Cannes, balneario proletario
por Alejandro Fernández
Entre miércoles y jueves, como decía, vi Nymph, de Pen-Ek Ratanaruang; Eyes Wide Open de Haim Tabakman; Los Viajes del Viento de Ciro Guerra; y The White Ribbon, de Haneke. El viernes, cansado de tanto sube y baja (estamos en un departamento bastante lejos de donde pasan las películas) nos fuimos con mi mujer a Mónaco. Comparado con el lujo del principado, Cannes parece un balneario de proletarios. ¡Esos sí que son yates!, ¡esos sí que son autos!, ¡esas así que son promotoras! Además coincidía que en estos días se corre el Gran Premio de Fórmula Uno (que es cinco años más viejo que el festival de cine), así que la ostentación estaba en su apogeo.

Entusiasmado por el éxito de ventas de su película, nuestro corresponsal piensa en cambiar el auto
De regreso de Mónaco nos echamos a dormir y hoy ya partimos de regreso, así que no alcanzamos a ver nada más. Diez días agotan demasiado, y aunque me hubiese gustado ver algunas películas más, creo que no está mal responder a los deseos del cuerpo que pide descanso. Nuestra película se regresa sin premios, pero con bastantes buenos comentarios. La verdad es que uno no puede dejar de sentirse angustiado en la medida que se acerca el cierre, esperando que suene el teléfono y una voz pida que la delegación se quede un poco más (señal de que hay un premio en camino). Tal vez si lo único bueno que se puede sacar de tal nerviosismo sea el deseo de dedicarse lo más pronto posible a la próxima película, o sencillamente a otra cosa, pues en los últimos días me he descubierto contemplando la posibilidad de dedicarme a una actividad menos riesgosa emocional y financieramente. Mi padre entró a la universidad cuando tenía más de 40 años y se tituló con honores de contador auditor, así que si algún gen suyo he heredado tal vez me espere una adultez y vejez de arquitectura o abogacía. De arquitectura he aprendido algo al armar el tinglado de varios guiones y hasta de la película que terminamos, y de derecho otro tanto en tanta discusión de blog y sobremesa.
No llegue tarde o verá la película desde aquí
Hablando en serio, no puedo negar cierto desencanto a la hora de partir, aunque si se trata de desencantos la que está totalmente furiosa es mi productora, quien, entre otras muchas cosas, no entiende la ovación de diez minutos a Ciro Guerra y el que mucha gente se preste al juego y aplauda el triste espectáculo de un actor tocando el acordeón en el escenario para presentar una cinta en la que los que tocan el tambor se tienen que bautizar con sangre de lagartija. Ya sea sabe, así es Latinoamérica. Me dijeron que en Argentina los críticos de cine se bautizan con la sangre de una gallina virgen sobre una copia de Mi Ultimo Suspiro traducido al holandés. ¿Será cierto?
Leyendo los comentarios del post anterior, se me ocurre sumar a Ciro Guerra al grupo de quienes se montan sin vergüenza al carro del “International Style”, pues tras una ópera prima alegórica sobre la violencia guerrillera en Colombia filmada en vídeo en blanco y negro que no merece casi comentarios debido a lo rústico y maniqueo de su propuesta argumental y estética (La Sombra del Caminante), el joven director colombiano da en Los Viajes del Viento un salto enorme en términos de producción y pericia en el deporte de filmar bien. El concurso de gran cantidad de fondos internacionales le permite esta vez filmar unos paisajes de ensueño con una fotografía grandiosa, una banda sonora inabarcable y una puesta en escena pulcra. Claro, de fondo hay una historia de un acordeón hechizado por el diablo, del “juglar” que lo toca y el joven que lo sigue, de mercados populares que parecen sacados de un mal documental sobre la vida en al colonia del siglo XVIII. Por todos lados abundan las gallinas, los sacos de granos genéricos, las profesiones de cartonpiedra, los cargadores y mercaderes del tipo de los que encuentra Jesús en el templo en una superproducción de los años 40, gente que viaja en burrito, duelos a muerte en puentes sobre ríos oscuros, subtramas amorosas dignas del peor cine latinoamericano de los años 80 y 90 (la amada mira desde el balcón al acordeonista amado, con la sombra del marido celoso en la penumbra), largas caminatas a través de los más inverosímiles parajes turísticos de Colombia, casas que se construyen en la punta de un cerro, sin acceso a agua ni a protección contra el viento pero que se ven de pelos en medio de la nada sobre las nubes, etc., etc.; además, claro, de una colección impresionante y exhaustiva de todos los estereotipos que se han construido sobre Latinoamérica en los últimos 50 años, desde los vendedores de hielo de García Márquez a los músicos simpaticones y viejillos de Buena Vista Social Club. Pero obviamente eso importa poco ante una fotografía que se esfuerza hasta el infinito por ser simétrica, por respetar la regla de los tercios y por no alterar lo que hasta en publicidad se reconoce fácilmente como una “buena composición”. Cuando digo que me enoja mucho leer el que muchos defiendan “el encuadre”, me refiero a quienes precisamente me decían al final de la película que los encuadres de Guerra eran si no soberbios, al menos elegantes o por último correctos. Ya que hablamos de Ciment, en otra parte de la conversación, él defendía esa composición diciendo que el cine tiene o debe tener una deuda con la pintura. Claro, como todo, se trata de una pintura y una fotografía que no pasa del realismo místico de los románticos o de Cartier-Bresson, a lo más, pero que se ha saltado olímpicamente todo lo que en términos de concepción del espacio de representación visual ha hecho tanto la fotografía contemporánea como la pintura moderna desde los impresionistas hasta nuestros días. Debo reconocer, sin embargo, que en sus diez primeros minutos, la película de Guerra casi me pasa gato por liebre, pero una vez pasado el efecto de la fotografía exageradamente preciosista, por momentos muy parecida a la de Japón o Batalla en el Cielo, lo que queda es la sensación de estar viendo un largo comercial financiado por la secretaría de turismo de Colombia sobre las maravillas del país y lo bien que harían los extranjeros en visitarlo. La fotografía “bien compuesta” y el “encuadre apropiado” que tantos defienden (Ciment entre ellos) al final sólo me produjeron una profunda sensación de aburrimiento. Y eso que ni siquiera hablamos del aspecto político de la cinta, de la venta descarada de exotismo para audiencias primer mundistas, de la incoherencia narrativa en que termina la película por el sólo gusto de llevar a los protagonistas a través de los lugares más exóticos del país (en vez de viajar por una carretera, los protagonistas prefieren cruzar bosques y plantaciones, subir cerros imposibles y bajar a abismos sin fondo). Pero bueno, en tiempos del todopoderoso encuadre y la precisión formal, Guerra tiene todo el derecho de hacerse un espacio destacado entre los cineastas del continente, pues a nadie le importa demasiado que la cinta sea un recorrido pictórico y paternalista sobre un maestro maldito y su joven y tontillo aprendiz. Glauber Rocha for the 21st Century’s masses, baby.
