Sobre Ema, la cautiva (primera parte)
por Quintín
Hay una edición de Mondadori de Ema, la cautiva de 1997, pero yo tengo la de 1981, de la Editorial de Belgrano. En la tapa hay una gran foto de Aira. En la primera página viene pegada una etiqueta de la librería Atlántida, Florida 643, y dice el precio en lápiz: $ 70. No sé qué pesos serán ni cuándo compré el libro, pero este se deterioró bastante desde entonces: el papel de mala calidad está amarillento y manchado, incluso huele mal.
Ema es el primer libro que Aira llegó a publicar y el fin de su redacción está fechado por el autor el 21 de octubre de 1978, ocho años después de Las ovejas y seis del Moreira. Me gustaría saber cuál fue la reacción de la crítica en ese entonces, si es que hubo alguna. Hoy, cuando las claves para leer a Aira se enseñan en la facultad y circulan por los blogs, la lectura implica un choque. No me imagino cómo fue recibido en 1981, cuando no había nada que preparara al lector para una experiencia semejante: es un libro raro, al que no sé si habría tenido la menor idea de cómo entrarle cuando se publicó. Y sin embargo, al mismo tiempo, es un libro muy amable con el lector. Ema comienza así:
Una caravana viajaba lentamente al amanecer, los soldados que abrían la marcha se bamboleaban en las monturas medio dormidos, con la boca llena de saliva rancia. Cada día los hacían levantar unos minutos más temprano, según avanzaba la estación, de modo que dormían durante muchas leguas, hasta que salía el sol. Los caballos iban hechizados, o aterrorizados, por el ruido lúgubre que producían los cascos al tocar la llanura, no menos que por el contraste de la tierra tenebrosa con la hondura diáfana del aire. Les parecía que el cielo se iluminaba demasiado rápido, sin darle tiempo a disolverse a la noche.
Ese párrafo inaugural marca el tono y el estilo de la novela. La descripción se detiene en los detalles sensoriales y pinta con esmero el paisaje de una naturaleza que trafica con lo absurdo y lo fantástico. Los caballos parecen pensar, así como más adelante habrá perros que comparten la morfología con las focas y especies que solo viven en Nueva Guinea pero aparecen en la Pampa. El destino de la caravana militar es el fortín de Pringles, pero la travesía tiene una parada intermedia en el de Azul. Un puñado de oficiales y soldados al mando de un teniente Lavalle transporta prisioneros de origen incierto y de condena incomprensible. Una interpretación bastante siniestra del carácter de esos prisioneros, maltratados a lo largo del viaje, tiene que ver, por supuesto, con los sucesos de la época: La caravana de Lavalle es, después de todo, una historia de militares que trasladan sus víctimas a lugares remotos donde no se sabe qué ocurrirá con ellos. Pero es una hipótesis que la novela roza de costado.
Con la partida viaja también Duval, un ingeniero francés que no habla castellano y desconoce cuál es la misión que se le asignará al llegar. El planteo promete una excursión a los indios ranqueles, pero las extrañas tribus que acechan en la zona ya no son salvajes, como le asegura Lavalle a Duval.
La jornada es sórdida: con la comida escasa, los soldados malhumorados, los oficiales borrachos y los presos reducidos a la animalidad, está plagada de escenas de brutalidad y de violencia en medio de la mugre. Pero al llegar a Azul, el coronel Leal, jefe de la guarnición, invita a su sobrino Lavalle y a Duval a una cena que es puro refinamiento, en la que se bebe coñac importado y se habla un perfecto francés. Más que una escena de la Pampa, parece un momento de una película de John Ford en el que solo falta un baile de gala, pero me parece que a Aira nunca se le dio bien la música. En realidad, la escena tiene una atmósfera de western más que de relato gauchesco. Es curioso el cruce: los americanos dieron películas y no libros sobre sus territorios de frontera y con los argentinos ocurrió lo contrario. No hubo un Ford aquí ni un Hernández allá. Pero Ema no parece seguir la tradición gauchesca (aquí no hay gauchos, como en la saga de la caballería de Ford no hay cowboys) sino inventar una propia para tratar la vida en la inmensidad del desierto, que no es tal: “hay un bosque paradisíaco, el Pillahuinco…”, entre otras maravillas pringlenses:
Là, tout n’est q’ordre, beauté, luxe, calme et volupté.
Pero también andan por ahí los extraños indios y el coronel Espina (que a veces, acaso por errores tipográficos, se llama Epina), el misterioso comandante del fuerte de Pringles, que vive haciendo extraños tratos con los salvajes (que no son salvajes):
Sobre su persona circulaban los rumores más alarmantes, que habían llegado a preocupar seriamente a Duval, pues una vez en la frontera estaría bajo sus órdenes directas y exclusivas; lo pintaban como un ser semisalvaje, con sangre india en las venas, apasionado por el terror y tiránico en grado máximo. (…) Sin él Pringles dejaría de existir en un instante. En aquel ambiente trastornado sus defectos han resultado virtudes: su desenfreno y salvajismo lo preservan de la muerte violenta que seguramente merece.
Uno diría que Espina tiene algo del coronel Kurtz, el de El corazón de las tinieblas. Uno diría incluso, que tiene más que ver con el Kurtz de Apocalypse Now, aunque la película de Coppola se presentó por primera vez en Cannes en mayo de 1979, mientras que Aira fecha la novela seis meses antes. En estos días, estoy leyendo a un ritmo muy lento, como el de la tropa del teniente Lavalle, la monumental biografía sobre Osvaldo Lamborghini de Ricardo Strafacce. Allí, Strafacce pone en duda a cada momento las fechas en las que Lamborghini afirma haber escrito cada uno de sus libros. Yo juraría que Aira vio Apocalypse Now antes de escribir algunos pasajes de Ema, la cautiva. Pero no podría (ni me interesa) probar una cosa semejante.
EL texto de la contratapa de esa primera edición consiste en una carta del autor al lector. Empieza así:
“Ameno lector:
Hay que ser pringlense, y pertenecer al Comité del Significante, para saber que una contratapa es una “tapa en contra”. Sin ir más lejos, yo lo sé.
Es un texto que ha dado sus vueltas y, de algún modo, me parece que ha contribuido al mito aireano. En cuanto a esas palabras iniciales, dejan una incógnita y una certidumbre. La primera es que no parece haber razón para que el lector (y no lo leído) sea ameno, aunque la primera definición de la RAE dice: “grato, deleitable por su frondosidad y hermosura”, lo que acaso aluda al bosque del Pillahuinco. Es una broma, probablemente, que se complementa con lo de la tapa en contra y el significante, que aluden a los lacanismos que eran de rigor en esa época, aunque con un matiz de sorna. Es interesante contrastar esa célebre frase con un fragmento de la página 40:
“Todo es pensamiento”, se decía Duval.
“El lenguaje no existe.”
Se dejaba penetrar por esa serenidad inhumana y luego la expulsaba con una idea: “Todo es posible”.
“Si el lenguaje no existe, todo es posible”.
“Todo me está permitido”.
Y en la página siguiente, este otro:
Duval respiraba, profundamente, respiraba como nunca antes lo había hecho, con una especie de creencia incierta en la realidad de la vida. (…) seguía rezando números nubosos con el ritmo del pecho y de la cabeza. En realidad había perdido la cuenta desde el principio, aunque no por eso dejaba de sentir que se trataba precisamente de un cálculo. Esa era su novela.
Pringlense y miembro del comité del significante, Aira es capaz sin embargo de jugar con la idea de una literatura sin lenguaje, una literatura que es puro pensamiento, una novela hecha del ritmo de la respiración, que en esa primera parte es el de la marcha lenta de Duval a través de la llanura rumbo a una tarea incierta a las órdenes de Espina:
Pero abrigaba la esperanza de que fuese una tarea total, que incluyera la vida entera. En su presente estado de ánimo nada menos exaltado podía exaltarlo.
