Publicado en Perfil el 25/7/09
por Quintín
Cuando Fogwill no se dedica a atacarme por mis posiciones políticas, suele decir cosas interesantes. Hace un tiempo hizo unas curiosas declaraciones sobre Pablo Ramos, un escritor nacido en 1966 que lleva publicados tres libros de ficción: El origen de la tristeza (relatos, 2004)) y las novelas Cuando lo peor haya pasado (2003) y La ley de la ferocidad (2007). Las declaraciones son curiosas porque en una frase reúnen dos ideas que no suelen ir asociadas. Por un lado, decía Fogwill que La ley de la ferocidad era una obra maestra; por el otro, que Ramos iba a empezar a escribir mal. En general, cuando alguien afirma que un libro es una obra maestra, suele apostar a favor del autor, sobre todo cuando es casi primerizo. De hecho, los dos primeros libros de Ramos son un entrenamiento para una obra de mayor ambición literaria —una ambición ciertamente enorme— como lo es su segunda novela.
Es cierto que Fogwill es un cultor de la ingeniosidad gratuita, pero esta no lo es. Su justificación para el augurio está basada en la idea de que Ramos, como si fuera un jugador de fútbol talentoso que acaba de ser vendido prematuramente a un club grande, no está preparado para el desafío que lo espera. Dice Fogwill que Ramos “se puede convertir en un escritor de primera línea si acepta ciertas reglas del juego y si aprende a controlar y analizar sus textos” pero teme que la presión económica lo lleve a un deterioro en la calidad de su trabajo. Ramos le da la razón al menos en parte: “Fogwill me salvó la vida atacándome (…) cuando me den un adelanto antes de terminar el libro porque necesito 10.000 pesos, ahí voy a empezar a escribir mal porque voy a apurarme”.
Pero hay algo más en este asunto que una mera discusión sobre las tácticas a emplear para triunfar en el arte en particular o en la vida en general. Y es la naturaleza de la novela de Ramos. La ley de la ferocidad es una obra maratónica, no tanto por su extensión (350 páginas) sino por su aliento descomunal. Aunque el relato tiene algunas digresiones y vueltas al pasado, transcurre casi íntegramente en los tres días que dura el velorio del padre del narrador, quien se entrega a un raid extenuante de alcohol y drogas acompañado por el dolor de los recuerdos y una furia incontrolable y retrospectiva con el muerto que se extiende a la mayoría de los vivos. El talento de Ramos sorprende e impresiona. Su imaginación para sostener páginas y páginas de máxima intensidad emocional es tan admirable como su destreza para habitar la geografía porteña a ambos lados del Riachuelo, para unir mediante un hilo secreto un siglo de historia argentina y, sobre todo, para cortar ese vértigo destructivo con los estallidos de ternura que aparecen apenas el protagonista entra en contacto con los niños (Ramos había dado muestras de esa luminosa faceta de su prosa en El origen de la tristeza).
Es cierto que, como señala Fogwill, La ley de la ferocidad tiene altibajos. Pero ese no es el problema. Altibajos tienen Tolstoi y Dickens. Pero no estoy seguro de que aprender “las reglas del juego y controlar más el texto” mejoraría radicalmente una novela cuya su estructura es la de un libro testimonial, casi de autoayuda, en el que un protagonista poseído por la desesperación termina encontrando refugio en la escritura misma, a la que presta una atención perfeccionista según el modelo de la narrativa norteamericana. Lo que me parece que explica cierta insatisfacción frente a este libro notable es que el texto se puede pulir infinitamente, pero esa idea eficiente, profesional de la literatura, ligada a la pléyade burocrática de talleristas, agentes, editores, críticos y colegas (a los que Ramos agradece largamente en la última página) tiene una limitación insalvable. Pero la escritura de Fogwill, ciertamente más refinada que la de Ramos, presenta una dificultad parecida.
Foto: Flavia de la Fuente

Quin: acertás con Ramos. Y con mis “ingeniosidades”: efectivamente son gratuitas y por eso mismo son ingeniosas. Te equivocás con (y en) tus posiciones. No son políticas: son televisivas y desde el lado malo del mostrador audiovisual. Tannemabun, Zlotoswiajda, Lilita… Todo esto te distrae. Con tus Matemáticas perdimos un referee, con tu pasión amatoria del biógrafo se debió perder un matemático, no perdamos al crítico que es valioso aunque carezca de ingenio, o lo dersperdice haciendo de fiscal ad honorem de los ¡¡¡ radicales !!! Adelante Quintín.
