El arte de la impostura

Publicado en Perfil el 5/7/09

por Quintín

Leyendo Kazbek, del ecuatoriano Leonardo Valencia, me encuentro dos veces con el nombre de Peter Greenaway y una señal de alarma se enciende en el fondo de mi cerebro. Greenaway, cineasta, videasta, artista plástico, escritor y vaya uno a saber qué otras ocupaciones, tuvo su cuarto de hora de fama internacional a fines de los ochenta. Su celebridad llegó a la Argentina donde sus feas películas, que mezclaban el kitsch intelectual con el morbo, tuvieron un éxito apreciable. Recuerdo en especial una de ellas, Drowning by numbers, en la que en cada plano aparecía un número que coincidía con su orden correlativo, una obra forzada para ajustarse a un procedimiento tan arbitrario como banal. Greenaway falsificaba películas pero llegaba más lejos: era un impostor. Para ilustrar la diferencia, tomemos un ejemplo de otra disciplina. Antes (y aun después) de las elecciones del domingo pasado hubo varios encuestadores que inventaron resultados. Pero solo uno de ellos, llamémoslo Arturo Ladri, llevó el simulacro al extremo de proclamar que la falsificación al servicio de sus patrones era inherente a su tarea. Aunque Ladri inventaba cada día un pronóstico distinto, sus admiradores —que son legión— lo aplaudían a rabiar, lo entrevistaban por radio y televisión y requerían sus opiniones aun sabiendo que el individuo mentía por sistema. Mientras que un falsificador se conforma con engañar a los expertos y hacer pasar lo falso por verdadero, Ladri intenta algo mucho más ambicioso: redefinir su trabajo para que distinguir la diferencia resulte irrelevante. Algo parecido hacía Greenaway, que no trataba como muchos de sus colegas de hacer pasar por buenas películas malas, sino redefinir el cine como una forma rígida saturada de objetos arbitrarios, apenas conectados por ideas grandilocuentes.

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Valencia cita una de ellas: “Tenía razón Peter Greenaway: la tinta es la segunda sangre del mundo”, una metáfora muy representativa del estilo Greenaway, mezcla de truculencia y pomposidad. Valencia, sin embargo, es más un falsificador que un impostor, ya que trabaja sobre una fórmula probada: la instalación literaria, un género cada vez más practicado y que, como su contrapartida audiovisual, consiste a grandes rasgos en la acumulación de fragmentos conectados por un tema o una narración débil. La literatura, con su falta de soporte material (lo de la tinta de Greenaway es chapucero aun en ese sentido), nunca deja de ser una falsificación, una fabricación de objetos apócrifos. Pero los instaladores literarios, siempre atentos a lo que ocurre en otras disciplinas, evitan la angustia frente al vacío ontológico del texto mediante dos tácticas opuestas: la abstracción extrema y la apelación a la imagen. Por un lado, Valencia pone en abismo su libro de dos maneras distintas. La narración habla del encargo de acompañar dieciséis dibujos de escarabajos a cargo de un artista llamado Peer y en Kazbek aparecen efectivamente los escarabajos y sus comentarios, que combinan la descripción de los bichos con metáforas sobre la escritura del tipo: “Tu cuerpo es una lanza florida que desgarra la carne de lo verosímil”. Ay.

Por otra parte, Valencia construye en su pequeño libro una tipología de los libros pequeños en oposición a la gran novela. Las “Libros de Pequeño Formato” deben cumplir con nueve reglas, cursilerías tales como ser “Un libro que crea silencio para escuchar como fluye la fuente”. A Valencia le gustan las enumeraciones como a su maestro Greenaway y así compila una lista de sesenta libros chicos que poco tienen que ver entre sí y conforman, más que un canon, un puzzle de coleccionista. Entre esos libros está Bartleby y compañía de Vila-Matas y Shiki Nagoya de Bellatin dos obras que le sirven a Valencia de inspiración aunque Kazbek elude la angustia y el delirio que acechan a sus modelos. Su trabajo de cortar, pegar, citar y ordenar prohíbe las emociones propias.

Foto: Flavia de la Fuente

22 Responses to “El arte de la impostura”

  1. No pretendo entrar en una lucha para defender a Greenaway, pues se ve de una vez que este texto no trata tanto sobre él como sobre otros que se considera impostores, aparte de que simplemente se le ha despachado sin más. Ahora, habiendo tantos impostores en el cine, ¿por qué no Steven Spielberg, Oliver Stone o David Fincher?