Así, en la página 59, concluye la primera parte del libro. Duval, hasta allí el protagonista, desaparecerá completamente y nunca sabremos de él. Pero luego de una página en blanco, empieza otra historia: la de Ema, la doble cautiva. ¿Esbozan esas sesenta páginas un proyecto literario que se desprende burlonamente de las creencias ilustradas de la época y funda una literatura sin lenguaje en algún sentido posible de ese extraño silogismo, tal vez una novela hecha de pura respiración? Acaso la respuesta se encuentre en la segunda parte del libro.
(Continuará…)
Foto: Flavia de la Fuente

Estimado Quintín:
Estoy lejos de casa, lejos de computadoras, lejos de todo y hasta lejos de mí, como cantaba el invertebrado pero muy querido amigo Páez. Ni pude leer la reseña de Ema si no con método JFK (en diagonal, buscar wikipedia). De todas formas quiero dar el presente. A la curiosidad sobre cuál fue la reacción de la crítica en 1981, puede contestarse: ninguna. Quedaron paralizados. Se aplica en este caso la reacción que decía Alan Pauls despertaba Borges en sus primeros lectores: “¿Qué pasó?”. La misma que tenemos después de un terremoto, un desmayo, una catalepsia.
A mi juicio, el sistema Aira no empieza con Ema sino con “Las ovejas” por un lado (su frente interno) y “Moreira” por otro (su frente externo), y aun lo hace explícito dentro de esta última novela en una reflexión: “Lo suyo era la literatura teórica” (o algo parecido, cito de memoria). Este frente externo que arranca en Moreira y sigue hasta hoy constituye una inversión perfecta del sistema borgeano. Presten atención a los dichos de Aira sobre Borges en los reportajes, fundamentales para armar el puzzle. Por ejemplo, en uno citado acá meses atrás Aira decía haberse impresionado mucho con una observación de Borges puesta entre paréntesis (”estas cosas sólo pasan en la realidad”) y haberla reconocido como muy cierta, porque en las novelas se protege el verosímil. Bien. Ahora vayamos a ver qué hizo Aira con esa verdad en sus novelas: la invirtió radicalmente. Como si hubiese pensado: “¿Así que estas cosas sólo pasan en la realidad, viejo choto? Mirá como meto en mis novelas indios eruditos y gallinas mutantes”.
Por último destaco el cruce que hace Aira entre los argumentos de Roca para justificar la aniquilación de los indios, el papel que les hace jugar a los indios en sus novelas “gauchescas” y específicamente en “Ema” el hecho de que la cadena de fortines termine justamente en Pringles.
Es todo de momento. Como dijo el paisano: no será mucho, pero tampoco poco. Saludos.
Ojalá que Yupi sea realmente Aira. Porque hacerse autobombo con seudónimo es una picardía menor, una coquetería simpática. En cambio ser hasta ese punto chupamedias de otro sería francamente repugnante.
Yupi. La leyenda continúa. Hasta los enfervorizados y anónimos detractores de Aira parecen formar parte del juego.
Q
Yupi,
Gracias a tu apología de Aira entendí porque la literatura de Aira no funciona. Entiende a la literatura como puro engranaje conceptual y se olvida de la parte sensitiva de la cosa. ¿O se cree que dar vuelta la cuestión tal como la expuso Borges era fácticamente tan difícil? No, darla vuelta es fácil, el tema es que no funciona.
Bah, lo más complicado para que ese tipo de literatura sea aceptada es preparar el contexto en el cual vayan a caer dichos textos. Eso es extra literario, es rosca, guerra de posiciones hasta sentir que se han conquistado los enclaves necesarios. Y después hacerse el boludo esperando que la Historia te ame. Esto por supuesto lo excede a Aira pero está claro
¿Pero qué termina pasando con esta literatura? Uno de los mayores problemas que tiene es que le termina asomando cierta moralina (cierta posición respecto a la historia) por debajo de la textura fría y repleta de reminiscencias librescas que evita todo el tiempo la conformación del verosímil. Así actúan esas a la línea fronteriza y a la literatura de Roca: Sensibilizar ahí, en un segundo paso, en la complicidad ideológica: “Roca es malo – Nosotros nos entendemos”. O sea, no funciona como arte. No funciona porque en lugar de desplazar lo ideológico, desplaza el lenguaje para terminar cayendo en lugares comunes de un tipo de clase media progresista del barrio de Flores que estudió Letras. O sea, no dice nada nuevo. Es puro firulete en el que la herudición sirve para saber separar la paja del trigo dentro de la prosa de las novelas y así encontrar el código de hermandad encriptado. El delirio de Aira encripta lugares comunes, no devela nada. Es el estancamiento de la clase media que no va para atrás ni para adelante en ningún sentido, solamente boludea nostalgiosa con los restos de identidad que le quedan porque ver el Aleph no le significa nada y es conciente de que es así; asume que va a seguir pensando lo mismo que antes.
Estoy entendiendo porqué Aira no me gusta.
hay reseña de ema
de maría teresa gramuglio
muy buena dijo aira
en punto de vista de esa época
vaya erudición.
Hola, estoy buscando MOREIRA de Aira, si alguien lo tiene y está interesado en venderlo, soy un firme comprador.
Muchas gracias y mis disculpas por usar este foro para este fin.
Diego. Lo que creés estar entendiendo no es más que la manera de adaptar este estúpido carnaval de discusos contra la clase media que atraviesa a los intelectuales del período kirchnerista a la literatura de AIra (podrías hablar sobre la instalación de cloacas en el Valle de Punilla y los argumentos sonarían parecidos).
En un nivel menor de banalidad, creo que seguir discutiendo la obra Aira en términos de “operaciones” no solo fatiga sino revela una especie de parálisis frente a la literatura en general y la de Aira en particular. En vez de estudiantes de letras parecen todos discípulos de Sun Tzu.
Hipòlita. ¿Vos o alguien podría conseguir esa reseña para pegarle una mirada?
Q
Estimado Q: Que a un lector los textos de Aira le parezcan un bodrio insoportable, y la lectura de sus libros una imperdonable perdida de tiempo, no indica que tal sujeto sea un “detractor”. No se lo lee y listo. Idolatrar a un autor y tratar de empecinadamente subirlo a un altar es una actitud casi digna de un culto eclesiastico. Aunque parezca increible, hay vida y mucha buena literatura mas alla de Aira merecedora de nuestros limitados minutos en esta vida. Suerte con la predica, ojala que Aira deje de ser un escritor local con que cuenta con buena prensa y pocos lectores. El esfuerzo de la muchachada airana es conmovedor.
Godspeed
Petronilo. Su comentario, además de imbécil, es irrespetuoso. Usted tiene todo el derecho a detestar, despreciar o condenar la obra de Aira y yo tengo el de comentarla sin que venga un tarado a acusarme de intentar establecer una religión. Su tono predonavidas, además, suma el agravio a la ofensa.
Estimado Quintín:
¿Me permite participar en la polémica? Esto es Argentina, un país no es muy afecto al trabajo duro. Es lógico que nuestro escritor nacional sea hoy César Aira. El señor de Pringles ha encontrado una fórmula vagamente original: destruir el verosímil literario. Cualquier disparate puede surgir en la trama. Y desde entonces se dedica a explotar el cliché hasta el hartazgo. Es el maestro de la novelita infinitesimal. Según leí, él se explica de esta manera: “Hay que esquivar la academia, a cualquier academia, incluso la que está formándose en nosotros mismos cuando escribimos”. Creo que usted Quintín mencionaba que Aira se ufana de no corregir nunca lo que escribe.
Tengo para mí que es muchos más difícil en literatura respetar el verosímil que dedicarse a hilvanar desatinos. Es muy complicado eludir la sensiblería, el lugar común, el esquematismo y seguir sonando creíble. Sólo los genios lo logran. No digo que Aira no sea genial, sino que me resulta patético que un gran talento se dedique a hacer mala literatura. ¿No le parece un personaje borgeano?