Fog. Yo sabía que si te nombraba íbamos a tener al menos un comentario en esta entrada. Procuraré no distraerme en el futuro (ver abajo).
Nos llega un mail de Santi, que en privado (gran delicadeza de su parte) señala que el Alzheimer sigue haciendo de las suyas en San Clemente. Cuando lo peor haya pasado es un libro de cuentos y, en cambio, El origen de la tristeza puede considerarse una novela, aunque es más bien una colección de relatos con un hilo conductor y los mismos personajes. No es que me acordaba mal, es peor: tenía los dos libros en la mano y adentro cambiaron los cables.
Q
Como un Pepe como Io, pretende algo. El juego es entre entendidos. Catzo.
Qué horrible opinión tenés de la gente que trabaja con libros, en general porque le gusta la literatura. Te recuerdo que los de Ramos pasaron por esa “pléyade burocrática de talleristas, agentes, editores, críticos y colegas”. No creo que haga falta denigrar a nadie para elogiar los libros de PR.
Nos devoran los de ajuera, pero me encanta la forma en
que QUINTIN desliza LA LEY DE LA FEROCIDAD, a travès
de un FOGWILL opositor, para usar tèrminos casi que-
ridos, ya que vamos saltando de elecciòn en elecciòn.
Muy original el enfoque, como una historia enmarcada, sin
entrar en el tropel de tèrminos tècnicos o burocràticos.
Simplemente … Ramos. Me gusta la forma distinta de hacer critìca y Ramos, no lleva instrucciones para llorar en los velo-
rios, porque està abismalmente roto.
Muy original Ramos, muy original Quintìn, èsa es la
ley primera : ser original, y que Dios y el mercado se lo de-
manden. Muchas gracias !
Daniel. No tengo ninguna horrible opinión de nadie (entre otras cosas, conozco a muy poca de esa gente) y no intentaba denigrar a ninguno sino señalar ciertas particularidades que conforman el sistema de la “literatura profesional”. No veo por qué hay que ser tan susceptible.
Q
Discutan, discutan, me alegro porque ha vuelto a aparecer la literatura en el blog. Basta ya de Tenembaums y Zlotowiadzas (esa lacra audiovisual) como dice Fogwill, que podría hacernos hundir en la miseria de la mala onda sin ninguna culpa ni conciencia responsable. Basta con escucharlos en Radio Mitre para ver lo incultos y reaccionarios que son. Hablemos de Ramos, incluso hablemos de Quintín afirmando cosas como ¨cuando Fogwill no se dedica a atacarme suele decir cosas interesantes¨. Viva la literatura, viva la vanidad!!
La susceptibilidad es un apriori de la literatura; no te creo que vos no lo seas, mirá que leo LLP diariamente
Lo que pasa es que soy un maestro para detectar la susceptibiliad ajena…
Q
Está bueno que Fogwill hable bien de Ramos, la generosidad es bienvenida, ingeniosa o gratuita, qué importa. A mí me encantó El origen de la tristeza, aunque me dejó un poco pagando ciertos saltos más hilvanados o la voz del pibe que narra, que me parece medio desprolija.
En cuanto a La ley de la ferocidad, me gustó mucho. Pero no sé si capto del todo eso de “su imaginación para sostener páginas y páginas”. No me pareció muy “imaginativa”, la cosa, sino bastante autobiográfica. Lo que sí me parece un gran mérito de Pablo es la intensidad de su escritura. Y otra cosa, que no sé explicar bien, y que tienen muchos escritores que me gustan. Estás en una oración y plín plín, al final de la oración el tipo te llevó a los caños. Un giro en una frase, o un párrafo te despega los ojos de la página y te hace viajar. Y también que Pablo labure en un borde casi sentimentalista o autocompasivo.
Más allá de eso, conocí a Pablo en una charla y la vitalidad que transmiten sus libros también la transmite en persona, cuando habla sobre literatura.
Por último: la escena de las palomas en La ley de la ferocidad vale todo el libro. Increíble.