Algo parecido, aunque menos descarado, me parece el caso de Pen-Ek Ratanaruang, quien parte Nymph con una copia casi exacta del plano inicial de Los Muertos. Una cámara montada en un steady-cam vagabundea por una frondosa selva tropical en la que cantan miles de insectos y pájaros. La cámara sube y baja por entre los árboles, por las ramas y las manchas de luz. Luego, al bajar, sigue a una mujer que corre y que es perseguida por dos hombres, quienes luego, en un extremo del encuadre, la violan. La cámara sigue su vagabundeo por algún tiempo más hasta que finalmente se eleva, apunta hacia los árboles primero y luego hacia abajo y nos muestra… adivinen… sí, dos cuerpos muertos flotando en el agua. Conozco un buen abogado de derechos de autor, en caso de que Alonso quiera presentar una demanda por plagio. De ahí en adelante la película trata de ser un retrato de una pareja de la ciudad que sufre de la incomunicación (la chica habla por celular todo el tiempo) propia de los personajes de películas serias, y que al ir de viaje al mismo bosque de inicio sufre una especie de “abducción” por parte de la naturaleza. Si el cine de Noé o Von Trier o el mismo Haneke abunda en todo tipo de aberraciones sexuales, lo cierto es que Pen-Ek Ratanaruang se lleva el premio por mostrar la primera escena que recuerde de florofilia, o herbofilia, o mejor dicho arbolfilia, pues en medio del bosque el joven protagonista procede a follarse un árbol, tras lo cual desaparece, trasformándose la cinta en una historia bastante convencional sobre fantasmas, momento “Sexto Sentido” incluido (¡oh, era un sueño!). Volviendo al tema del plagio o de la coincidencia entre escenas de Nymph y pasajes de otras películas, en otro momento se repite calcada una escena de El Cielo la Tierra y la Lluvia de mi amigo José Luis Torres Leiva (una mujer se desmaya en frente de un árbol) y en otro más se ve una copia del afiche de El Anticristo, de Von Trier, en el que un hombre y una mujer hacen el amor sobre las gruesas raíces de un árbol.
Cine con sabor a autor, pero que nuevamente oculta otra cosa muy distinta, en este caso no el exotismo de Guerra, sino una ramplona historia de fantasmas, un pusilánime comentario sobre la sociedad moderna y lo lindo que es ser ecológico y follarse un árbol de vez en cuando.
Sobre Eyes Wide Open sólo diré que se trata de una película sobre el amor imposible entre dos homosexuales miembros de la comunidad ultra ortodoxa judía en Jerusalén. Como metáfora se escogió que uno de los dos fuera carnicero y el otro un joven que trabaja en la carnicería. Después de cada polvo se nos muestra a uno de los dos cortando carne. Ya se entiende: la carne representa, pues bien, la carne. Una metáfora de lujo, sin dudas.
Por suerte la última cinta que vi fue la monumental The White Ribbon, de Haneke. Pese a sus altos y bajos, a la pedantería que acompaña como su sombra a buena parte de sus películas, siempre le he tenido respeto a Haneke, aunque sea únicamente por el hecho de que siempre parece tomarse demasiado en serio, algo que en el tiempo del ensalzamiento del cinismo y la ironía como valores absolutos me parece cuando menos refrescante. En medio de las manadas de cineastas que parecen tener tanto miedo de decir algo, cualquier cosa, que al final terminan sin decir nada, la gravedad anacrónica de Haneke se me hace sumamente contestataria.
La historia de The White Ribbon es la de una serie de crímenes que afectan a una comunidad alemana de agricultores a principios del siglo XX, a pocos días de que comience la Primera Guerra Mundial. Los secretos que guarda cada una de las numerosas, ultra cristianas y estrictas familias; y la posibilidad de que los crímenes más vistosos sean provocados por un grupo de niños que actúan con un retorcido sentido de la justicia y que por su condición de menores están más allá de toda posibilidad de castigo o sospecha, hacen imposible que al final se de con los verdaderos culpables. En el camino quedan una serie de vidas rotas y familias destrozadas. La última escena de la cinta es devastadora, con un lentísimo fundido a negro apagando la imagen de toda la comunidad reunida en la iglesia celebrando misa. El narrador (el profesor del caserío), quien fuera el único que se acercara a la verdad de los crímenes, pese a todo, recuerda la escena como un momento feliz, pues en ese día tenía a su lado a la joven que sería su esposa.
La cinta ha sido vista como una reflexión sobre la corrupción moral de una sociedad a causa del fanatismo y primitivismo religioso, pero a mi juicio el tema principal es la imposibilidad de juzgar a ciertos grupos sociales sin importar el tamaño de sus delitos. En este caso se trata de los niños, que pese a ser los más probables culpables, están más allá de culpa no sólo porque son menores de edad, sino porque la sociedad entiende que si ellos han llegado a cometer crímenes atroces es porque se trata de una manifestación de un mal mayor del que toda la sociedad es responsable. La clave de esta interpretación está implícita en el título, pues la cinta blanca (el white ribbon del título) es el distintivo que colocaba el pastor del pueblo a sus hijos cuando hacían una mala acción, con el fin de recordarles que debían esforzarse por alcanzar la pureza que simboliza el brazalete. Al inicio el narrador explica que los hechos que se dispone a contar permiten, de alguna manera, entender lo que ocurrió en su país décadas más tarde. La línea de interpretación podría extenderse así fácilmente a los horrores de la Segunda Guerra Mundial y al manto de impunidad que cayó sobre innumerables horrores y centenares de miles de criminales. Si tal interpretación no es descabellada, es porque la misma forma de la película da luces sobre el momento histórico desde el que se están analizando los hechos. The White Ribbon está filmada en un impecable y contrastado blanco y negro, y con un estilo clásico de narración y montaje que remite inmediatamente a Dreyer (especialmente en sus interiores, con su iluminación expresiva y naturalista al mismo tiempo), Bergman, Charles Laughton o el Wells de Los Magníficos Amberson. Es decir, un cine que se ubica claramente entre las décadas de los 40 y 50. Al contrario de Raya Martin, que imita el estilo del cine mudo con un afán casi fetichista y que a lo más consigue reiterar conceptos de buena crianza respecto de la independencia de su país (los criollos son valientes, los invasores malvados, etc.) desde un punto de vista más bien ingenuo y de falsa mitología (falsa porque creer en la “verdad” de tal mitología requeriría desconocer el acostumbramiento de la audiencia a los mecanismos de recreación técnica de las formas del cine del pasado); el estilo de la cinta de Haneke permite interpretarla como un comentario no tanto sobre la Primera Guerra Mundial, sino sobre la Segunda, y sobre el peso de la culpa (su eterno tema) en la sociedad alemana de post guerra. Es decir, donde Martin pretende hacernos creer que su cinta se filmó en los primeros años del siglo, Haneke nos ubica en un momento del cine no para hacernos pensar que la cinta se filmó en los años 40, sino para que desde allí interpretemos el verdadero mensaje (o uno de los muchos mensajes posibles) de una película tan perfecta en lo formal como sólida en lo ideológico.
Si hago el paralelo entre Martin y Haneke es porque creo que en el fondo mucho de lo que he venido pensando sobre el cine en este tiempo se podría resumir en estos dos ejemplos, en cómo en un caso el virtuosismo formal se trata de poner al servicio de una idea del mundo o de un comentario sobre el mismo, y en el otro de cómo se espera que este virtuosismo, por sí sólo, conjure el milagro del sentido. Entre el virtuosismo fetichista, ingenuo y místico de Martin y el virtuosismo grave, fatalista y concreto de Haneke, sigo prefiriendo el segundo. Al menos así sé que si sus películas me dicen algo será algo coherente, y no el casual resultado de querer decir una cosa y terminar diciendo otra completamente distinta (querer hablar de la independencia de Filipinas, por ejemplo, y terminar rindiendo secreto homenaje a los Gremlins, jojo).