De todos modos, le confieso que los que me sacan de quicio son los emuladores de Aira. Estos pibes que vieron un resquicio en la espesura para publicar rápido y sin demasiado trabajo. Si mal no recuerdo, fue Oscar Wilde quien sentenció que la buena literatura es diez por ciento inspiración y noventa por ciento transpiración. Para la grey aireana es todo lo contrario.
¿Me pregunto cómo recordarán las generaciones venideras a Aira? ¿Un surrealista tardío? ¿Un talento deslumbrante sacrificado en el altar de una inútil teoría estética? En un reportaje con El País de Madrid, el mismo ha explicado que su propuesta puede resumirse en una palabra italiana: sprezzatura, ligereza, desdén aristocrático por todo lo que significa esfuerzo. Típico de la Argentina.
Guillermo Belcore
Increíbles aventuras de una nieta de la cautiva
María Teresa Gramuglio
César Aira, Ema, la Cautiva, Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1981.
“María, soy infelice,
ya no eres digna de mí”.
E. Echeverría, La Cautiva
“¿Algo podía resultarle extraño a la cautiva, en medio de aquella humanidad edénica, de día o de noche? ¿Fumar, comer pichones, jugar a los dados?”
C. Aira, Ema, la Cautiva
“El desierto es nuestro más pingüe patrimonio”, escribió Echeverría en sus reflexiones preliminares a La Cautiva. Más allá de voluntariosos rescates a veces teñidos de folklorismo, hay que admitir que esta frase, que aún suele desatar réplicas indignadas, coincide con un punto de ruptura que marca un momento original de nuestra literatura: ese salto cualitativo fundado en la distancia estética con que la mirada romántica se fija en el paisaje americano. La polisemia de la frase autoriza a leer en ella por lo menos dos programas: uno, político (cómo apoderarse de ese patrimonio, cómo dominar y transformar ese vacío), cuya realización conflictiva halla su reverso en el otro, estético, que inaugura un imaginario sobre el desierto y sus habitantes. Después de Echeverría, Sarmiento, Mansilla y Hernández serán, junto con los viajeros, algunos de los sujetos más activos en la articulación de ese imaginario.
Ciento cincuenta años después de la expedición de Rosas, cien años después de la Conquista del Desierto por antonomasia, la de Roca, Ema, la Cautiva halla uno de sus puntos de anclaje en esa zona polémica y llena de repliegues de nuestro sistema literario que es la literatura del desierto, recorrida por la controvertida antinomia civilización/barbarie, en torno de la cual lecturas liberales y no liberales han distribuido con carga simétricamente inversa el conjunto de figuras espaciales y actanciales que la constituyen: fortines, toldos, indios, soldados, cautivos, gauchos, malones, ejércitos. El texto, manteniéndose dentro del sistema de convenciones del relato tradicional, opera sobre cada uno de estos términos, a los que sustituye, desvía y modifica, apelando al anacronismo y al despliegue de una capacidad inventiva inusual para desalojar los modos previsibles de la representación verista.
Ema, la Cautiva se inicia con el viaje hacia el fortín de Pringles de un contingente de presos custodiado por unos pocos soldados y oficiales. Un ingeniero francés que acompaña a la caravana alude a la figura del viajero europeo y encarna la mirada extrañada ante las formas de vida del desierto. Pero ese atisbo de perspectiva etnológica –que termina disolviéndose en absurdos inventarios– acude a la función representativa sólo para trastornarla, introduciendo desde el comienzo los primeros indicios dispersos (caballos que mueren de susto por el vuelo de una polilla, esferas de papel para proteger el fuego del asado) de un recurso a la fantasía que se intensifica a lo largo del relato, hasta despegarlo totalmente de las expectables condiciones de verosimilitud que se derivan de los exponentes tradicionales de la literatura del desierto. Estas operaciones de desrealización alcanzan momentos culminantes, como, para nombrar sólo algunos, la descripción del fortín de Azul, un laberinto multiforme con pasadizos suspendidos y construcciones superpuestas, espacio piranesiano donde es posible dormir entre sábanas de seda y comer ostras con champán; o el relato de la excursión de Ema y su amante indio en un pasaje helado y silencioso, modelo de idilio donde el fuego y la nieve son los elementos que configuran un atípico “lugar americano”. Con estos recursos el relato enfatiza a cada paso el carácter ficcional, inventivo de la construcción literaria, cuyo predominio por cierto no anula algunos modos de conocimiento que la novela alcanza de forma oblicua. Así, el disparatado régimen de vida de los oficiales en los fortines, solapada réplica pampeana del À rebours de Huysmans, puede leerse como una versión irónica de aquella famosa imagen de los patricios criollos –formulada por Lugones en El Payador–, esos “contradictorios atroces caballeros” (como dice Aira), capaces de galopar leguas de una sentada durante el día y asistir a una velada de ópera por la noche. En otro nivel, más vinculado al desarrollo de las acciones y a un conjunto de enunciados personales y abstractos, en esta conquista sin batallas donde los soldados no oyen silbar una bala, el intercambio reemplaza a las acciones bélicas. La invasión por el dinero con que el coronel Espina intenta minar la refinada molicie de los indios –quienes convierten la impresión de dinero en un arte, aniquilándolo así como valor– es una cifra de las “ensoñaciones económicas” que subyacen en toda conquista militar.
Alejados de los estereotipos que los fijan a la categoría de lo demoníaco o los vinculan con el mito del buen salvaje, los indios de Ema, la Cautiva se pierden en complejas ensoñaciones filosóficas y cultivan una artificiosa indiferencia que manifiesta un grado supremo de disposición estética. No menos desviada es la figura de Ema. La cautiva arquetípica de nuestra literatura es una heroína de sello romántico, indudablemente blanca, que halla su apoteosis en la huida del toldo y el regreso a la civilización, previo castigo del salvaje violador: una convención que ya Borges se encargó de problematizar en Historia del guerrero y la cautiva. Ema, como una “versión mulata y cimarrona” (otra vez Borges) de la Manon cinematográfica, inicia su periplo como aquella lo termina, anónimamente confundida entre los presos que el gobierno envía a la frontera con el objeto de poblarla, en castigo por delitos quizá insignificantes. El intercambio de mujeres, explica el coronel Lavalle al francés Duval, es el fundamento teórico de esta medida: anacrónica lección de antropología estructural que restituye una zona borrada en la economía del imaginario. Satisfacer a los hombres, procrear y ser un elemento de circulación son las funciones que el orden social de este orden imaginario asigna a la cautiva, y que el relato pone en escena por medio de las sucesivas experiencias de la protagonista con personajes blancos e indios y erráticos desplazamientos por espacios exóticos, elaborando así un simulacro de novela de aventuras en que las expectativas de tensión y conflicto resultan permanentemente frustradas o se disuelven en la indiferencia. Pues la indiferencia constituye finalmente la clave del aprendizaje de Ema, la culminación de una ascesis que hace posible el acercamiento a la cualidad estética suprema que los indios materializan en sus cuerpos pintados. Aunque lejos todavía de esa perfección, Ema pone en marcha un proyecto que también se sustenta en el artificio: con el dinero falso del coronel Espina compra reproductores para montar un criadero de faisanes donde se utilizan métodos de inseminación artificial.