Fogwill habla bien de quien le conviene hablar, y se nota que no lee ni un cuento entenero y manda fruta. Ramos es un tallerista de Hecker y escribe como tallerista aplicado. Le suma un poco de demagogia a su figura de escritor, lo que termina de hacerlo un chanta profesional… como Rodolfo.
Me parece de una imbecilidad alarmante que se use “tallerista” como insulto automático. No hace falta ser fan de los talleres, ya que nadie está anunciando que los talleres fabrican escritores como si fueran chorizos. Lo cierto es que un buen escritor no lo arruina un taller ni nadie, se arruina solo. Terminemos con estas idioteces de la crítica fiaca. Para un idiota, hasta el agua es una droga peligrosa. Conozco a varios que se murieron de sobredosis de agua.
Todo muy lindo con la idea del escritor escribiendo en la soledad, golpeando la maquinita de escribir. Pero imponerle a todos ese modelo y sostener que sólo se puede escribir así, es de policía.
será acaso el mismo lucas
que vive afanando tucas
o el que trata de escribir
y nunca le va a salir?
Qué poeta. El vate oficial de La lectora.
Xtian, calmate un poco. Ya hay demasiada policía para que andes acusando en vano. Si hablás por mí, leé bien: puse a los talleristas en la misma categoría de los críticos. Si hablás de otro, decilo.
Pero, después de todo, qué tanto. Tengo derecho a pensar que no les hace bien a los escritores concurrir a esos lugares. No te preocupes por el negocio que nadie me va a hacer caso.
Q
Quintin, me parece que Xtian se refería al comentario de Lucas, calma hombre
Sí es verdad. Ahora me doy cuenta. Pero ya metí la pata. ¿Qué hago?
Q
Podés decir que estabas pensando en el taller que te arregló el auto, o en los talleres textiles que tienen mano de obra esclava, o en algún otro, siempre hay una salida elegante.
Ufa, otra vez Fogwill, ya está Quintín, ese escracho literario está acabado; Fogwill se creyó su personaje mientras sus libros se venden a cinco pesos en las mesas de saldos de la calle Corrientes
))
Sartre escribió en “La Náusea” algo que sirve para estos dos enemigos públicos: Las cosas son lo que parecen ser y detrás de ellas no hay nada más. Entonces, estimados, ambos tienen la razón, porque el libro del para mí ignoto Ramos “es” lo que a ambos le pareció y también “es” otra cosa para los demás que lo leyeron. Hasta aquí no habría otra cosa más que agregar, sin embargo me gustaría dejarlos con otra frase también aplicable para estos púgiles: “Yo no era más un escritor de pacotilla apenas conocido por notas en las páginas literarias de los domingos. Ahora era un cliente importante de un banco”. La frase, cómo no, es de Fogwill.
Quintín, lo dije por Lucas. Obvio que cada uno está autorizado a tener la opinión que se le cante, no estoy discutiendo acá en esos términos obvios de libertad de expresión y blablá. Vos leíste el libro y escribiste una crítica de 4 párrafos. Bárbaro.
Discutible, pero discutible porque pelás conceptos. Lo que me hincha las pelotas es que alguien ponga tallerista, Liliana Hecker y listo, ya está: hundido. O sea, culpable por asistencia o culpable por asociación.
Mi opinión sonará romántica pelotudona y me la banco: no existe una recetita para escribir y es perfectamente posible que a alguien le sirva ir a un taller, o a Hemingway tomar el té con Gertrude Stein o a Carver hacer un cursito de escritura creativa con John Gardner. Y a otro le servirá ir a Letras y a otro le servirá sentarse a escribir en cuadernito Gloria en una mesita de fórmica descascarada en Flores.
Si querés darle con un palo a un escritor, dale. Pero tomate el trabajo de leerlo. Y criticale la obra, mostrame el tallerista aplicado de Hecker ahí, en la obra. Capaz tenés razón o lo que decís está bueno y hasta te mando una caja de alfajores Estancia El Rosario de regalo, con una tarjetita con una foto de Fogwill en cuero comiéndose una banana.
No sé quién es Hecker. Bah, conozco el nombre pero no sé qué hace en sus talleres. Tampoco iba por ahí mi comentario.
¿Cuántos párrafos tiene que tener una crítica?
Q
Ja, Quintín, el que nombró a Hecker fue Lucas. De nuevo, es a él al que estaba dedicado mi comentario (o mejor dicho, con el que estoy “enojado” por decirlo de algún modo).
