El camino de Chascomús
por Flavia de la Fuente
Ayer me desperté feliz. Aunque no sé si feliz es la palabra adecuada. Me sentía ligera, dispuesta a lo que fuera, no sentía angustia ni aprensión por nada, tenía ganas de vivir lo que el día me ofreciera. Me resultaba sospechoso tanto bienestar. Aunque es cierto que la promesa de un día en la ruta siempre es estimulante. Pero no era eso. Ojalá supiera qué era. No era por nada en especial. Solamente me sentía bien, no había nada que me perturbara. Ni la ansiedad de Q, ni los macristas haciendo una clase de gimnasia en el Obelisco, nada me alteraba los ánimos. Los gimnastas que causaban un embotellamiento en la 9 de Julio me resultaban sólo absurdos (y más en época de campaña), los bocinazos de los automovilistas irritados me eran indiferentes.
Subimos a la autopista y Q puso de nuevo a Van Morrison. Escuchamos tres discos que no conocíamos. El primero, Keep it simple, es simplemente excelente. Mientras escuchaba la música y veía todo hermoso, me preguntaba hasta cuándo me iba a sentir así, porque esos estados, al menos en mí, no suelen durar mucho. Me emocionaban los signos viales, cada nube pasajera me conmovía, en fin, la belleza inundaba el mundo.
Manejaba a una velocidad constante y, de pronto, se me ocurrió que podíamos ir a almorzar a Chascomús. Cargamos nafta en el ACA, como siempre. Leímos la guía YPF para ver qué restaurantes nos recomendaba. Yo seguía flotando, era todo muy sospechoso, ya habían pasado como 4 horas desde mi despertar.
Elegimos el Club de Pescadores, un restaurant enorme frente a la laguna. Había que esperar unos veinticinco minutos y eso me dio más felicidad. Teníamos tiempo de ir a sacar fotos. Saqué la cámara del auto y nos encaminamos hacia unos muelles. Y ese fue el fin, de pronto, el hechizo se había roto. Un pequeño malestar, una ligera zozobra me hizo volver a sentir conciencia del cuerpo. Seguía contenta, pero se había ido el hechizo. Luché para que no me gane el malestar, para que no aumente. Saqué fotos y no me salieron lindas.
Q pidió un pejerrey y yo unas pastas. Comimos hablando de Dylan y Van Morrison. Q hablaba mal de Dylan, decía que había hecho un mito de sí mismo, que se había secado, que, en cambio, Van Morrison era un manantial. Yo también conversaba con interés pero ya no me sentía ligera. Pensaba en Séneca y en Marco Aurelio y trataba de relajarme, de pensar que de a ratos uno está más tenso, en otros menos. Que es así. Me tomé medio Xanax y subimos de nuevo al auto.
Sacamos fotos de la plaza de Chascomús, nos hizo gracia ver a Ricardito por todas partes y también que hubiese un Alfonsín candidato a concejal que se llamara Pericles.
De nuevo, siguiendo el consejo de mis amigos estoicos, no dije nada de mi ligero malestar. Subimos al auto, Q puso a Van Morrison y se quedó dormido. Me gustaba verlo descansar. Yo seguía manejando, levemente incómoda. Ese disco, Magic time no me gustó tanto. Acaso era yo, pero no, a Q tampoco. Manejé y manejé sin parar hasta San Clemente. Escuchaba la música y miraba el paisaje. Llegó la luz amarilla, esa de las cuatro y media que me gusta tanto, y poco a poco recuperé la serenidad perdida. No sé si Q se enteró de todo esto. Tampoco fue tan grave. En realidad no pasó nada. Sólo el pasaje de un estado de gracia a uno mediocre. Yo vivo así y supongo que a todos les debe pasar lo mismo.
Llegamos felices a San Clemente. O al menos así lo parecía Q. O quizás él también estaba sufriendo y yo no me di cuenta. En la ruta 11 escuchamos un disco country de Van Morrison, Pay the devil. Otro 10 absoluto. Estacionamos el auto, saludamos a Solita y bajamos los bártulos.