Todo sistema literario comporta un conjunto de recursos y tendencias encontradas que se definen por la doble relación que mantienen tanto con la tradición del sistema mismo como con los modos y convenciones que le son contemporáneos; es por eso que cada texto siempre tiene que ver con otros textos anteriores y actuales que configuran su horizonte de posibilidades y de rupturas, y con un extratexto que regula las modificaciones de la convención. Ema, la Cautiva aparece como un relato que sin colocarse abiertamente en el espacio de las experiencias formales vanguardistas, resulta sin embargo rico en alusiones a otros discursos literarios y culturales, que ingresan en su propio discurso para crear un efecto de humor y extrañamiento que es el sostén de su eficacia estética. El desierto de Ema, la Cautiva, tan imaginario como aquel suburbio que Borges oponía al de los boedistas, se afirma en la fantasía y libera un discurso que, si por un lado exhibe sus rupturas de la verosimilitud como una conquista frente a las limitaciones de la representación y la servidumbre del referente, queda por el otro atrapado –cautivado– en su propia seducción: encuentra sus límites –su frontera– en la parcialidad de un gesto que hace de la exacerbación del juego inventivo la clave de su diferencia con otras tendencias narrativas coexistentes y posibles.
Imbecil, irrespetuoso…increible. Me lo merezco por perder el tiempo asi.
Gracias, Anastasi.
Q
Guiasterion. ¿Quiénes serían, para no andar generalizando, los supuestos clones de Aira?
Q
Estimado señor Q:
Es posible que vea fantasmas donde no los hay, será que me estoy volviendo viejo. Pero me parece que Ariel Magnus en `Un chino en bicicleta’ y Leandro Oyola en `Hace que la noche venga’ son dos remedos aireanos. También he le¡do, ¡ay!, malos homenajes al genio de Pringles en forma de librito inclasificable (`Diario de la rabia’ de Héctor Libertella) o en los cuentos de los nuevos narradores que Grillo Trueba recopiló para Mondadori. Me parece que Washington Cucurto jugó a hacerse el disparatado en `Uno a Uno’. No estoy seguro, debería reelerlo. Le advierto que estoy exprimiendo mi memoria, me encuentro lejos de mis cuadernos de notas.
También recuerdo, con desagrado, los injertos aireanos en tramas que no vienen a cuento. Es el caso, me parece, del apresurado final en `Derrumbe’ de Daniel Guebel. El monstruo, como se ve, avanza y devora voluntades a su paso.
Si mi anterior entrada resultó petulante o fuera de lugar, me disculpo. No tengo intención de desmentir a nadie, sino aportar un punto de vista en un foro inteligente sobre una cuestión que me intriga y me apasiona. Aira, debo confesarlo me repele y me atrae con igual intensidad. Y no tengo demasiados amigos con quien plantear estas perplejidades.
Mis respetos
G.B.
PD: Corríjame si me equivoco. Recuerdo que Gonzalo Garcés planteó en `El País’ que Aira es la encarnación literaria de la voluntad argentina de violar todas las reglas, incluso el sentido común. Yo, aunque le huela a platonismo rancio, presiento que Aira representa nuestro tradicional desprecio por el esfuerzo y el trabajo bien hecho.
Guiasterion. De los ejemplos que menciona, efectivamente el libro de Magnus (lo abandoné al cabo de 100 páginas) me recuerda a Aira. El resto, no estoy seguro. Quiero decir, en todos esos autores veo un mundo literario que no es el de Aira (el de Magnus, por el contrario, me pareció mera copia sin vida) por más que tomen algo prestado, como lo pueden tomar de otras fuentes. Guebel, por ejemplo, no es un imitador de AIra.
En cuanto a lo de Garcés, no sé qué puede querer decir que “se violan todas las reglas”. No conozco reglas en la literatura, más que escribir de izquierda a derecha (en castellano) y tal vez ni eso.
Menos acertado aun me parece lo de que Aira representa no sé qué del carácter argentino. Esas generalizaciones no las entiendo. En este caso, ni porque Aira no haga un trabajo bien hecho ni porque los argentinos tengan esa tendencia más que los nacidos en cualquier otra parte.
Mis respetos
Q
Vamos a decir la verdad de una vez por todas.
Aira es un excelente escritor, cuyos textos son magnificos en las primeras paginas y luego pareciera que tiene la necesidad de alargar interminablemente sus relatos mas alla de lo aconsejable, con lo cual ese deslumbramiento original muta en una cosa aforma. Al terminar cualquiera de sus libros uno queda con un gusto “raro” en la cabeza.
Quizas sea mejor cuentista que novelista, pero ya se sabe que en el mundo editorial manda el capital.
Quintín,
Que no se te confundan los blogs. Cuando me refiero a la clase media a la que pertenece Aira no lo hago buscando criticar al mismo núcleo social que la semana pasada se estuvo discutiendo en Artepolitica.com. Los vecinos de Acoyte y Rivadavia no tienen nada que ver con esto. Aira está más que claro que no es la clase media que pone sus esperanzas en el ascenso a fin de año y en que Argentina gane el Mundial de Sudáfrica. No, Aira es una de las principales fijas que tiene Puan (la carrera de Letras de la UBA) desde la vuelta a la democracia para colocarlo como gran escritor argentino después de Borges, y si es posible, hacerle un lugarcito en el canon de Bloom. 25 años después, vemos que tan mal no les ha ido, nos guste o no nos gusten esas ya como 70 novelitas que lleva editadas Aira. A esa clase media me refiero: A la clase media intelectual con conciencia de serlo, esa que tiene necesidad de hablar mal de Julio Argentino Roca porque sino siente culpa de comer todos los días.
La clase media que se va a enganchar a comprar los autos baratos de Cristina en un 95% no tiene idea quién es Aira.
Entonces, que hagan arte conceptual tirando centros a ese núcleo duro que “maneja” las artes me rompe un poquito las bolas. Y eso es lo que hace Aira. Pseudo vanguardismo con red porque detrás de esos mundos increíbles aparecen reminiscencias ideológicas de lo que se quiere escuchar y decodificaciones librescas aptas para expertos, ahí tenés el mapa que armó Gramuglio. Esto con Borges no pasaba. Además, Borges tiene sensibilidad en la prosa. Había riesgo.
Diego. Ah, entiendo lo de la clase media. Por lo menos en parte. No me queda claro, de todos modos, qué es exactamente “ese núcleo duro que ‘maneja’ las artes”, como si hubiera una especie de FIFA invisible de la literatura. Y eso de que hay que “hablar mal de Roca”, puede ser parte de una atmósfera de la época, lo mismo que lo del significante, pero hay muy poco de eso en el Aira posterior. Pero con lo que no estoy de acuerdo para nada es con que AIra se agota en una serie de “decodificaciones librescas aptas para expertos”. Hay mucho más ahí. Tampoco veo que se pueda apreciar una “sensibilidad para la prosa” en Borges que no figura en Aira. ¿Qué vendría a ser eso exactamente? ¿Cuál sería el riesgo que hay en Borges y no en Aira?
Q
Hola a todos,
Me felicito de haber caminado como 10 kilómetros hasta esta máquina (estoy, con perdón, decididamente en el culo del mundo) porque todos los comentarios de este post me parecen de un nivel altísimo, tanto los favorables como los desfavorables a CA. Entre los primeros certerísima Hipólita (esa mujer es el verdadero enigma del blog) y notable Anastasi (un humilde pedido: no escribas tan largo porque se hace difícil conservar la atención para el lector: dividílo en dos comments). Entre los segundos me gustaría comentar bien las objeciones de Diego y Guiasterión pero ahora es imposible. Van rápido un par de apuntes.
Diego: según lo veo, dar vuelta la cuestión tal como la dejó JLB no es que era difícil, fue imposible hasta Aira. Y la prueba más cabal la dio Respiración artificial, por varios cuerpos la novela más leída y glosada de los 80, una muy hábil continuación de la poética borgeana que no modificó el canon, la realidad, en lo más mínimo. La novela que sí presentaba un paradigma nuevo era Ema la cautiva, que entonces pasó desapercibida. Aquí empalmo con tu objeción sobre Roca y la clase media: como Respiración, la novela de Aira fue escrita en plena dictadura, en medio de una crisis política personal del autor (hace poco Fogwill habló de esto) y general de la sociedad, cuando obviamente no se podía decir nada sin riesgo de ir a parar al río. Quiero decir que en ambos casos no fue producto de una pose o una operación sino de una necesidad. De todas formas, la “moralina” de Ema fue menos alusiva pero más efectiva a largo plazo que la de Piglia, básicamente porque Aira es un escritor mucho más completo y porque la literatura es oblicua por definición, es el arte de lo oblicuo siempre, en todo tiempo y lugar.