“Quiero la ausencia de algo que sea muy bonito… No una ausencia total, pero como el café, las fotografías pueden volverse demasiado dulces” (William Eggleston)
En una nota más personal, una de estas noches hablábamos con Gonzalo y Jerónimo, todos primerizos en Cannes, que pese a una sensación general de desazón por tanta película mala o tramposa que hay que soportar para llegar a algo que valga la pena, el que al menos todos nos hayamos llevado un puñado de películas para recordar terminan por dar la razón al eterno mito de Cannes. Sea porque escoge primero las películas; sea porque tiene un par de programadores más lúcidos que el común de sus colegas; lo cierto es que el festival del balneario de los parientes pobres de la Costa Azul (insisto en que Mónaco es donde está el dinero de verdad) sigue siendo mejor que cualquiera, lo que no es mucho, pero tampoco es tan poco.
Fotos: Alejandro Fernández


No vi, obvio, ninguna de las películas, pero la ‘pluma’ de Fernandez hace que sus opiniones sean incontrastables…con las del tio Koza en su sitio, éstas son las crónicas mas vívidas de hecho Cannístico…pasionales… y movilizadoras…
Gano Haneke al final…me gusta el premio mejor director para el discipulo mas impensado de Altman…
último momento: Haneke ganó la palma de oro.
En vez de ‘tres puntos’, tal vez debiera ir ‘punto y coma’…las frases van separadas, claro…
Altman tiene algunas (pocas) buenas películas…pero nunca podría haber hecho ‘Caché’…
Me causó mucha gracia la foto del libro “Le Style International” (versión francesa de una colección de Taschen que aquí en las pampas no se consigue tan barato como en Europa…). El título anglo-afrancesado le hace honor a su mayor propagandista, que no podía sino ser un francés americanizado: Le Corbusier.
El plano de “Los muertos” se puede copiar tranquilamente: la posmodernidad ha destruido (”desconstruido”, para decirlo en sus términos) el concepto de plagio: el estilo se disuelve en la comunidad (mercantil, no política). Por eso puede se puede reducir Latinoamérica a un numerito folklórico… (Pero no mezclemos al gran Glauber en todo esto: hay que recordar que su obra problematizó esa visión eurocéntrica.)
Una vez mas coincido en general con tu visión, y suscribo eso de que “… en el tiempo del ensalzamiento del cinismo y la ironía como valores absolutos (…) en medio de las manadas de cineastas que parecen tener tanto miedo de decir algo, cualquier cosa, que al final terminan sin decir nada, la gravedad anacrónica de Haneke se me hace sumamente contestataria. (…) Entre el virtuosismo fetichista, ingenuo y místico de Martin y el virtuosismo grave, fatalista y concreto de Haneke, sigo prefiriendo el segundo.”
Sin duda Cannes es el festival mas prestigioso del mundo, pero que (visto lo que cuentan vos y Roger) sea el mejor, da mas tristeza que otra cosa…
no hablo de Haneke! Hablo de Mendoza. Excelente el post.
¡Ah, cierto!…debiera leer mejor, caramba… (y Haneke con Altman no daba, quizás…)
No te retires del cine Alejandro , son cosas que pasan.
Me gustaria saber si tu película tiene o no, asegurada su distribución en Francia , Japon u otro asiático.
Me gusta, tu estilo de prosa off. Es de excelente estilo narrativo. Serias un gran escritor de lo cotidiano con toques de exploración en las costumbres mínimas. O sea, seguir en el papel o en el byte, la senda de Huacho, pero con otros temas con movilidad vertical y no tanto horizontal ( señalar contrastes de mundos, mas que describir uno solo, horizontalmente). Y despues, llevarlo al cine. Pero para eso se necesita, mucho dinero en ambientaciones diferentes , locaciones y actores.
Muchas gracias, por tu humildad en los comentarios del intra-cine, que al leerte, lo invitás a seguirte. Lo hacés en definitiva, su compañero de ruta.
Ojalá sigas en este blog, haciendo tus aportes.
Mientras tanto, me preparo para ver el jueves el estreno de EL ARTISTA de Alejandro Cohn y Gaston Duprat, personajes que se mueven en los extremos del dial, inclasificables y muy talentosos.
Como trata a su vez, sobre el Arte Contemporáneo y su léxico no impostado; puede ser que en vez de sentirlo desde la butaca por fin lo viva desde dentro. Saludos.
perdon el lapsus, es Mariano Cohn y no Alejandro que es su hermano, y que tambien estimo mucho.
Esto de culpar a los menores en Haneke ya viene desde Benny´s Video y va hasta Caché inclusive. Acá no tiene nada que ver la acusación puntual de Haneke sobre las responsabilides del Holocausto, o hacia la burguesía intelectual francesa en Caché, o la sociedad de consumo contemporanea como en sus otras películas. En todo caso me parece una repetición redundante de algo ya visto en donde Haneke parte de una suerte de busqueda antropologica para encontrar un contexto historico y sociologico desde donde desarrollar esa obsesión repetida desde donde iniciar el tiroteo. Lo mismo que hacen los realizadores que se dedican a generos como el terror, reforzado además por esa misantropia afiebrada del austriaco. Una cosa es celebrar la obsesión de Buñuel por las piernas femeninas o su posición anticlerical que se yo, y otra la de un reaccionario que está obsesionado con la culpabilidad de los infantes. He sido un gran detractor de Caché y me parece que lo que Haneke siempre hace es de dotar a sus discursos de una complejidad hermetica y artificial pero partiendo de emociones totalmente primarias, de un mecanismo de terror sofisticado que sin embargo no dice nada del mundo porque se encierra en sus propias obsesiones y en cierto dogmatismo. Si hablamos de la versión de Herzog de Bad Lieutenant no me quiero imaginar lo que sería la versión de Haneke de los 400 golpes.
Y en el fondo lo hace escudandose cobardemente en cuestiones que tienen un repudio generalizado como el holocausto o el racismo a los inmigrantes.
Pertinentes tus opiniones, Bobby…aunque a mi… me siga seduciendo ‘Caché’…
Bobby: coincidimos. Haneke es un viejo, choto y reaccionario.
Bobby,
te guste o no hay menores mentalmente perturbados.
Claro que sí. Pero de ahí a que sean la encarnación de los males del mundo y tema central de varias de sus películas… cuando un viejo cineasta hace eso y, en cambio, no elige para esos papeles a gente de su edad… ¡Houston, tenemos un problema!
Bobby, el tema de Haneke no es tanto la culpa y la denuncia contra la burguesía en Caché o contra los niños en Benny’s Videos y The White Ribbon, sino los mecanismos mediante los cuales una sociedad completa se libera de esa culpa. Ver en Cache simplemente una denuncia contra la burguesía y un alegato en favor de las minorías y los inmigrantes, etc;, es perderse tres cuartos de la película, que a mi juicio es una reflexión sobre cómo la televisión, el cine, el audiovisual en general, sirven para construir una imagen del mundo dentro de la cual se refuerza la idea de la inocencia de quienes de otro modo no podrían estar tan tranquilos.
la misma idea más desarrollada aquí:
http://www.mabuse.cl/1448/article-74697.html
La complejidad “hermética y artificial” de la que hablas tal vez es lo que me permite interpretar sus películas de esta forma y no sólo como un ejercicio de autocomplacencia o limpieza de conciencia de un burgués europeo. Sus películas me resultan muy perturbadoras no tanto por su mensaje de “superficie” (los temas de la culpa burguesa, colonial, nacional, etc;) sino porque entra a cuestionar el mismo medio que utiliza para tales denuncias (el cine en sí mismo como una herramienta válida para interpretar la historia). Por eso a mí su complejidad o hermetismo no me parece ni artificial ni banal, sino totalmente necesario para llegar a un análisis que tiene que ver mucho más con el cine y la imagen que con los mensajes más obvios.
