
    A los otros adjetivos que asumís (un cobarde, un cínico, un narcisista, un ciego, un nulo, un burro) deberías sumar el de paranoico.

  172. cuervo dice:

    Ah, me olvidaba: cuneo era yo.

  173. Flaubert dice:

    “Madame Bovary soy yo”.

    En las compus en red se comparte IP? Varios mensajes pueden venir de toda una oficina, o a todo un barrio, si es un locutorio.

    Por no hablar de parejas que comparten una computadora, aunque se peleen viendo la misma película (es mi caso…) O no hay mensajes a favor y en contra desde el mismo IP? Seguro que si.

    Lo importante no deberían ser los nombres, sino los argumentos: lo mismo vale para las películas!!!

    Los nombres pueden cambiar (justamente para que no haya prejuicios sobre las ideas), pero las ideas deberían ser coherentes.

    Por ejemplo: a que o quien se refiere Ricky con “pirotecnia futil y falsamente estilizada”? Y “tomas tan potentes como la del puerto de Ushuaia de noche o la del protagonista alejándose en la nieve” no pueden definir también a un cine de qualité que piensa el cine en terminos de tarjeta postal?

  174. Pablo S dice:

    El hecho de que todo este tiempo Cuneo hayas sido vos anula toda discusion posible, Cuervo.

    Por otro lado, me parece un poco esquematica la idea de mirar todo el nuevo cine argentino desde la oposicion entre martel y alonso. creo que si el NCA se comenzo a llamar asi desde la irrupcion de pizza, birra, faso y no veo como relacionar el cine de los dos primeros con el de caetano, que a pesar de que aqui haya sido nombrado al pasar es quizás la figura que mas me interesa entre todos los nombres en danza. en todo caso, se puede realizar un agrupamiento pero no dejara de ser arbitrario.

    yo creo que la dicotomia se puede dar entre aquellos que creen en el cine y en su lenguaje como algo dado y sobre el que profundizar en ideas sociales o metfisicas y aquellos que cuestionan el lenguaje, el poder de la imagen sobre la realidad y la percepcion de la misma.

    esta claro que los festivales y los criticos especializados prefieren a estos ultimos, pero no siempre las grandes peliculas vienen desde ese lugar. en ese caso, creo que martel en la cienaga pudo establecer una tension entre las dos posibilidades que dio como resultado una pelicula excelente. luego se fue para el “dark side” si me permiten la cita a george lucas.

  175. Walter dice:

    Cuando Q vaya al cine, cuervo se le va sentar adelante fumando habano y a carcajada limpia.

  176. Ricky, la verdad que concordamos en muchas cosas, piola vago lo tuyo.

  177. Animo Anónimo dice:

    Que vos no veas “como relacionar el cine de los dos primeros con el de caetano” solo habla de tu propio esquematismo. Caetano (como Trapero) solo representa el nuevo realismo, cuyo unico valor es ser mas verosimil que el viejo realismo… Y ese es el problema del NCA. Martel y Trapero representan dos soluciones diversas a ese problema.

    Pero esta claro, mas alla de la firma (que no es lo importante) que sos el mismo que afirmó: “Cualquier autor necesita al menos 10 peliculas para consolidarse”. Ni Welles ni Eisenstein ni Tarkovsky se consolidaron, entonces…

  178. Animo Anónimo dice:

    “Martel y Alonso representan dos soluciones diversas a ese problema.” Eso quise decir. De todos modos, cada uno puede formular el problema (y la solucion) de muchas maneras.

  179. Pablo S dice:

    bueno animo anonimo, es cierto que no necesitan necesariamente 10 peliculas para demostrar que son autores, quise decir que necesitan mas tiempo. por otro lado, los cineastas que nombraste no solo son de otra epoca del arte, son de otra epoca del mundo, por lo cual no creo que tenga mucho sentido la comparacion.

    por otro lado decir que un oso rojo o pizza birra faso son sencillamente realistas es muy injusto. las peliculas de caetano usan el cine “clasico” para establecer una propuesta social y politica sobre el pais, sabiendo ademas que con esa propuesta llegaran a un mayor publico y por ende tendran verdadera repercusion en el pais al que quieren cambiar o mejorar. o los que dicen que las peliculas de martel o alonso son politicas no notan que nadie ve estas peliculas? y que estos directores saben de antemano que eso va a ocurrir? eso es politica? mas bien diria que se trata de una especie de autismo, y cito a prividera

