¿Ade es o se hace?, cena castrista
por Flavia y Quintín
Ayer, cerrando provisoriamente las actividades sociales ligadas con el Bafici, F y Q fueron a cenar a la casa de Gonzalo Castro donde se encontraban también Gastón Solnicki y las novias respectivas, Marcela y Maite. Castro cocinó sus célebres milanesas a las que considera tan excelsas como sus películas, aunque ambas muestras de orgullo no sean compartidas por el público en general. Pero dejemos para el final de esta crónica lo ocurrido en lo de nuestro amigo el escritor, editor, diseñador y, como si esto fuera poco, cineasta. Ahora nos ocuparemos de un tema más específico, la película alemana Everyone Else, de Maren Ade, que ganó en el Bafici el premio al mejor director y el de Fipresci.
Q: Vos viste esta película durante el festival y, contra la opinión general, no te gustó demasiado. Después de verla, estuviste buscando aliados en la campaña antigermana. ¿Los encontraste?
F: Esa película me hizo sufrir durante todo el festival. Hasta cené frente a Maren Ade y hablé con ella de bueyes perdidos porque fui cobarde y le oculté que había visto su película. Para colmo, ella me trataba especialmente bien porque, en su momento, habíamos programado su primer largo, que me había gustado mucho. Y, además, somos muy amigos de su novio, Ulrich Köhler, el director de Bungalow y Windows on Monday, dos películas que también pasaron por el Bafici. Resulta que durante esa comida incómoda, mientras yo callaba mis objeciones, se me acercó Rose Kuo y me preguntó al oído si me había gustado Everyone Else, porque ella la detestaba. La china estaba furiosa y sostenía que sólo les gustaba a los hombres, sobre todo, a los más inmaduros o ingenuos. Pero te cuento que encontré un aliado masculino, el vienés Hans Hurch, que también estaba escandalizado por la laudatoria y unánime recepción de la película en Berlín y en el resto de los festivales posteriores. No entendí bien las objeciones de Hurch porque fue una conversación en un taxi y enseguida cambiamos de tema.
Q: A esa altura yo no había visto la película así que no pude entender de qué hablaba. Creo que sería bueno contarles a los lectores de qué va la película. ¿Te animarías a hacerlo?
F: Me da un poco de fiaca pero allá vamos. Una pareja de novios treintañeros (acaso como Ulrich Köhler y Maren Ade) se van de vacaciones a una suntuosa casa de veraneo en Cerdeña. Allí, al aire libre o en interiores, discuten, comen, hacen el amor, se pelean, se amigan, durante dos horas sólo interrumpidas por la visita de otra pareja alemana, más exitosa y más burguesa, que ejerce sobre él fascinación y rechazo, mientras que el vínculo masculino genera en ella desprecio por la debilidad que muestra su novio. Pero todo transcurre en un medio tono y nada importante quiebra la fluidez de la película. El final muestra a la pareja más o menos en el mismo lugar que al principio. Aunque en el futuro, si no se separan, tal vez tengan un hijo.
Q: Ahora te voy a traducir la sinopsis de otra película. El texto es del Dictionnaire du Cinéma de Jacques Lourcelles, a quien recordábamos el otro día con Serra como uno de los mejores escritores sobre cine de todos los tiempos y, en particular, el que mejor cuenta las películas.
Una pareja de grandes burgueses sin hijos, Alexander y Katherine Joyce, casados desde hace ocho años, llegan a la región napolitana para arreglar los trámites de una herencia. Por primera vez desde su matrimonio se encuentran solos el uno frente al otro y se dan cuenta de que no tienen nada que decirse. Katherine visita los museos, los lugares turísticos y mira con envidia la multitud de mujeres embarazadas que circulan por la ciudad. Alexander busca compañías femeninas. Su aburrimiento y su insatisfacción los conducen al borde de la ruptura. Pero después de haber asistido, en Pompeya, a la exhumación del cuerpo de un hombre y una mujer jóvenes recientemente encontrados en un sitio arqueológico, se reconcilian luego de una fiesta religiosa.