Lo único que discutí de tu crítica es que no comparto eso de que Ramos sostiene mediante “imaginación” su libro página tras página. Yo lo leí como muy biográfico y escrito más desde el vientre que desde la imaginación. Si eso es el artificio del libro, genial. Y creo que el libro se sostiene porque Ramos evita el psicologismo y la peregrinación del tipo de acá para allá parece más religiosa (o más moral, no sé como explicarlo) que terapéutica o intelectual.
Pero quizás vos estés usando imaginación con un sentido distinto de lo que yo te estoy leyendo.
No saber quiés es Hecker, es ya ignorar algo.
¿me paarece a mí o los comentarios se leen apresuradamente y por arriba y después no se entiende nada o se entiende cualquier cosa?
Si las novelas se leen así…
Xtian. Me parece que sostener páginas y páginas donde aparentemente pasa lo mismo y que esa lecura no resulte monótona requiere de una gran imaginación para los detalles, las pequeñas variantes, los cambios de ritmo, etc. Pero es un tecnicismo, finalmente.
Patricia. ¿Es lo mismo Hacker? Conozco uno.
Q
Me duele reir
y no es poco
como reir
de la miseria ajena
como reir
de la riqueza plena
Me cuesta reir
y hasta me duele
que haya quien ríe
y no se conmueva
del dolor
y de la risa
de otros
Si, al dolor
me encuentro
mas cercano.
Si fuera
por reir
a la risa
quisiera compartirla
pero como reir
mientras mi hermano
llora, no por poeta
ni por llorón
sino tan solo
por ser humano
Damas y caballeros,
Cumplo en informar a los amigos de LLP que el Sr. Necro ha sido padre de una niña llamada Amparo, nombre pocas veces tan adecuado dadas las características de nuestro contertulio.
Según declaró el flamante padre a la prensa, Amparo es una hermosa niñita bastante dormilona, y su madre se recupera bien de una cesárea que como siempre nunca sabremos si era o no necesaria, y sobre todo del mismo Necro, que tardó aproximadamente media hora en cambiar su primer pañal.
A la espera de más noticias, vayan las felicitaciones y nuestros deseos de felicidad para todos.
Y.
Efectivamente. Habrá que ir pidiendo un recurso para la inocente criatura.
Felicitaciones, Mr. Necro.
Dichoso de él, que tiene una niñita!
Necro: cuando quieran se las cuido, son mi debilidad.
Y hablando de Ramos, devoré sus libros. La ley de la ferocidad me dejó tumbada unos cuantos días, pero con ganas de más.
Dichoso de él, que tiene una niñita!
Necro: cuando quieran se las cuido, son mi debilidad.
Y hablando de Ramos, devoré sus libros. La ley de la ferocidad me dejó tumbada unos cuantos días, pero con ganas de más.
Felicitaciones!
Felicitaciones a Necro! Dobles, porque estoy con su libro y me gusta mucho.
Necro, tengo 4 varones, te cambio 2 x 1.
¡Felicitaciones!
Necro, te va a cambiar la vida.
Bravo, Necro! Felicidades a vos, Amparito y su mamá. Necesitarás un babero grande grande, no?
Felicidades color de rosa para la familia Necro.
Un beso.
Necro, qué buena noticia, felicidades!
je, ahora te quiero ver
abrazo, Necro
Muchas gracias a todos! He vuelto a vivir después de una temporada en un infierno regido por la calefacción y las visitas de familiares, instituciones que no alcanzo a discernir todavía cuál resulta más nociva. Por otro lado, después de cuatro días como padre, Sade me parece un tierno.
Muchos saludos para todos y prometo reintegrarme pronto a esta siempre apasionante tertulia virtual!
necro: felicitaciones!!!!
cristian
[...] At the Argentine literary website La Lectora Provisioria (in Spanish), respected critic QuintÃn describes the book as having the “structure of a testimonial, almost of a self-help [book].” La [...]
Xtian: es una ligereza bastante extendida esa de creer que todos los textos producidos por Casas, ponele, y/o Pablo Ramos son autobiográficos o biográficos (cito los dos términos que usaste). ¿Vos de donde sacaste tal conclusión? Saludos.