    Sin embargo, claro que me permitiré decir que es uno de los cineastas más apasionantes de las últimas décadas. Su trabajo es renovador, y plantea nuevas maneras de hacer cine. Su estilo es arbitrario, claro, ¿y cuál no lo es? ¿Acaso hay estilo naturales, espontáneos? Luego, su cuarto de hora de fama ha sido más que eso, y sigue siendo sumamente reconocido. En fin, un director refrescante, pero complejo, claro.

    Recomiendo el blog de Seikilos, donde se da buena cuenta de parte de su obra:

    http://seikilos.com.ar/seikilos/category/opinion/cine/greenaway/

    Saludos.

  2. Ventura dice:

    Para ser un buen impostor, “Imposturas”, de John Banville.

  3. paul reed smith dice:

    Arturo Ladri: Al: Artemio López… muy buena, Quintín!

  4. Fer dice:

    No coincido con vos Quintín, el libro es de una belleza extraordinaria y muy bien escrito. que tenga una historia débil no lo hace malo a mi juicio, ya que la literatura no se reduce a contar historias, sino también a escribir bien.
    ¿No usaste el libro para tener la excusa de putear a Artemio y a Greenaway?

  5. cristian dice:

    conozco poco de leonardo valencia. dice que lee a los poetas más que a los novelistas, y para los que nos preguntamos qué poetas él dice que su maestro es roberto juarroz. vos le entraste por el lado del cine, que es lo que conocés, ahora greenaway al lado de juarroz es un naturalista. no creo que a valencia le falten emociones propias. dice cosas como que su escritura “va detrás de una palabra siempre ausente” y eso no puede ser sino pura emoción aun cuando también imposte. (es como el que se atreve a mendigar: no existe preguntarse si realmente está en condición de mendigueo, no hay lugar para la impostación.) la impostación hace mucho dejó de ser adversativa respecto de la emoción; es copulativa. es lo mismo que hace que uno pueda enmarcar, se me ocurre un ejemplo, la impostación mesiánica de lilita en vez de decir qué mina más incapaz -que de hecho incapaz no es- cada vez que se compara con cristo. tampoco nadie le negaría a lilita emociones propias. me fui al carajo. en fin, el problema de valencia es que su pathos le puso de maestro a juarroz.

  6. Addison dice:

    Greenaway es un gran artista, ningún impostor y compararlo con un encuestador trucho que se dedica a la trivial farándula política es un poco mucho.

  7. Santi dice:

    ¿Greenaway es un gran artista? Me pregunto a qué otra disciplina además del Cine se dedicará…

  8. Boris K dice:

    Greenaway tiene la fecha de vencimiento tatuada en la frente. Sus peliculas de los 80 estan tan fechadas como las primeras de Von Trier o las Alas del Deseo de Wenders.
    Es un fenomeno del primer posmodernismo: esa mezcla de barroco publicitario y existencialismo de estudiante de cine.

  9. Fer dice:

    Buscando alguna reseña que me ayudara a expresar un poco mejor lo que pienso, me topé con una de Oliverio Cohelo, bien fresquita, que pinta bastante bien lo que mi pobre escritura no puede expresar: habla de relecturas Quintín, tal vez si lo relees al libro cambiás de opinión.
    http://www.nacionapache.com.ar/archives/3205

  10. lalectoraprovisoria dice:

    La de Coelho es la típica reseña en la que al autor no le gusta demasiado lo que leyó, pero lo disimula lo mejor que puede describiendo los procedimientos e identificándose como colega con el lugar del escritor.

    Q

  11. Lucas dice:

    Q. me parece que la reseña de Coelho habla muy bien del libro. En el sentido de que resalta una virtud donde vos ves una falencia. Si le gustó o no la verdad que es un dato menor, lo que importa es el análisis que hace del libro. No sé, yo veo un planteo para valorar la complejidad de la novela a través de lo que no se ve en una primera lectura. Al menos me dieron ganas de leer la novela, cosa que no me sucede con tu reseña, porque Greenaway es el barroco publicitario de la cultura de los noventa, como dice Boris.

  12. lalectoraprovisoria dice:

    “Si le gustó o no la verdad que es un dato menor”. Ese es el tipo de frases que nunca llegaré a comprender. Coelho simula hablar bien del libro. No olvidemos que una impostura lleva a otra.