Es el argumento de Viaje a Italia de Rossellini (1953), una de las películas fundamentales del cine moderno. Habrás visto, en principio, las semejanzas entre las historias y los lugares de las dos películas. Pero creo que, además, Ade plantea su película como un diálogo con la de Rossellini y logra, a partir de esa conversación, una obra maestra. Una obra maestra en el sentido en que nuestro amigo Afa describe el cine contemporáneo en un comment reciente. Una película que no podría ser más virtuosa pero que, al mismo tiempo, es de algún modo sólo media película.
Cuando ya no existe ese vínculo con lo real, sino un puente que cruza de una cinta a otra o a toda una tradición del cine, creo que se abre la puerta para que dejemos de sentirnos incluidos, para que dejemos de emocionarnos, y nos queda en su lugar sólo la admiración ante el virtuoso”.
Y ahora te voy a traducir otro fragmento de Lourcelles, en el que explica el asunto de las dos tradiciones del cine moderno a partir, justamente, del cine de Rossellini y de Viaje a Italia.
“Si el arte del cine consiste en contar una historia simple que, poco a poco, absorbe y contiene todas las historias, al espectador y al mundo, Viaje a Italia puede ser considerada una de las películas que exploran hasta el límite el poder de ese arte. Otra particularidad de la película. Cuanto más de lejos se la ve, más parece central y esencial, su ubicación en el cruce de dos corrientes fundamentales de la historia de los últimos cincuenta años del cine. ¿Cuáles son estas dos corrientes? En 1942, bajo la influencia de Val Lewton, Jacques Tourneur aborda los géneros hollywoodianos con una nueva mirada, con una mirada distinta. Comienza por el fantástico (Cat People). La novedad de su abordaje reinventa y acrecienta el intimismo del cine. Intimismo significa, en este caso, viaje a través de la profundidad del ser de los personajes. Se trata al filmar de estar muy cerca de la piel y de la psiquis de los personajes. Esta tendencia caracterizará las películas de Fritz Lang a partir de House of the River, los primeros Preminger, y las películas tardías de Hitchcock como Vértigo y Psicosis. A miles de kilómetros de allí, en 1944, nace la otra corriente. Rossellini sale, como todo el mundo, del cataclismo más grande que haya conocido el planeta. Quiere hacer, con los medios disponibles, la crónica de los últimos días del viejo mundo. Al hacerlo, reinventa el presente y el realismo en el cine. Normalmente, estas dos corrientes, el intimismo y el realismo, no deberían encontrarse. Pero si en la nueva mirada de Tourneur interviene cierta dosis de realismo, el intimismo terminará por ser parte integral del neorrealismo, porque se trata allí también de seguir desde lo más cerca posible a los personajes, su evolución y sus sentimientos.
Qué te parece.
F: Lourcelles me apabulló. Hay gente que sabe de cine. Intimida un poco. Mejor te dejo hablar a vos.
Q: Por ahora te voy a leer otro pasaje de Lourcelles (el último por hoy) que habla de Viaje a Italia.
En los últimos segundos del film, o de la película, los dos personajes sienten que la frontera entre el exterior y el interior es ilusoria; sienten, sin decirlo, que “todo es gracia”. La serenidad, sugiere Rossellini, vendría de estar al mismo tiempo en el afuera y en el adentro. De ello testimonian esos planos llamados subjetivos tomados desde el auto con los que comienza la película, donde nada indica que se esté separado del paisaje, donde se absorbe la realidad como cuando se respira, donde lo subjetivo se confunde con lo objetivo y el espectador (ya sea el público o los protagonistas) se identifica con lo mirado.
F: Magnífico lo de Lourcelles y es evidente que esto se relaciona con Everyone Else. Pero no veo por qué mejora a la película alemana, que no es precisamente Viaje a Italia y donde, en contraposición, todo me pareció falso y minucioso al mismo tiempo.