Cuando Xtian habla de textos autobiográficos, pensando en Pablo Ramos, me parece que acierta, ya que su ficción rebasa de experiecias personales en un territorio que conoce a la perfección: la zona sur de la provincia de buenos aires. Casi toda su obra ocurre en esa geografía y por medio de los personajes que allí viven. El autor creció en Sarandí y es un reconocido fanático de Arsenal.
Y coincido con lo que se dijo más arriba: tallerista o no, al autor debería leérselo por medio de su obra. Del resto que se ocupe Perfil.
Me da la sensación, aunque no lo pueda comprobar en lo inmediato, que a Pablo Ramos le debe romper soberanamente las pelotas que se hable de sus textos como autobiográficos.
Santi, leí los libros de Ramos, leí varias de sus entrevistas y estuve charlando con él dos horas cuando fue invitado a un taller literario del que participé. A alguien le puede joder que se “reduzca” su literatura a lo autobiográfico, pero esa no es para nada mi intención. Lo que quise decir es que lo que escribe Ramos, para mí visceral, transmite esa vitalidad propia de la experiencia vivida, para mí eso realza sus textos, no los disminuye. Porque en esa transmisión de víscera a víscera lo que él escribe cumple con lo que yo busco en algunos textos, que lo que leo se imprima en mi memoria como si lo hubiera vivido yo mismo. No me estoy explicando bien, espero que igual se me entienda.
En cuanto a Casas, no creo que le joda tampoco la etiqueta. El mismo ha dicho bastante que carece de imaginación y no ha hecho mucho esfuerzo en su poesía ni en sus textos para separar su ficción de su biografía. Yo no dije en ningún lado (y si lo dije no es lo que quise decir) que autobiografía signifique una renuncia a la invención o a la ficción. Digo que las pasiones y las subidas y bajadas en las vidas de Ramos y de Casas parecen estar ahí, si vos lo querés y te deja más tranquilo, “como un elemento más” de lo que escriben. Si es cierto o es una decisión estética, me preocupa muy poco. Para mí funca, a mí me gusta.
Un paso más allá: hay que cortarla un toque con leer eso de autobiográfico como peyorativo sí o sí. Por ahí no pasa la calidad o el disfrute de un texto.
En realidad sí dijiste, a propósito de La ley de la ferocidad, que “no me pareció muy ‘imaginativa’, la cosa, sino bastante autobiográfica”.
Y a lo que yo me refería es a que, suponiendo que Cecilia Szperling (por poner un ejemplo simpático y no decir Osvaldo Quiroga) lo invitara a Pablo Ramos a alguno de sus programas, probablemente le preguntaría más por esos apuntes autobiográficos (si es que efectivamente lo son, cosa que me permito dudar) que por otras cuestiones relacionadas a su obra.
Me pregunto que (más) pensarían de Pablo Ramos (o de Casas, en menor medida) si hubiese sido él y no Mariana Enriquez el autor de Como desaparecer completamente. Ahi no se habla de aspectos autobiográficos, claro, porque el protagonista es un pibito y no una minita.
Genial. Primero te preocupás por un hipotético enojo de Ramos o Casas. Ahora te imaginás un hipotético reportaje de Osvaldo Quiroga a los dos. Y luego seguís con lo que podría haber pasado si Mariana Enriquez fuera Mariano Enriquez.
Mi pregunta es: ¿Y? ¿Qué importa?
Si tenés tantas hipótesis que querés testear, y que parecen bastante baladíes, me parece que deberías escribir vos una novela. Y después negarte cada vez que te invitan a un programa de canal A a hacerte un futuro hipotético reportaje.
Para Xtian, a propósito de reportajes:
JQ (Hablando del asunto 3.0): Da la sensación, por la verosimilitud de tus historias y los pasajes de tus novelas, que las experiencias que contás difícilmente puedan alcanzarse por la pura invención. Me preguntaba si esto era así y cuánto había de autoreferencial en lo que escribís.
Pablo Ramos: Las experiencias que cuento son absolutamente inventadas. Lo que pasa es que la gente entiende muy poco de literatura y es muy común que tengan una visión superficial de las cosas. Entonces, ante una visión superficial de la literatura, a primera vista, la imaginación de Tolkien es mucho más densa, mucho más rica que, por ejemplo, la de Charles Bukowski. Eso significa no entender nada de literatura.
Eso nomás, por lo de la imaginación y la autorreferencia, ¿viste?. Beso.