Pero bueno, esos son rollos que me paso yo, tal vez pasado de revoluciones interpretativas. Sin embargo, estoy convencido que en el fondo del cine de Haneke se esconde esa idea central. Al menos hasta ahora sus películas siempre han funcionado en ese nivel para mí, y aunque no sea algo consciente en sus películas, el hecho de que la coherencia de tal interpretación sea tan grande, me dice que o bien Haneke lo hace a propósito o bien sus películas dejan el espacio suficiente para que ese sentido aflore y no sólo no se contradiga con su mensaje “de superficie”, sino que se potencie con su cercanía.
Finalmente, concuerdo en que Haneke es misántropo y dogmático, pero conservador o reaccionario no creo que sea. A menos que creamos que ser revolucionario es pensar que la burguesía ya ha pagado de sobra todas sus culpas y que ahora se le debe dejar profitar tranquila y que los que de alguna manera cuestionan sus privilegios son resentidos o aprovechadores que por algún misterioso mecanismo de alquimia terminan siendo ellos mismos los conservadores y quienes defienden el estaus quo.
y sobre los niños… el mismo Galois los defiende como imposibles representantes del “mal del mundo”. Haneke toma esa idea y la subvierte, pues The White Ribbon plantea que en la medida que existan grupos que se denominen, por la razones que sean y por justificadas que sean tales razones (edad, constitución, educación, origen racial, social, etc.) “inocentes” o incluso “menos culpables” o hasta “relativamente culpables”, siempre buscaremos excusas para, de forma colectiva, sumarnos a esos grupos. Contra el cine de Hollywood que siempre busca el último hombre bueno que nos redima a todos (la actualización del mito cristiano), me parece que la misantropía de Haneke es necesaria, pues plantea en último término que la incocencia no existe y que mientras una sociedad no asuma de manera total y colectiva su culpa (lo que obviamente implicaría hacer algo para reparar el daño), sin excepciones para nadie, por “chiquito” que sea, siempre será culpable.
Ay, afa, así es como terminamos en Tony Manero, con esa obsesión por la culpa que debe pagar la sociedad mientras los cineastas disfrutan de sus Palmas de Oro. Uf!!!
Q
Pero Quintín, cuando Haneke no era aún ‘Haneke’ (o lo era apenas, digamos) tu juicio era (incluso en un reportaje en Cannes) muy distinto para este ‘disfrutador de la Palma de Oro’ ( ¿o acaso era solo porque no era aún un outsider?)
Yo no lo veo mal, cada cineasta tiene sus temas. Haneke muestra niños mentalmente perturbados y me parece Ok, no me importa cual sea la edad del cienasta. Yo disfruto en general de sus películas.
Eso de la encarnación de los males del mundo ya es un análisis que aportan uds.
obvio, la oración es: ‘…era aún un outsider…’
Sanitago. Cuando Haneke apareció en Cannes con Funny Games era revulsivo, ponía en cuestión la burguesía, etc. (y hasta lo chiflaron, nadie quería saber nada). Después instaló una máquina de decir siempre lo mismo y cuando termina haciendo Funny Games en inglés 10 años más tarde se ha transformado en un conformista, en un cineasta burgués que hace siempre la misma película y que le proporciona a la burguesía entretenimiento y seguridad. Sus películas son el equivalente cinematográfico de ir a misa y confesarse para después seguir haciendo lo mismo. Son películas bonitas, confortables, con algo un poco picante que las lleva, entre otras cosas, a ganar en Cannes. Igual esta no la vi, pero la tendencia con Haneke parece irreversible.
Q
Culpa es una palabreja a la que le encuentro dos acepciones importantes, una jurídica (la hablarán mejor los abogados) que está en relación a establecer objetivamente la responsabilidad de alguien en un “mal” infligido a otro, la otra “afectiva” en relación con lo subjetivo, es el sentimiento que acosa a quien padece por haber actuado mal y generado equis daño. Uno podría pensar que se complementan en cuanto a cubrir la posibilidad de entender como el accionar humano implica valores que le dan sentido a lo que hace no estoy tan seguro que así sea.
La “culpa social” (subjetiva u objetiva) no sirve de nada, como no sea para, desde algunos, denostar a otros y desde otros para diluir su “culpa” personal (“somos un poco todos culpables” dirá alguien por televisión, explicando alguna dictadura militar a la que apoyó) pero digo no sirve de nada fuera de ello, porque de lo que se trata es develar, desentrañar las causas de los comportamientos colectivos, en que bases de la estructura social se encuentran sus orígenes.
En lo personal, habrá hasta quienes se manifiesten o se muestren culpables si les conviene mostrarse así para disminuir su responsabilidad ante la condena social, sin sentir una pizca de culpa subjetiva.
Pero ¿criticar a un cineasta pasa por todo esto? Bueno quizás al cineasta frente a la totalidad de su producción ¿pero tiene que ver esto con la calidad cinematográfica? No sé, veo que se mezclan valores morales, con cuestiones estéticas y hasta formales. No sé, nuevamente, pero creo que trascender el me gusta o no me gusta, debiera estar en poder fundamentar, con relativa objetividad, porque tal película vale artísticamente. Un crítico me debiera ayudar a mí, como simple espectador, a gustar mejor mi próxima película enterándome de que me perdí al ver la última que vi y cuya crítica leo. Estimo que la tarea del crítico estaría puesta en lo didáctico, no estoy tan seguro que una película necesariamente me deba “enseñar” algo.
Disculpen la extensión y las probables incorrecciones. No hay vista previa y hago lo que puedo.
Q, la cuestión de si un artista debe o no rechazar un premio si cree que es incompatible con su discurso (caso de Sartre rechazando el Nobel, por ejemplo) no tiene que ver con sus “temas” sino con su “praxis”, digamos: ¿La ética de Haneke le impediría aceptar premios porque su estética habla de “la culpa que debe pagar la sociedad”? No creo que un premio (ni siquiera una Palma de Oro) “lave las culpas”…
Por otra parte, no veo porque esa “obsesión” sería criticable (ni se porque cualquier obsesión artística es criticable, cuando es la base de lo que los críticos llaman “estilo”): A mí, por el contrario, me parece que la “culpa social” es el único tema realmente importante… sobre todo si uno vive en una sociedad desigual y produce un arte elitista (y el cine, lamentablemente, cada vez es menos “popular”…)
No hace falta sentirse un culposo privilegiado del primer mundo, ni tampoco hacer abyectas postales de la pobreza lationamericana… Todos tuvimos dictaduras, y somos cómplices de las democraduras que prosiguen con la exclusión social (en la medida en que lo permitimos). “A menos que creamos que ser revolucionario es pensar que la burguesía ya ha pagado de sobra todas sus culpas y que ahora se le debe dejar profitar tranquila y que los que de alguna manera cuestionan sus privilegios son resentidos o aprovechadores que por algún misterioso mecanismo de alquimia terminan siendo ellos mismos los conservadores y quienes defienden el estaus quo”.
Igual creo que algo de razón tenés cuando decís que “se ha transformado en un conformista, en un cineasta burgués que hace siempre la misma película y que le proporciona a la burguesía entretenimiento y seguridad.” Pero los que logran romper ese círculo son pocos… Y el mismo argumento los excluiría de volver a Cannes (si es que alguna vez estuvieron, lo que también sería sospechoso…)
Digo: por qué se le pediría esa coherencia a Haneke y no a Martin, por ejemplo?
No dije que Haneke deba rechazar ningún premio. Digo que no debería hacer esas películas porque son vacías.
No sé qué es la “culpa social”. Es un concepto que se me escapa.