Séame permitido un berrinche personal: me calienta cualquier cantidad que por poner a Aira en distintos lugares del gremio, o por poner el foco en otros libros escritos más de diez o veinte años después, los críticos verdaderos y los blogueros aficionados, dejen de gritarle al mundo lo extraordinaria que es esta novela. Que importan Guebel, Garcés, o el mundillo editorial; es el momento de decirlo, Aira es un genio (hizo una obra genial), acá están las pruebas, acá está la mejor novela del siglo XX.
Guiasterión: en mi opinión las generaciones venideras no recordarán a César Aira porque son ahora mismo un efecto del enorme trabajo previo de Aira. Quiero decir, no sólo no veo, en la práctica, ese desdén aristocrático por el trabajo sino que veo una persona totalmente consagrada a la literatura. En Argentina ningún escritor leyó más que Aira; ninguno escribió más que Aira. Ninguno. ¿Cómo calificarlo de desdeñoso con el trabajo? ¿Qué quedaría entonces para los demás?
También disiento con el juicio lapidario sobre Magnus, un novelista joven muy rápido para los diálogos y sobre todo capaz de crear personajes, lo que ya es bastante decir. El tiempo dirá si tiene cuerda; de momento no va mal. Con Guebel tocaste un tema espinoso. No leí Derrumbe, pero es obvio que la obra de Guebel está subvalorada y lo está justamente porque tiende a leérsela como una prolongación de la de Aira, que un poco lo apadrinó en sus comienzos. Es como si este hecho hiciese olvidar que Guebel siguió escribiendo, que tiene una obra extensa y variada detrás, novela, cuento, teatro. Otra vez: ¿de cuántos escritores nuestros podemos decir lo mismo? Tal vez a Guebel lo haya perjudicado no escribir ensayos, no haberse fabricado un soporte intelectual para favorecer el trabajo de la crítica, como hizo Alan Pauls o el propio Aira.
Yupi, el comentario anterior no lo escribí yo: es la crítica que hizo María Teresa Gramuglio en Punto de Vista cuando se publicó la novela. Puse título y autora, pero se ve que pasó desapercibido. Saludos
Yupi le responde a Gramuglio… (En cualquier momento tercia en la polémica entre Florida y Boedo!) Pero lo mas triste (para nosotros, habitantes del presente) es que los “viejos” argumentos de Gramuglio son mas actuales que los argumentos de Yupi (que no termina de contestarle…). O sea: Treinta años (y sesenta novelitas) después, las dudas de Gramuglio siguen diendo formuladas (y esquivadas):
“si por un lado exhibe sus rupturas de la verosimilitud como una conquista frente a las limitaciones de la representación y la servidumbre del referente, queda por el otro atrapado –cautivado– en su propia seducción: encuentra sus límites –su frontera– en la parcialidad de un gesto que hace de la exacerbación del juego inventivo la clave de su diferencia con otras tendencias narrativas coexistentes y posibles.”
Que Aira invierta, prolongue o supere los postulados de Borges no dice nada sobre Aira como escritor. El problema con Aira no es cuál sea su relación con Borges o con cualquier otro. ¿No está claro eso?
El problema con Aira es que su literatura es mala. Es decir insustancial, pobre, chirle. El problema, en definitiva, es que Aira no es un escritor ni una persona muy inteligente. Sus frases son insípidas, sus ocurrencias son bobas, carece de imaginación, su prosa es entre notarial y de taller. Leerlo es frustrante… a menos que uno acepte, por un acto de fe, adjuntarle toda la ortopedia teórica. Entonces la falta de imaginación se convierte en ironía, la fealdad y lo amorfo se convierte en el efecto de libertad, la estupidez se convierte en “el efecto de estupidez”… Pero ¿por qué acptaríamos todo esto? ¿Por caridad cristiana?
imposible, Aira no lo aceptaría nunca, es ateo.
me gustaria sugerir algo…
QUE PASA CON AIRA? en realidad algunos tienen un poco o mucho de verdad en sus comments. Pero, en el fondo oculto… que nos quieren decir?……. Aquí amigos, es ponerse a escribir algo propio original y dejarse de joder con tanta critica que sale recontra buscada, por celos encubiertos al gran Cesar. Ese es el problema. Cuando no se lo puede empardar en su terreno, se lo relame o denosta, haciendose el critico de avanzada. Impotencia sublimada del mediocre. La otra, es enseguidita compararlo a Cesar Aira con dos polos de distintos planetas ( Borges /// Guebel-Pauls etc.). Hay un grupito de tipos recontra epileptoides que se dedican a este jueguito. Y son felices. Y se creen con la verdad literaria. El objetivo real de estos tipos, es imaginariamente, que lo reconozcan como entendido erudito de la obra de Aira y así calmar su angustia de no poder competir en su terreno— es decir: escribiendo, teniendo sus lectores. Consuelo del anónimo, revestido de palabras criticas, que simulan un aporte. Ponganse a escribir algo original !! salgan de esa dicotomia que los destruye. Y me gustaria sinceramente, leerlos en lalectora. El verdadero placer es leer algo bueno, y dejar de comparar inutil e insistentemente. Manden sus escritos !!! (yupi, por vos no lo digo)
Lo peor es que el vengador tiene razón: leí muy rápido y por arriba y se lo adjudiqué sin más a Anastasi. Eso sí, se nota que estoy escribiendo rápido y que no me falta confianza en el juicio de Anastasi… Sobre lo demás: por un lado Gramuglio afirma lo mismo que afirmé de entrada hace mucho (quizá recordando inconcientemente su crítica):
“El desierto de Ema, la Cautiva, tan imaginario como aquel suburbio que Borges oponía al de los boedistas, se afirma en la fantasía y libera un discurso que, si por un lado exhibe sus rupturas de la verosimilitud como una conquista frente a las limitaciones de la representación y la servidumbre del referente…,”
Es decir: 1) pone a CA junto a JLB; 2) afirma que el sistema Aira LIBERA el discurso. A continuación viene un reparo contradictorio:
“queda por el otro atrapado –cautivado– en su propia seducción: encuentra sus límites –su frontera– en la parcialidad de un gesto que hace de la exacerbación del juego inventivo la clave de su diferencia con otras tendencias narrativas coexistentes y posibles.”
Creo que esa “parcialidad del gesto” que critica Gramuglio a Aira puede criticársele a cualquier otro escritor del planeta y que la “exacerbación del juego inventivo” podría criticársele sobre todo a Borges en particular. Ahí me parece que patina un poco. Si por algún lado fallaron siempre nuestros escritores fue por falta de invención, que era justamente la cualidad saliente que traía Aira a nuestras letras. Desde luego es más fácil verlo ahora que en 1981.
Imposible seguir. Sólo espero ahora no haberle atribuido a Gramuglio palabras de Tincho Zabala. Saludos.
El Yupi sigue escapando (o derrapando?). La “falta de invención” es un conecpto doblemente grosero: por vago y por falaz. Gramuglio habla de “exacerbación del juego inventivo”, esto es, del maldito “procedimiento” que hundió a Aira en su propia cautividad, de la que no ha podido salir… Ni siquiera con las estrambóticas comparaciones con Borges.
