Una honesta y una inflada
por Quintín
Ayer salía de ver Parador Retiro de Jorge Colás y me encontré con su productor, el inefable Marcelo Céspedes, que me dio algunas precisiones sobre la película. En particular, que el director había pasado tres años en el lugar donde se filmó el documental —un centro de alojamiento nocturno para los que carecen de techo, administrado por la municipalidad porteña— y que Colás era un gran admirador de los grandes documentalistas del funcionamiento social: Raymond Depardon y Frederick Wiseman. Como suele ocurrir con los productores, Céspedes trató de convencerme no solo de las bondades de las dos películas que su empresa tiene en el festival —Parador Retiro y Regreso a Fortín Olmos— sino también de la debilidad de sus competidoras.
Así estuvimos departiendo un rato amablemente y mientras él trataba de ponderar la película de Colás, yo le buscaba defectos. La charla se hizo interesante. Le concedí no solo que la película es rigurosa y está bien filmada, con planos sobrios y elegantes, sino que destila honestidad y criterio para tratar un tema complicado, como siempre es el funcionamiento institucional. Pero también le dije que, a mi juicio, la película se queda un poco corta en ese sentido. Porque Parador Retiro asume que las cosas no andan demasiado bien allí, aunque no termina de probarlo, más allá de la sordidez general del sitio y de la presencia de un médico completamente psicótico al que los clientes del albergue llaman Doctor Mengele. Pero lo más interesante de la charla fue quizás un tema que surgió cuando terminaba. Colás usa el método de Wiseman para observar las instituciones: deja que la cámara mire y supone que una filmación cuidadosa y lo suficientemente larga por un lado, y un montaje inteligente por el otro, van a hacer surgir las claves de su funcionamiento. Pero ¿qué pasa si la magia no funciona? Si, como en este caso, la institución no alcanza a revelarse del todo y no excede las anécdotas que suelen confirmar apenas lo que uno supone previamente. Así es cómo se llega al final de la película, donde aparece un plano clave, el único que está filmado fuera del parador y que resignifica de algún modo el film como si este necesitara de una conclusión. Se trata de una ambulancia que, tras llegar a la emergencia con enorme demora, se aleja del parador llevando a un huésped que sufrió un ataque.
Ese plano fue objeto de una interpretación explícita por parte de José Martínez Suárez que, al presentar la película, incluyó un alegato en favor de la necesidad de atender a la infancia y a la vejez. El presidente del festival concluyó con gran pesimismo diciendo algo así: “para mí, a los que van al parador Retiro los sacan solo con los pies para delante”. Céspedes se quejaba después de que MS había anticipado el final de la película. Como se sabe, los productores son gente insensible.
No deja de ser interesante la comparación entre Parador Retiro y Los pernoctantes. Ambas tratan el tema de los sin techo, aunque los personajes de la segunda están siempre a la intemperie y los de la primera eventualmente cubiertos por el Estado. De hecho, Los pernoctantes podría ser el título de Parador Retiro. Colás utiliza un método paciente y humanista, el de abrigar simbólicamente a los clientes del parador mediante otra institución que es la del cine, mientras que Khourian y los suyos tratan a sus personajes desde la observación cruda y, simbólicamente también, los dejan a la intemperie. Así, la cálida empatía social de un film contrasta con la fría sed de verdad del otro.
Gallero es el segundo largo de Sergio Mazza (no confundir con Sergio Massa, el jefe de gabinete). El primero, El amarillo, descubría a un conjunto de músicos populares entrerrianos y los rodeaba de una trama más bien irrelevante. Pero no importaba demasiado: en una película rodada con recursos muy modestos, Mazza captaba bien el color local y con eso le alcanzaba para hacer una película digna. En Gallero, el descubrimiento folclórico son las riñas de gallos en Catamarca pero, lamentablemente, Mazza dispuso aquí de más dinero, lo que terminó resultando una verdadera maldición. El director parece haberse visto obligado a “hacer cine de verdad”, a “vestir” su película. Así es cómo la terminó inflando con elementos tópicos del cine hasta hacerla indigerible. Gallero parte de una historia que tiene algo de Favio y un poco de Reygadas, con un peón rural aficionado a los gallos que se encuentra con una mujer que lo dobla en edad. El lacónico romance entre un tímido y una devota se estira durante una hora y media, lo que no sería grave, si Mazza no intentara darle profundidad psicológica al asunto, con planos oníricos, flashforwards, alegorías, referencias a la superstición y el misticismo y otras inserciones que rompen cualquier tensión narrativa y se acercan al pastiche. Pero ese no es el único problema: la Secretaría de Turismo de Catamarca debe haber influido para que los paisajes de distintas zonas de la provincia se filmaran con relamida pomposidad. La música, por su parte, es atronadoramente expresiva y hasta la dirección y los vestuaristas sobreactúan, ya que los actores lucen una ropa impecable y se la cambian a cada rato. Gallero, una película derivativa y lustrosa, representa un tipo de cine que se hacía en la Argentina hace veinte años, antes de que la nueva generación —de la que Mazza parece haber renegado tras un debut interesante— introdujera ciertos principios de sobriedad y economía de recursos ligados en principio a una necesidad fáctica, pero también a una concepción estética contraria a la pompa y el amaneramiento visual y sonoro, desconfiada del efecto, del adorno y del exotismo. Gallero y su producción excesiva vuelven a enfrentarnos con esos monstruos del pasado.