Q
Te acepto en que Haneke encontró ’su huella’ y eligió lo cómodo del discurso (se sabe que una película debe ‘demostrar’ con ‘estética’, no con ideología -que , en pantalla, es ‘adoctrinamiento’, todo lo contrario de ‘cine’) y que su dedo acusador omnipresente suele molestar (aunque, aún así, su cine es preferible al de unos cuantos)… pero, de verdad…¿pensás que ‘Caché’ es una ‘máquina de decir’?, bueno, si, soy un poco fan de esa película, y le puedo llegar (apenas, eso si) a ver algunas ‘costuras’, pero en serio, ¿le endilgás al film todo ese rollo antiburgués de tu comment?…(y, como verás, yo tampoco hablo de esta última, a la cual ensalzaron bastante quienes sí tuvieron esa suerte…y critican algunos sin haberla visto…)
Lo de la “culpa social” nos llevaría lejos y es tarde… pero ante la duda podés rever “Shoah”. O “M” (la de Lang, claro…)
Uh, ahora veo que la respuesta era para ’sanitago’, no para mi (já já)…
Santiago (esta vez lo escribí bien). Caché me pareció lo mismo, pero cambiando “burgués” por “colonialista” o por “burgués colonialista” y usando alguno de esos truquitos con el video. Algunos son ingeniosos, como el del primer plano de la película, pero de ahí no pasa.
Q
A mí se me escapa que querés decir con “vacías”… Porque me parece un adjetivo que se le podría endilgar a muchas (por no decir la mayoría) de las que se han visto ultimamente en Cannes (as times goes by…)
Lo bueno es que seguís siendo ‘Quintín’ (o sea, analítico y demoledor). Obviamente, yo pienso distinto ( en cuanto a esa -y solo esa- película, claro)…
A mí me parece que Shoah es sobre el holocausto, que a esos polacos que fueron indiferentes (para decirlo suavemente) con el destino de los judíos, no se les mueve un pelo por más que Lanzman les grite en la cara que fueron cómplices. En general estoy en contra de la figura del cineasta justiciero y por eso tengo mis reparos con M (no la de Fritz Lang). Pero eso llevaría mucho tiempo…
Q
“culpa social” entrecomillado hacía referencia a:
justamente por ello acoto, quizás exageradamente, La “culpa social” (subjetiva u objetiva) no sirve de nada pero aunque también se habla de los niños como grupo culpable, no es el fondo de lo que pregunto y tímidamente afirmo.
Me interesa más que hay sobre el trascender el me gusta o no me gusta, debiera estar en poder fundamentar, con relativa objetividad, porque tal película vale artísticamente. Un crítico me debiera ayudar a mí, como simple espectador, a gustar mejor mi próxima película enterándome de que me perdí al ver la última que vi y cuya crítica leo.
A esos polacos que fueron “indiferentes” no se les mueve un pelo, pero al espectador sí: Lanzmann se dirige a él. No es un “cineasta justiciero” (a lo Michael Moore). Así que si es por eso no habría tampoco que tener reparos con “M”… Pero hablar (en primera persona) nos llevaría mucho tiempo, sí, y tal vez nos hiríamos de tema (o de Cannes…). De todos modos, no tengo problema en discutirlo en cualquier momento.
Creo que la tarea del ‘crítico’ -pero aún más del director, si toma en serio su obra- es disciplinar (por más que sea una fea palabra) la mirada de ese espectador (que Pepe, como antes El Lord, hacen ver un poco como inocente’ o ‘virgen de entendimiento’) que parece buscar solo una forma de ‘entretenimiento’ en las películas…enseñar (o hacer comprender, mejor) que el asunto no es solo ‘ver’, sino ‘como ver’…es decir, no seguir perezosamente las imágenes, sinó (de la mano de la sensación que despierten los planos, del uso sensible de la trama, de la construcción del lenguaje visual, etc.) qu el film sea un ‘descubrimiento’, que se pueda, incluso ‘ver más’ de lo que la imagen muestra…no, quizás, que se esté frente a una ‘obra de arte’ (una aseveraci’on con cierto ‘tufillo’), sino que tenga el ‘impacto’ de una obra de arte…
(No se de dónde salió esa hache… debe ser la culpa, que es muda.)
“Yo no soy buena moza, ni lo quiero ser” dice una canción popular.
Yo no soy virgen, no creo tampoco ser inocente (depende de que se me acuse) si creo que el crítico tiene un lugar y por ese lugar pregunto.
Qué me aporta el crítico con su crítica, frente a lo que brinda el artista con su obra.
NP. Muy buen chiste el de la hache.
Q
hes que ay cosas que hevidentemente no vemos, haunque saltan a la vista como una falta…
… Y eso es lo que debería mostrar el artista, y resaltar el crítico.
Bueno, Pepe, no quise personalizar (aunque tal vez lo hice, jé jé), pero es que me molesta esa posición en la que nos ponen a los ‘espectadores’ como unos nabos que no entienden nada, que consumen sin pensar ni meditar, que no comprenden que, de última, hay libros, revistas, ¡blogs! que pueden revelarnos (si no podemos discernirlos por vía propia) lo interesante, profundo, fresco y pasional que puede aportarnos una película que despegue del ‘entretenimiento’ (tomado en su acepción mas ‘escapista’)… un film en el que su lenguaje visual tenga rigor estético, en el que su profundidad emocional nos despierte una ’sensación del mirar’ fuera de la usual, que hagan ‘reconsiderar’ el punto de vista, que disparen una reflexión desligada de lo ‘familiar’ o corriente…de última, lo de ‘virgen’ (aclaré: de entendimiento) o inocente no te lo achacaba a vos, sino a esa idea de ‘espectador bobo’, que no sabe en definitiva que vió…
…de última, son opiniones…
…perdón por tantos ‘de última’…
San Tiago.
Para vos que sos literal te aclaro:
Voy a dormir como una virgen con la inocencia de un santo.
Vengo del ‘El off Cannes 6′… tá bien, Pepe, no vale entonces mi último comentario allí (maldición!)…
Santiago (12:49),
estás confundido: no soy yo quien ve al espectador “un poco como inocente o virgen de entendimiento”. Quien considera a los espectadores “unos nabos que no entienden nada, que consumen sin pensar ni meditar” es el autoerigido en Profeta del NCA.
Él y su protector se me vinieron encima por decir justamente lo contrario:
1. El espectador es inseparable del hecho cinematográfico.
2. Un análisis realmente serio del NCA, o de donde sea, tiene que incluir al espectador como elemento esencial.
Cuando propuse un debate acerca del papel del espectador, ese bicho tan odiado por ellos, la respuesta fue una sucesión de descalificaciones, una distorsión sistemática de lo dicho por mí y una serie de insultos que culminaron en amenaza.
Es deplorable que la práctica estalinista de tergiversar lo dicho por el otro, agregar una o varias mentiras y afirmar que tal mezcolanza fue lo dicho por el otro, tenga cultores tan eficaces. Resulta entendible tu confusión, Santiago.
Lo reitero: quienes ven en el espectador un pelele, un pobre diablo adocenado sujeto a las manipulaciones de Clarín y demás fuerzas malignas, un nabo, para decirlo con tus palabras, son otros, no yo.
Podés comprobarlo en el archivo de LLP.
Recomendo este artículo de Lerer
http://micropsia.blogspot.com/2009/05/cannes-un-balance-ciegas.html
sobre la selección oficial de Cannes. Es una visión del asunto del “international style” que se atiene más a las películas realmente existentes que a cuestiones geopolítcas e ideológicas y describe una tendencia cada vez más evidente de la programación hacia lo sensacionalista y espectacular. Son esos criterios los que dejan afuera a Alonso, Raya Martin, Hong Sang-soo, Costa, etc. Y esa es, de algún modo, la pelea de fondo desde hace algunos años, aunque cada vez se polarizan más las cosas. Yo tengo la impresión que cuando Père programa Tony Manero sucumbe también a esa idea aunque en la Quincena esa parte del asunto sea todavía minoritaria.