O Aira es el mas grande escritor ignoto del planeta o su valoración (lmas excesiva que su inventiva) es solo otra muestra mas del chauvinismo argentino, que necesita proponer nombres para el Nobel cada vez que puede. (El último ejemplo de esto es, en otra area pero en el mismo sentido, la inexplicada creencia de que “Historias extraordinarias” es un mojón en la Historia del Cine…)
Si, yo tambien me comí, que era Anastasi el que habia hecho tan intrincada y misteriosa reseña de “Ema, La Cautiva”————- A proposito, ahora me acuerdo que la autora que citaron, Maria Teresa Gramuglia, va a estar junto con Tulio Halperín Dongui y otros, en unas Jornadas Internacionales: ” Jose Luis Romero”, en homenaje de este historiador en el centenario de su nacimiento. Lo auspicia la UNSM, y será los dias 31 de marzo, 1 y 3 de abril del 2009, en la Biblioteca Nacional, con entrada libre.——- Me pasé de rosca con el comentario anterior, pero aflojen, si no tienen fundamento los comments, sobre Cesar. Hoy, no es mi dia. La calor me puede.
Si, si, ya nos quedó claro que lo de ustedes es una lectura errada…
iba a cumplir ahora
pero
gracias anastasi
todo lo que me resta
me suma
¿me parece a mí o Yupi se “acancheró”?
Vengador anónimo, ¿vos sos Paulette? Hasta donde yo sé, el único que propuso a Aira para el Nobel es el mexicano Carlos Fuentes.
Aqua, no sé por qué lo decís pero ruego que te equivoques, espero que sea tendencia a echar todo a la broma o hasta pedantería. Nada soporto menos que la canchereada. Me parece horrible, patética.
Anastasi, si alguna vez te interesaste un poco en la persona de Fuentes, sabrás que ese muchacho no suele profetizar al garete. Después de la frase de Fuentes le preguntaron a Aira qué haría si le diesen el Nobel. Contestó: “Me compraría un traje negro, de enterrador”.
Hola. Ante todo quiero decir que no soy un cruzado contra Aira. Pienso que nada de lo que pase en la literatura es tan grave, a lo sumo lo que puede llegar a pasar es que se ocupe ese campo con nombres propios que uno siente que no valen la pena o que están ahí por X motivo “extra literario” y por eso uno que gusta de leer ficciones se agarre broncas que generan prosas belicosas.
Bien. Yendo a Aira, si corrió riesgo con “Ema la cautiva” porque la publicó durante la dictadura, lo que nos queda hoy de ese riesgo se desvaneció con el puntual contexto histórico argentino. Asume Alfonsín en 1983 y lo que queda del gesto estético de Aira es cierta adaptación a las letras argentinas de algo que más o menos ya se venía dando en las artes plásticas y también en la música en otros lugares del mundo. Una forma de entender el arte: ¿Qué es eso de que “hay que dar vuelta los planteos literarios de Borges”? ¿Bajo qué óptica se está leyendo a Borges? ¿Por qué la literatura tiene que andar dando vuelta cosas anteriores? Esas preguntas así como a tantas otras del mismo calibre a las que Aira les da respuestas antes de poner la pluma sobre el papel, me rompe las pelotas que haya que asumirlas para escribir. Por eso, ni te cuento lo que me jode tener que leer a un pseudo vanguardista que arranca a escribir dando respuestas al cuestionario. Lo que hay que cuestionar es el cuestionario, y eso se tiene que hacer previo a una concepción teórica de la literatura, la literatura lo tiene que hacer por su propia pulsión de narrar. Esa pulsión no se nota en las novelitas de Aira, por más que sean 70 o 10000.
Internacionalismo estético adaptado a cierto convencionalismo ideológico -que por supuesto no es un senderito angosto de tierra sino una Panamericana de 8 carriles, pero tiene sus márgenes bien definidos, que se notan sobre todo cuando se compara el cuerpo de debate que queda conformado dentro de esos límites con la enorme cantidad de opinión pública que queda en la Argentina sin saber quien es Aira -de los que pasaron a manejar las artes cada vez con más peso a partir del retorno de la democracia.
Entonces, la canonización de Aira ayuda a fundar un campo literario. Ayuda a fundar expertos y consolida límites ideológicos para una actividad, la literatura, que cuanto menos tiene un par de siglos según los más escépticos.
Para ir terminando, creo que sí, que hay una AFA de la literatura, que si bien no tiene sede ni comisión directiva formal, nos hace saber que Osvaldo Lamborghini era genial y que Ernesto Sábato estuvo sobrevaluado.
quizás convenga evitar esas comparaciones con la AFA o la FIFA. en la literatura no está tan claro; se habla de la academia, se habla del periodismo cultural, que para colmo se tocan tanto como se repelen. sumémosle a esto otra diferencia: lo que la FIFA (y la AFA como una parte de la FIFA) trata de regular es un deporte colectivo, que exige al menos dieciséis, creo, voluntades organizadas para formar una unidad mínima, el equipo.
quizás sirva la comparación con otro deporte, esta vez solitario, que encima tiene, a diferencia del fútbol, distintas entidades legitimadoras. me refiero al tenis: esos muchachos que, cuando no son héroes en la copa davis, corren un día detrás de la ATP (asociación de tenis profesional) y otro detrás de la FIT (federación internacional de tenis), dos instituciones que parece que también, como la academia y el periodismo, se miman y se rebotan, y que dan premios equivalentes en base a torneos distintos. corríjanme si me equivoco.
por lo demás, me apena que el nivel de discusión en LLP haya caído tan drásticamente desde, digamos, la llegada (y posterior entrada en babia) de los enterradores de gonzalo garcés. aunque entiendo que esos locos no tienen la culpa. ocurre que la presencia de gonzalo distraía y hasta digo que hacía mejores, si no a quienes lo agredían, al menos a la corriente chupamediera de la dirigencia rural que es mayoría asumida en este blog.
también es triste ver al querido yupi hablando la jerga de los que siempre tuvimos y tendremos el barrio peronista encima, y diciendo cosas como “me parece que gramuglio patina un poco”. en ese sentido aqua tiene razón, yupi, pero aún estás a tiempo de alejarte de los poetas.
Yupi, lo mejor va a ser que no se lo den. Imaginate el quilombo que se armaría.
Diego, no sé por qué decís esto: “Esas preguntas así como a tantas otras del mismo calibre a las que Aira les da respuestas antes de poner la pluma sobre el papel, me rompe las pelotas que haya que asumirlas para escribir.”
Yo no estoy seguro de que Aira tuviera un programa perfectamente cerrado antes de arrancar (ni que tenga “respuestas” antes de empezar con cada novela). Pero supongamos que sí. ¿Qué es lo que te rompe las pelotas? ¿Quién dijo que “haya que” asumir esa posición? Me parece que te tomaste un poco demasiado en serio lo de la AFA. Si le dan el Nobel va a ser la FIFA, ahí te quiero ver.
Otra: ¿La pulsión de narrar no se nota en las novelitas de Aira? Para mí no sólo se nota, sino que es lo primero que se nota. Pero ahí está el punto, en que vos notás una cosa y otros notan otra, y nadie te obliga a que te sometas al criterio de los demás.
Di Napoli. Hace tiempo que no leía una ensalada hecha comment como esta, en la que mezclás la AFA con Gonzalo Garcés con “la corriente chupamediera de la dirigencia rural que es mayoría asumida en este blog”. Aparte de ofensivo y estúpido (hablás como si el barrio peronista avalara tus opiniones sobre Aira) es simplemente incomprensible. Entiendo que estés enojado, es una emoción humana, pero al menos podrías aclarar contra qué.
Q
Cristian, a Gonzalo Garcés no lo enterró nadie. No apareció últimamente, eso es todo, pero puede que en cualquier momento vuelva.