Q: Lo que yo creo es que hay una operación, si no perfectamente consciente, al menos de una extraordinaria precisión de parte de la directora. Lo que hace es filmar Viaje a Italia extirpando toda relación con la realidad exterior a la pareja. Y lo hace como si fuera un experimento científico. En la película de Rossellini hay un marcado acento religioso que reconcilia a la pareja con el mundo (el “todo es gracia” de Lourcelles recuerda a Bernanos del Diario de un cura de campaña filmado por Bresson). Pero la multitud en la procesión religiosa en Rossellini podría ser también la multitud de un acto del partido comunista, algún fenómeno colectivo relacionado con la comunión y la esperanza. A su vez, Viaje a Italia interactúa todo el tiempo con la naturaleza, con los lugares y, sobre todo, con los italianos de las clases populares. En Everyone Else no hay nada de esto. Los protagonistas, Chris y Gitti, están en Italia pero sólo hablan con otros alemanes. Las embarazadas que ve Gitti son la cuñada y la mujer del amigo de Chris. Están en un lugar paradisíaco pero nunca llegan a la playa, cuando van a la montaña la pasan muy mal y, en cambio, prefieren circular alrededor de la pileta de natación. Gitti y Chris hablan solo de sus proyectos profesionales y matrimoniales, de la relación entre el éxito y los ideales y se dedican a rehuir el contacto con los demás. Aislados, autorreferentes, interesados solamente en sus pequeños asuntos personales, habitan un mundo que no tiene continuidad fuera del plano íntimo. Everyone Else es la película de Rossellini comprimida al espacio íntimo.
F: Pero los destellos de intimidad ni siquiera tienen una intensidad emocional importante.
Q: Es que yo creo que Ade hace otra operación más, esta vez en relación con su primera película, The Forest for the Trees. Allí, la protagonista es una joven sola que se muda a un pueblo y no logra establecer ningún vínculo con sus nuevos vecinos ni compañeros de trabajo, hasta que al final se suicida o al menos eso parece. Aquí, Gitti retrocede respecto de su predecesora a la teatralización de su propia muerte. Eso ocurre tres veces en la película. En el juego con la sobrina durante los primeros minutos, en el salto por una ventana que resulta estar en la planta baja y en el fingimiento de que está muerta hacia el final. En esta segunda película de Ade no hay lugar para el sufrimiento intenso ni para el suicidio. Las cosas no llegan nunca más lejos que el simulacro. Mientras que la película anterior estaba atravesada por una terrible sensación de angustia y de malestar con el mundo, aquí todo se juega a la adaptación. Es aparentemente, para usar una palabra presente en las polémicas de estos días en LLP, una película reconciliada. Pero no sé si es del todo reconciliada. Lo que yo encuentro como un gran mérito (aunque no estoy del todo seguro que sea así) es que Ade describe esa adaptación como si admitiera una faceta de rebeldía.
F: ¿Qué rebeldía? Ella, una agente de prensa de una discográfica, quiere ser madre, que él trabaje y gane plata, pero que a la vez sea fuerte y mantenga sus convicciones. Más bien estamos ante una Susanita en bikini con un novio bello y afeminado.
Q: Sin embargo, esta pareja que no cree en dios ni en la revolución, que no mira alrededor ni tiene contacto con gente distinta a ellos, que no va a ser sujeto de una revelación como los personajes de Rossellini, que son pequeñoburgueses un poco acomodados y sin grandes preocupaciones más que las decorativas, apuestan, sin embargo, a la pareja. Porque en el fondo creen que esa relación es lo único que tienen. Y con las mezquindades del caso hacen del vínculo su única apuesta en la vida. Ese me parece que es un mérito de Ade: no cargar las tintas, no castigar a los personajes y mantener el medio tono amable y ambiguo de las vacaciones en Cerdeña.
F: Sí, la chica filma bien, muy bien, pero con eso no alcanza.
Q: A mí me sigue fascinando ver la película como un experimento. Everyone Else y su callado virtuosismo es lo que queda del cine cuando se lo despoja de esa componente rosselliniana, cuando se lo acota a la esfera de lo íntimo y se lo priva de todo contacto con el mundo externo. Y eso es deliberado en la película, que se queda solo con los cuerpos de vacaciones como residuo final del mundo.
F: Para mí son los restos del cine de festival, que cada vez es más anémico. De lo nuevo, me gusta poco y nada. En cambio, siguen respirando Oliveira, Rohmer, Rivette, Straub, Benning. Me quedo toda la vida con cualquier película de estos cineastas gerontes.