    “Y si el cine se vuelve sobre sí mismo, si ya no habla del mundo sino de su propio mecanismo extraviado (y se vuelve autista, como buena parte del arte contemporáneo), el sueño se convierte en pesadilla, en “un cuento lleno de sonido y furia que nada significa”

    no hay cine politico que dure una semana en cartelera. el caso de rosetta en belgica, que impulso una ley con su nombre, es quizas un buen ejemplo de como conciliar ambas ideas. kaurismaki tambien, o fassbinder. lo que quiero decir es que si nadie entiende (porque al parecer en este posteo ni nosotros que somos especialistas la entendimos) la mujer sin cabeza, esta puede ser una mala o una buena pelicula, pero nunca politica. no hay ambiguedades en la politica.

    creo que me fui de tema, pero queria hablar de eso porque leia lo escrito en el amante y en otros blogs y no concordaba para nada.

  180. Alberto Déboli dice:

    Las películas de Martel son más calculadas que el límite del seno de equis sobre equis con equis tendiendo a cero.

  181. Nicolás dice:

    Cuando usé el adejtivo de cine “autista” no era en relación a Martel ni a Alonso. El de ellos es un cine que piensa el mundo, aunque no aspire a transformarlo.

    Pero la trascendencia del cine político ya no puede medirse por sus efectos directos (como en el caso de “Rosetta”, que es excepcional) sino por su capacidad de poner en tela de juicio una mirada establecida.

    No se trata de entender o no entender un “mensaje”, sino de usar el pensamiento crítico: pensar con el cine. Si el espectador huye hacia el pochoclo ideológico, esta(mos) perdido(s). Y estamos perdidos hace tiempo… Facilismo es fascismo.

    Llegar a mayor público no significa que una película sea mas importante: para el verano ya nadie recordará “Un novio para mi mujer”, pero de “La mujer sin cabeza” hablaremos por años… o décadas. Las influencias mas profundas son también las mas subterraneas.

    Decir que “no hay ambiguedades en politica” es convertir a la politica en guerra: donde (aun) hay política es porque hay ambiguedad.

    “La mujer sin cabeza” es mas politica que “Crónica de una fuga” (por poner un ejemplo): La política está en la forma, mas que en el contenido. Eso es lo que define al “verdadero” cine político, o la verdadera política del cine.

  182. boudu dice:

    adhiero, no es cine político de acuerdo a mi definición: que implique una alusión directa a algún asunto legal o político. No hay eso en LMsC, y en ninguna otra peli de Martel.

  183. Anónimo dice:

    Genial. Asi que es cine politico el que hace “alusión directa a algún asunto legal o político”. Lo de “legal” es una pavada, y lo de “politico” una tautologia. Con ese criterio contenidista solo es polìtico el cine de Costa Gavras, lo que ademas de reduccionista es falso: hasta las peliculas de Disney son politicas, muchachos, eso lo sabe todo el mundo…

  184. clarinete dice:

    http://www.clarin.com/diario/2008/09/20/sociedad/s-01763887.htm

    Atropellan y dejan morir a una mujer y a su hijo de diez años:

    Los cuerpos fueron encontrados ayer a la mañana llenos de marcas. Según la Policía, un conductor los arrolló el jueves a la noche y no se detuvo para ayudarlos. Ella había salido de su trabajo en un Jardín de Infantes y volvía a casa con su hijo.

  185. zelaya dice:

    Che que fino que está Cuervo/Cúneo y que gran argumentador sobre cine es eh…
    Si pasan a ver su blog no lo van a poder creer, el chabón abre puertas nuevas en cada frase, ilumina las películas de un modo revelador, despliega argumentos y detalles interesantes que uno no había percibido….Es medio un genio, me parece

  186. Alberto Déboli dice:

    Nadie menciona la poca sensibilidad en el glande, ése es un factor importante también.

  187. Alberto Déboli dice:

    Perdón, me confundí de post.

  188. Ricky dice:

    Flaubert : Ejemplos de “pirotecnia futil y falsamente estilizada” sobran hoy en día, podría mencionar al último Wong-Kar Wai (otrora cineasta de obras magnánimas como “Happy Together”) . Me refiero al regodeo óptico, a la repertida exhibición de agraciados recursos técnicos ausentes de toda articulación con un sentido que otorge densidad (que no tiene por qué ser un “mensaje” o moraleja, sino una oportunidad para un goce sensorial que no abjure de la reflexión). Peso específico que sí percibo en las mencionadas tomas de Alonso en el puerto. En síntesis, que el “para que” acompañe al “qué” y al “cómo” a la hora de pensar una película.