Además, Cristian, entre los que lo agredían estabas vos. ¿O no te acordás cuando saliste a descalificarlo por el sector específico de Villa Devoto donde se crió? Aclará tu juego, que no se entiende.
para que se entienda mejor: por “enterradores de gonzalo garcés” me refiero a los pibes y pibas, probablemente colegas míos, que se ponían ý se ponen seudónimos terribles de tipo “vengador” o “acosador de cadáveres”, y que le tiraban dardos muy pesados a gonzalo o a yupi en su momento, cuando las buenas discusiones en las que, tampoco es cuestión de hacernos los santos, todos menos yupi salíamos con botines (eso: botines, pero hasta ahí).
si lo releen, el comentario anterior dice que la presencia de gonzalo distraía y hasta hacía mejores, si no a esos loquitos lindos, al menos a la mayoría de este blog, una mayoría bochinchera en otra dirección, y que está claro que no son los que agredían a gonzalo.
botines, anastasi, ¿o preferís franciscanas?
además, gordo, leé bien: yo no condeno ninguna subida de tono, simplemente digo que el nivel se vino abajo más o menos para la época en que garcés se borró. si les parece, pensemos otras causas: será porque la asunción de obama puso a todo el mundo a hablar de lo que no sabe, será porque el momento sólido de yupi nos dejó a todos cansados, qué sé yo…
Esa me gusta, di Nápoli/de Nápoli/de Flores. ¿Por qué no compartís con el resto del mundo tu sabiduría en temas de alta política?
Eso sí, hacelo en otro post, para no complicar las cosas demaiado…
Si solo se pudiera hablar de lo que uno sabe, el mundo estaría muy callado y sin duda no existirían los blogs.
no seas tan vagoneta para retrucar, galois; yo no sé nada de obama, y debe ser por eso que no dije nada de obama. a mí para las ensaladas me gusta conocer de antemano cada yuyo, cada especia, y claro, siempre con arte buscar una buena combinación. lo único que faltaba: ponerme hablar porque sí, sin tener la menor idea, de la gran papa que hoy es obama, como hace tanto nabo de éstos que persiguen vaya a saber qué zanahoria. ¡me importa un comino!
(la ensalada de nabo, zanahoria y comino tampoco me va)
Di Napoli, para aconsejarme que lea bien tendrías que empezar por escribir bien. Vos lo que decís es que a Garcés lo agredían (sus “enterradores”). Lo decís en esos términos exactos, y en tercera persona. Y yo te recuerdo que entre los que lo agredían estabas vos. Ni más ni menos. No me asustan los tapones que ponés en tus botines: me extraña que no reconozcas tu propio juego. Yo también espero la vuelta de Garcés.
Precisamente esa era mi intención di Nápoli/etc.: si atendés a lo que escribís, lo tuyo fue un juicio sobre los conocimientos de los demás: hablar de lo que no sabe.
Después de tan lapidaria opinión, uno esperaría que su autor fuera un connaisseur. ¿No calificás para el puesto?
Una decepción tremenda.
tenés razón, galois, ¿qué es eso de que en LLP nadie sabe nada de obama, cuando hubo gente como, se me viene a la mente ahora, carlos cossi, que hizo una relación atinada con el ex presidente carter? rectifico: los que no saben nada de obama y hablan son los menos, sólo que en los hechos son los que atiborran esta legítima aunque baqueteada mesa de bar con sus opiniones equiparables a las del beto contemponi hablando del indio solari. y éstas son cosas que no se le escapan ni siquiera a un interlocutor pobre en la materia como puedo ser yo. y vos, galois, que con obama demostraste por primera vez ser cauteloso en materia de política, ¿no estás de acuerdo? ¿no será que tu “decepción tremenda” es con las opiniones que leíste y no con las que, como la mía, dejaste de leer?
No. Con esas estoy curado de espanto hace bastante.
La tuya en cambio no la conozco, pero teniendo en cuenta un debate que tuvimos, en el que arrugaste no dando respuesta a ninguno de mis argumentos, y repasando los “razonamientos” (muy dignos de un interlocutor pobre) que volcaste en aquella oportunidad, supongo que no debe ser muy interesante.
Pero te aclaro (aunque ya lo sabés por supuesto) que mi opinión sobre Obama la di/escribí hará unos dos meses y pico.
En cualquier momento opino de nuevo.
argentina es un país extraordinario: hay más crítica literaria y debates sobre libros que libros! esa idea de que aira se quiso cargar a borges y que todos se quieren cargar a aira me parece muy inverosimil, como si se libraran batallas a través de la historia entre cadáveres y futuros nombres de plazas. esta claro que todo libro alude aunque no lo quiera a la historia de la literatura, pero no olviden que quizás “ema la cautiva” también hable mucho de la personalida de aira, y que debe ser producto tanto de su intención de escribir de determinada manera como de algo de su personalidad que sale a la luz con cada libro y que ni siquiera él pude controlar. es decir, creo que lo decía borges, leer es un acto mucho más racional que escribir.
Anastasi,
Digo eso acerca de que Aira da respuestas a preguntas pre existentes a que su pluma se encuentre con el papel en base a que sus novelas me generan sensaciones similares a las del arte plástico contemporáneo (ese de las Bienales), en donde el artista asume de entrada que el arte trasciende las fronteras de la puntual obra ejerza sobre el lector o el espectador, dependiendo el caso, y que la onda es poner todo en contexto. Entonces, Aira al quebrar voluntariamente el verosímil –ese que el mismo utiliza para educar a sus hijos y para ir a comprar peras y bananas a la verdulería de la esquina de su casa –lo que está haciendo es poner al sujeto un paso más allá, no como un artesano que fabrica ese puntual objeto libro que nosotros compramos sino como una suerte de estratega semiótico en donde la joda de las frases del libro es que toqueteen con el mundo exterior al mismo, ya sea este el mercado editorial, el canon literario, las ideologías políticas, etc. Bueno, eso para mí es arte malo, y hoy en día es el centro del universo. Lo que no se sostiene es ese sujeto puesto a estratega, por eso la literatura de Aira fracasa, y por eso es una literatura que necesita del “grupito de amigos – entendidos”, algo de lo que Aira es perfectamente consciente.
Todo signo remite a otro signo, pero la obra tiene que redondearse a sí misma, apelar al delirio esperando que cierta hermenéutica de “lo que pasa afuera” complete la obra es un intento fallido de hacer arte.
galois, me parece que aquella discusión está zanjada. yo no repasé todos tus argumentos? sobre educación pública pensamos distinto y quedó claro, y fuera de eso también me pareció bueno discutirte un punto: vos dijiste o diste a entender algo así como que el kirchnerismo ya tiene sus muertos al hombro (crímenes políticos, entiendo) y eso, si fue eso lo que quisiste decir, es mentira. no quiero entrar de nuevo, dame nombres propios y nos evitamos la discusión, por ahí soy yo que exageré tus dichos, o que los confundí con los de algún desgraciado que en medio de la charla quiso cargarles a los k un crimen tan repudiable como el de sobisch.
no sé poner el smiley: también soy pobre en el manejo de estos botones, pero te digo con una sonrisa amigable que tus opiniones, cuando no son taaan troscofílicas, son gustosas de leer.
La “troscofilia”, entidad morbosa propuesta por cristian, ¿será un trastorno mental? en tal caso estaría próximo a:
1 – pedofilia.
2 – gerontofilia.
3 – necrofilia.
4 – rasgos compartidos todavía no aclarados en su número de las tres entidades antes mencionadas.
Probablemente sea una chicana, ésta (la mía) y la otra, la de titular como “filias” lo que son simpatías.
De Napoli, en el fondo sos un tierno.
Diego, entonces vos considerás que Aira haría bien en respetar, en su obra, ese verorímil que usa para ir a comprar peras a la verdulería. Perdoname, pero es la idea más disparatada que leí en mucho tiempo. ¿Quién te dijo que la literatura de Aira fracasa? ¿En términos de mercado? ¿Con respecto a qué, a los best-sellers? ¿Con la crítica, con la academia? En todo caso fracasa en relación a vos como lector. Aira, por lo demás, es todo un éxito, y ése es precisamente el origen del problema (lo que, como dijiste, te rompe tanto las pelotas).
y vos no, anastasi? sería una pena haber perdido eso que, no me acuerdo quién lo dijo, no hay que perder nunca.