Hoy, como casi todos los días, no me desperté feliz, la lucha empezó desde temprano.




“Nada, por tanto, mas importante que el que no sigamos, como ovejas, al rebaño de los que preceden, yendo no adonde se debe ir, sino adonde se va.”
Séneca
Diálogos
De la vida feliz
(alguien me lo regaló)
Creo que todos tenemos esas ráfagas de felicidad, inexplicables. Más vale, entonces, atraparla en el aire y disfrutarla, hasta que llegue la contrarráfaga.
Dejo un link: nuevo libro de poesía, donde figura AlejandroRubio.
http://elseniordeabajo.blogspot.com/2009/06/nueva-poesia-argentina.html
“Me emocionaban los signo viales”.
Me gustó esa frase, perfecta para expresar un júbilo inexplicable.
A mi también me gustan, sobretodo el de “animales sueltos”. Siempre me pregunté como es posible señalar con un cartel algo que anda suelto. Saludos.
¡Volvimos! Me alegro mucho.
Me gustó mucho el texto.
“El cuidado de sí se vio relacionado con una constante actividad literaria. El sí mismo es algo de lo cual hay que escribir, tema u objeto (sujeto) de la actividad literaria. ..
La nueva preocupación de sí implicaba una nueva experiencia del yo.
La nueva forma de experiencia del yo ha de localizarse en los siglos I y II, cuando la introspección se vuelve cada vez más detallada. Se desarrolla entonces una relación entre la escritura y la vigilancia. Así, se prestaba atención a todos los matices de la vida, al estado de ánimo, a la lectura y la experiencia de sí se intensificaba y ampliaba en virtud del acto de escribir. Un nuevo ámbito de experiencia, hasta entonces ausente, se abría.
Se puede comparar a Cicerón con el último Séneca o con Marco Aurelio. Vemos , por ejemplo, la preocupación meticulosa de Séneca o de Marco Aurelio por los detalles de la vida cotidiana, por los movimiento del espiritu, por el análisis de sí mismo. ”
I – Tecnologías del yo II págs. 63/63
Foucault, Michel: TECNOLOGÍAS DEL YO Paidós /I.C.E.-U.A.B. Barcelona 1990
“El cuidado de sí era, en el mundo grecorromano, el modo en que a la libertad individual -y la libertad civil, hasta cierto punto- se la consideraba en sí misma ética. ..en la antigûedad, la ética, como practica deliberada de la libertad, nos legó este imperativo básico: “Cuídate a ti mismo”.
No se puede cuidar de sí sin conocimiento. El cuidado de sí es, por supuesto, conocimiento de sí -ése es el aspecto socrático-platónico-, pero, también el conocimiento de un cierto número de reglas de conductas o principios que son, al mismo tiempo, verdades y normas. Cuidar de sí es dotar al propio yo con estas verdades. Allí es donde la ética se vincula con el juego de verdad”.
“Mi problema siempre ha sido, .. el problema de la relación entre el sujeto y verdad. ¿Cómo ingresa el sujeto en un cierto juego de verdad? pag. 148/149
.. fui conducido a plantear el problema del saber/ poder, que no es para mí fundamental, sino un instrumento que permite el análisis -de una manera que me parece la más exacta- del problema de las relaciones entre el sujeto y los juegos de verdad. .. lo que me interesa es precisamente la constitución histórica de estas formas de sujeto relacionadas a los juegos de la verdad. …
Pregunta: – ¿Deberíamos actualizar esta noción de cuidado de sí, en el sentido clásico, contra el pensamiento moderno?” pag. 161
Entrevista con Michel Foucault. La ética del cuidado de sí como práctica de libertad. Boston College, 20 enero de 1984.
en : Michel Foucault, El yo minimalistas y otras Conversaciones.
la marca.biblioteca de la mirada. bsas 2003