Q: Te voy a decir algo para quedar como un joven optimista y que no me acusen de viejo reaccionario como te va a pasar a vos. Si hoy ves La coleccionista de Rohmer, no sé qué pasa. No sé si no es más convencional que la película de Ade. Tal vez las películas de madurez de esta chica representen un paso adelante. Parece una directora muy inteligente en medio de un cine sin margen de maniobra.
F: ¿Por qué sin margen de maniobra?
Q: Me parece que si no hace esto o algo parecido, que aunque tenga una densidad subterránea gusta por razones más o menos banales (la factura, los actores, el tema, el cuidado, la precisión), no puede ir a ningún lado. Es el cine del virtuosismo que fomenta el estado de la industria independiente.
F: Yo noto un gran malestar en los cineastas, empezando por los que conozco más o menos de cerca, como Lisandro Alonso y Albert Serra, dos supuestos personajes exitosos de los últimos años. Hoy me leíste una pastilla con declaraciones de Serra que salió en Perfil que me puso nerviosa.
No me interesa para nada ser director de cine. El cine es una casualidad en mi vida. Voy a seguir en esto, claro, pero si viene un millonario que se enamora de mí y me da 20 millones de euros no me verán nunca más por aquí. A los 21 o 22 años ves que la vida ya no va a cambiar. Ante esa perspectiva, decidimos hacer cine pero solo para vivir otra vida. Fui muy cinéfilo pero ahora solo miro películas antiguas. No miro lo que hacen otros directores para evitar que me influencien. Borges decía que estaba más orgulloso de los libros que había leído que los de lo que había escrito. Es mucho más importante leer un libro que hacer una película. No tiene ningún mérito. Yo lo encuentro muy fácil.
Este pibe me vuelve loca. Ya sé que quiere provocar, que se hace el canchero, pero, en el fondo me parece que dice la verdad, que hace cine sólo por ocupar un lugar privilegiado en la sociedad y ganar dinero. Aunque hasta eso se contradice con lo que afirma al principio, que la vida era demasiado aburrida, por ejemplo, solo leyendo. No sé, tanta ensalada me suena a insatisfacción y falta de pasión en el trabajo. ¿O no?
Q: Los únicos apasionados somos nosotros, al final.
F: Hablo en serio. ¿A vos no te perturban ese tipo de declaraciones? Las escuchamos mil veces y me tienen harta. Me parecen una falta de respeto hasta a sus espectadores. Si hace un cine que le resulta demasiado fácil, que lo haga bien y que le cueste mucho trabajo. Que use la mano derecha o, mejor aún, las dos.
Q: A mí ese tipo de declaraciones me dejan un poco indiferentes. Son boutades que, en el caso de Serra, vienen de la escuela de Dalí. Pero Dalí se murió hace una punta de años.
F: ¿No creés que hay algo de verdad en lo que dice?
Q: Me parece que es un mecanismo de defensa, como suele ocurrir en estos casos. A Serra le da mucho miedo la posibilidad de que una película no le salga o que tenga mala recepción. Por eso dice que no se esfuerza. Es como si se estuviera preparando para fracasar. La verdad es que creo que se habla a sí mismo, trata de convencerse de que no pasa nada, de que no hay presiones, que esta situación de cierto éxito alcanzado le va a durar para toda la vida.
F: Que vaya al psicoanalista. No le puede tirar con eso a la gente, que se banca dos horas de su película. Es una falta de respeto al espectador casi religioso que hace un esfuerzo descomunal por aguantar un cine para el que, en general, no está preparado.
Q: No te des tanta manija. Acá en el blog tenemos gente más o menos preparada, más o menos leída que aparece en medio de estas conversaciones para declarar su desprecio por el cine. Serra sabe perfectamente bien que el mundo de la prensa, el mundo de la cultura, están compuestos de ignorantes y de soberbios. ¿Qué le podría contestar Serra a alguno de nuestros irreverentes contertulios que miran el cine con desdén? A esa gente le dice que el cine es una pavada, como se lo dice a los periodistas que publican ávidamente esas tonterías. Es cierto que Serra podría ser más generoso con la gente que ha disfrutado o simplemente que quiere entenderla. Pero, ¿cuánta gente te encontraste en los últimos días que te dijo que lo odia a Serra cuando en realidad son tan pocos generosos como él pero más caretas? ¿Rejtman te explica sus películas? ¿Martel te las explica? ¿Trapero? Son todos pavos reales con distinto color de plumas. Serra es sólo una variedad.