Q
“Son esos criterios los que dejan afuera a Alonso, Raya Martin, Hong Sang-soo, Costa, etc.”… aunque concuerdo con Lerer y contigo, Q, respecto al tema del shock value, cabe destacar que todos los nombrados forman parte regular de la programación de Cannes, y de hecho todos ellos tuvieron películas en el festival que terminó ayer (Martin tuvo dos, ambas en selección oficial. Alonso la última en la Quincena, HSS y Costa en la Quincena y el año pasado o anterior en competencia oficial, donde de seguro volverán, Costa si hace una nueva ficción y HSS si hace una película algo menos floja que la última, que de verdad es muy mediocre, para él, cierto, pero mediocre igual, a media máquina).
Asimismo, me basta leer el catálogo de la Quincena y el haber visto unas pocas películas de esa selección para pensar que más que una porción minoritaria, el shock value va siendo parte fundamental también. Incesto porno, trios, abusos filiales, etc etc etc… la lista de cosas chocantes es larga y a veces de sólo leer el catálogo da risa… por ejemplo… “Daniel and Ana, brother and sister, best friends…()…their harmony is instantly shattered when they are kidnapped and something shocking happens which forces them to confront their desires and fears.”
¿qué es lo shocking?, pues bien, que cuando los raptan los obligan a tener sexo para filmar una porno… al final de la cinta un cartel nos informa que eso es una práctica común en México… en fin…
Por ejemplo, la Quincena tenía tres películas del supuesto movimiento “mumblecore”, pero curiosamente no la de su fundador y por lejos mejor exponente, Bujalski, que apareció en Panorama en Berlin, junto a la corena que comentabas hace un tiempo y una rumana muy linda que pude ver hace poco, The Happiest Girl in the World, the Radu Jude. ¿Porqué Pere no seleccionó, por ejemplo, esas películas y metió bodrios como Go Get Some Rosemary, a todas luces una falsificación de Bujalski pero en tono “chocante”? Apostar por un lado a nombres ultra consagrados como Costa, HHS, Coppola, Suwa, etc. y a películas chocantes por otro no me parece muy arriesgado tampoco.
Y sobre Martin, recomiendo profundamente ver Independencia con algo de objetividad, pues a mí al menos me salta a la legua la trampa del virtuosismo vacío y el conformismo cinematografico del filipino. Casi me atrevo a predecir que Martin va a seguir haciendo películas que parecen mudas sobre temas “importantes” como la independencia de su país. Si el Martin de antes me parecía curioso, el de hoy en día me sabe muy parecido a Guy Maddin.
Y Serra, que me imagino falta en la lista, estuvo este año hasta en el afiche de la Quincena, así que no creo que su viaje anual o bianual a Cannes esté amenazado tampoco.
Afa.
Algunas precisiones.
1. Está bueno eso de “schock value” para titular lo que describe Lerer. Sería bueno encontrarle una traducción al castellano.
2. No es lo mismo estar en Cannes en la Oficial que en la Quincena o en la Semana de la Crítica. No son la misma cosa aunque tampoco sean exactamente antagónicas.
3. En realidad, no tengo idea de cuál es el criterio de la Semana. Creo que no tienen ninguno y eso hace que cada vez vaya menos gente a ver las película ahí. Lamento que te haya tocado esa sección porque su historia reciente le da cada vez menos visibilidad.
3. Por más que fuerces los argumentos está claro que Alonso no es un cineasta de la Oficial, lo mismo que Costa, Hong Sang-soo, Serra o Gomes. Te pueden gustar o no, pueden entrar eventualmente en la Oficial, pero no son los clientes de Frémaux (esos son los Haneke, Almodovar, von Trier, Noé, Loach y, entre los jóvenes, Park, Salles, Martel, Reygadas, Mendoza, etc.) Oscurece completamente la discusión sobre qué buscaen Cannes hablar de los dos grupos de cineastas como si fueran lo mismo.
4. Eso no quita que Père se pueda ir desviando cada vez más de su objetivo inicial y plegándose al shock value. Me parece que tenés razón en eso. Ahí es donde entra, claramente, Tony Manero: shock value total. Y no sé a de Leilio, me gustaría verla, pero la primera era eso también.
5. De Raya Martin vi solo las tres primeras películas y me impresionó mucho. Después no lo seguí y tengo la impresión de que la hace demasiado fácil. Pero es muy joven y muy prolífico y no sé para dónde va a salir. Admito que lo de ahora suena bastante sospechoso.
6. De paso, es gracioso pero a Guy Maddin nunca lo compraron en Cannes.
6. Cuando hablás con sorna del viaje bianual a Cannes de Serra, te recuerdo que para una serie de cineastas, Cannes (la Quincena de Cannes sobre todo) se ha transformado en la única opción posible. Todos ellos consideran, un poco como vos, la posibilidad de no hacer más cine.
7. Eso es lo que está pasando. Visto de afuera, uno puede pensar qué privilegiados son ciertos tipos porque los ves en la Croisette paseando con el aire de los veteranos (a todo el mundo le sucede el segundo año, después del deslumbramiento y el terror iniciales), pero la verdad es que no tienen a donde ir. Ni Alonso ni Serra ni mucho menos Costa son tan estúpidos como para creer que ese circo es una vida ideal. Y también saben que están ahí de prestado (al revés de gente como Lars o como Haneke).
8. Claro que hay decenas de cineastas latinoamericanos que mueren por estar allí y a los que les parece que esos tipos son injustamente privilegiados. Puede ser, pero no suele haber allí una verdadera discusión sino apenas rencor provinciano potenciado por la ideología.
Q
Cuando hablo de “shock value” tal vez me refiera a algo así como “impacto inmediato”, la sensación de que más que una película lo que hay que tener para entrar en competencia es una trama truculenta y un par de escenas que lleven a los espectadores/críticos a comentarlas a la salida, no por su belleza particularmente sino por su capacidad para impresionarte.
Haneke, elegantemente, hace eso. Gaspar Noé lo hace brutalmente (y al menos es honesto, porque reconoce que eso es lo que le gusta hacer en cine y lo que le gustó siempre, no se disfraza de otra cosa). Lars Von Trier vive haciendo “conceptos” más que películas (todo el asunto “Manderlay”, “Dogville”, no era más que eso, lo mismo que todo el mambo del “Dogma”) y parece que hasta Brillante Mendoza compró el concepto (ese sería el primer caso de cineasta “avivado” que descubrió lo que tiene que hacer para “pertenecer”) al descuartizar a una persona en vivo o algo asi en su película (no la vi, leyendo por arriba entendí que eso sucede).
Haciéndome cargo también de estar en esto de la circulación veloz, furiosa y poco analítica por momentos de la información cinematográfica (el asunto ese del puntaje de las películas que armé era un poco “concepto instantáneo” y es por eso que permití a los votantes repensar y cambiar el voto), creo que los festivales van cada vez más a eso: al cine-blog, cine-Facebook, cine-Twitter. Es como el Rating Minuto a Minuto del cine: si dejás un plano de cinco minutos, la gente cambia de canal… Salvo que al final del plano de cinco minutos, venga un tipo y le vuele la cabeza a otro con una escopeta. Ahi sirve…
Fíjense sino en el sitio de internet del festival. Abajo de las conferencias, las fotos y todo eso, van dando notas que salen en los medios, en las agencias y en los blogs. Con tan poco cuidado y análisis que hasta publicaron el penoso artículo de THE HOLLYWOOD REPORTER que informa mal los resultados de la premiación de UN CERTAIN REGARD. Digo, yo también lo publiqué porque fue el primero que vi sobre el tema, lo consideré cierto y pagué el precio a buscar la inmediatez. Pero que lo hagan en el propio sitio del festival… es temible.