Piglia 2 – Aira 1
Saludos desde el otro lado del mundo, con este capricho me despido.-////
Pero vos entrás como un duro de western que busca pelea, y a los dos mensajes reculás… ¿Quién te entiende, Cristian?
la comparación con el western te la dejo a vos para que la medites (creo que en esta página ya se habló bastante de la psicología de los que admiran esas películas), ahora se me ocurre que podés hacer un esfuerzo y pensar un poco más sobre las distintas alternativas en una discusión grupal, por ahí llegás a la conclusión de que un tipo cualquiera puede tener simpatías y antipatías, y en una de ésas hasta descubrís que a menor antipatía mayor espíritu conciliador. todo esto para no preguntarte si querés pelea, flor de nabo. (es un chiste, pero no me digás que no estaba bueno terminar así)
La histeria te está matando, Cristian. Ahora querés ser duro y conciliador en un mismo renglón. Pero si te parece dejemos por un momento estas disputas idiotas y vayamos al tema. Ya sabemos que lo que dice acá Yupi te parece de bajo nivel (aunque le perdonás la vida…), y sabemos que Aira te invitó a su casa. ¿Por qué no nos contás que opinión te merece su obra? Digo, porque estos shows ya son un bodrio para los protagonistas, imaginate para los espectadores.
anastasi, no parás de leer mal. aira nunca me invitó a su casa, ni yo dije eso en ningún momento. ponete histérico vos, en una de ésas el mismo celo detrás de la histeria te impone algún que otro protocolo básico, como el de leer antes de hablar.
la obra de aira me parece muy inteligente. como dije antes, se las ingenió para figurar al tope de la ATP y de la FIT, y por lo visto haciendo lo que más le gusta. sólo esto último, hacer lo que más le gusta, ya lo convierte en un escritor. lo distingue, pero si me apurás: también lo limita. por otro lado, volviendo a la imaginería del tenis, también acordamos en alguna charla, hace meses, que aira ya no parece ser el preferido de la academia, sí del periodismo cultural, o, mejor dicho, de la parte del periodismo cultural que menos se cruza con la academia: ahí ponelo a quintín como emblema, que seguro no te cuesta nada.
En, realidad, todas las novelas que leí de Aira cierran muy bien, como obras autónomas. No son más desprolijas ni inverosímiles que Stevenson o Balzac, para mezclar peras con manzanas. Que sus frases además tengan el nivel suplementario de poder ser interpretadas por un “grupete de amigos” ( grupete que ya se amplió demasiado y merece el nombre de público, así como Sabato tiene un público) o de ser juicios lógicamente válidos sobre un mundo extraliterario no oscurece ese hecho. De hecho, lo raro es que alguna vez se haya considerado que los enunciados de una novela sólo tienen valor dentro del universo craeado por esa novela y en ningún lugar más, sea el grupete de amigos o la verdulería de la esquina o Puán. Más bien la historia de la literatura nos muestra un constante tráfago oral y escrito de enunciados, situaciones y personajes inventadas en novelas. ¿por qué esto sería mal arte? Solo se puede afirmar esto desde una concepción “cerrada” de la literatura, cada obra como un universo único y autónomo. Esta concepción, como todo , debe juzgarse por sus frutos. Ha dado desde En busca del tiempo perdido hasta las novelas de Susan Sontag. No es, a priori, “buen arte”. La concepción contraria no es a priori buen arte, sencillamente porque en literatura no hay a prioris, solo a posterioris. Es el reino de la libertad, es decir, la jungla, y acá es donde entran a tallar, como mecanismos de supervivencia, las tan mentadas y denostadas “operaciones extrañliterarias”. Que hubo siempre: jamás se dio la situación ideal de un lector virginal y libre de prejuicios enfrentado a una obra de arte limpia de contacto con el mundo de la política, literaria o no, de la ideología y de los negocios.
Bien maiakovski claro y atinado.
Ah, no estuviste en su casa, ¡fue al revés! Qué error imperdonable. Lo que nos contaste hace unos meses fue que él estuvo en la tuya (Y a eso vos lo llamás “leer mal”, ¿no te das cuenta de que para el caso es lo mismo?) Acá va la cita, por si no la recordás: “por lo demás, el tipo estuvo en la casa de un nadie como yo, hablamos de escritores como campos de carvalho, del que sólo con él conseguí hablar”.
Y ahora sí, yendo al punto. Entiendo que cuando decís inteligente le estás sugiriendo la acepción de inteligencia más cercana a la astucia, porque enseguida agregás que se las ingenió para figurar. No estoy seguro de que quieras dar a entender eso, pero en todo caso yo creo que es inteligente también, y sobre todo, en el sentido estricto del término.
Me gustaría que me aclares por qué lo limita hacer lo que más le gusta. Todos, sin excepción, tienen límites; ése en particular parece ser uno de los más desables.
Muchachos:
Lo del Nobel es una conclusión que se desprende de vuestras propias premisas:
Si: Borges es el gran escritor del sigloXX,
Y: Aira le mojó la oreja a Borges,
Por tanto: No hace falta ser Carlos Fuentes para pedir la canonización de Don Cesar…
Lástima que el mundo sea ciego al Gran Genio de Pringles. Y bue, otro Nobel que se nos escapa… Pensar que al viejo no se lo dieron por sus declaraciones pavotas a favor de cuanto milico se le cruzaba, y justo ahora teníamos a este que no da reportajes y está mas limpio que el baño del Papa… Igual somos campeones morales, che.
Saludo la vuelta de De Nápoli, espero no se vaya y siga comentando. Aporto mi opinión:
1) Decir que Gonzalo Garcés se “borró” es un disparate. Garcés escribió una nota en Clarín que colgaron acá y pedía una réplica, sobre todo de Yupi, y en este sentido el que se “borró” fue Yupi.
2) Hubo tantos “entierros” de Yupi como de Garcés, si no hubo más (un comentarista propuso directamente matarlo), como hubo una persecución encarnizada y demente sobre Maiakovski. Esto en términos intelectuales no significa nada, PERO evidentemente no es lo mismo hablarle a un seudónimo que a una persona reconocible. O sea:
3) Internet permite poner en un pie de igualdad a todo el mundo a condición de usar seudónimos. Si mañana apareciesen en este post con su nombre Piglia y ni hablar el mismo Aira, seguramente muchos nos llamamaríamos a silencio, con lo que la archicitada frase “el arte debe ser hecho por todos, no por uno” quedaría anulada ipso facto. Entonces:
4) Por el punto anterior pido que en los comments todos usemos seudónimos, que los comentarios valgan por lo que decimos, no porque los dice Fulano o Zutano.
5) Digo “en los comments”: esto no significa que Garcés, Guebel, Bruzzone o el que sea mande artículos a LLP para debatirlos.
Lo del peronismo, los ruralistas y Quintín no lo entendí, y eso que en mi familia tengo peronistas y ruralistas, pero de última tampoco es central al tema, que trata de Aira y sus novelas.
No sé quiénes son Q y F, pero reconozco que aunque sea de suerte lograron armar una página web atractiva y abierta a comentaristas de toda clase y color. No es poco para este país del orto, si me permiten el exabrupto.
Saludos
Pdta1: Quintín, este mes no me llegaron los 350 $ de mi asignación. Espero que el giro no se demore más. Próximo paso, vías judiciales.
Pdta2: Vengador, vos sí que no entendiste nada de nada.
Pdta3: ¡Viva el ladrón Lencinas! (esto no tiene que ver con lo anterior, es el grito con que los seguidores saludamos a nuestro intendente acá en una ciudad del interior).
“Por el punto anterior pido que en los comments todos NO usemos seudónimos, que los comentarios valgan por lo que decimos, no porque los dice Fulano o Zutano.”
No se si en realidad quiso decir eso (en realidad no entendí nada de lo que el Bulbo quiso decir), pero el NO me parece mas apropiado…