F: Puede ser. Pero a mí me gustaría que Serra explicara su cine frente al público en vez de tirar una y otra vez con las mismas boutades. Creo que lo podría hacer muy bien. Terminemos con estoy y cerremos también el tema de la película alemana. Me parece, después toda esta lata, que a vos te gustó mucho más que a mí.
Q: Sí, a mí me gustó más. Pero, probablemente, porque le encontré esas conexiones y desde ahí la película se ve de otro modo, en particular, se la ve consciente de su lugar y sus posibilidades en la historia del cine. Por algo el personaje principal pasa de soñar con proyectos arquitectónicos refinados a negociar con un millonario la redecoración de su casa. Tal vez Ade se esté limitando a refaccionar una lujosa vida en Cerdeña, pero es muy consciente de por qué lo hace. No me refiero a cuestiones de mercado, sino al verdadero presente del cine.
F: Pero no hablamos de las milanesas de Gonzalo Castro.
Q: Sí, son como la película de Ade. Las hace sin ajo ni perejil, aunque el desgraciado es tan cabezadura para filmar como para hacer milanesas. Este no tiene interés alguno de dialogar con la historia del cine. Cree que como se inventó la cámara digital muy manuable y barata a nadie le importa lo que hizo Rossellini porque ahora llega él y empieza el cine de nuevo. Es una lástima, porque me parece que está aprendiendo y que tiene algunas ideas interesantes. Pero te voy a decir algo. Tal vez le vendría bien que alguien hablara de sus películas y él tuviera que responder. Lo que pasa es que trabaja en una franja todavía muy marginal del cine argentino donde parece que las películas no fueran objeto de la consideración pública.
F: Estuvo dos veces en el Bafici, ganó un premio al mejor director el año pasado y sus películas parecen invisibles. Nadie dice nada. A lo sumo las odian off de record.
Q: Da la impresión de que para que una película tenga alguna visibilidad es necesaria una gran operación de marketing de alguna índole. Cada vez creo que esta idea de seguir hablando del Bafici es no sólo divertida sino tal vez tenga algún efecto sobre el mundo exterior.
F: Solnicki le sugería a Castro que tuviera más en cuenta al espectador, ante lo cual tanto nosotros como Gonzalo reaccionamos airadamente y lo acusamos de mercachifle.
Q: Estuvo divertida la conversación. A mí me gusta desempeñar el papel de tirarles tomates en las discusiones. Pero me resultan personajes queribles. Filmando desde los márgenes, tratando de entreverarse como pueden en el mundo del cine. Castro va camino de convertirse en una especie de barón de la cultura, su editorial Entropía ha tenido un gran éxito con la novela de Pola, acaban de editar además el diario de Herzog sobre la filmación de Fitzcarraldo y ya está por terminar su segunda novela y por empezar su tercera película que girará alrededor de un personaje de lo más cool. Solnicki, a su vez, tiene 7 proyectos y los mueve todos como si administrara un stud.
F: Como él mismo defiende, Gastón siempre tiene en cuenta al público. Los próximos proyectos involucran relaciones familiares y grandes figuras de la música. El éxito asegurado. Pero no lo critico más porque me regaló una coqueta muscolosa de Süden.
Q: Es el rey de los marketineros. Hasta la novia lo cargaba. De todos modos me parece que hay cierta ingenuidad en el personaje, lo hace todo de onda. Me hace acordar a Acuña en variante eufórica y obsesiva en lugar de melancólica.
F: Hace mucho calor y hace 2 horas 50 minutos y 20.000 caracteres que estamos hablando pavadas. Vamos a descansar un rato. Pero podríamos una película…
Foto: Flavia de la Fuente

Dios mío, “barón de la cultura”. Nick Name me va a despellejar.