Me vino a la memoria ‘Los Inocentes’ , de Jack Clayton…en ella. los niños, ambiguamente, podían llegar a ser ‘la encarnación del mal’…sin embargo, era una ‘obrita maestra’…
Santiago, te dejé un mensaje aquí mismo a las 3:05.
Pero no era el tema del resto de la obra de Clayton, Santiago. Yo lo que digo es que Haneke deliberadamente centra la culpabilidad de los males del mundo (en varias de sus películas) en gente joven… eso es lo que me parece típico de viejo choto reaccionario.
Afa me parece que tu párrafo
es un grave error. Desde siempre los culpables de los crímenes han intentado que los “asuma” toda la sociedad. Se me ocurren por ejemplo, varias dictaduras a ambos lados de la cordillera.
Y por supuesto que hay inocentes y culpables y víctimas y victimarios
Si “todos” somos culpables, nadie lo es, en definitiva.
Saludos de un compatriota lejano.
¿Cuál cordillera? ¿los Andes o los Apeninos?
Había una peli que se llamaba así, “de los apeninos a los andes” y era un dramón de un chico que hacía ese viaje buscando a su madre supongo, pero no recuerdo mas que eso.
el viejo dilema de Lope de Vega :
¿quién mato al comendador?
¡fuenteovejuna señor!
¡y quién es fuenteovejuna?
¡todos a una señor!
Sí, Janfiloso. Está basada en un famosísimo libro del autor de Corazón.
Lo leí cuando era chico y todavía no era consciente de mis actos.
La alusión a la cordillera fue porque afa nació en el mismo país que yo.
¡Viva Chile mierda!
Un peliculon de pibes asesinos es “¿Quien puede matar a un niño”? de n. ibañez serrador. Galois, me gustaria que me indiques un sitio para bajar gratis la ultima pelicula de Alan Resnais, porque me entusiasmo la reseña. Desde ya muchisimas gracias, y feliz dia de la revolucion para todos
De la manera que lo veo yo, hay un Cannes de Primera, la oficial, con los Hanekes, Almodovars, Von Triers, Noes, Loaches, Reygadas, etc etc etc; otro Cannes de Segunda, con Certain Regard y la Quincena, con los Costas, Hongs, Serras, Alonsos, Martins, rumanos y filipinos varios, etc. e invitados sorpresa; y un Cannes amateur, que sería la Semana, que tiene el problema de que tiene varios programadores, cada uno pujando por su película, lo que al final se traduce en un nivel y visión muy disparejos. Incluso el premio de la semana se entrega por votación popular de la prensa que va a las funciones y no por un jurado.
Tal vez si la única gracia de la Semana es que apuesta por primeras y segundas películas únicamente, es decir, que no está en sus planes meter a última hora la película de Coppola que rechazó la selección oficial, como sí hizo la Quincena, supuestamente atraída por la calidad del filme, aunque lo más probable es que haya sido por el arrastre mediático de Coppola (que lo tuvo, pues todos los diarios titularon con Tetro al día siguiente). La semana se asume como el pariente pobre y por lo mismo no tiene problemas en correr riesgos con películas que con suerte se hacen conocidas en otros lados. Además están quebrados, su sala está lejos y no tienen ni para salón de reuniones ni para pagar los taxis.
Sobre la visibilidad, es cierto, el mayor problema que tiene la semana de la crítica es que no van críticos. Sin embargo, a veces una película bien programada ahí tiene más visibilidad que una mal programada en Certain Regard o la Quincena. Por ejemplo, a nosotros por suerte nos programaron bien, el primer fin de semana, así que alcanzamos a salir en muchos medios, se generó un micro mini “buzz”, o ruidillo, que hizo que quedara gente afuera de la última proyección de mercado, ¡yupi!… con suerte vendemos algo y me alcanzo a pagar la calefacción del invierno!
En realidad el tema no es cuestionar si Costa, Hong o Alonso tienen o no tienen espacio y el que al menos alguien los cuide y trate con respeto. El punto es que una vez que se entra en la liga, aunque sea en Segunda, ya no se pide nada más para entrar que el carnet de socio, y me temo que a la larga eso tampoco sea lo mejor para los cineastas ni en términos económicos (no creo que ningún comprador nuevo vaya a ver una de Alonso, por ejemplo, por muy en la Quincena que esté) ni artísticos (la palmadita en la espalda está bien, pero no siempre, a Hong le haría bien una zancadilla a ver si despierta del letargo). De verdad me pregunto si no sería más conveniente que muchos cineastas busquen modelos alternativos de validar su trabajo fuera del sello de calidad que otorga Cannes. ¿Porqué Alonso no estrena su nueva película en competencia en el Bafici?, ¿acaso un festival argentino no lo podría cuidar mucho mejor que la Quincena? ¿de verdad no hay otra opción posible?
La diferencia entre como vemos las cosas Q, es que mientras tú apuestas por respaldar a rajatabla todo lo que haga un cineasta que haya hecho algo notale (Alonso, Serra, Hong, etc.) yo creo que hay que ir juzgado su carrera paso a paso. A lo mejor me equivoco y en dos películas más Hong nos regala otra obra maestra y de haber seguido mi consejo no hubiese hecho nada más; pero lo cierto es que cuando en vez de riesgo veo costumbre y en vez de algo nuevo veo más de lo mismo, empiezo a descreer. Eso no es ni envidia por su lugar y prestigio ni desearle mal a alguien ni mucho menos desconcoer lo que ha hecho antes. Creo que un buen cineasta tiene una responsabilidad mucho mayor a la de alguien mediocre, eso es todo, y que por eso no está mal exigirle mucho más que simplemente marcar el paso, aunque su paso sea mejor que la carrera de muchos.
Pero me alejo del punto, que no es tanto el probable mal acostumbramiento de los directores a ciertos festivales y a recibir de manera automática el sello de prestigio de una sección o de parte de la crítica (si se duda de los fondos internacionales, ¿porqué no dudar también del efecto que esto puede tener en la obra de un cineasta?); sino el hecho de que es relativamente fácil apostar por Costa, Hong, Alonso, Serra, Gomez, Puiu, Porumboiu, Martin, etc etc etc. al mismo tiempo que los “invitados sorpresa” se limitan casi únicamente a películas que recurren al shock value (se me ocurre “sensacionalismo” como traducción) y que tienen una sinopsis que puede atraer a la prensa o a los señores de la industria.