  189. Allende Los Andes dice:

    Q es un crítico muy talentoso.

  190. JACKDAN dice:

    PARA MI EL CINE DEBE ENTRETENER PUEDE SER DRAMA COMEDIA LO QUE SEA PERO TIENE QUE CAPTAR TU ATENCION DURANTE LA PELICULA.

    ESTA PELICULA ME PARECIO ABURRIDA Y LENTA SOBRE TODO LENTA Y ESO EN EL CINE A MI ME EMBOLA, PARA VER SOLO PLANOS VOY A UNA MUESTRA DE FOTOGRAFIA Y LA PASO MIL VECES MEJOR.

  191. [...] publicada en la populosa Ñ (y luego subida a su blog, donde se generó una interesante discusión: http://www.lalectoraprovisoria.com.ar/?p=2735), Quintín cita una frase tomada de mi nota sobre Lucrecia Martel (”cuando vi la desazón de [...]

  192. Laura dice:

    Quisiera que me informen, si conocen, alguna dirección de correo electrónico de Lucrecia Martel en la que se le pueda hacer llegar comentarios sobre sus películas. Otros directores tienen su sitio web pero no es el caso de ella. Gracias.-

  193. boudu dice:

    anonimo, recién te leo. Tenes razón, lo de legal es una pavada. Pero no se puede generalizar con lo de ‘todo cine es político’. Lo de asunto político no es una tautología, mas que nada porque va seguido de ‘alusion directa’. Disney y Martel son mas indirectos en su relación a la política. No solo Costa Gavras entra en esa definición, tambien Oliver Stone o grandes películas como ‘Salvatore Giulano’, ‘Buongiorno, notte’, ‘Tucker, un hombre y su sueño’.

  194. Diego dice:

    Bien Prividera al lograr sostener un debate con Quintin. Ese es su mayor merito. Y bien Quintin por sostener el debate de Privedera. Esa es su virtud.

    El cine de Martel carece de sudor, sangre y lagrimas y eso lo aleja de la grandeza. Y acerca a Martel a una garrochista rusa (estalinista seguro) que necesita medir con precisión alemana su talento.

    El arte de los grandes no se mide, no se puede cuantificar. El gol con la mano de Maradona desde la óptica de un juez olímpico no es gol pero desde la pasión de millones es uno de los goles mas lindos de la historia.

    El que no salta es un…

  195. Diego dice:

    Ojo, Prividera dice cosas muy buenas y lo respeto.. pero… ¿habría gritado el gol con la mano a los ingleses ?

    Saludos.

  196. Santi dice:

    Toda “La mujer sin cabeza” se sostiene en el plano del perro muerto al costado de la ruta. Coincido plemanente con Q. en cuanto a la falsedad de esa imagen. A mi me dió la sensación de que Martel lo dejó porque tuvo miedo de que la película no se entendiera -o se entendiera de otra manera-. Esta vez confió menos en sus imágenes que en su sistema.
    Y no es el único momento en el que sentí eso: cuando Vero está en el cuarto de la Tia Lala y vemos aparecer por debajo la espectral imagen de un chico, inmediatemente Lucrecia se ocupa de aclarar que ese nene pertenece naturalmente a ese ambiente. Una pena, porque como escena es extraordinaria.
    Abrazos.

  197. jajjajajajajjajajajajajjajajajajajajajajajjajaajjajaaajajajaajajjaajjajajajajaja
    jajajajajajajjajzjjzjzjajjajajajajjajajajajajajjajajajajajajjajajajajajajajajajaja
    jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajjajajajajajajajaja
    todos son bobos idiotas perros y tenbien perras

  198. palaa que sea alas que no les gusto
    mi msm:dianit097@hotmail.com
    mi hi5:dianit097@hotmail.com

  199. Rolando – Fan de Videos Cristianos…

    Precisamente lo que estaba buscando, necesitamos mas blogs que traten este tema, sobre todo de Cosas que deberías saber sobre linux (y nadie te ha contado) | emigrando…

Leave a Reply