    Q

  13. santiago dice:

    Che, no jodan, la 2da y 3era de Von Trier estaban bien buenas, y ‘Las Alas…’, aunque era el principio del fin del buenazo de Win, estaba (con las otras dos) a miles de kms. de los mamotretos de don Green (aunque, extrañamente, algunas cosas de ‘Zoo’ me pegaron bien)…

  14. Mishíguene kop dice:

    la del pintor que dibuja los jardines no era tan mala ni abusaba de la retorica, el encargo de dibujar escarabajos hace eco con la peli del pintor.

  15. Fer dice:

    Si una impostura lleva a la otra, el hecho de criticar el libro de Valencia, ¿no te hace también un impostor?

  16. Boris K dice:

    Santiago, en todo caso, “El elemento del crimen” esta a kilometros de las otras, como opera prima es bastante buena. Igual esta muy fechada, pero lo mismo puede decirse de otras peliculas y no es suficiente para descalificarlas.

  17. lalectoraprovisoria dice:

    Fer. No, sólo elogiarlo prolonga la cadena de imposturas. Je.

    Q

  18. Fer dice:

    Bueno, no tengo forma de que cambiés de opinión (en realidad no tendría por qué), una pena, a mi me pareció un gran libro.
    Pero eso de que hay gustos para todos es una realidad.
    Saludos

  19. Montañés dice:

    Es cierto que la reseña de Coelho, que me tomé el vano trabajo de leer sin conocer el libro que comenta, transmite un dejo de impostura, especie de forzamiento en el ingenio de su argumento, mientras elabora artificio y barniz para abrillantar un objeto artístico que él mismo predefine de ambiguo valor. Acaso esto ocurra porque difícilmente pueda evitarse un tono farragoso y rebuscado, cuando no abiertamente fingido, en la impostura retórica más incómoda de todas: la que compromete a ennoblecer discursivamente aquello que en realidad se desconoce o se rechaza de corazón.

    Esta impostura (que puede llamarse tanto hipocresía como esnobismo) se ramifica en toda una variedad de especies, malignas y benignas, y así como es norma y protocolo acudir a ella en funerales y catálogos de exposiciones, resulta especialmente fea en la política, la religión, el periodismo y la crítica de arte. Cada uno de estos rubros tendrá sus motivos específicos, lícitos o no, para ejercerla, aunque en aquellos de masividad intensa la mentira así blandida es siempre un acto de vileza y debería ensuciarle la conciencia a cualquiera.

    (Viene recordar, aunque lejos de la “masividad intensa”, a los mencionados catálogos de artistas plásticos, en donde suelen encontrarse ejemplos de inauditas baratijas críticas, llenas de saturación y sinsentidos, con respecto a esta cuestión de ensalzar o descifrar objetos que no merecen tanta loa y disquisición. Y ello aun aceptando que la improcedencia es un vicio o recurso habitual del juicio estético.)

    Pero si contradicción e incertidumbre son una fatalidades propias del pensamiento, también puede decirse que toda emoción está predestinada al trauma de la envidia, el odio, la ira… Venenos mayúsculos frente al cinismo y la hipocresía, deformidades que al menos gozan, de vez en cuando, de la excusa de la frivolidad o del refugio generoso del arte.

  20. Lucas dice:

    Ese es el malentendido, Q. Creo que hablar bien de un libro, hacer una lectura seria, no equivale a hacer un elogio. Como a vos no te gustó nada, te puede parecer que Coelho está hablando bien forzadamente, porque además la literatura de Coelho no tiene nada que ver. Pero a mí me parece que la crítica es positiva, en el sentido de que desglosa el libro, pero no veo claro el elogio. Más leyendo el libro ahora. El libro hasta la página 50 es muy bello, como dice Fer. Sí coindico con vos, Q, en que no hay muchas emociones propias, ¿pero por qué en un libro tiene que haber emociones? ¿Si no hay emociones porque el autor lo quiso así? Y ojo, en Vila Matas tampoco hay emociones, el tipo es un piedra.

  21. Paola dice:

    Quintín, el autor del libro que vos comentás te cita en su blog: http://www.tribuerrante.blogspot.com/

  22. lalectoraprovisoria dice:

    Paola. Gracias. Un caballero ese hombre. Reproduce la crítica sin decir ni mu. Leyendo el blog, además, descubro que denuncia al gobierno de Correa por demagogia cultural. El admirador de Greenaway me está empezando a caer bien.

    Q

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