Es cierto, no se puede descubrir un Honor de Caballería o una Libertad todos los años, pero si se reemplazara el sensacionalismo por, por ejemplo, el rigor de Costa, creo que en vez de los bodrios de los hermanos Safdie se invitaría a Bujalski, y en vez de una muy medriocre película de Hong estaría una prometedora primera película de Radu Jude. Pero bueno, es lo que hay. Y ojo, que pese a todo insisto en que no es tan malo como en otros lados. Como bien dice Battle en otroscines, en Berlín o Sundance (que son los otros festivales grandes a los que he ido) hay que ver 20 para que una o dos valgan la pena, y de las 18 restantes hay 15 que uno no se explica cómo pueden estar ahi. Los números de Cannes son bastante más generosos. De hecho vi unas 12 y de ellas tres que me gustaron mucho… un 25%, nada mal.
ah, sobre el tema de la culpa, Galois, compatriota, a lo que voy con culpa o responsabilidad social es que no existe forma de asumirla, excepto cambiando la sociedad misma. Es decir, un burgués no puede sentir culpa o asumir responsabilidad si no es dejando su condición de burgués y una sociedad desarrollada que se hizo rica a costa de las colonias no puede lavarse las manos a menos de que devuelva todo lo robado a los colonizados. Incluso si hiciera eso aún tendría una deuda pendiente… hay una serie cómica estadounidense llamada The Chappelle Show en que se muestra qué pasaría si los blancos de EEUU le pagaran todo lo que le robaron a los negros… es hilarante, y absurdo, obvio, pero cuando un crimen es muy grande o una injusticia muy descarada, no sirven los buenos modales… revolución! jaja
bueno me voy a dormir, y luego a casa… sin calefacción, por ahora… revolución y calefacción para el pueblo!!
Me entero por el blog de Roger Koza que Lars von Trier (o sea, el director de cine preferido de los estudiantes de teatro) le dedicó su última inmundicia (no hace falta ver una película de Lars von Trier para saber que es una basura, salvo que uno sea estudiante de teatro, está claro) a Andrei Tarkovski. Si no fuera porque von Trier es un cínico, me resultaría de un atrevimiento acojonante. De cualquiera de las dos formas, hay que ser muy hijo de puta para dedicarle una película a Tarkovski, eh.
Me hace acordar a esos gorditos que juegan al fútbol 5 con los amigos y se calzan una remera de la Selección con el 10 en la espalda.
Ah, de niños mentalmente perturbados: me acuerdo de “Juegos proibidos” de René Clément.
Algo con respecto al “espectador”: hace poco fui a un asado en el que participaban un joven médico y un cineasta recién egresado. El médico contaba cómo, una noche, debió asistir el parto de una madre adolescente en una villa del Gran Buenos Aires, recostada en un carro de cartonero y rodeada de vecinos que iluminaban la escena con sus teléfonos celulares. Tras el relato se dirigió al incipiente cineasta y le dijo: “¿vos te vas a dedicar al Cine, no? Bueno, como esa tengo miles. ¿Sabés la de películas que podés hacer si andás por el Gran Buenos Aires?”. Me pareció interesante la mezcla de propuesta y reclamo que el médico (un espectador común) le hizo al joven artista.
La H de “prohibidos” me la afanó NP.
concuerdo con afa en que la culpa no se expía con buenos modales (ni poniendo calefacción a cineastas desfinanciados), pero tampoco me queda claro que las reparaciones voluntarias conduzcan demasiado lejos si no se alteran las estructuras mismas que son resultado de las injusticias que se quiere reparar. en fin, le compro a haneke, pese a su pesimismo sin vuelta y gravedad.
volviendo al shock value, antes las culpas de todos se expiaban con sacrificios humanos. hay quienes opinan que al convertir los sacrificios en tabú empezaron todos los problemas y hay que restaurarlos. no faltarían interesados en hacer esa película, no?
salu2
Sobre los privilegios de la burguesía, no creo que a Haneke le interese hacer un cine marxista. En ese punto hay cineastas de izquierda, de una izquierda incluso critica como Bellocchio, Virzi, Moretti, que dentro de su propuesta, son mas honestos a la hora de poner el cuerpo y sus ideas. No se visten de cínicos, mas allá de que quizas solo Bellocchio llegue a la maestria formal de un Haneke. Pero no se quedan, ni especulan ni lucran con un discurso monotematico: Bellocchio apunta a varios frentes (La iglesia, la extrema izquierda, el fascismo, las instituciones, la censura), Moretti pone su mirada y su cuerpo (a veces con mas fortuna que otras, pero por lo menos sabemos que es lo que piensa Moretti) sobre esa realidad sobre la cual se interroga y Virzi lleva adelante la “critica social” desde adentro: a veces como en Ovosodo o Caterina en Roma, sus protagonistas se resignan a perder pero no dentro de la orbita tipica de melodrama conservador, grave, de denuncia ante el orden que ni la propia pelicula pretende alterar, sino desde una mirada mas inteligente, superadora del De Siquismo(?), que no desdeña la autocritica ni que pretende hacer critica de clase, en bloque (alla Haneke) haciendo reduccionismo y tiñiendo a todo del mismo color, -y eso que Virzí reconoce y marca en sus películas ciertas manipulaciones de la burguesía para lograr la expiación-, pero no se pone el traje de justiciero. ¡Hereje! Comparé a Virzi con Haneke. Pero bueno estamos en el 2009 y es momento de que seamos abiertos en todos los aspectos: no en mostrar (aceptar) torturas en primer plano. Porque hay que considerar que Cannes es un festival ambiguo y apolítico, que prefiere la tunda hanekiana, o la crítica social rigurosa y en tono grave (con diferentes estilos, casi opuestos diría en cuanto al rigor formal, pero siempre GRAVE) alla Loach o los Dardenne. Y es ahí donde veo elitismo, no en la propuesta estetica de sus secciones mas modernas. Cualquier persona con un mínimo de sensibilidad se conmueve (en el sentido positivo) ante las propuestas de Costa, de Serra, HHH, Tsai, Apichatpong o con propuestas mas radicales incluso (el Bafici en ese sentido es una muestra), esta muy bien la Quincena, como un espacio (para mi gusto demasiado estrecho) para incentivar ese cine. Pero considero que no hace falta la mediación de un curador para enseñar al espectador la interpretación de ese cine. Si veo una perspectiva burguesa, de censura, en la forma que Cannes se ve asi mismo como un club privado, exclusivo, donde la crítica social esta preformateada a los modos y a cierto gusto de clase.
Tocayo (Santi), lo que sucede es que el cine tiene una mecánica que un poco excluye algunos ‘toques’ realistas, como el del comentario de ese médico…imaginate esa escena en la pantalla, sonaría irreal y rebuscada, a pesar de haber (si no mintió el tordo) sucedido…
Con respecto a Von Trier, acá va la respuesta del mono:
‘…-¿Por qué dedicó Anticristo al cineasta ruso Andrei Tarkovski?
-Para mí, es un verdadero dios. Cuando vi sus películas por primera vez, fue un éxtasis. Con respecto a él, mi relación se puede calificar de casi religiosa. Pertenece a la generación que precedió a la mía y me siento muy ligado a él, al igual que a Bergman. Y si dedicas una película a un cineasta, nadie va a decir que le robaste sus ideas. Es una salida de emergencia muy práctica.–’
A otra cosa…yo debo estar loco, pero a mi no me ‘ofende’, como a casi todo el mundo, que una película sea ‘grave’, si está hecha con pasión, con garra…esa historia de que es más ‘dificil’ filmar una comedia que un drama ya hizo varios bochos, me parece (tambien amo varias comedias, ojo!)
volviendo a Haneke, no recuerdo donde leí que ‘Cache’ es lo mas parecido a un test de Roscharch (se escribe así?0 que dió el cine, (por ahí el ‘picnic en las rocas colgantes’ es otro ejemplo) …se aplica a estos comentarios no? No lo veo como cine vacío.
No, Rorschach.
Por ahí lo leíste en la biografía (no autorizada) de Haneke: Haneke on Haneke o cómo me convertí en un maestro del cine.
Ed. Haneke, LTD © by Haneke.
Es obvio que la primer lámina de Roschach son dos pajarracos haciendo un nido sobre los restos de un campanario, ¿no?…
comprenderlo me ha cambiado la estructura de ‘Caché’…