Tener en cuenta al espectador tambien es no subestimarlo, o no darle unas milanesas incomibles, para seguir en tema.
Flavia : yo también admiro más a esos gerontes que mencionás , pero me es muy difícil precisar si hoy por hoy no son más reaccionarios los directores nuevos que no parecen percibir al espectador ,que el cine que se ve fuera del BAFICI. Cuando Serra dice lo de los libros, tiene algo de razón , porque si el cine tiene jerarquía intelectual y estética eso lo emparenta con otros ámbitos culturales sin por eso despreciar lo cinematográfico en sí. El cine , que ya tiene un siglo de vida , ¿que futuro tendrá? si pensamos que ir al cine es un acto trascendente , es porque los que lo hicieron evolucionar durante los primeros sesenta años le dieron un nivel extraordinario que hace imposible obviarlos . Por eso, como Lourcelles , tengo desconfianza del cine contemporáneo, no sólo del muy masivo sino de un hiptótetico cine de autor que no es tal . Amo a Rohmer pero Lourcelles duda de él , de Godard ,Rivette , Antonioni… y dice que si hay vanguardia ésa es Tourneur.
Una para Castro: compartir una mesa con Julia Solomonoff en el último BAFICI y soportar las ideas esquemáticas de la asistente de dirección de Walter Selles es, mal que le pese a Nick Name, un acto que lo reconcilia con el público, la cinefília y los amantes de la buena comida. ¿O me van a decir que el lomo al Solomonoff es más rico que las milanesas? No jodamos.
Q y F, ¿llegó a sus manos algún ejemplar de la última joyita de Beatriz Sarlo -La ciudad vista-?
Debo decir que todavía no tuve posibilidad de ir a comprarlo, pero confío en alguna breve reseña que puedan elaborar ustedes y me estimule a hacerlo.
Sobre no subestimar al espectador…
http://www.clarin.com/diario/2009/04/03/um/m-01890681.htm
Everyone Else es una gran película; junto con la de Miguel Gomes y la de Rohmer, lo mejor que vi en el Bafici
No te preocupes, Gonza. Ya lo hizo Quintìn, con una sutileza que a mi me està negada.
Lo lastimoso es que desperdicies tu inteligencia creyendo que no tenès nada que aprender. Esa soberbia serà una pose muy cool, pero al final resulta suicida. Pero se ve que el dancing en el Titanic es una cuestiòn generacional, como se puede leer en otra nota de este blog…
Me gusta que me llames Gonza, Nick. Y yo soy muy estudioso, no vayas a creer todo lo que dice Q.
Estoy perdida desde principios de la década. Querría volver a su lado, pero él, ay, me va a perder de vuelta.
La proxima vez dejen que cocine Solnicki, le pone mucho limón a todo pero es un éxito asegurado.
No es solo Viaje en Italia, es, también, aquella joyita que Rossellini hizo a modo de despedida para su pareja, la gran Anna Magnani : El amor, sobre La voz humana, el texto de Cocteau.
Y everyone else, por todo eso y mucho más, es una gran película.
Con respecto a Castro como el barón de la cultura….Ojo que en los pasillos de puan se comenta – y no sin razón- que el libro de pola…es una porquería.
La película de Maren Ade no es ninguna maravilla. La idea de una chica burguesa que “sufre” por tener costumbres más excéntricas que el resto, mientras trata de “convertir” a su marido en un excéntrico como ella no está del todo mal, no es un tema muy explorado. Supongo que hay personajes más insufribles que ella en la realidad.
De las tres que ví de la competencia esta es la que me resultó más acabada. Las otras dos (”Aquele querido mes de agosto”, “Hunger”) me parecieron experimentaciones válidas pero fallidas. Ninguna pasará a ocupar un lugar importante en ningún top cinematográfico del año o de la historia para mí. Me parecen más interesantes gente como Andrew Bujalski o, en menor medida, Kelly Reichardt.
Rohmer, Rivette, Straub/Huillet u Oliveira (aunque lo que se presentó de este último en el Bafici haya sido menor) son gigantes fuera de toda discusión y de toda cuestión que clasifique a realizadores ridícula y banalmente por su edad.