Fotos: Flavia de la Fuente


Me gusta Parador Retiro incluso con los defectos que marcás, Q. Es cierto que la institución no termina de revelarse, pero al mismo tiempo que nos impone una observación sobre lo que permanece -de no mediar el cine- invisible. O visible con los miserables ojos de la televisión comercial, que es casi lo mismo.
Saludos.
Monte Hellman tiene una pelicula con riñas de gallos que es increible: “Cockfighter”
Flavia, Quintín parece narcotizado ¿Dónde está ese hombre duro y aguerrido que destruye un film tras otro? Me parece que Solita ha logrado convertirlo en un hombre tierno y contemporizador. Me parece que me voy al Blog de Luis Pedro Tony que hace críticas mas agresivas. Necesito indefectiblemente cubrir mi cuota tanática diaria y en este blog no lo logro.
¿Donde carajo está Mauro?, mierda!
Hola,
toy en Mardel tambien, veo bastante gente en las salas, yo voy por la noche nomas a ver pelis, el resto del tiempo paseo. Les recomiendo un restorán, “Maria Bonita”, excelente. Saluti.
Мы приветствуем многочисленных гостей, участников, представителей прессы и зрителей на нашем ежегодном кинофоруме Mauro???!!!
[...] documental está en Mar del Plata This entry was posted on Thursday, November 13th, 2008 and is filed under Documental, Portfolio. [...]
Alguien me podría traducir lo que quiso decir Aleksandr Sokúrov. Guarrerías no valen, eh. Indifrunden di sheguen, Mauro?
No se lo que quiso decir Sokurov. Lo que si se es lo que le escuche decir ayer a Albert Serra en un programa de Canal 7 con Polimeni (juro que puse canal 7 para ver porque los que comentan en La Lectora lo elogian tanto) y me encontre con la sorpresa de que Polimeni me caia bien. Lo que pasa es que el Serra ese es el tipo mas insoportable, pedante e ignorante que escuche en mucho tiempo. Q, vos que sabes todo Quien corno es???
Yo no sé cómo es Serra, pero sí sé que su película Honor de Caballería es arte mayor, y que no tiene nada de pedante, ni de ignorante ni de insoportable; todo lo contrario. Te la recomiendo. De ahí a suponer que la persona es peor que la obra, te lo concedo. Es muy probable. No sería la primera ni la última vez que sucede.
Por eso lo pregunte. No habia oido hablar nunca de el. Voy a ponerme en autos a ver que es lo que hace Gracias Mishi
El cine argentino es una imposibilidad; como el asado estadounidense o el mate noruego.
Jalife: el asado estadounidense es un clasico en las mesas norteamericanas del domingo. El mate en Noruega no lo creo
Comparto la mirada, pero en la escena final creo que está la clave de la tenue denuncia al funcionamiento institucional del Parador. Cuando la cámara sale del refugio y sigue a la ambulancia, deja ver con toda crudeza a quienes están durmiendo literalmente en la calle y se ve la enorme distancia que los separa frente de quienes reciben la mínima respuesta estatal que brinda el Parador. Esa escena final, al menos a mi (que durante la película venia masticando bronca por la falta de una denuncia más demoledora), me hizo ser más indulgente con el servicio que brinda el Parador, aun con todas sus miserias, carencias y los h de p que deberían tratar mucho mejor a esa gente.
Quintín, lamento que no hayas entendido Gallero. Respecto de la ropa, Mazza deja claro como son ambos de detallistas con la ropa (observá la toma en la que el chabón plancha una camisa con una flor en el medio). No importa, sigues creyendo que vos sos más importante que las películas.
Mishíguene, Google puede:
http://translate.google.com.ar/translate_t#
No funcionó el enlace, decía:
Acogemos con satisfacción los numerosos visitantes, participantes, representantes de los medios y los espectadores anuales en nuestro Foro de Cine de Mauro ???!!!
Sakame Lamano.
“Sigues creyendo que vos sos más importante que las películas.”
¿Y en qué parte de la crítica se nota eso?
“Mazza deja claro como son ambos de detallistas con la ropa”
Es posible, es posible. Pero la ropa impecable de los protagonistas está a tono con la manera de mostrar los paisajes y hasta con la proijidad del lugar de la riña, donde todo el mundo está también cuidadosamente vestido. Estamos otra vez frente al viejo cine latinoamericano lustroso. Tener la ropa limpia, por otra parte, no equivale a cambiársela veinte veces.
Pero de todos modos hay algo muy interesante en tu comentario. La parte interesante es “Mazza deja claro” como si el cine consistiera en mensajes que deja el director y que el espectador debe decodificar. Es lo que en otra discusión llamé “cine literario”, eso de “contar en imágenes” haciendo un plano para cada concepto que se quiere transmitir. Es la novela psicológica pasada por una cámara. Cine qualité, como se decia antes, basado en la pequeñas crueldades con los personajes como para demostrar que el cine puede sustituir el diagnóstico del psiquiatra. Y hasta puede curar y volver a la gente políticamente correcta.
Q
Q., si llamas “cine literario” a -te cito-: ““contar en imágenes” haciendo un plano para cada concepto que se quiere transmitir”, los ejemplos son demasiados y demasiado diersos entre si como para que el concepto sea funcional o práctico. Hasta la “Autohistoria” de Raya Martin podría entrar en la voletada…
Tambien hay un cine de qualite basado en la pura observación (no psicologica, ni ideologica, ni nada…)
Marcelo Céspedes es una especie de parásito del cine. Alguien que ha fundado su prestigio “de izquierdas” y vive a costillas de los giles, y del INCAA. Ojo con CineOjo es mi lema. Ojalá alguna vez alguien se anime a contar su verdadera historia.